domingo, 3 de septiembre de 2017

Librerías de Londres






Publiqué este artículo en el suplemento El Viajero de El País hace poco:


LIBRERÍAS DE LONDRES

Como ya nada es lo que era, conviene agarrarse a lo que es hoy antes de que deje de ser. Ya se verá qué es lo que lo sustituye, pero de momento ahí está el presente, sobre el cual –y sobre su padre el pasado y su hijo el futuro– escribió brillantemente T. S. Eliot en Cuatro cuartetos. Eliot fue editor y conoció bien el Londres de excelentes librerías que se agolpaban en torno de la milla de oro libresca, Charing Cross Road, que ha ido perdiendo locales independientes e incluso eslabones de cadenas (recuerdo un Waterstones, un Blackwell’s, un Books Etc.) pero mantiene aún muy alto el estandarte. El subgénero literario de obras sobre librerías cuenta con varios títulos destacados, el más exitoso el que hace unos años descubría una correspondencia comercial que viraba a lo personal y tenía como escenario el número 84 de la calle. De libro viejo, sigue estando allí en el número 56 Any Amount of Books, y en el 72 Quinto. Pero la parte del león se la lleva Foyles en el 107 de la calle. Ocupa ahora una ubicación próxima a la original pero es este un nuevo establecimiento amplio, luminoso, moderno, con café y sala de actividades que ha dejado como incunable a la vetusta tienda que lo precedió. Cuenta además con una nutrida selección de revistas especializadas, no solo literarias, entre las no se echa casi ninguna en falta. Cierra a las nueve de la noche de lunes a sábado (una hora bastante tardía para lo que se estila en Gran Bretaña).
            No muy lejos está el barrio de Bloomsbury, que presta su nombre a un grupo literario en el que descuella Virginia Woolf. El Museo Británico y la Universidad de Londres garantizan un ecosistema cultural que ha hecho posible un buen número de librerías, entre las que está, como herencia del espiritismo que tentó entre otros a Arthur Conan Doyle, las esotéricas The Atlantis y Treadwell’s. No pongo aquí sus direcciones, que el interesado ya las hallará por algún médium. Sí, más racionalista y pegada a la tierra, a unos pasos del museo, en el 14 de Bury Place se halla la London Review Bookshop, que cuenta con un familiar café anexo. A veces prolonga su horario, y siempre se pueden degustar junto a tentempiés vegetarianos cócteles. En su sótano cuenta con una excelente sección de poesía. La librería es la sede de un periódico quincenal que no solo contiene información y crítica bibliográfica sino debates sobre la actualidad social y política. De igual modo, quitando mesas y poniendo sillas, se celebran actos, charlas, presentaciones. Hace unas semanas, sin ir más lejos, ha intervenido Paul Auster.
            Si Londres tiene un centro, acaso sea Piccadilly Circus. En la avenida homónima, junto a Cordings, donde sir Eric Clapton y yo encuadernamos nuestras tripas (así se llama al interior de un libro) con chaquetas de clásico tweed, está la histórica Hatchards, que abrió en el siglo XVIII y siempre ha estado muy ligada a la realeza. Es una estupenda librería añeja, con moqueta y escalera de madera, con personal elegante que parece trabajar en un bufete. Parece la predilecta de los coroneles retirados con bigotillo y de las marquesas que se han dejado la pamela en casa: tiene por ello buenas secciones sobre historia militar y sobre genealogía y aristocracia. En un entorno mucho más actual, en breve transición de yardas a metros se encuentra la principal de las Waterstones ocupando todo un edificio. Lejanos están ya los días en que bajaba la persiana como una Cenicienta a la medianoche, pero las diez es una hora respetable que permite ese lujazo superior al de café, copa y puro: hojear libros después de cenar.
            Al otro lado del Río Grande de Oxford Street, al norte de ese muro de gente que se solidifica en las aceras, y en la muy agradable Marylebone High Street, merece la pena una visita a otro buque insignia: el de la pequeña cadena Daunt Books. En tres niveles, posee una hermosa galería con balaustrada de roble bañada por luz natural. Este confortable invernadero de libros con suelo de parquet tiene también sótano y acomoda libros finos y ladrillos tras la fachada también de ladrillos, no impresos, de un edificio eduardiano, interrumpidos por el escaparate con molduras verdes. También publican títulos selectos. Y su fuerte es una amplia panoplia de libros de viajes que compite con la no tan hermosamente dispuesta de Stanfords (12-14 de Long Acre, en Covent Garden).
            Una buena librería es un lugar en el que se suspende el tiempo y los números del reloj ceden a las letras. Con todo, quien quiera echarse temprano a la calle en busca de libros tiene, además de las sucursales de las estaciones de tren, Blackwell’s (50 High Holborn), que abre a las 8 de la mañana, aunque su oferta es limitada y su especialidad la economía.

            Fuera del centro, en el Notting Hill del Napoleón de Chesterton, abrió en 2009 la coqueta Lutyens & Rubinstein (21 Kensington Park Road), fundada por unas agentes literarias que saben lo que se traen entre manos y hasta organizan listas de bodas (cuyos regalos son, naturalmente, libros).

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