jueves, 30 de junio de 2016

A medio gas



Acaba junio, el mes del hermoso poema homónimo de Pablo García Baena, que acaba de cumplir unos espléndidos noventa y cinco años, y uno está cansado, como el alumno aplicado que nunca fue al llegar el final de curso. En las próximas semanas y hasta septiembre, esta bitácora está al ralentí. A medio gas, irá sin embargo su autor cocinando a fuego lento varios trabajos que verán la luz hacia finales de año y a principios del siguiente. Alguna anotación caerá por aquí, algún enlace, cuando el azar lo quiera. A los lectores de este Fuego con nieve, buen verano (y buen invierno a los australes).

miércoles, 29 de junio de 2016

FLAMA






Medio hablando en latín, la pronunciaba
igual que una amenaza del infierno.
Pero hoy, en el verano, ya sin él,
deslizo la cortina, los visillos,
y bajo la persiana: la penumbra
hace que aún la diga en este cuarto,
mientras fuera la flama, como entonces,
incendia con su nombre el mediodía.


(De un libro en marcha)

martes, 28 de junio de 2016

"Un instrumento musical"




¿A qué se dedicaba, el gran dios Pan,
en medio de los juncos junto al río?
Pues a esparcir la ruina y maldiciones,
chapotear con pezuñas de cabra
y romper lirios áureos que flotaban
allí con la libélula en el río.

Un junco le arrancó, el gran dios Pan,
al lecho frío y hondo de aquel río;
el agua transparente corrió turbia,
y los lirios partidos se murieron,
y marchó para siempre la libélula,
aun antes de sacarlo de aquel río.

Se sentó en la ribera el gran dios Pan
en tanto que fluía turbio el río;
acuchilló y talló como un gran dios,
con su acero feroz, al pobre junco,
y no quedó ni rastro de la hoja
que mostrara su origen en el río.

Dejándolo muy corto, el gran dios Pan
(¡qué alto que se alzaba sobre el río!),
igual que el corazón de un hombre extrajo,
por el anillo externo, su meollo,
y a la cosa seca y hueca hizo muescas
y agujeros sentado junto al río.

“Así, así”, reía el gran dios Pan
(reía allí sentado junto al río)
“así es desde el inicio de los dioses
como lograr podemos dulce música.”
Y besando su boca un agujero
sopló con energía junto al río.

¡Qué dulce, dulce música, oh dios Pan!
¡Qué dulce conmoción en torno al río!
¡Dulce hasta cegar, oh gran dios Pan!
De morir se olvidó sobre la loma
el sol, mientras los lirios revivieron,
de vuelta la libélula en el río.

Mas casi una bestia es el gran dios Pan,
allí sentado riendo junto al río,
a un hombre convirtiéndolo en poeta;
qué precio, qué dolor, los dioses lloran
por el junco que ya no crecerá,
un junco entre los juncos junto al río.


(Mi traducción de “Un instrumento musical” de Elizabeth Barrett Browning, uno de los poemas líricos mejores y más vivificantes de la lengua inglesa, según Harold Bloom).



Elizabeth Barrett Browning

lunes, 27 de junio de 2016

Efémera


José Manuel Benítez Ariza publica una colección de textos aforísticos. Tendré el placer de acompañarlo en su presentación sevillana.


domingo, 26 de junio de 2016

sábado, 25 de junio de 2016

Descubrir una voz







Con Catacumbas, Luciana Jazmín Coronado obtuvo el I Premio Hispanoamericano de Poesía de San Salvador. Realmente, se puede afirmar que el fallo del jurado ha sido un acierto, pues el libro de esta bonaerense de 1991 merece atención. No hay titubeos: incluso la falta de puntuación a final de estrofa y la falta de mayúsculas al abrir las frases, se llevan de manera ordenada y rigurosa. Las tres partes ostentan nombres de direcciones o calles, domicilios de la raíz o el desarraigo, y en cada una de ellas hay un tema preponderante (el padre, la abuela y, más elíptica y abierta la tercera, el hermano, pero no solo él).
     Hay aquí, alquimia, transformaciones, una obsesión con la figura paterna (Plath al fondo), y una cordial identificación con la abuela: "ni se quejó / cuando su novio / dejó de aparecer / porque su familia / lo había puesto en un geriátrico." Luciana Jazmín Coronado, un nuevo nombre a anotar en el mapamundi en continua expansión de la poesía.

viernes, 24 de junio de 2016

El comienzo de Ángel Crespo




En modélica edición de Jordi Doce, que es autor de la introducción selección, la Fundación Ortega Muñoz ha publicado una antología de los poemas de Ángel Crespo que van de 1949 a 1964, quince años de excelente cosecha como se aprecia, y paladea, en este volumen. Se trata de una selección, como advierte Doce en el preámbulo, "que no pretende sino ofrecer una retrospectiva del primer tramo de la obra crespiana mediante el prisma de su relación con el mundo natural." Y hay, efectivamente, mucho campo manchego -plantas, bestias, paisaje- en estas composiciones en las que brilla un poeta, a veces eclipsado por su faceta de traductor, que está pidiendo una más atenta lectura.
     Poemas especialmente señalables son, a mi parecer, "Junio feliz", "Las afueras", "Una mujer llamada Rosa", "La vuelta", "Tiempo en la Cuesta del Jaral", "La cabra" o "Las cosas". Este, extraordinario, y no muy extenso, tiene puntos en común con José Luis Hidalgo o Claudio Rodríguez (pero no únicamente este), y su belleza es tan intensa que no me resisto a traerla completa aquí, compartida como invitación al disfrute de un libro que no ha de defraudar:

LAS COSAS

Por los caminos encontramos bueyes.
Vamos contando testas de animales cornudos.
En los caminos encontramos árboles. 
Vamos contando ramas de vegetales altos.
Vamos por los caminos contando hierbas.
Pero también los bueyes cuentan presencias de hombres.
Y los árboles cuentan nervudos brazos de hombre.
Y las hierbas nos cuentan las pestañas.

Todas las cosas tienen
ojos para mirarnos,
lengua para decirnos,
dientes para mordernos.
Vamos andando igual que si nadie nos viese,
pero las cosas nos están mirando.

jueves, 23 de junio de 2016

La ilustre mochila del doctor Johnson



James Boswell, por Joshua Reynolds


Así titula el siempre atento Toni Montesinos su artículo sobre el periplo escocés de Johnson y Boswell, la traducción que firmo en hermosa edición de la colección de clásicos de Pre-Textos. Se puede leer en este enlace.

miércoles, 22 de junio de 2016

David contra Goliat




"A veces la fuerza reside en lo pequeño, en la región más discreta y marginal del mundo sensible, alojada en ínfimas criaturas que apenas reclaman nuestra atención. No en Goliat sino en David, cuya mano lanzó la piedra mínima que hizo caer al gigante", leemos en la contracubierta de Fuerza menor, libro de Javier Puche hace poco aparecido en La Isla de Siltolá. Con prólogo de Juan Bonilla que enlaza con un poema del jerezano en Poemas pequeñoburgueses (Renacimiento), Puche cultiva lo breve, así en el microrrelato como en la cuasigreguería, que él denomina seísmos (cuentos de seis palabras). De esa forma cerrada, de esos cubos (si pasamos a la geometría), son buena muestra estos elegidos al azar e impregnados todos del aroma de la paradoja y lo sorprendente:

La planta carnívora devoró al vegetariano.


Hombre-bala busca ansioso mujer-cañón.


Durante el eclipse, enfermó la luciérnaga.


Flota sin rumbo el levitador muerto.


martes, 21 de junio de 2016

Mi deuda con Shakespeare





El círculo del Globe, una pupila 

con que mirar el mundo,

y Shakespeare la retina, el cristalino,

y el párpado cuando baja el telón.

Superviviente nato

de tantas pésimas adaptaciones,

y triunfador 

en cuentos de verano

o en los sueños de invierno.

Compañero de días y de noches

al traducirme,

mi maestro de esgrima en el combate 

con las palabras.

Apuntador a veces de mi vida,

ligero, grave, bufo, nemoroso,

la binaria canción de sus acentos

es pauta de un tictac 

que ha llenado mis horas.

Le debo tanto que si viene 

una tarde a cobrarme, le daré

una libra de carne

con su ventana abierta 

al corazón.

domingo, 19 de junio de 2016

De hospitales




Tengo que confesar que no había leído nada de Juan Gil Bengoa (Bilbao, 1958). He puesto remedio a esta ignorancia con Rwenzori, su libro más reciente, publicado justamente ahora hace un año. En los últimos meses, familiares cercanos han ingresado varias veces en hospitales y clínicas, y por eso tengo fresca la experiencia de sus habitaciones, de los pasillos, de las unidades de cuidados intensivos y los caminos siempre dubitativos a los quirófanos. Mucho de eso hay en este libro de Gil Bengoa: desde perspectivas múltiples, con diferentes objetos y sujetos, todos con su zozobra, su dolor, sus imágenes frías y cortantes. El poema 28 recrea de manera asfixiante una habitación compartida y la lucha por el aire. El 16 tiene como protagonista a un bebé. Su verso final es tremendo y vale lo que muchos poemas: "¿Qué sueñan los que nada han conocido?"

