domingo, 8 de octubre de 2017

En Castropol





Luis Cernuda, con Castropol al fondo, en 1935.

Ya de regreso de Castropol (Asturias) , dejo aquí el prólogo que he escrito para la edición especial que el Ayuntamiento de Castropol y el Foro Comunicación y Escuela han publicado del relato de Luis Cernuda "En las costa de Santiniebla". Han sido días intensos, fruto del esfuerzo de Luis Felipe Fernández y de todos los que han hecho posible que se recuerde al poeta sevillano en aquella tierra. ¿Le hubiera gustado al autor del poema "Birds in the Night" este homenaje, el descubrimiento de una placa en su memoria, la edición del libro? Creo que sinceramente que sí. Lo importante es que se lo lea, y entre los habitantes de la comarca y de quienes la visiten, el nombre de Cernuda va a ser gracias a esto recordado, recordado más aún; es decir, se va a seguir invitando a su lectura, que es, que debe ser sobre todo, la de su poesía.


Spleen de Castropol

Luis Cernuda (1902-1963) fue uno de los principales poetas de la Generación del 27 y acaso el más influyente de todos ellos, visto el interés con el que las sucesivas hornadas de poetas han acogido su magisterio desde hace ya varias décadas. Además de su obra en verso recogida en el volumen de La realidad y el deseo, Cernuda escribió dos libros de prosa poética, ensayos y una obra de teatro. También algunas narraciones, seis en total, entre las que destaca por su carácter sombrío, alegórico, “En la costa de Santiniebla”, escrita entre el 26 de agosto y el 4 de septiembre de 1937 y publicada en el número X (octubre de ese mismo año) de la revista valenciana Hora de España. La datación no es baladí, porque refleja una vez más una tendencia marcada en Cernuda que hemos observado cuando cotejado las anotaciones de sus originales: la de revisar sus textos (generalmente sus poemas) por las mismas fechas en que se escribieron, pero al año siguiente o en los posteriores, como si un calendario interior avisara de que, cumplidas una o más vueltas del tiovivo de la vida, era el momento de sentir como en el instante de la concepción del poema, pero ahora ya con el reposo y la frialdad de quien corrige. Emotion recalled in tranquility, “Emoción recordada en el sosiego” es una fórmula que Wordsworth empleó para referirse a la poesía lírica, y Cernuda fue un buen lector de Wordsworth. La aplicó a la escritura así como a la revisión de esta para su publicación.
            Hora de España fue la mejor de las revistas republicanas durante la Guerra Civil, y aunque tenía indudablemente colaboraciones de contenido político y referentes a la contienda, también hay que decir que mantuvo un alto nivel intelectual y, si se puede decir así, independiente (al menos de la presión más inmediata de los partidos que conformaban el Frente Popular). Así hay que entender la inclusión en sus páginas de “En la costa de Santiniebla”, que solo tiene relación indirecta con lo bélico. Los muertos de esa “última guerra civil” a la que se refiere el segundo narrador cuyas palabras recoge el primero son, sí, los de aquella que se está librando entonces, pero vista desde el trampantojo de una fecha futura. Es más, pueden ser en algún modo los de la aún reciente Revolución de octubre y su represión, que tanto impacto tuvo en Asturias. Incluso, si de desaparecidos velados por el misterio se trata, aunque en el cuento se habla de “sublevados”, ahí están los militantes del POUM que semanas antes habían sido laminados en Barcelona y otros lugares por la ortodoxia estalinista y que se cebaría en Andreu Nin y, entre otros, en un amigo de juventud de Octavio Paz según testimonios de este y de quien era su esposa a la sazón, Elena Garro (de familia asturiana trasplantada a México, como la de Paz era andaluza).
La ambientación del relato de Cernuda corresponde a su estancia de dos años antes, en agosto de 1935, en la localidad asturiana de Castropol, adonde había llegado desde tierras leonesas a principios de ese mes al frente  de una de las beneméritas Misiones Pedagógicas que recorrían el país acercando la cultura (era la segunda misión que recibía la localidad, tras una primera de 1933 en que el Museo del Pueblo recaló allí de la mano de Ramón Gaya y Antonio Sánchez Barbudo). Lo acompañaban Miguel Prieto y Rafael Dieste, responsable del Guiñol del Patronato, un espectáculo de títeres. Además de explicar al público en qué consistían las Misiones, Cernuda, que había trabajado unos años antes en la librería madrileña de León Sánchez Cuesta y había desarrollado labores bibliotecarias para el Patronato de Misiones Pedagógicas, realizó tareas de apoyo y supervisión en la modélica Biblioteca Popular Circulante de Castropol, que en los meses anteriores había sido castigada con singular inquina por el Gobierno de derechas.
