miércoles, 28 de junio de 2017

Un viaje a Benarés






José Tono Martínez, autor de libros y proyectos raros y extravagantes (dicho sea en tono laudatorio, y sin querer hacer juego de palabras con su nombre), acaba de ver publicado en la editorial Polibeael relato de una estancia hace veintiún años en Benarés, la ciudad sagrada del Ganges. El rey de Ramnagar. Un viaje a India es una mezcla de crónica, ramillete de reflexiones, sucinta introducción a la metafísica védica y sus derivaciones y, sobre todo, el testimonio de un amor por los lugares distintos, ejes de energía, aunque este en pparticular se encuentre en franca decadencia y degradación, no solo por la contaminación y la basura, sino por la invasión occidental que va anegando, como las aguas del monzón, los ghats y los palacios, y el mundo que les otorgaba sentido. Merece la pena leerse por quien desee conocer algo de esa tierra y de su sacralidad, a pesar de ciertas reiteraciones y alguna digresión, porque cuando está inspirado (casi siempre), Tono Martínez sabe transmitir las sensaciones de un país singular e inabarcable. Como botón de ejemplo, sirva su narración de una pérdida en el laberinto de angostos callejones que se acumulan tras las fachadas que dan al río, y el paso junto a él, como por un túnel, de una procesión de leprosos.
     Tiene el lector la impresión de que a veces Tono hace decir a sus interlocutores cosas que él, ventrílocuo, desea dilucidar y exponer mediante ellos. Pero esto es recurso habitual de los autores de literatura de viajes y no hay que escandalizarse. Además de los indios con los que dialoga, el autor, su libro, se benefician de tres colaboradores de lujo: el filósofo y especialista en metafísica sagrada Ignacio Gómez de Liaño; el desaparecido fotógrafo Juan Ramón Yuste, de quien se ofrece un puñado de imágenes; y, finalmente y no por ello menos importante, el sanscritista Òscar Pujol, con quien mantiene una conversación que fue publicada como entrevista en Ajoblanco, que como en la mitología y religión india ha vuelto a reencarnar ¡en sí misma!, y está de nuevo disponible desde este mes en los quioscos.
     En la estela de los poetas y escritores que han escrito sobre la India (Paz, Maillard, Bonilla, Irazoki, Aguado, Glantz), José Tono Martínez aporta aquí su propia visión. Se lo agradecemos.

martes, 27 de junio de 2017

La poesía de Hilario Barrero






En Educación nocturna (Renacimiento, 2017), Hilario Barrero ha recogido una selección de sus poemas hasta la fecha. Era un libro muy esperado que permite ahora tener una imagen cabal del obra de este toledano transterrado en Brooklyn. Se me ocurren algunas observaciones sobre esta poesía, pero para qué intentar palabras nuevas cuando lo sustancial ya ha sido señalado por el prologuista de la antología, José Luis García Martín: "La gran historia colándose en la pequeña historia de un hombre que es como todos los hombres, que tuvo que luchar para hacer realidad su verdad, reprimida por los ojos turbios de la moral tradicional, pero que además sabe encontrar las palabras precisas para decir lo que todos hemos alguna vez sentido pero no acertábamos a expresar: el lanzazo cruel de la fugaz belleza entrevista, las noches de amor sin deseo y de deseo sin amor, la casi insoportable intensidad de algunos instantes que bastan para justificar una vida, el ultraje de los años, la gozosa variedad del mundo." 
     Hay aquí muchas estampas neoyorquinas, evocaciones de viajes europeos (el libro se cierra con el elegíaco "Plaza de san Marcos, Venecia"), celebraciones de cuerpos hermosos, de instantes que desembocan en la muerte. También el sexo, la iniciación en los misterios compartidos, el correlato de la juventud en que se convierte la vejez. Dejo el muy hermoso "Salvación" como muestra de la poesía de Hilario Barrero, como un pórtico que invite a adentrarse en ella:

SALVACIÓN

Pronto ya no estaremos juntos,
no oleremos las flores
ni los cuerpos de abril,
otra cometa entregará su infancia
al azul infinito,
vendrá otra tarde que no tendrá tus labios
y un nuevo cuerpo calentará otro lecho.
Contigo morirá lo que en mí vive
y en ti se salvará por lo que vive.

    

lunes, 26 de junio de 2017

De "Arden las redes"



Acompañé a Juan Soto Ivars en la presentación sevillana de su libro Arden las redes (Debate) hace pocas semanas. No suelo emplear esa técnica, pero días antes di con un yacimiento de tiras adhesivas para marcar páginas, y las empleé profusamente. Tomo ahora el libro de donde lo dejé y veo esas cabecitas de iceberg de colores fosforescentes: rosa, azul, verde, amarillo. Señalan páginas donde anoté párrafos o subrayé ideas. Una de ellas, que no me resisto a trasladar aquí:

Las redes sociales no fueron una respuesta a la necesidad de la humanidad, sino un reto de informáticos con tendencia a la misantropía, cuyo invento se salió de madre. Pusieron las herramientas al alcance de todo el mundo, y la auténtica baturaleza humana, baqueteada por el pánico, la inseguridad y la soledad, la transformó en el vehículo que transmite más velozmente los sentimientos de ofensa e indignación.

domingo, 25 de junio de 2017

Un vencejo







Como lapa a la roca bajo el agua,
en este mediodía de verano
estás pegado al mármol, a su atisbo
de último frescor bajo el bochorno.
El calor y la sed, dos alas negras
más poderosas que las tuyas.

Prietas las plumas, chamuscadas,
son la pizarra doble en que consigna
junio tu aturdimiento.
No has levantado nido, y te conformas
con este patio mío que te acoge,
su parva sombra como barro breve.