sábado, 18 de junio de 2016

Luis Cernuda, traductor





Son numerosos los poetas que como vía paralela a la creación de su obra propia traducen poemas ajenos, casi siempre por afinidad, por gusto, por hallar una cierta forma de completarse en una alteridad que hacen propia al tiempo que se enajenan convirtiéndose en voz de otros. No era tan frecuente esto, sin embargo, hace seis o siete décadas. El caso de Luis Cernuda es especial porque destaca entre los miembros de su generación, la del 27, como un poeta que traduce, al igual que también fue un poeta que hizo crítica (por crítica me refiero al juicio sosegado, no al presuroso despacho de recensiones de compromiso o faenas para ganarse unas perras en algún periódico o suplemento), pero no fue un caso aislado. Fueron varios los compañeros suyos que vertieron a otros poetas, es cierto; señaladamente, Manuel Altolaguirre, quien junto con su mujer Concha Méndez llegó a fundar la espléndida revista 1616 (fasto fúnebre de Shakespeare y Cervantes, como este año vamos a oír hasta la saciedad), que unía lo mejor de la poesía inglesa y la española; pero también Jorge Guillén, por ejemplo, fue reuniendo versiones de poetas universales en Homenaje. Alonso, Alberti, Prados, también vertieron a otros poetas. Una amplia muestra de las traducciones del 27 fue publicada por la Fundación José Manuel Lara en su colección Vandalia a cargo de Francisco Javier Díaz de Revenga.
            Con todo, Cernuda es relevante porque él fue quizá el mejor poeta romántico español, con todos los matices que se quiera, más de un siglo después del apogeo del romanticismo, como supo ver Philip Silver. Y porque podemos rastrear la huella de los autores traducidos en su propia obra poética, que, no es ningún secreto, acaso sea la más alta de su generación y, desde luego –en esto no cabe discusión– la más vigente.
De familia francesa por parte de madre, Cernuda leyó en la lengua de esa parte de sus antepasados, los Bidou –o Bidón, como se naturalizó el apellido en España–, y cuando terminó sus estudios y abandonó Sevilla fue lector de Español en Toulouse. Pese a ello, y al margen de seis poemas de Paul Éluard aparecidos en la revista malagueña Litoral en 1929 (encargo de ese casi borrado José María Hinojosa), su primera tentativa como traductor fue de una lengua de la que apenas tenía conocimiento: el alemán. En colaboración con Hans Gebser, con quien tomó clases, emprendió la traducción de una selección de poemas de Hölderlin. Y esta fue la puerta por la que entró en el mejor romanticismo europeo, luego acrecentado con su lectura de Leopardi y el trato y la traducción, con y de, algunos románticos ingleses.
Publicado en Cruz y Raya, su Hölderlin es de 1935, el año en que Cernuda, tras ser más o menos neoclásico y simbolista en Perfil del aire y  Égloga, Elegía y Oda, tras recalar en el surrealismo de Los placeres prohibidos y el romanticismo en ciernes de Donde habite el olvido (título que coloca al amparo de Bécquer), compone Invocaciones, que será su último libro escrito íntegramente en España antes de los dos primeros de su período británico, cumbre de su poesía: Las nubes y Como quien espera el alba. En “Canción al destino de Hiperión” hallamos alguna torpeza expresiva, como “Mas no es dado a nosotros” (en vez de “Mas no nos es dado”), pero los aciertos son notables (sin duda, Gebser proporcionaba una primera traducción más o menos literal y Cernuda le daba el toque poético, el acabado).
“Mi conocimiento de la lengua alemana era menos que elemental”, confiesa, y lo da a entender una vez más cuando dice en el mismo Historial de un libro: “Al ir descubriendo, palabra por palabra, el texto de Hölderlin, la hondura y hermosura poética del mismo parecían levantarse hasta lo más alto que pueda ofrecernos la poesía.” Hay además, poemas de Hölderlin que se vinculan a otros suyos. “Tierra Nativa” es como presentimiento de su propio destino de exiliado, y exactamente el título del cernudiano “Tierra nativa” (escrito en 1941 e incluido en Como quien espera el alba). Pero es más, su eco alcanza a esa composición acerbísima, “A sus paisanos”. Invierto aquí el orden; primero, la estrofa con el final del poema de Cernuda, luego la del comienzo del de Hölderlin en traducción de aquel:

Si queréis

Que ame todavía, devolvedme

Al tiempo del amor. ¿Os es posible?

Imposible como aplacar ese fantasma que de mí evocasteis.


Benignas riberas, vosotras por quienes fui formado,
¿podéis calmar las penas del amor? ¡Ay!
¿O devolverme vosotros, bosques de mi infancia
cuando retorne, mi tranquilidad nuevamente?


“Aplauso de los hombres”, del de Tubinga, es prácticamente el mismo título de su “Aplauso humano” (del mismo libro y fechado en 1942). En ambos poemas se trata del poeta enfrentado al mundo, que es uno de los temas recurrentes del sevillano. Estas palabras del traducido  suenan con un dejo personal de labios del traductor: “Gusta la multitud lo que el mercado precia / Y sólo al violento honra el criado”, y particularmente anuncian la tercera estrofa del poema de Cernuda: “La consideración humana tú nunca la buscaste, / Aún menos cuando fuera su precio una mentira, / como bufón sombrío traicionando tu alma / A cambio de un cumplido con oficial benevolencia.” Por su parte, “Fantasía del atardecer” recuerda poderosamente a “Primavera vieja”. Las estrofas 4 y 5 concuerdan particularmente con el poema de Cernuda:

Por el cielo crepuscular la primavera abre;
Rosas innúmeras florecen; quieto semeja
El mundo áureo. Oh, llevadme hacia allá
Púrpuras nubes, y que allá arriba

En aire y luz se aneguen mi amor y sufrimiento.
Pero como ahuyentado por inútil pregunta
El encanto se va. La noche cae. Y solitario
Bajo el cielo, como siempre, estoy yo.

