domingo, 3 de diciembre de 2017

Todo Frost







Robert Frost fue una figura omnipresente en la poesía estadounidense de su época. Su alta figura no fue despareja con la eminencia que llegó a considerarse que era y que le dispensaron las autoridades de su país. Aunque, hay que decirlo, no fue unánime la apreciación y su obra fue soslayada por muchos, los más vanguardistas, como algo retrasado, primitivo, excesivamente tardicional y que, siendo como fue él granjero, jamás se sacudió el pelo de la dehesa. Juega hoy, además, en su contra, su predisposición al poema largo y al dialogado, que no es algo que goce en general del favor del público, del individualismo contemporáneo, que tiende a lo breve o fragmentario y a lo solipsista.
     Por fin tenemos en español, y muy bien traducida, atendiendo al ritmo sin desatender el sentido, su Poesía completa. Andrés Catalán, autor también de la introducción y de las notas, ha hecho un excelente trabajo, uno más (ya anuncia como inminente la aparición de la poesía completa de otro grande de la poesía norteamericana, Robert Lowell). Hay aquí una magnífica presencia del campo de Nueva Inglaterra, de "las cosas del campo" de allí, como si Muñoz Rojas, lector que fue en el Cambridge de Inglaterra se hubiera trasladado luego de su finca antequerana a una granja cercana al Cambridge de Nueva Inglaterra, Al norte de Boston (título de uno de los libros de Frost aquí vertidos). 
     Es de justicia felicitar también a la editorial Linteo, cuya colección de poesía dirige Antonio Colinas, y en la cual ya han aprecido importantes volúmenes como, por citar solo dos ejemplos las poesías igualmente reunidas de Salvatore Quasimodo (a cargo del propio Colinas) y de Edward Thomas, en traducción de Ben Clark. 
     Frost tiene un puñado de poemas muy antologados que se leen en todas las escuelas estadounidenses, como "El camino no elegido" o "Fuego y hielo". Para dar una muestra de su poesía directa e incluso coloquial, con el encanto de las cosas aparentemente sencillas, reproduzco la traducción que hace Catalán de 

LA VACA EN LA ÉPOCA DE LAS MANZANAS

Algo induce últimamente a esta vaca solitaria
a pensar que muro y puerta abierta son lo mismo,
a creer que el constructor de muros es idiota.
Tiene el rostro salpicado de pulpa y babea
espesa sidra. Tras haber saboreado la fruta,
ahora desdeña un pasto hasta la raíz marchito.
Corre de un árbol a otro, buscando la endulzada
fruta caída, picada por rastrojos, comida por gusanos.
La deja mordisqueada si tiene que largarse.
Muge desde una loma, recortada en el cielo.
Y sus ubres se mustian y la leche se seca.


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