Inmóvil bajo el cielo que enhebrabas
ayer con tus pespuntes
que ahora corta el sol con sus tijeras,
como un ventilador desconectado
o su motor fundido de fatiga

tus aspas hoy se rinden al ardor.

sábado, 24 de junio de 2017

viernes, 23 de junio de 2017

"Poesía y espiritimo en Sevilla"



Así titula Alejandro Luque en El Correo de Andalucía la información sobre Los fantasmas de Yeats, publicada ayer a partir de su lectura y mis declaraciones.

jueves, 22 de junio de 2017

Un libro nuevo de Erika Martínez





Siempre es una buena noticia la aparición de un poemario de Erika Martínez. Con el primer de ellos, Color carne (2009), obtenía el Premio de Poesía Joven de Radio Nacional de España; el segundo, El falso techo (2013), gozó igualmente de muy buena acogida; hace pocos meses se publicó el tercero (en Pre-Textos como los anteriores), y se puedde afirmar que Chocar con algo consolida a la granadina como una de las mejores voces, señaladamente singular, reconocible, de la poesía española de su generación.
     Están aquí sus poemas en versículo, marca de la casa, pero también los construidos en verso digamos que ortodoxo. En unos y otros destaca Martínez como una finísima observadora. Siendo excelente todo el libro, tres poemas destacan, en mi opinión, como extraordinarios: "El guardapelo de las poetisas", "Choque de viseras" y "Talleres"; el primero, un agudo ejercicio de reivindicación de las poetas para quitarles tanto la carga falsamente idealizada entre suspiros y ayes como la cosificación de otras épocas; el tercero, sobre la creación que ella misma practica, una lección que encierra un oxímoron tan potente como este: "La poesía  es una discapacidad omnipotente de la palabra". En cuanto al segundo de ellos, se trata de un emocionante poema de amor con un punto ridículo (todas las cartas de amor son ridículas, pero más ridículos son quienes no han escrito nunca cartas de amor, aseveró Pessoa). Su tercera y última estrofa:

Las viseras chocaban cada vez
que intentábamos besarnos,
pero aprendimos
como dos rinocerontes,
y eran nuestros besos imposibles,
y muy viejos, y afilados.


(Chocar con algo se presenta esta noche a las nueve en la librería sevillana La Fuga)

miércoles, 21 de junio de 2017

lunes, 19 de junio de 2017

REGAR



Regar
en medio de un calor insoportable.
El agua se evapora.

No todo es el instante.
ya estás formando
las nubes de mañana.

viernes, 16 de junio de 2017

Molly Bloom en irlandés



El final de Ulises, de James Joyce, en irlandés (con el inglés abajo para comparar). Traducción de Breasal Uilsean y Séamas Ó hlnnéirghe tomada de la revista Nós:

…sea agus na sráideanna aite uilig agus na tithe bándearga gorma buí agus na hinscighmí róis agus na fóirdris agus na crobhanna dearga agus na cactais agus Giobráltar le linn mo ghirseoige mar a raibh mé i mo bhláth an tsléibhe sea nuair a chuir mé an rós i mo chiabh mar a ndéanadh na cailíní Andalúsaíacha nó an gcaithfidh mé dearg sea agus an chaoi ar phóg sé mé faoin mhúr Múrach agus smaoin mé d’aile nach cuma seisean ná duine eile agus ansin d’iarr mé air le mo shúile chun iarrata athuair agus sea agus d’iarr sé orm ansin go n-abróinn sea le sea a rá mo bhláth an tsléibhe thug mé i mo bhaclainn ar dtús é sea agus tharraing síos chugam é go raibh sé in ann mo chíocha a aireachtáil faoin bholtnas go léir sea agus bhí a chroí ag rith ar séarsa agus sea dúirt mé sea déanfaidh mé sea.


…yes and all the queer little streets and the pink and blue and yellow houses and the rosegardens and the jessamine and geraniums and cactuses and Gibraltar as a girl where I was a Flower of the mountain yes when I put the rose in my hair like the Andalusian girls used or shall I wear a red yes and how he kissed me under the Moorish wall and I thought well as well him as another and then I asked him with my eyes to ask again yes and then he asked me would I yes to say yes my mountain flower and first I put my arms around him yes and drew him down to me so he could feel my breasts all perfume yes and his heart was going like mad and yes I said yes I will Yes.

jueves, 15 de junio de 2017

Otra definición de la poesía





Poco después de entregar su producción poetica de muchos años en un grueso volumen, Este cuento se ha acabado. Poesía reunida (2014-1977), el leonés de Riello Luis Miguel Rabanal publica ahora Los poemas de Horacio E. Cluck (Huerga & Fierro). Me ha recordado a Rafael Adolfo Téllez y sus Los cantos de Joseph Uber (2011)donde el andaluz creaba también un heterónimo que se desenvolvía en el mundo rural tan bien conocido por el autor. Una selección de los poemas de Téllez, incluidos los cantos, ha visto la luz hace pocos meses en la antología La soledad del aguacero (Renacimiento, como la poesía reunida de Rabanal) con prólogo -volvemos al simétrico reparto geográfico- de Andrés Trapiello y epílogo de José Julio Cabanillas.
     Rabanal, que ya había usado a Cluck hacía tiempo, lo recupera en este valioso libro mediante composiciones en verso que no adormece en el previsible ritmo y poemas en prosa que tienen no poco de narrativo, de episodios de una historia. Hay en él una labor de recuperación del lenguaje, también con el uso de palabras aldeanas -cilleros, tenadas, piérgulas, trébede, ganzas, aguzos- que no rescata la arqueología sino que se basta para ello el trapo limpio de la lengua, un tejido, un hilado que crea -y aquí viene esa posible definición, tan sugestiva- la poesía, "araña de efusión esplendorosa".

