viernes, 24 de junio de 2016

El comienzo de Ángel Crespo




En modélica edición de Jordi Doce, que es autor de la introducción selección, la Fundación Ortega Muñoz ha publicado una antología de los poemas de Ángel Crespo que van de 1949 a 1964, quince años de excelente cosecha como se aprecia, y paladea, en este volumen. Se trata de una selección, como advierte Doce en el preámbulo, "que no pretende sino ofrecer una retrospectiva del primer tramo de la obra crespiana mediante el prisma de su relación con el mundo natural." Y hay, efectivamente, mucho campo manchego -plantas, bestias, paisaje- en estas composiciones en las que brilla un poeta, a veces eclipsado por su faceta de traductor, que está pidiendo una más atenta lectura.
     Poemas especialmente señalables son, a mi parecer, "Junio feliz", "Las afueras", "Una mujer llamada Rosa", "La vuelta", "Tiempo en la Cuesta del Jaral", "La cabra" o "Las cosas". Este, extraordinario, y no muy extenso, tiene puntos en común con José Luis Hidalgo o Claudio Rodríguez (pero no únicamente este), y su belleza es tan intensa que no me resisto a traerla completa aquí, compartida como invitación al disfrute de un libro que no ha de defraudar:

LAS COSAS

Por los caminos encontramos bueyes.
Vamos contando testas de animales cornudos.
En los caminos encontramos árboles. 
Vamos contando ramas de vegetales altos.
Vamos por los caminos contando hierbas.
Pero también los bueyes cuentan presencias de hombres.
Y los árboles cuentan nervudos brazos de hombre.
Y las hierbas nos cuentan las pestañas.

Todas las cosas tienen
ojos para mirarnos,
lengua para decirnos,
dientes para mordernos.
Vamos andando igual que si nadie nos viese,
pero las cosas nos están mirando.