domingo, 31 de enero de 2016

Una nueva edición de "Ocnos"







En Sevilla, donde escribo a solo unos cientos de metros de la casa en que nació, existe la creencia generalizada de que Luis Cernuda (1902-1963) escribió en Ocnos uno de los retratos en prosa más hermosos, si no el supremo, sobre la ciudad. Es cierto, pero los hispalenses gustan de mirarse el ombligo (para desesperación y burla de su mayor poeta del 27, que amó Sevilla y la detestó), y esa idea solo puede predicarse en puridad de la primera parte del libro, que es mucho más sin embargo: la impronta de un talante moral, el escenario mudable de un poeta siempre viajero (así aparece en sus páginas también la abominada Glasgow) e incluso algún vislumbre de México, su última patria de adopción, si es que no fue extranjero en toda latitud el autor de La realidad y el deseo.
Hubo tres ediciones de Ocnos en vida de Cernuda, que reparten en su geografía, como barajas marcadas por la derrota (en el doble sentido del periplo de un hombre y su fracaso), los tres grandes escenarios de su vivir: una británica de 1941, la original; otra española modificada de 1949; y una tercera, acrecentada, que vio la luz en el continente americano en 1963 (que él no llegó a ver, pues los ejemplares de la Universidad Veracruzana arribaron a casa de Concha Méndez, donde residía, recién muerto su autor).
Del deslumbramiento que le causó México da fe, por su parte, el segundo libro aquí reunido, respetando el deseo de Cernuda bajo la misma cubierta que el anterior. Otros españoles escribieron del país que los acogió, como José Moreno Villa en Cornucopia de México, pero lo singular del tomito de Cernuda es que fue escrito no en la presencia sino en la distancia, como conjuro de la nostalgia que sintió por el calor, el idioma y los cuerpos jóvenes y bronceados en medio del frío de su universidad para señoritas pálidas de Nueva Inglaterra. Variaciones sobre tema mexicano (1952) apareció, con las experiencias de estancias que comenzaron en 1949, el mismo año del asentamiento del sevillano en la Ciudad de México, primero cerca del ajetreado paseo de la Reforma y luego al sur de la megalópoli, en la bellísima –y no poco andaluza– Coyoacán.
El despertar al amor, a la conciencia de lo transitorio, a los ciclos de la naturaleza, al estímulo de la música, el homenaje a un maestro, son los temas de algunas de las estampas de Ocnos. La emoción ante la lengua recuperada y las tradiciones compartidas, y el paisaje extraño que los ojos aprehenden, enamorados, constituye el eje de Variaciones.            
Juan Lamillar acompaña a la edición de un prólogo informado y sensible que hace, con lo cuidado de la edición, que esta sea la mejor opción para adentrarse en dos libros –uno solo en realidad– que hay que leer a sorbos lentos, como se disfruta de un poema. Luis Cernuda no fue solo un gran poeta y un crítico inteligente y fino; estas páginas confirman, asimismo, que fue un maestro de la evocación lírica en prosa.


OCNOS. VARIACIONES SOBRE TEMA MEXICANO
de Luis Cernuda
Renacimiento, Sevilla, 2014
252 págs. 15 €
Prólogo de Juan Lamillar


                                                          (Reseña aparecida en la revista El Ciervo)

sábado, 30 de enero de 2016

El agente núm. 26



En el último número de Clarín publico la crítica de una novedad sobre la vida de Octavio Paz. Se reproduce en Estado Crítico, y se puede leer pulsando aquí.

viernes, 29 de enero de 2016

Los libros viejos





"Sobre el pretil del Sena duermen olvidados los libros viejos en las cajas de los bouquinistes. Forman un réquiem, como las esquelas que se reparten en un cortejo fúnebre; porque no hay nada más triste que los libros que no se venden, cuando los poetas que soñaron con su gloria ya están postergados o muertos."