miércoles, 14 de junio de 2017

Luis Cernuda tomó su fusil





Luis Cernuda tomó su fusil







Había quedado con Francisco Barrionuevo en una vieja taberna de Sevilla. Lo hacemos de vez en cuando para hablar de poesía y ponernos al corriente de nuestras vidas. Barrionuevo es poeta de una excelente obra, casi toda inédita. Como Joan Margarit, es también arquitecto. Precisamente de un colega difunto venía a hablarme ese mediodía, de alguien a quien trató profesionalmente y con quien conversó prácticamente hasta su muerte, hace tres lustros. Antonio Delgado Roig (que llegó a ser casi centenario, pues cumplió los 99 años de edad) fue, además de autor de otros proyectos, el arquitecto de la basílica del Gran Poder y, en la aldea almonteña, del santuario del Rocío. Gran cofrade, era el hermano número uno de la Hermandad del Silencio, de la cual llegó a ser hermano mayor (como luego lo ha sido su hijo). Hombre culto, inquieto, de gran vitalidad, se le podía ver pasear su elegante figura, siempre caballeroso y bien vestido incluso en el verano tórrido hispalense, hasta poco antes de su fallecimiento. Lo que vino a decirme Paco Barrionuevo fue que, amigo del hijo de Delgado Roig, este le había estado hablando del servicio militar del padre, y que entre los papeles perfectamente clasificados, en su excelente archivo, había dado con unas fotografías de gran interés, no solo sentimental.
            En efecto, lo eran. Barrionuevo me espetó entre sorbo y sorbo de oloroso: ¿Tú has visto alguna vez a Cernuda con un fusil? Hice memoria rápidamente. Repasé mentalmente el magnífico Álbum editado por James Valender para la Residencia de Estudiantes, invoqué la amplia iconografía que he manejado de Cernuda durante los años de preparación de su biografía y aún después (esos retratos extraordinarios del fotógrafo mexicano Tomás Montero Torres, ya maduro el poeta), pero no había en los negativos de mi memoria ninguna imagen bélica de Cernuda, aparte de una fotografía de grupo en la que el poeta estaba de uniforme con compañeros de armas cumpliendo el servicio militar en Sevilla y, luego, en el patio de una casa de Madrid, dos –creo que eran dos– de Cernuda embutido en un impoluto mono blanco, que sin duda –era la época de llevarlo– lució a comienzos de la Guerra Civil. Estábamos a dos manzanas de la casa en que vivió Ángel María Yanguas Cernuda, el único sobrino del autor de La realidad y el deseo. Me pregunté si entre los documentos que todavía conserva la familia habría alguna otra foto aún ignorada. Negué: no, no se conoce ninguna de Cernuda portando armas. Paco desenfundó entonces su teléfono móvil y apuntó hacia mí: Mira, me dijo, como si fuera yo el que tenía que buscar un blanco. Era una vieja fotografía en blanco y negro, brillante en el cristal del iPhone, sorprendente por su nitidez, sin duda realizada por un fotógrafo profesional. Entre la veintena de mozos, distinguí el rostro familiar. Luis Cernuda, aún sin bigote, con el pelo negro y peinado hacia atrás, en un cuartel. Con un arma de fuego, como los compañeros de ese instante congelado. Y otra tomada con el grupo el mismo día poco antes (creo que Paco invirtió el orden para mostrarme primero la más sorprendente).


