jueves, 12 de octubre de 2017

Dos mexicanos y la Hispanidad





Y otra vez doce de octubre, Fiesta Nacional de España y Día de la Hispanidad. Este año viene marcado por los hechos que están en mente de todos. También, por la tendencia a reprobar siglos después a figuras del pasado, como ha venido sucediendo estas semanas pasadas con Cristóbal Colón, atacado en esta ocasión no por descendientes de los indios sino por quienes han llegado allí porque él descubrió América, o se la encontró en el camino errado a las Indias. Me apetece traer hoy aquí dos citas de grandes escritores mexicanos, que por ser precisamente del Nuevo Mundo y no españoles tienen alguna autoridad en lo que dicen. Ambos por otra parte tienen sangre española y constituyen dos perfectos ejemplos de lo que fue la mezcla y la simbiosis. El primero es un párrafo leído en Vislumbres de la India (1995), de Octavio Paz, que leí hace un par de meses antes de viajar a aquel subcontinente y a Nepal. Escribe el Nobel: "La literatura sobre la dominación de españoles y portugueses abunda en rasgos sombríos y en juicios severos; sin negar la verdad de muchas de esas descripciones y condenas, hay que decir que se trata de una versión unilateral. Muchas de esas denuncias fueron inspiradas por la envidia y las rivalidades imperialistas de franceses, ingleses y holandeses. No todo fue horror: sobre las ruinas del mundo precolombino los españoles y portugueses levantaron una construcción histórica grandiosa que, en sus grandos trazos, todavía sigue en pie. Unieron a muchos pueblos que hablaban lenguas diferentes, adoraban a dioses distintos, guerreaban entre ellos o se desconocían. Los unieron a través de leyes e instituciones jurídicas y políticas pero, sobre todo, por la lengua, la cultura y la religión. Si las pérdidas fueron enormes, las ganancias han sido inmensas."
     La otra cita es de Jorge Ibargüengotia y pertenece a un artículo titulado "Si no fuéramos quienes somos" publicado en el periódico Excélsior en 1969. Está recogido en Instrucciones para vivir en México, compilación de artículos de 1990. Escribe el autor de Las muertas, con más ironía que su compatriota: "Aquí en México hay quien dice que los españoles vinieron con los brazos abiertos, se mezclaron con el pueblo, rieron y cantaron con él, produjeron gran mestizaje, le dieron al pueblo conquistado un idioma, una religión y leyes justas y, por último, España se desangró con tanto talento que se vino a las colonias. Por otra parte hay quienes dicen que los españoles destruyeron nuestra cultura, nos explotaron durante trescientos años y se fueron cuando no les quedó más remedio. Ahora bien, los proponentes de estas dos teorías contradictorias están, por lo general, de acuerdo en que si ser colonia española fue malo, haberlo sido inglesa hubiera sido peor, porque los ingleses tenían por sistemas acabar con los indios y después importar negros para hacer los trabajos pesados."
     Se mire donde se mire hacia atrás, hay sangre e injusticia. Como hoy, por otra parte. Los españoles de la Conquista de América no fueron ángeles ni demonios, sino hombres, que hablaban nuestro idioma, y de efectos menos perversos para los nativos que los ingleses. Uno está con Paz, a pesar de tantas cosas: "Si las pérdidas fueron enormes, las ganancias han sido inmensas." Cuando se pisan las excavaciones de la antigua Tenochtitlan y su Templo Mayor, con las hileras de calaveras que puntean tantos sacrificios humanos, uno se da cuenta de que Mesoamérica no fue ningún jardín; en todo caso, aquellos restos fascinan no menos que horrorizan. Y uno se alegra de poder hablar, al salir del recinto, su propio idioma con los descendientes de los indios y de los españoles, ya fundidos como en una palabra se unen vocales y consonantes.


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