Mauricio Wiesenthal, Rilke (el vidente y lo oculto).

jueves, 28 de enero de 2016

Recuerdo de William Caxton




Tiene la gentileza Javier Jiménez, el editor de Fórcola, de enviarme los libros que publica, de los que aquí me ocupo no tanto por recíproca cortesía como porque realmente me interesan sus temáticas. El más reciente que ha desembarcado en la cabeza de playa de mi mesa es Los enemigos de los libros. Contra la biblioclastia, la ignorancia y otras bibliopatías, del erudito inglés William Blades (1824-1890). Traducido por la laboriosa Amelia Pérez de Villar y con prólogo de Andrés Trapiello y epílogo del propio editor, la obra es, mediante la denuncia de los que dañan los libros,  una apasionada apología del mundo impreso, que fue el de aquel especialista en el impresor y comerciante de incunables William Caxton.
      Caxton es para mí una figura muy querida, y una fecha ligada a su persona una de las pocas que recuerdo de la larga historia de la humanidad. 1485 fue, en efecto, el año de edición de Le Morte d'Arthur. Yo leí el libro de sir Thomas Malory, sus dos tomos en la edición de Penguin Classics, antes de que me tocara sumergirme parcialmente en él en la carrera. Compré los volúmenes en la librería Vértice de la sevillana calle Mateos Gago, y los devoré como se da cuenta de una cazuela sabrosísima, con la receta añeja de la literatura de caballerías y el lenguaje renacentista, lleno de desinencias perdidas. Luego, en casa nos hemos encontrado con estos libros por triplicado, pues Teresa también los compró antes de licenciarse en la Universidad de Sevilla y, luego, de nuevo, como posgraduada en Cornell. Nuestra pequeña hueste de libros artúricos acoge de muy buen grado a este hermano, o primo, de William Blades.
     Vuelvo a este: en la pág. 44 aparece una ilustración en la que dos frailes franciscanos aparecen quemando libros aztecas, en un grabado de Tlaxcala (México). Tomados de entre los libros que pudieron salvarse, y con otros ya de época colonial, vimos en nuestra última visita a México (Jiménez estaba por allí también) una excelente exposición en el Museo Nacional de Antropología. Del siglo XV, cuando Tenochtitlán aún no había concebido la pesadilla de su destrucción, es un breve relato que recoge Blades sobre otros dos franciscanos que al morir fueron a las puertas del Cielo con todos los libros que habían acopiado. El mismo santo que da nombre a la orden fue su juez. Habiéndoles preguntado quiénes eran y por qué habían acarreado con tantos libros, los dos monjes respondieron que eran franciscanos y que esas copias eran para cuando se reparara la Jerusalén celestial. El santo les interpeló: "Y cuándo estabais en la tierra ¿practicasteis lo bueno que estos libros enseñan?" Como la respuesta titubeante no le satisficiera, dictaminó: "En tanto que seducidos por una alocada vanidad, contra los votos de pobreza que hicisteis, habéis amasado esta pila de libros, descuidando por su causa las obligaciones de vuestra Orden y rompiendo sus reglas, quedáis condenados por ello a leer vuestros libros durante toda la eternidad, una y otra vez, en las llamas del infierno." Y una lengua de fuego se llevó a los bibliófilos y a los objetos de su colección al infierno.
     Los enemigos de los libros abunda en anécdotas y noticias curiosas, como la que, a modo de posfacio, narra una subasta en Derbyshire acaecida en 1881 que muestra, una vez más, el desconocimiento de los libros que suelen tener quienes los venden y los compran, que no son siempre, contra lo que pudiera pensarse, los más doctos de los mortales.



miércoles, 27 de enero de 2016

Un recuerdo de Nora






La última vez que estuvimos en Dublín pasamos varias veces -coge de paso para el Instituto Cervantes- por el edificio en el que estuvo en hotel en el trabajó Nora Barnacle, futura mujer de Joyce. Incluso tomamos alguna pinta en un pub nuevo que hay al lado. Hoy la he encontrado en "La cama de hierro", poema del libro con el que Juan Manuel Muñoz Aguirre obtuvo el Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández Comunidad Valenciana 2015. En la primera estrofa:

Aquí, en este mismo cuarto
estrecho y encalado,
sobre una cama casi idéntica a esta,
Nora Joyce, desnuda, de rodillas,
jadeaba. ¿Doliente? ¿Inmoral?
¿Con la camisa sucia,
las sábanas
con demasiados usos,
los huesos bien marcados
a través de una piel ya deslucida?
Sí, pero dispuesta a la altanería.