La historia del servicio de armas de Luis Cernuda durante la Guerra Civil es bien breve. Cernuda formó parte de la comisión de cultura del batallón Alpino Juventud, con el que marcharía al frente en derredor de la Ciudad Universitaria. Luego, por edad, por falta de inclinación militar, por sus cualidades como escritor, pasó a actividades de propaganda en la sede de la Alianza de Escritores Antifascistas en Madrid y en torno a la revista Hora de España en Valencia. Al estallar la contienda participó en transmisiones de radio junto con Arturo Serrano Plaja y Emilio Prados para el programa Madrid en armas, dirigido por el primero.
Pero antes, más de diez años antes, antes de la llegada de la República, el poeta sevillano tuvo que cumplir con el deber militar al ser llamado a filas su reemplazo. Aunque él realizó el servicio escalonadamente, como se permitía a los estudiantes universitarios, lo que él era a la sazón, le llegó como a todos la hora de comparecer en la Caja de Reclutas.
Las fotos no están fechadas, pero cabe datarlas hacia 1922 o principios de 1923. Según Joaquín Delgado-Roig fueron tomadas en el Cuartel del Carmen, en la calle Baños, anteriormente convento y en la actualidad Conservatorio Superior de Música “donde estaba parte de la guarnición del Tercer Regimiento de Artillería Ligera, conocido vulgarmente como “El Ligero”, donde el director de la banda montada de timbales y clarines era dirigida por el famosísimo Brigada Rafael”. Aparecen en ellas, además de Cernuda, y Antonio Delgado Roig, el librero Tomás Sanz, cuyo establecimiento de la calle Sierpes frecuentó Cernuda y que se anunciaba en la revista del 27 sevillano: Mediodía. Según recuerda a Barrionuevo también el hijo de Delgado Roig, “el Coronel que mandó por esa época el Regimiento era don Luis Rodríguez-Caso, uno de los fundadores del Betis y sobre todo el primer sevillano que promovió la Exposición Iberoamericana de 1929”.
Cernuda había sido hijo de militar (su padre fue coronel de Ingenieros, ascendido a general al pasar a la reserva) y había vivido durante su adolescencia en los pabellones del cuartel de la avenida de la Borbolla. Comenzó la carrera de Derecho en 1919, realizando un primer curso común a Filosofía y Letras, en el que fue profesor suyo Pedro Salinas, que acababa de obtener la cátedra de Literatura Española. Según el propio Cernuda, realizó el servicio militar en 1923-24, pero estuvo cumpliéndolo a trechos hasta después de acabados los estudios universitarios. Fue soldado de cuota, lo que evitó que tuviera que ir a la guerra de África, donde tantos españoles se dejaron la vida. El Tercer Regimiento de Artillería Ligera tenía su acuartelamiento principal en la Fábrica de Tabacos. A Cernuda no le gustaba nada montar caballerías (tuvo que aprenderlo, pues eran parte fundamental para el transporte de piezas artilleras), pero hubo de resignarse. Algo mayores que él, y por lo tanto de otra quinta, compañeros suyos de regimiento fueron Alejandro Collantes de Terán, poeta de Mediodía, y el novelista Manuel Halcón, amigo, primo y biógrafo de Fernando Villalón (con quien Cernuda amistó al final de su período sevillano).
En “Historial de un libro” Cernuda contó ese momento decisivo en el que, más allá de los primeros ejercicios escolares, sintió el llamado de la poesía: “Hacía entonces el servicio militar y todas las tardes salía a caballo con los otros reclutas, como parte de la instrucción, por los alrededores de Sevilla; una de aquellas tardes, sin transición previa, las cosas se me aparecieron como si las viera por vez primera, como si por vez primera entrara yo en comunicación con ellas, y esa visión inusitada, al mismo tiempo, provocaba la urgencia expresiva, la urgencia de decir dicha experiencia”. El texto “Sombras” de Ocnos refleja una estampa de su servicio militar, entre bestias y forraje. Luego pasó a la oficina del Regimiento, como años después a labores de retaguardia, y finalizó con sus obligaciones militares el 1 de noviembre de 1926.
La primera foto muestra a los mozos, aún plenamente civiles, con un sargento, bien visibles sus galones, con los brazos cruzados. Están en cuatro filas (Cernuda es el cuarto de la tercera fila por la izquierda, a su derecha se ve a Tomás Sanz y el segundo de la fila es Delgado Roig). Pertenece a la minoría que lleva pañuelo en el bolsillo de la chaqueta, y es uno de los dos que lleva la aristocrática pajarita. Presentarse con pajarita a la Caja de Reclutas parece un gesto de distinción si no de altanería. Otro rasgo que se aprecia es que sin ser el más bajo de la fila, su estatura es inferior a la media. Es uno de los más repeinados, y aunque no se distingue brillantina, ese cabello sin raya y tan prensado sugiere algo de gomina o fijador. Entre los jóvenes los hay que intentan sonreír. No es el caso de Cernuda, que si mira a la cámara lo hace de manera abstraída, con cierta ausente melancolía, con seriedad.


En la siguiente imagen, las armas apoyadas en la pared, y otras que habría junto a ellas, han pasado a manos de los mozos. Los de la primera fila están de hinojos, con una rodilla levantada y la culata reclinada en el suelo. Los de la segunda, junto al bizarro sargento con mostacho, tienen las armas al hombro. Ahora el poeta sí mira al objetivo y hasta parece sonreír con una lejana sorna de sentirse inmortalizado (aunque la foto estuviera muerta de risa en una carpeta hasta hace nada) con esa pose, aún civil pero ya con un pie, o un hombro, en la milicia. Tampoco en esta ocasión vemos el calzado de Cernuda, que en todo caso imaginamos bien lustrado y en perfecto estado de revista, acaso unos botines como los del lechuguino que está en el centro de la aguerrida vanguardia en posición casi de tiro, ar. El arma parece ser una carabina Mauser conocida como “tercerola”, que por sus dimensiones más reducidas que las del fusil del mismo fabricante se empleaba por soldados que iban a caballo. Y poco más. Rompan filas.
Recientemente el Ayuntamiento de Sevilla aprobó en pleno, y por unanimidad, a iniciativa del Grupo Socialista y gracias al empeño del delegado de Cultura, Antonio Muñoz, adquirir la casa natal de Cernuda, tan ligada a Ocnos y a la educación sentimental del poeta. Aunque Antonio Delgado Roig ya no pueda rehabilitarla y se hayan perdido los detalles y anécdotas que hubiera podido referir a un biógrafo que se hubiese puesto antes a la tarea, cuando sea casa-museo y albergue actividades literarias, sendas reproducciones de estas fotografías deberían estar expuestas en sus vitrinas o paredes, testimonios de la juventud del mayor poeta nacido en Sevilla en el siglo XX y también de sus coetáneos, conocidos algunos, la mayoría anónimos.

(Publicado en la revista Clarín, 128. Mi agradecimiento a Joaquín Delgado-Roig y a Francisco Barrionuevo)



martes, 13 de junio de 2017

Caso a las sirenas




"Mi ambición es solitaria y de orilla. Cuando cedes a la publicación de un libro, queda como un desconsuelo, como un remordimiento por haberle prestado caso a las sirenas. Si fuera santo, habría continuado el periplo, habría resistido; habría mantenido intactos la expectación y el silencio."

