sábado, 31 de diciembre de 2016

Un aforismo de Lichtenberg





El misterio de la literatura tiene mucho que ver con esto que escribiera Georg Christoph Lichtenberg (la traducción es de Juan Villoro). Lo de la experiencia(ya se bae, un grado) es un buen consuelo en una fecha como hoy, en la que se marcha un año o nosotros nos escurrimos de entre sus dedos: "Llamo "grande" a un hombre que ha pensado, leído y experimentado mucho y que en cada cosa que emprende (es decir, también en cada libro que escribe) sabe fundir con el mayor provecho todo lo que ha pensado, leído y experimentado y presentarlo de tal modo que cualquiera pueda ver lo que él ha visto por sí mismo."

viernes, 30 de diciembre de 2016

Un nuevo número de "Años diez"




Da gusto ver cómo se consolidan las revistas de poesía. Y en este caso concreto cómo la codirigida por Juan Carlos Reche y Abraham Gragera alcanza ya su número 4, gracias a Cuadernos del Vigía, editorial que auspicia la publicación. Como es habitual, hay poetas en español y traducidos, y páginas teóricas. Desde una lectura siempre personal y subjetiva, destacaría los poemas del raro argentino Rodolfo Wilcock con selección, traducción (se pasó al italiano) y nota de Guillermo Piro; los de Óscar Díaz, que me han interesado más que los ofrecidos en Poemaillas del ahora (2016); las versiones de las griegas Katerina Anghelaki-Rooke y María Lainá, a cargo respectivamente de Juan Manuel Macías y María López Villalba; y el homenaje a Cirlot con colaboraciones de Enrique Andrés Ruiz, Luis Alberto de Cuenca y Enrique Granell más la inclusión de algún inédito.
     Mención aparte merece el artículo de Jesús Munárriz "La poética del traductor de poesía", donde el editor de Hiperión desgrana sus muchas y excelentes traducciones realizadas a lo largo de los años. Para mí ha sido una sorpresa saber por él que Gustavo Falaquera, autor de traducciones que he consultado cuando he emprendido otras mías de autores en lengua inglesa, no es otro que el propio Munárriz, como confiesa en este texto publicado en Años diez, sin duda alguna una de las mejores que se publican de su género en España.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Felicidades con Whitman



La editorial Nórdica felicita el 2017 con un poema de Walt Whitman que he traducido para la ocasión. Me sumo a su deseo.



miércoles, 28 de diciembre de 2016

Anthony Cronin




Acaba de morir el escritor irlandés Anthony Cronin. Fue uno de los que celebraron el primer Bloomsday dublinés en 1954 con Flann O'Brien, de quien escribiría esta estupenda biografía. Parece broma que haya muerto el 28 de diciembre, cuando su biogafiado naciço el 1 de abril, April Fools' Day, que es el equivalente en los países de habla inglesa al Día de los Inocentes. Pero no es cosa de risa, como reza el título. DEP.

martes, 27 de diciembre de 2016

Los celos de Zenobia




Más que un divertimento, esta novela corta de José A. Ramírez Lozano es un retrato muy afinado de la neurastenia de J.RJ., de su proceso creativo, y una doble fiesta de la literatura tanto por el asunto que trata como por la alta calidad de la prosa del autor. Ramírez Lozano hace desfilar por aquí a Azorín, los Machado, Neruda y Juan Guerrero, "cónsul jeneral de la poesía" y autor de Juan Ramón de viva voz (hay excelente edición en Pre-Textos a cargo de Manuel Ruiz-Funes). En algún momento, incluso por su físico, recuerda Guerrero a Sancho, escudero del Nobel de Moguer para la ocasión. A lo largo de toda la novela se bordea lo inverosímil, porque la trama es arriesgada donde las haya si no directamente fantástica, pero se lee con mucho gusto, sobre todo por el conocimiento del autor y su pericia en no resultar cargante con los datos. Que es asimismo poeta es algo que se ve a la legua, como cuando en una noche de marzo, en que apuntan los brotes en las acacias, escribe: "Olía a segazón de los parques, una segazón ebria de savia que más parecía cosecha de los aires."
     Los celos de Zenobia ha obtenido el Premio de Novela Breve Juan March Cencillo 2016.