            Son varios los autores asturianos que han aportado información pormenorizada de la estancia de dos semanas del poeta en Castropol: su aspecto atildado y distante, su alojamiento en el hotel Guerra, sus contactos con algunas personas del pueblo… Ellos sabrán mejor que yo identificar los lugares que constituyen la escenografía del relato. Por lo evocado en su propia narración, y no adelantaré párrafos, porque para eso está aquí disponible el texto completo, Cernuda se vería sumido en uno de esos períodos suyos de acedía, de spleen como él mismo dice, sin duda acordándose de Baudelaire. Así, en el texto hallamos dos partes muy diferenciadas: la narración sobre los cadáveres arrojados a la ría y los prolegómenos en los que el narrador da cuenta de sus días en Santiniebla y Peñapol. Son creación suya estos nombres, como solía hacer en otras narraciones y poemas, a veces utilizando precedentes clásicos como el personaje Albanio (trasunto suyo en Ocnos, y en esta narración hay un Albano) o Sansueña (España). En este relato, además, aparece un digamos que compañero antagonista, Demetrio V…, que ha sido identificado por algunos con Dámaso Alonso. Puede ser. Probablemente Cernuda se basó en él para construir su personaje, aunque como suele suceder en literatura este no es la trasposición exacta del modelo. La antipatía mutua entre los dos poetas es conocida. Resumamos: Alonso fue miembro del jurado que otorgó el Premio Nacional de Poesía de 1933 a Vicente Aleixandre en detrimento de Cernuda, y fue lector en Oxford en puesto que el sevillano ambicionara; y con posteridad a la escritura de “En la costa de Santiniebla” tuvo un desencuentro con Cernuda en Londres en 1946, cuando visitó el Instituto de España que dirigía Leopoldo Panero, y algo después emitiría un juicio que sentó muy mal a nuestro autor, quien le escupiría su “Carta abierta a Dámaso Alonso” (1948).
            El padre de Alonso era de Ribadeo, y este pasó allí temporadas en su infancia. Estudioso de las variantes dialectales, se interesó por la “jerigonza vernácula” de los nativos (son palabras de Cernuda), y los testimonios que nos han llegado lo sitúan en Castropol en aquel verano de 1935, lo que da verosimilitud a la identificación con este Demetrio. En cierto pasaje, el narrador habla de otros amigos literatos: entre ellos cabe imaginar al matrimonio formado por Manuel Altolaguirre y Concha Méndez, aquí Arcadio y Olvido, a punto de marchar becados por la Junta de Ampliación de Estudios a Londres (donde nacería su hija Paloma Altolaguirre, quien aquella mañana de noviembre de 1963 encontraría muerto a Cernuda en la casa que compartiría con ella y con su madre en Coyoacán). De ellos dice: “sospecho que no han dejado Madrid; se van a Londres en el otoño y deben estar terminando trabajos pendientes.” También es posible identificar, dentro de que no esta un acta notarial sino una pieza narrativa, a la pareja compuesta por Cecilia y Héctor con Rafael por María Teresa León Rafael y Alberti, quienes habían viajado a la URSS (Cernuda estuvo en el almuerzo-homenaje que el 9 de febrero de 1936 se les dio con motivo de su regreso). No sabemos quiénes pueden ser los otros mencionados de entre “aquella gente tan loca”, pero es probable que Hermógenes, “que ha leído en algún teatro un drama muy interesante, que le representarán este invierno”, sea Lorca, quien había visitado Castropol pocos años antes cuando recorría el norte de España con La Barraca.
            A Cernuda le gustaban el mar, las playas, pero el mal tiempo de aquel verano, acaso tan malo como este último, dejó huella en su narración, y el protagonista, ese desdoble de sí mismo, se deprime. La ría le despierta emociones hondas, una ría que (aunque no se la nombre) delata ahora sin duda alguna la ubicación: “frente a Santiniebla, a través de la ría, aparece Galicia, como tierra vecina y extraña.”
Se cumplen estos días los ochenta de la aparición del relato en otro lugar, Valencia, en donde Cernuda frecuentaba también la playa, pero allí tomando el sol, como lo recuerda Garro en sus memorias de España. No cabe duda de que el contraste le haría cargar a Cernuda las tintas. Tampoco, que allá donde fuera, y así toda la vida, siempre llevó consigo, íntimamente y sin remedio, su propio spleen, su conflicto, que no es otro que el de la divisa bajo la que fue integrando todos sus libros de poesía: La realidad y el deseo.



1 comentario:

Manuela Busto dijo...

Un gran placer recibir en Castropol tu participación y simpatía. Muchas gracias también por incluir datos interesantes en nuestra ruta literaria "Luis Cernuda en Castropol=Santiniebla". Saludos desde el norte.
Manuela Busto
Biblioteca "Menéndez Pelayo"
Castropol