Leído en La vida figurada, el más reciente volumen de los diarios de José Carlos Cataño.




lunes, 12 de junio de 2017

Cómo vivir con Thoreau





No es la primera vez que Toni Montesinos se ocupa de H. D. Thoreau, pero lo que ha hecho ahora es -no se me ocurre otra palabra- un trabajo imponente. En el Triunfo de los principios. Cómo vivir con Thoreau (Ariel), ha escrito un ensayo literario, una biografía de proporciones hercúleas en la forma pero con la delicadeza de la observación cercana. Es como si hubiera contemplado, y le muestra al lector, aquel astro con un microscopio de precisión, lo más menudo del autor de Walden con un potente telescopio.
     No es nada frecuente encontrar una obra de estas características, donde la documentación y el conocimiento no le van a la zaga a la empatía y la escritura afinada y brillante. Así dibuja en una silueta sintética a Thoreau en la presentación del volumen, toda una lección de condensación por su parte, correlato de la lección ética y plenamente vigente del norteamericano: "Él nos conmina a ser valientes, no de modo ampuloso en situaciones especialmente épicas, sino en el día a día; nos enseña a ser buenos, puramente buenos, sin hipocrecías sensibleras ni jactancias, sino con la firme intención de practicar la bondad con fines determinados, casi de forma pragmática; nos enseña a mirar con respeto la naturaleza y ser humildes ante ella, sin dejarnos cegar por los impactantes adelantos tecnológicos". 
    Se cumplen doscientos años del nacimiento de Thoreau y con tal motivo ha llegado un puñado de libros sobre él a nuestras librerías. Si tuviera que quedarme con uno, sería este.

domingo, 11 de junio de 2017

Una entrevista



Una larga entrevista que me hace Juan Luis Pavón hoy en El Correo de Andalucía. Menos de fútbol, creo que me hace hablar de todo.

sábado, 10 de junio de 2017

El trovador autodestructivo





La voz de Johnny Cash desembocaba, como la de todos, en los oídos, y se puede afirmar que fue, y es, muy del gusto de los del público, lo mismo en su país que fuera de él. Lo que no está tan claro es de qué fuentes venía, porque ese río caudaloso es difícil que ascendiera de los pulmones y más probable es que surgiera de algún órgano (y órgano es también nombre de instrumento) aún no identificado por la ciencia médica, alguna caverna oscura en cuyas reverberaciones se producía el milagro de que, oyéndolo, uno asistiera a una novela invertida de Julio Verne: viaje desde el centro de la Tierra.
Pero no se quedaba Cash en el alarde de su voz portentosa: también fue compositor de un elevado número de canciones y de poemas, que hablan de América pero con un eco –otra voz el sonido– de Judea y de la Biblia. Cash tuvo formación de pastor evangélico, especialista en el Libro de Job. Pastor descarriado que sucumbió a la adicción a las drogas, un sureño desnortado que recuerda, en su tortura autoinfligida, al protagonista de la novela Sangre sabia, de Flannery O’Connor. Son esas palabras las que recoge Eternas Palabras. Los poemas inéditos (Sexto Piso) en solvente traducción de Andrés Catalán, quien ya ha vertido a importantes poetas y pronto realizará la gesta de dar, íntegras, las producciones líricas de dos gigantes estadounidenses y tocayos: Robert Frost y Robert Lowell. Otro poeta residente en Nueva York, el norirlandés Paul Muldoon, es el encargado de introducir a Cash en Eternas palabras. Y ahí se pregunta algo que es pertinente cuando se trata de inéditos: “¿Es posible que el propio Cash eligiera no redondear, puesto que no pensaba grabarlos, algunos de estos textos? ¿Estamos haciéndole a él y a su memoria un flaco favor al bajarlos del desván para ofrecérselos al resto del mundo?”. La respuesta, más allá de lo que pueda decir Bob Dylan, sopla según el grado de veneración que cada cual sienta por Cash, pero es evidente que no son grandes poemas, aunque sí, emocionantes a menudo, importante testimonios y letras que retornan a los orígenes de la poesía como algo vinculado al canto. Sobre este asunto, el propio Cash se manifestó en “Qué hará un soñador como yo”: “Dicen que las canciones son para cantarlas sólo / Lo dicen los que nunca escuchan: sordos / Mientras suena la música.”
Por su carácter documental, cabe destacar “No hagáis una película sobre mí”, ruego que, como se sabe, no fue atendido. Allí, un verso de este hombre obsesionado por la religión: “No hay pecado más limpio que el más sucio”. Muy poco antes de morir, Cash escribió “Para siempre”, un poema en el que acierta a medias y a medias se equivoca, porque lo cierto es que su nombre sigue suscitando reconocimiento y hasta entusiasmo. Como se aprecia, el traductor ha mantenido las rimas con objeto de preservar el sabor a canción: “Me dices que moriré / Como las flores que tanto amé / Nada de mi sombra quedará / Nada de mi fama se recordará / Pero los árboles que he plantado / Aún son jóvenes / Las canciones que canto / Aún seguirán cantándose.”

El volumen incorpora algunas fotografías, reproducciones facsimilares de manuscritos y, en apéndice, los textos originales de los poemas, datados a lo largo de nada menos que seis décadas.


viernes, 9 de junio de 2017

Una antología de Ángeles Mora





Aparecía entre los poetas granadinos de la Nueva Sentimentalidad, aquel movimiento de principio de los años ochenta, más grupo de amigos bajo el faro de Juan Carlos Rodríguez que una escuela programática. Sus libros de aquella época fueron Pensando que el camino iba derecho (1982) y La canción del olvido (1985). Luego, Ángeles Mora ha publicado La guerra de los treinta años (1990, Premio Rafael Alberti), La dama errante (1990), Caligrafía de ayer (2000), Contradicciones, pájaros (2001, Premio Ciudad de Melilla), Bajo la alfombra (2008) y, por último, Ficciones para una autobiografía (2015, Premio Nacional de Poesía y Premio Nacional de la Crítica 2016 ). En la recién aparecida antología La sal sobre la nieve (Renacimiento, 2017) se añaden a los poemas seleccionados de esos libros tres nuevos, escritos este año en circunstancias dolorosas.
     Ioana Gruia le dedica un extenso y hondo prólogo en el que analiza su obra. Yo, que no pretendo hacer crítica literaria sino señalar desde la subjetividad aciertos y zonas de interés, destacaría "Compañías", que comienza siendo un poema sobre libros y termina hablando del amor; la poderosa imagen inicial de "Saborear", donde también las palabras se unen a lo amoroso ("Tu nombre se me enciende / en la boca / igual que parpadean / las estrellas"); los versos finales de uno de los inéditos, "Cactus", de los que se dice que "son capaces de herir, / como la poesía".
    A veces hay ligereza en estos versos, y a menudo una gravedad nunca impostada. Epigramáticos, qué terribles los del cierre de "Buenas noches, tristeza": "La vida siempre acaba mal, / Y bien mirado: / ¿puede terminar bien lo que termina?".