martes, 26 de enero de 2016

Fácil


Si es poco lo que puedes conseguir y mucho lo que tienes que perder, entonces la decisión es fácil: hazlo.

lunes, 25 de enero de 2016

En Contemporáneos


Mexicano asentado en Sevilla, Iván Vergara es un inquieto poeta y músico, siempre urdidor de proyectos, como este de Contemporáneos. En la segunda temporada ha querido darnos voz e imagen a algunos sevillanos. Este es el programa (no hay que temer, solo cinco minutos) en que me pregunta por la ciudad y mi relación con ella.

domingo, 24 de enero de 2016

El día a día de Hilario Barrero





Esperaba con impaciencia la aparición de este tomo de los diarios de Hilario Barrero porque aunque uno ya ha salido en otros diarios, con nombre real o embozado, la anécdota contada oralmente por Barrero al conocernos ya prometía. Y no me ha defraudado ese perderse suyo en un hotel de Nueva York buscando el de nuestra cita, cerca de la Biblioteca Pública y la estación de Grand Central. Pero como él lo cuenta estupendamente y esta entrada trata de su libro, no de las andanzas propias (o mejor sentadas: tomando vino y leyendo), mejor comento aquí esos Diarios (2012-2013).
     Quien haya leído entregas anteriores y conozca al autor sabrá que aquí va a encontrar muchos conciertos de música clásica y representaciones de ópera, las calles de Brooklyn o de Manhattan, los viajes durante las vacaciones académicas a Toledo o Asturias, más a algún otro lugar de la península, las interioridades del mundo universitario norteamericano... Hay aquí, efectivamente, eso y mucho más: confesiones de amor, traducciones de breves poemas (varios de Emily Dickinson), anécdotas sabrosas y relatos desasosegantes. También condensada prosa poética. Y algunos juicios literarios, como este que anota tras ser invitado a presentar una obra suya en el Museo del Vidrio, en Málaga: "¿Acaso la poesía no es una pieza de cristal fino en que la luz respira, la luz se corporeiza y la palabra se refleja?"
     El martes 23 de abril de 2012 le da, no para hacer una reflexión ceremoniosa en torno al libro, sino otra, lírica, sobre el trascurso del tiempo. Todo lo que anota en esa fecha es esto: "Eres joven, tu boca huele a rosas y quema tu sonrisa. Eres el mediodía de tu sombra. Ayer las flores de tu prisa gobernaban el reino de la altura, encendían los árboles, incendiaban las ramas, exactitud de pétalos. Eras el perfecto atardecer, la noche completa. Nunca la sangre tuvo tanto poder para ser río. Eres viejo. Desprendidas las flores alfombran hoy la calle, pequeñas mariposas libando en el asfalto su condena." Sobre juventud y vejez escribe también más adelante una de esas frases que, aun rondada por otros, es aquí inmejorablemente fijada: "Cuando uno es joven no le importa vivir en apartamentos oscuros y lóbregos porque le sobra luz y vida, cuando uno se hace viejo quiere vivir en apartamentos luminosos porque le sobran sombras." 
    Destacaría también otra fecha emblemática de ese mismo año: el 1 de mayo. Lo que consigna en esta ocasión es un ejercicio de traducción, llevado a cabo primero por Robert Lowell en Imitations y luego por el propio Barrero al verter -es decir, devolver con no poco trasiego a su vasija- el poema al español. 
     Hay varias historias tristes en este volumen. Quizá una de las que más lo sea es la del profesor oriental (pág. 55 y siguientes) que comienza con éxito la carrera profesional, dando satisfactoriamente los pasos hacia un puesto fijo y reconocido, y que enferma de gravedad, yéndose al traste su futuro académico. Aparecerá más adelante, en la página 160, y su situación, bien contada por Barrero, no puede sino producir congoja y rebeldía ante un sistema social que soslaya hacia el terreno de la caridad y el sacrificio altruista lo que es de justicia.

