miércoles, 13 de septiembre de 2017

Sólo hechos




Fue en 1990, hace veintisiete años, cuando leí un libro que aparecía recomendado, aquí y allá, por y para el discreto. Me llamó la atención y lo compré. Se llamaba El gato encerrado y su autor era Andrés Trapiello. Lo tomo ahora de la estantería y leo sus paratextos (perdón por el palabro), que incluyen con muy leves modificaciones el párrafo que desde hace tiempo se hace estampar en las sobrecubiertas de los volúmenes que han ido conformando un ciclo sin parangón en la literatura española: "En las viejas casas había siempre un Salón Chino, un Salón Pompeyano, un Salón de Baile, otro de retratos, cada uno empapelado o pintado de un color, con unos muebles apropiados y decoración idónea... En estos viejos palacios españoles había también un Salón que se llamaba el de los Pasos Perdidos. La casa que no lo tenía no era una buena casa. Era el salón donde nadie se detenía, pero por donde se pasaba siempre que se quería ir a algunos de los otros. A mí me gustaría que este libro se llamase Salón de los Pasos Perdidos. Un libro en el que sería absurdo quedarse, pero sin el cual no podríamos llegar a esos otros lugares donde nos espera el espejismo de que hemos encontrado algo."
     Absurdo o no, un buen número de lectores nos quedamos en el Salón, y hasta la fecha, en libros que van apareciendo varios años después de lo sucedido y sin ánimo de exactitud documental, no en vano Trapiello también gusta de llamarlos una novela en marcha. El más reciente, Sólo hechos, discurre por los caminos conocidos, que son siempre nuevos al mismo tiempo. Aquí, por lo que respecta a la literatura, que acaso sea el tema menos importante de los diarios, desfilan un declinante Julio Aumente o un nonagenario José Antonio Muñoz Rojas, entre otros, incluidos sus editores valencianos en su retiro vacacional de la costa almeriense. Pero hay sobre todo vida, la menuda vida diaria en Madrid o en el retiro extremeño de Las Viñas, los conocidos risibles y los familiares queridos, el destello de un aforismo y unas descripciones portentosas, más el humor, más la agudeza, más una capacidad verbal inusitada, más una lengua afilada que a veces parece cruel pero a la que atemperan tantas ocasiones en las que se manifiestan la piedad y un fondo humanísimo, que sabe sufrir con los indefensos.  
     De Trapiello se dicen muchas cosas. Lo importante, sin embargo, es lo que él escribe. Si se empieza uno de los tomos de este diario o Salón, difícil es que no se avance por lo menos cien páginas por jornada. No hay muchos autores de los que uno haya leído veinte o más libros, y esto sin contar con los de los otros géneros: la poesía, las colecciones de artículos, el ensayo, la novela... La siguiente entrega será Mundo es, con las entradas correspondientes a 2007. No sé en qué mes aparecerá, pero ya la aguardo como agua de mayo.

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