jueves, 8 de junio de 2017

Justo rescate de Alejandro Luque





Durante siete años, Alejandro Luque mantuvo un blog, Raíces y puntas, en el que iba dando duenta de sus lecturas, devociones musicales y encuentros con gentes de la cultura. También, de algunos viajes muy literarios. Ahora ha recogido una selección de aquellas entradas a las que es más pertinente calificar de crónicas en un volumen publicado por la sevillana Triskel Ediciones.  Hay aquí viajes, perfiles de escritores con unos pocos trazos certeros, evocaciones de algunos que ya no están, como Ángel González, y vida, mucha vida. Se puede leer de principio a fin y también mediante el grato recurso del picoteo, porque el interés prende en casi todas las páginas a las que no asoman jamás la pesadez ni la pedantería. Entre las muchas anécdotas que salpimentan Raíces y puntas, la pícara y malhablada de Vicente Núñez, que por supuesto no voy a reproducir. Léanla en la página 143.
    Pero el poeta de Aguilar de la Frontera es solo uno de los nombres sobre los que se ocupa Luque (a su vez, narrador, poeta y músico). Sin orden ni concierto consigno aquí algunos de ellos: Paco de Lucía, Eliseo Alberto, Ana María Matute, Eduardo Mendoza, Silvio, Cintio Vitier, Joumana Haddad, Chabo Lobato, Luis Sepúlveda, Natalia Bolívar, Sando Penna...
    La Habana, Palermo, Atenas, Cádiz, Creta son, por su parte, algunos de los escenarios de este libro que, como las compilaciones de los grandes escritores en periódicos, es mucho más que una suma de artículos.
     

miércoles, 7 de junio de 2017

A propósito de Thomas De Quincey




Thomas De Quincey, por James Archer


Malvivió una existencia desordenada, siempre de un sitio para otro huyendo de los acreedores y de la pobreza, como el padre de Joyce, que llevó a la familia a maltraer. Escribió a destajo para eludir el hambre y la cárcel, aunque las penalidades se cebaron con su esposa y su prole. Fue admirador de Coleridge y Wordsworth y cronista de aquel círculo de los Poetas de los Lagos, adicto al láudano, un ingenio espoleado por la desgarradura. Se acaba de publicar una biografía del personaje: Guilty Thing: A Life of Thomas De Quincey, firmada por Frances Wilson. Me ha instruido la amplia reseña de Nicholas Spice en The London Review of Books. Y me ha gustado este juicio sobre el estilo de De Quincey: "El estilo de la prosa surge de una conciliación entre las exigencias en competencia de la brevedad y el ornato. Todo cuanto escribimos tiende a lo epigramático o lo perifrástico, lo conciso o lo expansivo, lo lapidario o lo florido, a ser piedra o flores. De Quincey estaba del lado de las flores."

martes, 6 de junio de 2017

El cuarto mandamiento



EL CUARTO MANDAMIENTO



Cuando estemos muertos seremos inmortales

DARÍO JARAMILLO AGUDELO



Con coronas de sílabas los honro
que inscriben indelebles en la lápida
–solo yo los contemplo–
eternos homenajes, porque nunca
padecerán la contingencia
del paso del amor, las estaciones
fugitivas también como sus vidas
en perpetuo regreso de hijo pródigo.

Como billetes falsos va poniendo
la muerte sepulturas en la mano,
pero el oro no está en la caja fuerte
sino en la aurora, en el ocaso.

Qué importa que no pise el cementerio
donde no están
si se hunden mis pies en su memoria,
los versos en la tierra de sus nombres.

Jamás me podrán ver ante su tumba
(los veo con los ojos entornados).

Como camisa limpia, aquí planchada,
la página que arruga y mancha, pura,
tanta emoción sin fecha.

Sobre el gastado blanco, el negro intenso
que trazan los recuerdos, desprendidos 
rabos de lagartija sobre el mármol.


lunes, 5 de junio de 2017

Más aforismos



No soy quién para dar lecciones. Aprendan de mí.

*

Civilización: que no sepan los vecinos qué música te gusta.

*

Ser como Homero: para haver algo único, repetirse.


*

Con el calor y los primeros zapatos sin calcetines se podría escribir un tratado de vulcanología pedestre. Erupciones. Ceniza. Lava.

*

Qué bonita kenning esta de Romeo cuando dice que tiene el corazón alegre: "My bosom's lord sits lightly in his throne."

*

Sic transit: los libros que presentamos y firmamos durante la Feria del Libro, en primavera, estarán también y ya sin alharacas en la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión, en el otoño.