sábado, 23 de enero de 2016

El poema sin andamios



Leo Julián Marías, crítico de cine, de Alfonso Basallo, libro que Fórcola acaba de editar con el subtítulo, que también merece cursiva, de El filósofo que se enamoró de Greta Garbo. Y en la página 189 me sale al paso un juicio de Marías sobre la película de John Ford Siete mujeres (1965). Barriendo para casa (es decir, la poesía), veo que lo que dice el pensador y crítico es, mutatis mutandis, trasladable al ars poetica: "La cámara no da nunca la impresión de estar buscando ángulos certeros, los encuentra. Si Ford los ha tenido que buscar, eso es cosa suya: nos ahorra los andamios, nos da los hallazgos."





viernes, 22 de enero de 2016

Amar tanta belleza





En Desengaños amorosos, María de Zayas, una de nuestras escritoras del XVII, escribió: "amar tanta belleza / gloria es que no tormento". Herminia Luque ha adoptado esas palabras como título de la obra con la que obtuvo el Premio Málaga de Novela 2015, publicada por la Fundación José Manuel Lara. Es un libro de lenguaje deslumbrante el suyo, que sin el polvo acumulado del tiempo nos lleva fresca, naturalmente, a hace casi cuatro centurias. Sobre la continuidad de la literatura hay un párrafo bien atinado que copio aquí como muestra de las excelencias de esta novela. Dice una de las protagonistas:

"En fin, ahora no vamos a hacer hoguera con las obras de los maestros que nos antecedieron; me parece que todas son necesarias como peldaños de una escalera, aunque en algunos de esos peldaños el dibujo natural del mármol nos guste y en otros no, mas todos son trancos de una misma obra, y no podríamos subir ni avanzar si quitáramos unos cuantos a nuestro gusto y conveniencia. Así ocurre en los asuntos literarios como en la vida ordinaria."

jueves, 21 de enero de 2016

Aforismos o así




Fantasías de la masculinidad: cuando vas con ella al supermercado, sales a hacer la compra; cuando vas tú solo, marchas en busca de víveres.


*


En el césped, comiéndose el balón, melé de gorriones y mirlos.


*


El barco del cuadro inclinado siempre está a punto de naufragar.



miércoles, 20 de enero de 2016

Ya



Policías, ladrones, detectives, pistoleros... Por fin has conseguido lo que querías de niño y adolescente: un bulto bajo la chaqueta, siempre a punto de ser empuñado. Sobaquera sin épica, es hoy la funda con las gafas de cerca.

lunes, 18 de enero de 2016

Morerías






Poeta y prosista (esto último, en textos por lo general breves, muchas veces adelantados en su blog), Elías Moro (madrileño de 1959, pero residente desde 1982 en Mérida) es uno de los escritores extremeños que más destacan en todo lo que hacen. En el terreno del aforismo, que él a partir de la greguería de Ramón Gómez de la Serna llama morería, otorgándole el sello de su propio apellido, ya había publicado dos entregas: 99 morerías (2011) y Algo que perder (2015). Ahora ofrece tres centenares en Morerías, una colección publicada en Ediciones Liliputienses al cuidado de José María Cumbreño.
            Aunque oficialmente la sede de esa editorial tan de gulliveriano nombre sea la Isla de San Borondón, los libros que saca se conciben y prepararan entre Plasencia y Cáceres. En cualquier caso, no en Andalucía, donde radican las tres principales colecciones españolas dedicadas al aforismo (quizá haya más, pero estas son las que ahora recuerdo): las sendas sevillanas de Renacimiento y La Isla de Siltolá y la granadina de Cuadernos del Vigía. Quizá, por razones de distribución, el libro de Moro no llegue a todos los lugares que debe; sería una pena, porque hay aquí dos docenas de piezas antológicas entre muchas buenas o muy buenas.
            No es la mejor morería, desde luego, la que equipara una nuez partida por la mitad con un cerebro (seguramente se le habrá ocurrido antes a muchos otros, que lo habrán expresado en parecidos términos). Pero uno cae rendido ante el acierto casi continuo (que en los aforismos, si se me permite el oxímoron, consiste en unaexactitud imaginativa), como, en por citar algunos ejemplos: “Cuando nos tapamos la cabeza con la almohada, nos convertimos sin querer en los avestruces del sueño”, “Todas las noches enviudamos de nuestra sombra” o esta otra, una de mis preferidas: “La hamaca tendida entre los árboles es la tela de araña de las siestas”.

