domingo, 7 de mayo de 2017

Los nuevos poemas de Piedad Bonnett





Valga la paradoja, cuando el dolor no impide que tiemble la mano, este se expresa mejor, no tanto como mero dolor sino como manifestación poética. Es lo que sucede con Los habitados, libro con el que la colombiana Piedad Bonnett ganó el año pasado el Premio de Poesía Generación del 27. Hay aquí poemas sobre la locura, el desvalimiento, la pérdida, y un recuerdo constante de su hijo desaparecido, Daniel, sobre el que ya levantara el raro testimonio Lo que no tiene nombre (2013).
     Uno de los miembros del jurado ya me había transmitido las excelencias de Los habitados. Ahora, al comprobarlo por mí mismo, varios han sido los escalofríos que me han provocado estos versos. Ningún lector de poesía -ningún lector, sin más- puede quedar indiferente ante "Vigilante", "Fundido a negro", "Huesos",  "La fecha" o el postrero "Pido al dolor que persevere", que se cierra con estos versos terribles dirigidos al muerto que antes de serlo salió de su vientre:

Para que no te mueras doblemente
pido al dolor que sea mi alimento,
el aire de mi llama, de la lumbre

donde vengas a diario a consolarte
de los fríos pasajes de la muerte. 

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