jueves, 1 de junio de 2017

La poesía esencial de José Mateos




Quizá para la mayor difusión de la obra de José Mateos sea un estorbo, siendo virtud, este adjetivo del título de su antología en Renacimiento aparecida en 2016: Poesía esencial. Quiere decirse que una poesía que es meditativa, serena, sin estridencias, difícilmente apelará al último grito, a la moda, al escenario, centros de atención de los focos tantas veces, que se fijan a menudo en una poesía que no lo es o lo es solo en un sentido lato, tosco, primario, donde ni el lenguaje ni la inteligencia están muy afinados. Pero es Mateos uno de los mejores poetas de su generación, una voz que, como su propia pintura, aunque muy superior aquella, conecta siendo andaluza con un venero mediterráneo (a su vez algo del Guadalquivir, por cierto Cernuda) que tiene algunos de sus mejores ejemplos en Francisco Brines y, más recientemente, y sin ser exhaustivo, en Antonio Cabrera o en el último Vicente Gallego. Cierto es, sin embargo, que Brines tiene un fervor pagano que entronca con el de otro levantino, Juan Gil-Albert, y que lo espiritual en Cabrera y Gallego tiene visos distintos. Mateos suele hablar de Dios, pero sin sombra de papanatismo. Y más que afirmar sobre él para los demás, se interroga a sí mismo quedamente. Abundan las preguntas en este libro, como bien señala en su estupendo prólogo Pedro Sevilla.
     Poemas esenciales espiga los libros publicados de José Mateos y ofrece también inéditos y lo que él llama divinanzas, la etiqueta bajo la que coloca sus aforismos particulares. Una selección de tan buen poeta ha de contener por fuerza muchas composicions excelentes. Yo no querría dejar de mencionar "Reloj de sombras" o todo "La niebla". Este es un poema extenso, uno de esos ríos de endecasílabos blancos que no abundan; aquel solo ocho versos rimados que hay que citar en su integridad:

Mi noche desvelada, tú, poesía.
Eres condena y salvación. Y eres
este vivir a solas una vida
que a cada instante necesita hacerse
honda palabra para ser mi vida.

(Y mi vida se pierde en lo que nombra:
reloj de sol que mide al mediodía
no el tiempo que pasó, sino su sombra).

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