domingo, 17 de enero de 2016

Ser o no ser



Laurence Olivier en Hamlet


La editorial Vaso Roto publicó este otoño, como anuncié aquí, una Agenda Shakespeare 2016 en la que hemos colaborado como traductores de parlamentos del Bardo seis poetas mexicanos y seis españoles. Yo elegí los justamente famosos versos del acto 3, escena 1 de Hamlet, que así suenan en mi español:



Ser o no ser: problema peliagudo.
¿Es mejor resignarse a padecer
ondas y flechas de la atroz fortuna,
o armarse contra un mar de desventuras
y, enfrentándose a ellas, darles fin?
Morir: dormir; no más; y con el sueño
decir que las congojas se terminan
y los miles de golpes naturales
legados a la carne: un desenlace
que hay que desear con devoción.
Morir, dormir; dormir, quizá soñar:
sí, ese es el escollo; pues ¿qué sueños
puede traer el sueño de la muerte
si el carrete mortal se nos acaba
del todo devanado? Este es el quid.
Por eso es tan longevo el infortunio,
¿pues quién soportaría los azotes
y las mofas del tiempo, quién el mal
del opresor, el daño del soberbio,
las cuitas del amor menospreciado,
los pleitos que se alargan, la insolencia
del poder y las pullas que paciente
el mérito recibe del indigno,
cuando él mismo podría su descargo
con un punzón desnudo dirimir?
¿Quién querría cargar con unos fardos,
gruñir, sudar, viviendo con fatigas,
si no temiese algo tras la muerte,
esa ignota región de cuyos límites
ningún viajero vuelve, y nubla el ánimo,
y hace que prefiramos soportar
esos males sabidos que tenemos
antes que huir a otros que ignoramos?
Así nos acobarda la conciencia;
y el matiz natural de la osadía
palidece con la sombra del pensar,
y empresas de gran brío y trascendencia
por tal motivo tuercen sus corrientes
y pierden de la acción el justo nombre.
¡Chitón! ¡La bella Ofelia! En tus plegarias
recuerda, ninfa, todos mis pecados.




sábado, 16 de enero de 2016

Imágenes de la imaginación




Se cierra una etapa. Ayer se publicaba mi última colaboración en El Mundo, edición de Sevilla. Me cabe, con todo, despedirme recomendando un libro de Julio Manuel de la Rosa, un escritor de raza. Muchas gracias a los lectores del periódico por su paciencia durante estos últimos años. 

viernes, 15 de enero de 2016

Un pájaro en su nido



En Pájaros, de Saint John-Perse, estas líneas que tienen un aire de familia con uno de los más conocidos relatos de Borges. La traducción es de la mexicana Verónica Volkow:



"Conocemos la historia de ese conquistador mongol, que capturó un pájaro en su nido, y el nido en su árbol; que transportó con el pájaro y su nido y su canto, el árbol natal tomado de su lugar con su pueblo de raíces, su montón de tierra y su margen de terruño: todo su pedazo de territorio de origen evocador del campo, la provincia, el país y el imperio."









jueves, 14 de enero de 2016

Tres poemas





En el último número del Boletín de la Academia de Buenas Letras de Granada se publican tres poemas míos (páginas 65-66). Gracias al tiempo que llevaba sin leerlos, hoy me parecen obra de un extraño y como tal, relajada la autoexigencia, no absolutamente aborrecibles.

miércoles, 13 de enero de 2016

Final de Julio



Emilio Durán presentará hoy a las ocho de la tarde en el Círculo Mercantil de la sevillana calle Sierpes (¿existirá otra con ese nombre en el ancho mundo?) su novela Final de Julio, con la que ganó el Premio Tiflos de Novela en su categoría para invidentes. Tendré mucho gusto de acompañar a Emilio, buen amigo, y de pronunciar unas palabras sobre su libro.