lunes, 26 de diciembre de 2016

Dióxido de carbono







Juan José Vélez Otero registra en los últimos años una notable actividad como poeta y traductor de poesía. La calidad de esa segunda faceta sería imposible sin la primera, y en este nuevo libro, Dióxido de carbono (Valparaíso, 2016) el autor de Sanlúcar de Barrameda vuelve a ofrecer un ramillete de muy buenas composiciones. Se trata de una colección sin subdivisiones en la que hay mucho de recapitulación. Abundan en ella los recuerdos, como en "Ubi sunt", del que son estos versos:

En esta ciudad se ha parado el tiempo,
       se ha parado la luz
como quedó parado el color en las fotos antiguas,
como se paró el silencio en el primer reloj
que tuvimos de niños y que ahora guardamos
en el mismo cajón donde escondemos los objetos
varados del fracaso, las momias dormidas
de nuestros recuerdos fríos.     (...)


Enlaza este poema con otro que se halla a principios del libro, también con título en latín, que se cierra con un verso rotundo y desamparado donde los haya: "Qué solos los columpios de mi infancia." De esta, de la edad de la niñez, junto con la adolescencia, hay figuras amigas, conocidas, que los poemas rescatan, como el de una chica que se dejaba tocar los pechos reencontrada en la inmisericorde edad adulta. También escenarios, como un cine de barrio o la casa de una amiga de la madre del poeta. Y lugares que no se limitan a quellos años, como Sarajevo, Leningrado, Atenas... En el dedicado a esta (aunque también corre por el poema el Guadalquivir), tres versos cortos y cortantes que parecen dar la extremaunción al poema:

Después llegó la soledad
y se quedó a vivir
conmigo.


domingo, 25 de diciembre de 2016

En una revista sobre la traducción



En el segundo número de Pliegos sueltos de la Academia, traduzco del irlandés a la poeta Nuala Ní Dhomhnaill. Se presentó la semana pasado en el Puerto de Santa María.




sábado, 24 de diciembre de 2016

Los bueyes






Eduardo Jordá publicaba ayer una tercera de ABC en la que recordaba el hermoso poema de Thomas Hardy sobre los bueyes y la Navidad. Mi traducción ya apareció en este blog hace algún tiempo, pero hoy es el mejor día para desempolvarla (o quitarle la capa de nieve junto al fuego del hogar). Feliz Navidad a todos los lectores de Fuego con nieve.

viernes, 23 de diciembre de 2016

10 años de Texturas



Con su número 30, aparecido hace algunas semanas, la revista Texturas, "sobre edición y libros, sus hechos y algunas ideas", cumple su décimo aniversario. Como declaran los editores en el preliminar de este número, "el que una revista de pensamiento y cultura alcance en estos tiempos que corren, difíciles, convulsos, contradictorios y apasionantes, los diez años de publicación ininterrumpida es un hecho no insólito pero sí algo poco frecuente en nuestro país." Entre los enjundiosos contenidos, un artículo de Cesare Pavese, "Leer."



jueves, 22 de diciembre de 2016

El hilo de la luz





El polifacético Gabriel Insausti -poeta, novelista, estudioso, traductor- es también autor de aforismos. Ya había preparado una edición de los de Oscar Wilde y publicado una colección propia. Ahora regresa al género con El hilo de la luz, en la colección de La Isla de Siltolá. Es conciente, y así lo declara la cita de Joubert que abre el volumen, de que "los pensamientos tienen que enlazarse como los sonidos en la música, y no como los eslabones de una cadena o como perlas enhebradas." Lo consigue. 
     Los hay que juegan con las palabras, los hay que presentan cuestiones morales, los que se fijan en alguna sorpresa plástica. Algunos de los más brillantes podrían ser estos:


Escribir como ese organista que se esmera sobre el teclado en un templo vacío.


El cajero automático nos saca la lengua porque ha visto el estado de nuestras cuentas.


Hay lealtades que asustan más que cualquier traición.


Si Thomas de Quincey visitara algunos museos modernos, escribiría De las bellas artes consideradas como un asesinato.