Finalmente, “El cementerio” tiene su correlato en sendos poemas de Las nubes y de Como quien espera el alba: respectivamente, “Cementerio en la ciudad” y el bellísimo “Elegía anticipada”. Por otra parte, entre las traducciones  de Hölderlin que Cernuda dejó inconclusas, está “El Águila”, título que se corresponde con el poema de Cernuda que abre Como quien espera el alba. Ambos textos tienen como referente la Grecia clásica, con su mitología, sus dioses. El de Cernuda trata del amor de Zeus por Ganimedes (sobre le cual Hölderlin escribió –una coincidencia más– otro poema).
Luego, al comienzo de su estanca en Gran Bretaña, Cernuda elige traducir con su amigo Stanley Richardson dos sonetos de William Wordsworth, que entre la gran obra del coautor de Baladas líricas son elegidos porque tienen algo que ver con España, que en esos momentos está ya en su tercer año de Guerra Civil: “El roble de Guernica” y “Cólera de un español altanero” (Hora de España, 1938). También traducirá poemas de William Blake (“El niño negro”), John Keats (“Oda al otoño”) y William Butler Yeats (“Ephemera”) en la revista mexicana Romance (1940). Igualmente traducirá a Andrew Marvell (“La definición de amor”), Robert Browning (“Una Toccata de Galuppi”) y, también Yeats, (“Bizancio”), que incluirá en Poesía y Literatura. Inéditas en vida de Cernuda, son traducciones de Gérard de Nerval, Hölderlin, William Blake, y un poema anónimo inglés del siglo XVI. Entre los poemas blakeanos, hay uno que guarda un verso con el que sin duda se sintió identificado, dado su carácter que muchos hemos calificado de difícil: “Si altanero me envidian; si débil, me desprecian.” Hizo también algunas otras traducciones de las que tal vez no quedara satisfecho, porque no han llegado hasta nosotros. Así, en 1940 escribe desde Glasgow a Concha Méndez y Manuel Altolaguirre que tiene traducida la Defensa de la poesía, de Shelley, y El matrimonio del cielo y el infierno, de Blake. También les decía a sus amigos en esa carta que había pensado traducir algunas de las hermosas cartas de Keats, aunque aún no lo había hecho. Algunos párrafos los vertió, no obstante, en Pensamiento poético en la lírica inglesa. Siglo XIX. Defensa de la poesía se lo ofreció a Bergamín, quien aceptó publicarla en su editorial Séneca, pero nunca más se supo. Por cierto, que Bergamín sí recuperó en su editorial las traducciones de Hölderlin en 1942, para indignación de Cernuda, que se las tuvo que ver con los hechos consumados sin posibilidad de corregir algunos fallos que había detectado.
Luego en la segunda mitad de 1946 traduce Troilo y Crésida, de Shakespeare. Al hispanista Edward M. Wilson le hizo numerosas consultas. En reconocimiento a Wilson, Cernuda le dedicó la publicación malograda del primer acto en la revista mexicana El Hijo Pródigo, dirigida por Octavio Paz. Pero la revista dejó de publicarse, y la traducción no apareció hasta ver la luz, completa (pues Cernuda siguió trabajando en ella durante su estancia norteamericana), en Ínsula, en 1953. En Con otro acento. Divagaciones sobre el Cernuda “inglés”, escribí: "No podemos sino especular por qué eligió esta obra, pues el poeta no declara en parte alguna los motivos, pero el caso es que efectivamente la obra es amarga en lo amoroso y tiene como telón de fondo una guerra interminable en la que pueden verse concomitancias con la civil española o la recién terminada contienda mundial, o la suma de ambas, que Cernuda padeció primero en España y luego en el Reino Unido bajo los raids de la aviación alemana". 
En el prólogo a su traducción, Cernuda expresó cuál había sido su voluntad: “En la traducción he pretendido, ante todo, fidelidad al texto original, combinadas literalidad y equivalencia, tratando de que el lenguaje no choque al lector o auditor por una modernidad extemporánea.” También manifestó que “pocas veces, excepto en mi traducción de Troilus and Cressida, de Shakespeare, he trabajado con fervor y placer igual”.
Un día otro hispanista, Charles David Ley habló en la BBC sobre poesía española, y se ocupó de Cernuda, Panero, Ridruejo, Montesinos y otros, y al poco recibió sendas cartas de un poeta que escribía en español y deseaba publicar en alguna revista española y de un conocido poeta inglés que había estrenado un poema dramático en Londres y París (confieso que no he podido averiguar quién era) y deseaba verlo representado en nuestra lengua. Habiendo preguntado Ley a Cernuda si estaría dispuesto a hacer la traducción, el sevillano contestó con suficiencia característica que él sólo traducía a Hölderlin y a Shakespeare, y añadió: “Además estas dos cartas que recibe usted son típicas de la gente de este país; no le importa nada las cosas interesantes que usted dice de la poesía española, pero en cambio, un don nadie quiere verse traducido en español.”
También tradujo Cernuda el primer acto de Romeo y Julieta. Lo comenzó en 1948, pero quedó inédito. Lo que nos ha llegado es muy buen trabajo, cosa que él no siempre pudo o quiso decir del de otros. En algunas ocasiones Cernuda emitió opiniones sobre otras traducciones de Shakespeare. Así tilda de ridícula la versión de Hamlet a cargo de Salvador de Madariaga (con quien tuvo buena relación y mantuvo una valiosa correspondencia), o con gran expresividad censura a León Felipe: “extraña que eligiese a Shakespeare, el máximo artífice del lenguaje, que haya probablemente existido en cualquiera de las lenguas modernas, para traducirlo o adaptarlo. Al leer las traducciones o adaptaciones que de Shakespeare hace León Felipe, nuestra sorpresa dolorosa acaso sea igual a la de Don Quijote al ver transformada a Dulcinea en labradora manchega”.           