martes, 12 de enero de 2016

Auden en Sabadell




Auden en Christ Church College, Oxford


No, no es que haya que sumar la ciudad catalana a Berlín, Reikiavik o Nueva York, ciudades por las que pasó o en las que vivió W. H. Auden (aunque quizá la pisara durante su estancia en España durante la Guerra Civil). Lo que sucede es que en Sabadell funciona a un grupo de poetas que publica -y para mí ha sido un gozoso descubrimiento- unos magníficos "Quaderns de Versàlia", y el de la primavera de 2014, que llegó el pasado otoño a mis manos gentileza de Esteban Martínez, va dedicado a Auden (veo en la solapa que le han precedido cuadernos, que son libros en toda regla, sobre Rainer Maria Rilke, Emily Dickinson y Giuseppe Ungaretti y, en Internet, que en el 2015 ha visto la luz otro sobre Paul Éluard).
       Se trata de un volumen, exquisitamente editado, de casi 300 páginas que reúne ensayos, artículos traducciones y poemas escritos a partir de Auden. Se emplea indistintamente el catalán y el español, y da gusto leer en la primera de estas lenguas, en traducción del inglés, trabajos tan estupendos como los de los especialistas Edward Mendelson o Katherine Bucknell.
       Los poetas que vierten los versos del angloamericano son Marcel Riera, Lucas Margarit, Rubén Martín, Valerie Mejer y Josep Gerona. Entre los que se inspiran en él para su propia creación, Toni Quero, Manuel Rico, Xavier Farré o Dolors Miquel.  Amante de la traducción, y siempre agradecido a los que han ejercido el oficio antes que uno, he disfrutado especialmente con el "Elogi de la poesia calcària: una col·lecció de traductors catalans d'Auden" de Pere Ballart, donde se recuerda la labor de Narcís Comadira, Eduard Feliu, Joan Ferraté, Jordi Julià, Joaquim Mallafré, Marià Manent, Josep Marco, Salvador Oliva o Marià Villangómez.
       Como Marcel Ayats, Josep Gerona, Esteban Martínez, Quilo Martínez y Josep Maria Ripoll son muy generosos y lo que quieren es que la obra se difunda, esta es accesible desde cualquier ordenador o tablilla (uso el término que prefiere y con razón Luis Alberto de Cuenca) aquí.

lunes, 11 de enero de 2016

Poetas, editores y agentes




Dejaba aquí hace poco parte de una entrevista con Manuel Borrás publicada en Turia, y unos recuerdos de Josep Janés aparecidos en Texturas. En la London Review of Books leía asimismo recientemente el comentario de Iain Sinclair sobre la correspondencia entre Ferlighetti y Ginsberg (más los cuadernos de viaje del primero, escritos a lo largo de cincuenta años). Me entero allí de que el editor de City Lights también, cómo no, tuvo que rechazar libros, sin ir más lejos Mexico City Blues de Jack Kerouac, a pesar de los ruegos de Ginsberg. A este lo perdió como autor muy al principio de su carrera. En 1983, Ginsberg le escribió diciéndole que había contratado los servicios del agente Andrew Wylie, el famoso Chacal, "para reconstruir mi vida editorial y conseguir un editor en Nueva York". Gregory Corso, otro de los beats, y un delincuente que saqueaba regularmente la caja registradora de la librería City Lights, en San Francisco, da su opinión sobre esto de que un poeta tenga agente en "The Poet Talking to Himself in the Mirror" un poema rescatado por Sinclair en su texto. Lo traduzco:

EL POETA SE HABLA A SÍ MISMO ANTE EL ESPEJO

Pues yo no voy a tener agente
no veo que los poetas tengan que tener agentes
aunque Ginsy, Ferl tienen uno
y gracias a ellos ganan un pastón
y también fama
¿Debería yo tener un agente?
          ¡Uf!
Qué va, Gregory, ¡¡¡tú quédate
          junto al poema!!!




