miércoles, 1 de noviembre de 2017

Difuntos





CEMENTERIO ALEMÁN, YUSTE

Escuadras de mosquitos me interceptan
y no sé si regresan de ese aeródromo,
su ayer,

cargando con las bombas que arrojaron 

-fiebres palúdicas-

al emperador Carlos.

Al fondo del sendero,
entre robles, olivos y madroños,
las cruces que la tarde condecora
con medallas de oro de una luz
triunfante en la batalla que los muertos
ahora ya no pueden combatir.
Y los ojos azules y la carne
muy blanca se dibujan en el cielo
y en las pálidas hojas de los árboles.

En las viñas de en torno el zumo dulce
por venir
que no es su sangre
pretérita.

Las lápidas:
mis versos también forman entre ellas
como piedras de un túmulo olvidado,
un canto microlítico, otro canto
entre los muchos.

Este poema,

un soldado, también, desconocido.

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