Entre los papeles póstumos de Cernuda se encontró un texto introductorio que explica su labor al traducir Troilo y Crésida: “El diálogo alterna prosa y verso, éste sin rima excepto al final de algunos parlamentos, donde aparecen uno o más pareados, cuyo consonante he sustituido por asonante. La ausencia casi general de la rima ha permitido mayor fidelidad a la expresión original, que en una traducción poética estimo como más importante.” En cuanto al tipo de verso, a su métrica: “He usado un verso de medida variable, por lo general entre el endecasílabo y el alejandrino, que trata de sustituir a su manera el tono y el acento dominantes del verso original. Es más que probable que no lo haya conseguido. Pero sí creo evidente en mi traducción el amor y la reverencia que me animaron y sostuvieron para llevarla a cabo.” También entre los papeles póstumos había una nota introductoria de Romeo y Julieta: “El verso se ha traducido como verso y la prosa como prosa; cada verso dice, o trata de decir, lo mismo que el verso correspondiente de Shakespeare. Para eso el traductor ha creído necesario adoptar un verso de arte mayor de medida variable, y no exclusivamente el endecasílabo que correspondería en la métrica castellana al “blank verse” inglés.”
Y un poco más adelante: “Los juegos de palabras se han traducido tratando de buscarles equivalentes en castellano, sin pretender explicarlos por medio de notas, en las cuales el lector, a menos que conozca el inglés (en cuyo caso no necesita que le ofrezca traducción), no halla, ni comprende, el rasgo de ingenio o de humor original.”
No siempre in embargo empleó ese verso flexible, que suele oscilar entre endecasílabos y alejandrinos y que permite no dejar fuera contenido léxico del original. Al traducir los tetrámetros yámbicos de Marvell emplea uniformemente el eneasílabo.
Pero sería faltar a la verdad ocultar que Cernuda hizo también traducciones para hacerse con algo de dinero. No ganó mucho ni se sintió a gusto realizando este trabajo. En una carta a Derek Harris, fechada justamente la víspera de su muerte, escribió: “Yo no acepto y reconozco como traducciones hechas por mí sino las dos que menciono, que el amor y la admiración me llevaron a realizar. Esas otras traducciones las llevé a cabo por necesidad de ganarme algún dinero (poco, dadas las costumbres groseras y salvajes de los editores españoles), sin que yo eligiese obras ni autores a traducir, sino la estupidez ignorante de los editores. Por eso no quiero que se mencionen."
Fueron estos libros alimentarios, Molière, de Ramón Fernández (Madrid, La Nave, 1932), Teatro de Clara Gazul y La familia de Carvajal, 3 tomos, de Próspero Mérimée (Madrid, Espasa Calpe, 1933), Pablo y Virginia, de Bernardino de Saint-Pierre (Madrid, Espasa-Calpe, 1933), La prodigiosa vida de Honorato de Balzac, de René Benjamin (Madrid, La Nave, 1934), y Goethe y Beethoven, de Romain Rolland (Madrid, La Nave, 1934). Es probable que también le disgustara que saliera a la luz, en particular la de Benjamin, que apoyó al bando nacional en la Guerra Civil y que, miembro de L’Action Française, más tarde fue acusado de colaboracionismo en la Francia que emergió de la II Guerra Mundial, por lo que fue obligado a abandonar la Academia Goncourt. Aunque Benjamin no aparece mencionado en ningún momento de la obra de Cernuda, suponemos que este estaría al tanto de sus vicisitudes. Fue también autor de un libro, Gaspar. Los soldados de la guerra, con el que obtuvo el Goncourt en 1915 y que tradujo nada menos que otro insigne, Manuel Azaña (Calpe, 1921).
Ya antes, en carta de 31 de octubre de 1928 había hablado Cernuda de unas traducciones que iba a hacer y cuyo cobro le permitirían a la vuelta de Toulouse no tocar el dinero que tenía ahorrado. No sabemos cuáles serían estas traducciones. Sí sabemos por otra parte que en 1936 tradujo el Ubu Rey de Jarry para su representación a cargo de María Teresa León (no se conserva el texto de la traducción y la obra no llegó a montarse), y que en 1926 había pensado hacer lo propio con Une saison en enfer, de Rimbaud, así como que cinco años después tradujo La historia del soldado, de Stravinski, para una representación con muñecos que montó la Sociedad de Cursos y Conferencias de la Residencia de Estudiantes bajo la dirección de Daniel Vázquez Díaz y con la participación de Rivas Cheriff y José Caballero, pero estas traducciones hay que enmarcarlas en el grupo de las hechas por motivos literarios y no para ganarse la vida o vivir más holgadamente.
Pero volvamos, para acabar, a esas traducciones que hizo por gusto. Por ejemplo, la “Oda al otoño”, de Keats, en general traducida en alejandrinos salvo dos versos de la segunda estrofa: “Aquel que en torno mira hallarte suele / Sentado con descuido en los graneros.” Keats murió el 23 de febrero de 1821. El último verso de la oda dice “o trinan por el cielo bandos de golondrinas”.  Esos bandos (“and gathering swallows twitter in the skies”) van a posarse a “Primavera vieja”. Cernuda retuitea el verso de Keats y lo hace gorjeo propio, más que como gorrión como urraca que hurta, como cuco que se apodera del nido. “El cielo harán más vasto con su queja / bandos de golondrinas”, escribe en uno de sus más bellos poemas. Un poeta que siempre ha sentido admiración por Keats y por Cernuda, Andrés Trapiello, acoge en un poema de El mismo libro a esas aves con los que se va este artículo de versos migratorios, es decir traducidos de la latitud de una lengua a la de otra.:

De agitación y sombras
llenaron el crepúsculo los grandes
bandos de golondrinas
que ensayan la partida.




(Publicado en el nº 122 de Clarín)




viernes, 17 de junio de 2016

Lo mejor de Luis Alberto de Cuenca





La cuarta ya de las antologías del poeta madrileño en Renacimiento, Abre todas las puertas es un equilibrado festín en el que todos los platos han sido escogidos con tino y en, conjunto, aportan un menú representativo y, claro está, delicioso, de su gastronomía. La selección ha corrido a cargo de Victoria León, que le dedica una estupenda carta pormenorizada en la que destaca el carácter de poesía moral de la obra de Luis Alberto de Cuenca, aunque matizando lo que de grave podría esto tener: "... no es, desde luego, un moralista al uso. Raras veces adopta sin el juego o la ironía ninguna postura de autoridad moral y huye de la solemnidad sobre todas las cosas." Comenta los poemas, quizá con prolijidad, pues, si de muchos es conveniente aportar claves e información, de otros no era, creo, preciso comentar nada en el prólogo (pero mejor hacerlo ahí que en notas incómodas a la vista en una colección como esta, en cuarto). Con todo, la introducción dibuja perfectamente la silueta de este poeta, uno de los más leídos de España (en su caso, popularidad y calidad no están reñidas). 
     Comentados los libros y su evolución, con una especie de ecuador o punto de inflexión en Por fuertes y fronteras (1996), se espigan composiciones de todos los títulos de De Cuenca, y se ofrecen como postre cinco poemas inéditos: dos variaciones sobre pasajes del Fausto de Goethe, "La chica victoriana de la foto", "Amor sin barreras" y "Camino de regreso". En ellos, los temas de siempre del poeta: la biblioteca, lo fantástico, lo onírico, Rudel, Tennyson, Burne-Jones, el amor, el amor, el amor...

jueves, 16 de junio de 2016

Las líneas rojas



José Antonio Olmedo publica esta generosa reseña de El bosque sin regreso en Revista de Letras. Muchas gracias por la atención que presta a mis versos.

miércoles, 15 de junio de 2016

"Carrusel" en Sevilla



Estar tarde tendré la suerte de acompañar a Ioana Gruia en la presentación en Sevilla de Carrusel, su premiado libro de poemas. Si no la conocéis, será muy buena ocasión para descubrir una voz muy valiosa.


martes, 14 de junio de 2016

En "Historias de papel"



Bronwyn en El señor de la guerra


La entrevista que sobre la biografía de Cirlot me realizó Manuel Pedraz en su programa Historias de papel, de RNE, se puede escuchar ahora aquí.

lunes, 13 de junio de 2016

Presentación de la biografía



Aunque publicaré aquí la invitación cuando falten pocos días, puedo ya anunciar que el próximo jueves 23 de junio se presentará en Sevilla el libro con el que obtuve el Premio Antonio Domínguez Ortiz de Biografías: Cirlot. Ser y no ser de un poeta único. Será en la sede de Cajasol (Plaza de San Francisco, 1) a las ocho de la tarde. Jacobo Cortines, miembro del jurado, presentará la biografía, y a continuación Juan Bonilla y yo conversaremos sobre Cirlot, su inmensa obra y lo que se tercie. Aunque solo sea por mis acompañantes y el objeto del libro, yo creo que va a estar muy bien. La entrada es libre y sería un placer veros. 

domingo, 12 de junio de 2016

Orientar en la navegación



No me considero crítico sino alguien que, como escritor, también hace glosas y comentarios; pero aquí está uno, de pega, junto a otros de paga en diferentes medios. Hay reflexiones interesantes, y nombres justamente respetados. Se puede leer aquí.

sábado, 11 de junio de 2016

Una nube



Mira esa nube. Nunca
volverás a verla igual
o ni siquiera a verla.