*

Ciertos libros hay que leerlos no ya en diagonal sino en zigzag y a toda prisa, no sea que nos alcance lo que dicen.

domingo, 4 de junio de 2017

Alfonso Brezmes, de nuevo




El tercero de los libros de Alfonso Brezmes contiene, lo digo ya, algunos de los más brillantes poemas que he leído en las últimas semanas (y leo no menos de un libro al día). Tras La noche tatuada (2013) y Don de lenguas (2015), siguiendo la cadencia de dos años entre entrega y entrega y también en la editrial Renacimiento, Ultramor lo coloca, aunque muchos aún no se hayan enterado, en un puesto destacado en la lírica presente. No quedará defraudado quien se acerque a leer “La casa sin puertas”, “Je crois entendre encore”, “Hipermetropía”, “Regresión”, “La confesión” o “El rastro”. Su métrica es clásica y su línea podría calificarse de clara si no fuera porque suele haber un punto fantasmal y metafísico, algo borgeano, en muchos de sus versos. Reproduzco aquí como aperitivo para quien quiera darse el festín de este Ultramor el citado

REGRESIÓN

Vuelvo a mis poemas
como el submarinista que recorre
un viejo galeón abandonado,
hasta que siente que se acaba el aire
y, antes de ascender de nuevo,
coge al azar una moneda
y, aunque sabe que es antigua,
y nadie le dará por ella nada,
la lleva ya siempre en el bolsillo.

Como si en algún lugar remoto
sumergido en la noche de los tiempos
tuviera todavía algún valor.



sábado, 3 de junio de 2017

Vanidad





Si no siempre entiendo los aforismos de Javier Sánchez Menéndez, que a menudo me dan la impresión de tener sintagmas intercambiables y que podrían afirmar justo lo contrario de lo que niegan, o vagamente exclamar lo mismo que interrogan (no sé si me explico), sucede que en ocasiones me parecen aciertos rotundos. Valga como ejemplo este breve texto de su reciente libro La alegría de lo imperfecto, recién aparecido en Trea, donde el editor, que conoce el percal, ironiza sobre el ego de tantos poetas. Su título es el portugués para “vanidad” (hay páginas encabezadas con la misma palabra en diferentes idiomas):

VAIDADE

Comentaba a todo el género poético la carta recibida, de un autor de prestigio, sobre su última publicación.

Sentía la grandeza por su piel y la vanagloria en su intelecto.

Cuando llegaba a casa leía el escrito –ya plastificado–, y hasta se le saltaban las lágrimas.


Acuso recibo de su obra. Gracias.”

viernes, 2 de junio de 2017

"El collar", de George Herbert




EL COLLAR

George Herbert (1593-1633)




Versión de Antonio Rivero Taravillo


Pegué un golpe en la mesa y dije: “¡Basta,
me iré muy lejos!
¿He de suspirar siempre y sufrir?
Mis versos y mi vida son tan libres
como el camino, sueltos como el aire,
y vastos como una cornucopia.
¿He de implorar yo siempre?
¿No tengo más cosecha que una espina
para hacerme sangrar, sin devolverme
con un fruto cordial lo que he perdido?
            Hubo vino sin duda
antes que mis suspiros lo secaran;
            y también grano
antes de que mi llanto lo anegase.
            ¿Solo para mí se pierde el año?
            ¿No tengo coronas de laureles
ni flores ni guirnaldas para él?
            ¿Se ha malogrado todo
                        todo es baldío?
Pues no, mi corazón; existe fruto,
y tú tienes tus manos. Recupera
la edad que los suspiros aventaran
con dichas redobladas,
depón tus gélidas querellas
de lo que está bien y lo que no.
Deja tu jaula,
esa soga de arenas,
que hicieron los mezquinos pensamientos,
buen cable para ti, que ciñe y tira,
y sé tu ley,
que antes pestañeando no veías.
            ¡Vamos! Deprisa.
            Marcharé muy lejos
Recluye ya tu calavera,
amarra tus temores;
aquel que aguanta solo ser
siervo de sus necesidades
se merece su carga.” Pero
cuando, todo furor, me enardecían
estas palabras,
creí que alguien llamaba: ¡Hijo!

Y contesté Señor.

jueves, 1 de junio de 2017

La poesía esencial de José Mateos




Quizá para la mayor difusión de la obra de José Mateos sea un estorbo, siendo virtud, este adjetivo del título de su antología en Renacimiento aparecida en 2016: Poesía esencial. Quiere decirse que una poesía que es meditativa, serena, sin estridencias, difícilmente apelará al último grito, a la moda, al escenario, centros de atención de los focos tantas veces, que se fijan a menudo en una poesía que no lo es o lo es solo en un sentido lato, tosco, primario, donde ni el lenguaje ni la inteligencia están muy afinados. Pero es Mateos uno de los mejores poetas de su generación, una voz que, como su propia pintura, aunque muy superior aquella, conecta siendo andaluza con un venero mediterráneo (a su vez algo del Guadalquivir, por cierto Cernuda) que tiene algunos de sus mejores ejemplos en Francisco Brines y, más recientemente, y sin ser exhaustivo, en Antonio Cabrera o en el último Vicente Gallego. Cierto es, sin embargo, que Brines tiene un fervor pagano que entronca con el de otro levantino, Juan Gil-Albert, y que lo espiritual en Cabrera y Gallego tiene visos distintos. Mateos suele hablar de Dios, pero sin sombra de papanatismo. Y más que afirmar sobre él para los demás, se interroga a sí mismo quedamente. Abundan las preguntas en este libro, como bien señala en su estupendo prólogo Pedro Sevilla.
     Poemas esenciales espiga los libros publicados de José Mateos y ofrece también inéditos y lo que él llama divinanzas, la etiqueta bajo la que coloca sus aforismos particulares. Una selección de tan buen poeta ha de contener por fuerza muchas composicions excelentes. Yo no querría dejar de mencionar "Reloj de sombras" o todo "La niebla". Este es un poema extenso, uno de esos ríos de endecasílabos blancos que no abundan; aquel solo ocho versos rimados que hay que citar en su integridad:

Mi noche desvelada, tú, poesía.
Eres condena y salvación. Y eres
este vivir a solas una vida
que a cada instante necesita hacerse
honda palabra para ser mi vida.