domingo, 10 de enero de 2016

La sequedad en la poesía



Hay una poesía exuberante, barroca, que casi todo lo fía a la suntuosidad de las palabras, al discurso alambicado o muy formalista, y otra -sin eludir la posibilidad de que existan otras entre ambas- que avanza replegada, cortante, escueta, mutilada incluso. A este tipo de poesía desnuda pertenece la de José de María Romero Barea, quien acaba de publicar en la editorial Alfar un mínimo de racionalidad / un máximo de esperanza. Le preocupan a Romero Barea el sinsentido, las brasas, los fragmentos. En una conversación con Juan Soros que se ofrece como epílogo, el poeta recuerda un dictamen del autor de Piedra de sol muy pertinente para entender su propia obra: "Escribir es corregir, suprimir. Algo más que añadir palabras, que ponerlas una detrás de otra. Octavio Paz dice que "la poesía debe ser un poco seca para que arda bien, y de este modo iluminarnos y calentarnos". Es lo que yo he intentado con este libro: "arde y hacer arder".




Lo breve, lo conciso, no excluye la emoción. Así, el poema xv de la segunda parte, ese un máximo de esperanza, que deja, como el sorbo que nunca empachará, ganas de más, en pequeñas dosis:

Cincuenta pájaros
dice

Eso y un mirlo

Negro sobre negro
Negro sobre verde

Me iluminó
dice

Y yo me siento
mientras lo dice
como si me estuviera mirando
desde esa rama

viernes, 8 de enero de 2016

Aventuras y desventuras de un editor





La revista Texturas, a punto de cumplir su décimo aniversario, publica como acostumbra un ramillete de escritos sobre el mundo editorial desde muy diferentes perspectivas. En el número 28 recoge unas breves pero enjundiosas memorias de Josep Janés i Olivé (1913-1959): "Aventuras y desventuras de un editor". Es impagable el sucedido que se abre con esta confesión (pág. 13): "Uno de los primeros problemas que se plantearon, un problema que es vital para un editor, y que yo creo que todavía no he acertado a resolver completamente, es el de saber decir "No"". Nadie se inquiete: no (yo si lo digo) voy a destripar aquí esa historia de uno de tantos ofuscados por el deseo de hacer carrera literaria, que merece ser leída en la revista (hay versión digital disponible), pero sí reproduciré lo que cuenta Janés de un colega en circunstancias parecidas a las suyas:

"Yo tenía entonces veinte años, y desconocía una anécdota de Bernard Grasset, el gran editor francés, que de haberla conocido quizá me hubiese sido muy útil. Cuando fundó su editorial, Grasset  era un adolescente de rostro sumamente infantil. Convencido de que ni por su edad ni por sus facciones inspiraba demasiado respeto, siempre que recibía la visita de algún desconocido se hacía pasar por su propio secretario, y decía inevitablemente al visitante: "El señor Grasset está ausente, pero yo soy su secretario y puede exponerme sus asuntos con la misma confianz que si se hallase delante del propio señor Grasset.""

Copiando esto he recordado, aunque el ámbito no tenía nada que ver con el editorial, la respuesta, quizá mixtificada por el paso del tiempo, que un amigo de juventud dio por teléfono a un pelmazo que lo llamaba y que reconoció su voz al descolgar: "No, Sergio no está. Soy mi hermano Humberto".

jueves, 7 de enero de 2016

miércoles, 6 de enero de 2016

Quienes me habitan




Se me agolpan, felizmente, las novedades de La Isla de Siltolá, que más pronto que tarde tendrá que recibir el Premio a la Mejor Labor Editorial, pues ninguna en toda España está publicando tanta y buena poesía joven. En la colección Tierra, que ya alcanza el número 67, acaba de aparecer Quienes me habitan, de Carlos Vaquerizo (Sevilla, 1978). Leyéndolo, se comprende que justo hace diez años obtuviera el Premio Adonáis con el libro con el que debutaba, Fiera venganza del tiempo. Su poesía no es solo pulcra y musical, sino que atiende a temas graves, y no elude la emoción, como en la cuarta parte del volumen, los "Cantos para Amalia". Vaquerizo escribe a la hija: "Este será tu sitio en esta casa, / el lugar que sabía tu regreso / porque lo ocupas todo desde siempre."



martes, 5 de enero de 2016

Pessoa, gafas y pajarita



Máximo divulgador de las bibliotecas de los escritores, Jesús Marchamalo ha dado en Nórdica el do de pecho, aunque sea en un breve libro, pues pocos autores hay tan literarios, tan vulneradamente letraheridos, como Pessoa. Ilustrado por Antonio Santos en potentísimo blanco y negro, el volumencito -permítaseme el neologismo- es una semblanza deliciosa de ese baúl de prodigios que se bifurca en los cofres de los heterónimos. Escribe atinada y pulcramente Marchamalo, y entra así, con el arma de la buena prosa, en el baluarte de un escritor huidizo, gris, nebuloso. Cautivador.