Su blanco te observa
también cambiante.
Y ya no estás.



viernes, 10 de junio de 2016

Litoral de Rafael Pérez Estrada






El número 261 de Litoral -ya son números- viene dedicado en esta ocasión al inclasificable, salvo del lado de los adjetivos entusiastas, que le pertenece, Rafael Pérez Estrada. Es un número, a pesar de la engañosa forma rectangular, redondo: uno de los mejores publicados hasta la fecha, por su coherencia y armonía, al recoger textos y dibujos creados por la misma mano -angelical-.  Se ofrece no solo una deliciosa antología de los escritos de RPE, casi todos prosas afiladas, preñadas de erudiciones imaginadas y aforismos inteligentísimos, sino también una muestra muy amplia de su obra gráfica, excelentemente presentada, más dedicatorias suyas y páginas de homenaje y recuerdo de sus amigos.
    Es sorprendente siempre el malagueño, ya se ocupe de la poética, de las nubes o de raros especímenes de bestiarios y botánicas imposibles para otros, que no para él y, por su mediación, que hay que agradecerle, para el lector. "Sólo sé que, si abro el poema, deberá sangrar", escribió. Estos, ya sean cuentos en miniatura o versos, están muy vivos. Sangrarían, pero ahorrémosles el trance de la herida y la hemorragia. Hay algunos inéditos, más ensayos de, entre otros, Antonio Lafarque, Francisco Ruiz Noguera, Alberto Santamaría o José Ángel Cilleruelo. La lista de cómplices (así se les llama) es larga como un abrazo entre amigos que no se quieren separar: Pablo García Baena, Antonio Soler, Rafael Inglada, Alfredo Taján, Guillermo Busutil, Chantal Maillard, José Ignacio Díaz Pardo, J. A. González Iglesias, Rafael Ballesteros, el ya citado FRN, Antonio Parra, Juvenal Soto, Carlos Edmundo de Ory, Juan Lamillar, Jesús Aguado, Juan Manuel Villalba, Juan Carlos Mestre, José Infante, Antonio Jiménez Millán, Antonio Garrido, Francisco Javier Torres, Mark Aldrich, María Navarro y Aurora Luque. Firma el editorial Lorenzo Saval y colabora, también, rememorando a su hermano, Esteban Pérez Estrada.

miércoles, 8 de junio de 2016

Manilla doble





Me llegan casi simultáneamente los dos últimos libros de poemas del leonés Antonio Manilla. Con el primero, Sin tiempo ni añoranza, obtuvo el premio Paul Beckett de Poesía. Ve la luz en la colección Beatrice de la Fundación Valparaíso. El segundo, sin vitola de premio, lo hace en Sloper, la editorial mallorquina que, junto a la prosa, también presta buena atención al verso. Se trata de En caso de duda y otros poemas de casi amor.
     De este es el hermoso

LUNA NUEVA

Luna de luz opaca,
luna de padre insomne
y madre inquieta,
jugando al escondite con el sol,
luna negra:

tu claridad oscura
da luz a este desvelo.



lunes, 6 de junio de 2016

Vamos a las Hébridas





Llega estos días a las librerías de toda España esta obra de Boswell que hace años propuse a Pre-Textos. Curiosamente coincide su aparición con el treinta aniversario de mi propio viaje a las Hébridas, en 1986.

domingo, 5 de junio de 2016

"El azar y viceversa"




Cuando uno comienza la lectura de un libro de Felipe Benítez Reyes, sea del género que sea, ya conoce las reglas de la casa: inteligencia, ironía, ilusionismos, perplejidades, fantasmagorías. De todo eso hay en su novela largamente gestada El azar y viceversa, pero en un grado superlativo, más una reconstrucción espléndida de ambientes, lugares, tics generacionales, que sin caer en costumbrismo trazan un fresco de unas décadas que, en el caso de muchos, se confunden con las de la infancia y la juventud propias, lustro arriba o abajo.
      No es fácil hablar de un libro en el que todas sus páginas son espléndidas, ni tampoco hay que caer en el ditirambo porque El azar y viceversa no lo necesita, pero qué historia, tan verosímil por otra parte, la del protagonista, y qué galería de secundarios: Fiti, el Tunecino, Bakunin, el diputado autonómico Romero, el sij Ripaldi... En Rota, Cádiz y Sevilla, la novela brilla con un lenguaje no ya ingenioso, sino genial: culto (ahí está la presencia constante del diccionario de Covarrubias), popular, acanallado, siempre con momentos felices y frases dignas de figurar, las firme el protagonista o el autor, en una antología del aforismo y, pues asistimos al desplegarse de una vida vivísima, de orientaciones para conducirse por esta. 
     Que tiene mucho de la españolísima novela picaresca es obvio (incluso algún homenaje cervantino, por ejemplo el episodio del ventero y el coche), pero Benítez Reyes ha hecho aquí literatura a secas, rompiendo las costuras de los géneros. Es más que posible que le lluevan los premios y los reconocimientos, y todo ello estará justificado. Créanme: no se publican narraciones como esta todos los años.

