domingo, 4 de junio de 2017

Alfonso Brezmes, de nuevo




El tercero de los libros de Alfonso Brezmes contiene, lo digo ya, algunos de los más brillantes poemas que he leído en las últimas semanas (y leo no menos de un libro al día). Tras La noche tatuada (2013) y Don de lenguas (2015), siguiendo la cadencia de dos años entre entrega y entrega y también en la editrial Renacimiento, Ultramor lo coloca, aunque muchos aún no se hayan enterado, en un puesto destacado en la lírica presente. No quedará defraudado quien se acerque a leer “La casa sin puertas”, “Je crois entendre encore”, “Hipermetropía”, “Regresión”, “La confesión” o “El rastro”. Su métrica es clásica y su línea podría calificarse de clara si no fuera porque suele haber un punto fantasmal y metafísico, algo borgeano, en muchos de sus versos. Reproduzco aquí como aperitivo para quien quiera darse el festín de este Ultramor el citado

REGRESIÓN

Vuelvo a mis poemas
como el submarinista que recorre
un viejo galeón abandonado,
hasta que siente que se acaba el aire
y, antes de ascender de nuevo,
coge al azar una moneda
y, aunque sabe que es antigua,
y nadie le dará por ella nada,
la lleva ya siempre en el bolsillo.

Como si en algún lugar remoto
sumergido en la noche de los tiempos
tuviera todavía algún valor.



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