(Y mi vida se pierde en lo que nombra:
reloj de sol que mide al mediodía
no el tiempo que pasó, sino su sombra).

martes, 30 de mayo de 2017

Un inédito



CIELO ESTRELLADO

                                                Cabo de Gata


Arriba o más bien dentro, reflejadas,
las estrellas, sus neuronas
siempre meditabundas, conectando
visión y pensamiento,
peces abisales que relumbran
en lo más alto
en estáticos bancos, en el plancton
del firmamento, esa ballena
azul
que ronda ya el arpón del nuevo día.

Las vi ya hace decenios
y vienen
a la velocidad ahora de la luz
desde ese sol remoto, ya apagado,
a esta otra noche en la ciudad,
su verdadera noche
donde no brillan
si no es en el fulgor de la memoria,
otra galaxia
a la que copia esta
(pero más pura).

Dialoga con la plata el azabache,
y llega el eco aquí de su coloquio,
sílabas consteladas que pronuncian,
su blanco sobre negro, el negativo
del libro susurrado de la noche,
las pavesas fijadas en el cielo
de un papel que arde y nos inscribe.




lunes, 29 de mayo de 2017

La suma que nos resta





El sevillano Gonzalo Gragera ganó hace unas semanas el Premio de Poesía Joven RNE 2017 con La suma que nos resta, publicado ahora por Pre-Textos. Conocía algunos de los poemas del libro, pero me ha gustado -de nuevo- especialmente la segunda parte, "Victoria Station", que recordaba bajo otro título cuando el autor estaba aún preparando este libro. Hay ahí, con mucho de collage eliotiano ambientado en Londres, una poesía urbana y también meditativa de gran hondura. Gragera, por decirlo así, se acerca más a su paisano de Las nubes o Desolación de la Quimera que al de Perfil del aire o Égloga, elegía, oda. Al poema X (que no es el décimo, pero esto es ya otra historia) pertenecen estos versos:

En el stand de dulces y de frutas
la mujer y los niños desayunan.
En esta mujer todas las mujeres.
En todas las mujeres estos niños.
En la mujer, el niño; de los hombres
es la patria primera, según Rilke.
La mujer imagina con los ojos
infinitos del niño su otra vida,
aunque en esta ocasión no se permita
sustraer un instante de belleza.


sábado, 27 de mayo de 2017

De Jorgenrique Adoum




Fue Adoum (1926-2009) un muy importante poeta ecuatoriano, secretario de Pablo Neruda una temporada y también novelista, cuyo libro Los cuadernos de la tierra se publica por primera vez ahora en España gracias a Ultramarinos Editorial, comandada por Julia Echevarría y Unai Velasco. Como es norma en estas exquisitas publicaciones, al final del libro hay un amplio apéndice, "Contextos", en el que se reúnen entrevistas, prólogos y piezas críticas, entre las que hay páginas firmadas por Saúl Yurkievich y José Olivio Jiménez. En una entrevista con Paola de la Vega, Adoum declara esto que la experiencia, la intuición y las lecturas confirman: "La poesía no es exclusivamente un género literario que se canta o se escribe: es una calidad que se alcanza."

viernes, 26 de mayo de 2017

jueves, 25 de mayo de 2017

Arqueología de un milagro



Jesús Aparicio González (Brihuega, Guadalajara, 1961) ha publicado antes de este en Ruleta Rusa Ediciones, Arqueología de un milagro, diez libros de poemas. De nuevo un poeta al que no había leído y que sorprende por su calidad. Por mi querencia irlandesa me atrae"Vuelve Yeats" (una variación sobre "La isla del lago de Innisfree"), pero el interés se prende en muchos otros de sus versos. Si a menudo bordea lo sentimental y se arrima como torero arriesgado a los pitones del cliché, el balance es rotundamente positivo, como en el comienzo de "El solo que acompaña":

Un amigo camina a tu lado en silencio,
Ignora lo que fuiste, no persigue
al que serás.

Se hace lluvia cuando tienes sed,
hierba silvestre si te vence el sueño.


martes, 23 de mayo de 2017

Lectura de Gary Snyder





Con prólogo de Nacho Fernández Rocafort y traducción de José Luis Regojo, Kriller 71 publica La isla de la tortuga, de Gary Snyder. De todos los poetas Beat, Snyder fue (y es, pues felizmente sigue vivo, como Lawrence Ferlinghetti) el más cercano a la naturaleza, y bien que lo demuestra en este libro que originalmente vio la luz en inglés en 1974.
     Poco antes y en la Sierra Nevada de California, Snyder levantó con sus propias manos y otras amigas una casa de madera, como una hermana mayor de la cabaña de Thoreau en la Laguna de Walden, al regreso de sus estancias orientales. De esa vida nueva entre los árboles trata este libro, en el que confluyen los ecos de los indígenas norteamericanos con el budismo zen, apreciable en poemas como "Exterior", que comienza: "el silencio / de la naturaleza / en el interior". Hay en estas páginas coyotes, corzas, carreteras, arroyos, pájaros carpinteros, alusiones a a Guerra de Vietnam, la versión de una plegaria de los indios Mohawk... La preocupación ecologista es manifiesta en muchas de las composiciones, que no siempre son memorables, aunque cuando aciertan alcanzan la plástica densidad ligera de, por ejemplo, "Aguacate", donde compara a este con el Dharma y dice que la"enorme semilla redonda", "dura y resbaladiza, / parece como / si tuvieras que plantarla — pero entonces  / sale dispara de entre los / dedos — / se escapa."
     Kriller 71, con Aníbal Cristobo, su responsable, está haciendo un gran esfuerzo por presentar entre nosotros, junto a voces de otras procedencias, lo más destacado de la poesía estadounidense.