viernes, 12 de mayo de 2017

Una ciudad que se apaga




Presidida por una cita de los 80 sueños de Juan Eduardo Cirlot, que a su vez le presta, levemente modificado, el título, Un incendio invisible es la novela de Sara Mesa más reciente publicada, aunque en puridad se trata de la primera de las suyas. En su día ganó el Premio Málaga de Novela y fue publicada por la Fundación José Manuel Lara. Ahora, algunos años después, sale en Anagrama revisada por la autora según los términos que ella misma hace explícitos en su "Nota a la nueva edición". A la hora de ofrecer algunas pinceladas sobre el contenido del libro, también Mesa lo sitúa: "aquí se habla de maldad, incomunicación y egoísmo, de desigualdad y miedo, de soledad y encierro." 
     Un incendio invisible da cuenta de la misteriosa decadencia de una ciudad, Vado, y de la zozobra de sus habitantes, que en su mayoría la abandonan a su suerte, dejando detrás a los más débiles, entre los que se cuentan los ingresados en una residencia de ancianos que atiende, irónicamente, al nombre, prometedor, optimista, de New Life. Más que la trama de la novela, que la tiene, lo que más me interesa como lector de Un incendio invisible es la poderosa atmósfera fantasmal que paradójicamente se hace muy presente: ese tren semivacío, ese hotel de cinco estrellas que ahora presta servicios de pensión de mala muerte, el alto edificio que cada vez tiene menos luces encendidas, el corte de suministros como la luz y el agua y la sensación opresiva de que una maldición ha caído sobre la urbe. Destacan entre los personajes una niña con su perro, llenos de aristas pero también de una agónica, extremada dulzura.
    Sara Mesa llevaría luego alguno de sus cuentos de Mala letra al escenario de esta ciudad irreal (unreal city, escribió Eliot en La tierra baldía). Merece la pena el viaje a ella.

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