Pasar la vida intentando obtener las cosas o pasarla intentando merecerlas.


miércoles, 21 de diciembre de 2016

Camino ascendente







Jesús Cárdenas (Alcalá de Guadaíra, 1973) acaba de publicar Los refugios que olvidamos, continuando con él una racha de intensa creación poética que en el último lustro ha cuajado en un libro por año. Tengo para mí que a su obra (como a cualquiera, por otra parte) le convendría un poco más de contención, una depuración de los poemas y un trabajo más consciente de la dicción, por más que siempre sea difícil el equilibrio entre la norma prosódica y las licencias necesarias para que los versos no se conviertan en maquinal monotonía. Pero igual que digo eso, reconozco que la poesía de Cárdenas va en ascenso, y he apreciado aquí una evolución, una mayor exigencia. Ceniza, melancolía, fracaso, son términos que aparecen en estos versos por los que rondan, también, el pesimismo y la incomunicación. En "La muerte a plazos":

Hoy la noche se acerca muy despacio;
inmenso buitre, tira del silencio
rival. Tras una esquina alguien respira,
y, tras esa, otra apenas si le escucha.

En "Fin de etapa", poema con el que finaliza Los refugios que olvidamos, Cárdenas parace situarse en una encrucijada, con la conciencia de emprender nuevo camino:

Ya desde por la mañana se entiende
lejos de todo, cerca del abismo,
muy cerca del temblor, de los sollozos.

Insiste en aferrarse a cada libro,
a lo único que le queda. Fin de etapa.


A dónde le lleve la nueva jornada, no lo sabemos. Ojalá que a versos hermanos o hijos de estos otros de "Deserción de la materia", timbrados por la incógnita, el misterio:

Materia condenada a no contarnos
de qué naturaleza provenimos,
por qué arde en nosotros tanto fuego,
o qué vega sin sombra nos espera.

domingo, 18 de diciembre de 2016

La gata




LA GATA

Está enferma la gata: desollada,
la pata con que lava la sanguina
en torno del hocico, el estornudo
obediente al moquillo que la quiebra
igual que una congénere de vidrio.

Se acurruca y soporta su vejez

–sus tres lustros felinos, una vida–

sin la esperanza nuestra de la muerte.

Hoy su fragilidad sobre la alfombra

sábado, 17 de diciembre de 2016

Física elemental




De María M.R. se nos dice en la solapa de este libro que es profesora de secundaria en un instituto sevillano y que poemas suyos han aparecido en las antologías Anónimos 2.2 y Anónimos 2.3 de Cosmopoética. Física elemental (Torremozas, 2016) es su primer libro publicado. Es un buen comienzo. Aunque se trate de una poesía que surge de lo íntimo, con evocaciones y sentimientos, hay un orden que pauta la escritura, y un dominio rítmico que la envuelve y hace grata. Dividido en cuatro partes ("de la Tierra", "del Fuego", "del Aire" y "del Agua), el volumen tiene varios poemas que se recuerdan con gusto, desde su preámbulo "El método". Entre estos se cuentan "Actos heroicos", "Zahorí" o "Informe desde la ciudad sitiada" ("El largo largo asedio / ha dejado las almas en los huesos.")
     Por su brevedad, cápsula de hermosura, esta soleá en heptasílabos:

Veranos de la infancia
limones amarillos
sobre las tapias blancas

jueves, 15 de diciembre de 2016

La verdad y su doble





María Alcantarilla es un prodigio como poeta y como fotógrafa lírica. Esta tarde presenta en el CICUS su último trabajo, La verdad y su doble. Me siento muy honrado de participar en este nuevo libro con un poema entre los de tantos estupendos colegas. Todos los detalles, aquí.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Noticia de Míriam Palma



No había leído con anterioridad nada de Míriam Palma Ceballos. Lo remedia Exilios. Hacia el azul, publicado por Ediciones en Huida. Si, cosa natural, no todos los poemas me han interesado en igual medida, los que lo han hecho han atizado las brasas de la poesía que está siempre latente y con las palabras oportunas se convierte en fuego. "Estantes" es un poema de antología, que puede medirse en igualdad de condiciones con otros de autores más conocidos:

ESTANTES

Todos esos días
que sin estrenar
se ponen dobladitos
en los ordenados estantes
de los lustros,
hasta que un día,
al abrir la puerta, 
vemos que de la vida
solamente perdura
un montón de cadáveres
de polillas hambrientas.