Podría hacerme eco de este libro cualquier día del año. Vísperas de Reyes, toca destacar lo oportuno, lo indicado que es para ser regalado a alguien que queramos porque, además, no se trata de un objeto ostentoso, aunque el papel tenga un grosor de 150 gramos y cuente con todos los detalles a los que acostumbra la editorial del gran Diego Moreno. El colofón señala que el libro se terminó de imprimir el 30 de noviembre de 2015, 80 aniversario de la muerte de Pessoa. Habrá que disculpar tal mentirijilla, porque del arca siguen saliendo asombros, y esa macanógrafa, Ophélia, no está más viva en otra parte que en estas líneas en que Fernando la besa mientras le recita unos versos de Hamlet.

lunes, 4 de enero de 2016

Lección




Dos tórtolas caídas de su nido
esta mañana gris
del color de sus plumas
inútiles.
Dos manojos de miedo sobre el mármol
en este patio en que ahora son huérfanas
de alas que se elevan, impotentes,
del naranjo empapado por el viento,
mecido por la lluvia.
Han llevado un platito
de porcelana vieja como el mundo,
mellado como este,
con pan migado y compasión.
No servirá de mucho a los pequeños pájaros.
Sin embargo, a los niños
que han dejado ahí su ofrenda de agua, miga
e intenso asombro ante las aves pálidas,
les enseñará, les enseña
a volar a su modo por el aire
sin temporales ni tormentas
de la piedad.


                                                   (Escrito ayer, ya forma parte de un próximo libro)

domingo, 3 de enero de 2016

Chisporroteo de asombros





Se diría que al haiku, esa estructura minúscula, ese triángulo de breves lados, le queda grande el número cien, pero el caso es que en La enredadera, este libro que hoy comento, con cuatrocientos o quinientos haikus, la magnitud no asfixia la delicadez, no la ahoga. Susana Benet ofrece aquí un continuo chisporroteo de asombros, traídos desde sus anteriores libros para conformar una colección preciosa.
     Quizá sea el haiku, y qué mejores que estos, una pequeña llave de la cerradura que abre el cofre de la poesía para aquellos a los que asusta el oro y creen que no están hechas para ellos las joyas. En el haiku hay belleza, intensidad, pensamiento, prodigio, emoción. Al lector habitual de prosa le vendría bien, como estímulo o alfileretazo, enfrentarse a estos poemitas, en los que hay sentimiento, sí, pero sobre todo maravilla y prodigios. En la lectura de uno hay más vitamina para la vista, para la visión aguzada, que en varias toneladas de zanahorias. Ver es el preámbulo del decir, su antecedente necesario. Qué bien observa Benet:

Confundo pájaros
con hojas. ¿No será
que empiezo a ver?

viernes, 1 de enero de 2016

Rimar con el año (y amistad y amiguismo)





La revista Turia alcanza su número 116, en rima consonante con el año que acabamos de comenzar. De sus muchas excelencias, destacaría sus entrevistas porque hay en ellas, además de otras virtudes, generoso espacio, con una extensión infrecuente en otros lugares. Aquí se pueden leer sendas conversaciones con António Lobo Antunes (que habla con Fátima Campos Ferreira) y Manuel Borrás (en charla con Emma Rodríguez). Entre lo que dice este último, destacaría lo que manifiesta acerca de "algo terrible en este país, que es el amiguismo". A lo así expresado por Borrás no cabe sino asentir con un amén: "Aquí se confunde amistad con amiguismo, cuando la amistad lo que te impone es lealtad, y la lealtad conlleva, por dolorosa que sea, la sinceridad. Yo a un amigo, por muy amigo que sea, si ha escrito un mal libro de poemas o una mala novela, tengo que decírselo."