sábado, 4 de junio de 2016

Despedida de soltero



A diferencias de los penosos rebaños que empañan la belleza de las ciudades hermosas en las despedidas de soltero, Víctor Peña Dacosta ha querido hacer algo especial, ya que él puede: escribir una colección de poemas sobre el tránsito a la condición de hombre casado. Siguiendo su línea fresca y hasta frescales, ha reunido en Diario de un puretas recién casado (diálogo con JRJ y también con Juaristi) catorce poemas de regular extensión en los que prima la ironía, el desenfado, la broma, el baile agarrado con la tradición y la danza descocada, también, con la misma. Todo ello, con un fondo reflexivo, que saca buena partida del paso del tiempo. Suele brillar en los finales de los poemas con sorpresas y quiebros, y aunque cierto realismo sucio, deliberadamente de niñato a veces, no sea the cup of tea de todo el mundo, composiciones como "Pálido reflejo", "Primeras nupcias", "García casado" o el que comparte título con el cuaderno son poemas felices, en los que brilla la capacidad expresiva del autor. 
     Del segundo de los citados son estos versos, toda una declaración de intenciones a la mujer con la que se  case (circunstancia que en la vida real, porque hay que recordar que el poema es siempre otro ámbito, se ha producido hace pocas semanas):

Prometo traerle flores de vez en cuando,
acordarme alguna vez de alguna fecha,
no meter cosas sin tapar en la nevera
y aprender la indescifrable mecánica
con la que se desenvuelven
las emociones y los edredones nórdicos.


viernes, 3 de junio de 2016

"Han venido unos amigos"




Ya lo recomendé durante la Feria del Libro de Sevilla. Han venido unos amigos (Renacimiento) es un libro distinto: lento cuando impera la prisa, rural donde manda lo urbano, meditativo contra la arrolladora urgencia de lo irreflexivo. Recoge, como una narración en verso (originalmente escrita en catalán y traducida ahora por su autor), una larga convalecencia del poeta ibicenco Antoni Marí en la montaña de su isla, en una casa de difícil acceso. Se lee como un relato que sería instrospectivo si el paisaje y la serenidad del espacio abierto junto a ese lugar de reposo no lo hiciera también, a un tiempo, extravertido. Digo esto, y me acuerdo del inscape de Gerard Manley Hopkins, la entrañada perspectiva en correlación con el landscape, el paisaje de fuera.
     Hay mucho y bueno en el libro, pero esto no es una reseña, sino una nota de lectura y una invitación. Antoni Marí deja aquí algunos sabios pensamientos sobre la poesía, como este del fragmento o capítulo VIII, con su gran verdad: 

La poesía rompe las obligaciones, los deberes,
lo que el tiempo amontonó sobre las espaldas de todos;
te libera de los compromisos, las citas, los acuerdos;
y te olvidas de la vida como la vida se olvidó de ti 
y de lo que te concierne.

jueves, 2 de junio de 2016

Los murciélagos




        LOS MURCIÉLAGOS

Cada uno, en su ceguera,
ha visto más portentos
que el sol:

alzarse las campanas en la torre
también alzada
achicando los ámbitos aéreos
y aupada como un niño sobre el padre
que fue hijo suyo,

un obstáculo, un eco
sentido sin tocar o contemplado
por un sentido que la lengua nombra
dificultosamente;

también ha visto
crecer el caserío de tinieblas,
horas hechas a la escala
del hombre;

el silencio del muecín.

Giran, regresan,
y guardan la memoria de otra forma
en un cielo más amplio:

el minarete.

Royendo nubes,
dejan caer migajas de rocío
en el mantel de cuadros de las calles
que los miran partir cada mañana,

no migratorias aves,
no pájaros:
las fijaciones negras
de viejas pesadillas.

Circunvalan la piedra,
evitan las paredes cortejándolas
lo mismo que quien baila con un muerto.
Obstinadas membranas rememoran
un circuito de noches repetidas.

Eternos en lo breve, perpetúan,
el individuo no, sino la especie,
un vértigo y vestigio
de lo futuro y bajo.

Al tribunal supremo de la luna
acuden y en sesiones levantadas
dirimen largos pleitos con las aves.

El aire sin aristas se les duele
de su miembro amputado,
el volumen del vuelo ya imposible.

La arquitectura, sin embargo, canta
fundiendo tradiciones e instrumentos
en un coro que danza, como ellos,
giróvagos en torno a la alta torre
–ese tallo crecido–,
tornasombrados.