domingo, 5 de noviembre de 2017

Un mundo en treinta y seis instantáneas





Nombre destacado de los Nueve Novísimos de Castellet, Guillermo Carnero es uno de los mejores poetas de su generación (incluidos los que por edad corresponden a ella aunque no formaran en la citada y my parcial antología). Y no se apagó en los años setenta su inspiración, que conoció un decenio espléndido entre 1999 y 2009 con la publicación de cuatro libros que tenían mucho en común: Verano inglés, Espejo de gran niebla, Fuente de Médicis y Cuatro noches romanas. Estos, según él mismo escribe en pórtico del nuevo libro, estaban “enlazados en una unidad de sentido, cada uno de los cuales retomaba la voz que en el anterior bía enmudecido.”
Aquel ciclo, su único impulso, vio cómo surgían también poemas independientes y más breves que son los que ha recogido ahora Carnero en Regiones devastadas (colección Vandalia, Fundación José Manuel Lara). Son estampas, observaciones, de diferentes momentos de la historia de la humanidad y de fenómenos estéticos –arquitectónicos, pictóricos, musicales–, muchos relacionados con la propia poesía, pero no por una afán culturalista o decorativo sino como trasunto de la experiencia personal del autor; si no tienen muchos versos, el propio poeta nos avisa de que, además, en bastantes casos son el resultado de una poda. Está el erotismo de la muchacha etíope en “Palabras de Moisés” (hay numerosos monólogos dramáticos): “teméis, si sus ajorcas tintinean, / que el deleite me aparte / de la visión de Dios. / Cuando se unen / a sus pendientes, cae en mí / la unción de lo sagrado: entre sus piernas / están mi inspiración y vuestra Ley.” Hay elaboradas correspondencias como el juego de espejos de “Remedia amoris”, y reelaboraciones de clásicos (Ovidio en el poema anteriormente citado) o Shakespeare en “Última oración de Severino Boecio”, donde los versos “y he visto recibir el miso premio / al sabio y al rufián, cómo prospera el necio / y se encumbra el indigno, es afrentado el justo / y muere en el desprecio el inocente”, que tiene un dejo del soneto LXVI y también de versos de La violación de Lucrecia y de Hamlet.
Sin división en partes, mediante una ordenación cronológica no atendiendo a las fechas de composición sino de los pretextos, episodios y obras que suscitan los poemas, se trata de una obra muy coherente. Algún poema más en la misma línea ha escrito Carnero desde la publicación de Regiones devastadas. Quizá se integre en él si hay segunda edición. En cualquier caso, este es un libro espléndido, de un oro otoñal y sabio; una de las grandes novedades de poesía de este 2017 que va acabando.

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