martes, 13 de diciembre de 2016

Obituario


No tanto necrofilia como un juguetón coqueteo con la muerte, algo que naturalmente solo está al alcance de quien aún es joven, Sonia Marpez y Gabriel Noguera administran una revista digital, Obituario, cuya temática huelga especificar, de tan patente. Comenzaron en 2013, y dos años después dieron forma impresa a lo que antes solo poblaba, como una hueste de ánimas, las pantallas. En este librito declaran: "Vivir, paradójicamente, nos acerca a la muerte. Somos seres finitos, nuestro tiempo es limitado, pese a lo importantes que nos creemos." Cincuenta poetas, narradores e ilustradores se juntan en Obituario, y al final -la muerte no es el final- del pequeño volumen se nos ofrecen unas desenfadadas biografías o más bien necrológicas de estos colaboradores. Por lo que respecta a la poesía, destacaría las firmas de Adriana Schlittler Kausch, Carmen Ramos, Ben Clark, Isabel Tejada, Iván Onia o Álvaro Campos. Pero merece la pena descubrir también otros nombres. Como escribe Marina Alcolea López, "supe que la muerte alumbra / la verdad que hay en nosotros."




lunes, 12 de diciembre de 2016

domingo, 11 de diciembre de 2016

Dos glosas



Cada vez que veo anuncios de relojes de lujo me pregunto cuántas horas habrán robado a quienes extrajeron sus metales preciosos y los fabricaron.

*

No nos entenderemos mejor cuando todos hablemos un perfecto inglés sino cuando muchos chapurreen lenguas minoritarias. Son preferibles todos los errores de lo segundo al horror de lo primero.

sábado, 10 de diciembre de 2016

Un poema de Seán Ó Tuama



CEOL FÓMHAIR

Is ceol téad i m' chluais
na duilleoga buí fáin
ag titim gan fuaim
ar an díon dearg stáin.


MÚSICA OTOÑAL

Hay una música de cuerda en mi oído
de hojas amarillas que vagan
y caen sin hacer apenas ruido
sobre el tejado rojo de hojalata.


Seán Ó Tuama (1926-2006) fue un poeta irlandés.










jueves, 8 de diciembre de 2016

Una anécdota de Shaw





Hombre de ingenio en la línea de Wilde, Geroge Bernard Shaw es protagonista de una muy repetida anécdota en la que también participa Winston Churchill. El estreno de su obra La comandante Bárbara produjo una agria polémica que lo enfrentó con el futuro primer ministro. Shaw le escribió una nota: “Venga con un amigo, si es que lo tiene.” La respuesta de Churchill fue no menos afilada: “Me es imposible asistir, acudiré a la segunda representación, si es que la hay.”

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Quién



No sé quiénes eran estas niñas que me hacían reír, pero qué más da. 53 años después, tampoco sé quién soy yo.


martes, 6 de diciembre de 2016

De varia lección



Los buenos poemas se distinguen de los malos no donde aquellos triunfan sino donde fracasan.

*

Quien es incapaz de desarrollar una idea a lo largo de todo un aforismo se limita a escribir un tratado o ensayo de 300 páginas.

*

La letra O: ese agujero en el que caes cuando escribes un diccionario de cultura irlandesa y tras decirte ya queda poco te das cuenta de que no has hecho más que empezar.

*

Podría llenarme de espumarajos al despotricar de los necios. Prefiero sin embargo cantar alabanzas a quienes las merecen.

*

Como callar es más difícil que escribir, emborronamos páginas y, no contentos con ello, las pregonamos.

*

Problema triple y de mala solución: el poeta es un corredor de fondo, el poema es un sprint y la poesía no es nunca meta sino salida.


lunes, 5 de diciembre de 2016

Adolfo Cueto en la memoria



Leo, y no puedo creerlo, que ha muerto Adolfo Cueto, de quien hace pocas semanas incluíamos en el numero de otoño de Estación Poesía este hermoso poema, acaso el último suyo publicado. Es una gran pérdida. Un abrazo afectuoso a su familia y amigos.



Adolfo Cueto

LOS CIMIENTOS DEL AGUA

A Joaquín Pérez Azaústre




Se parecen a quién, estos seres que pasan, al final
de la tarde, solitarios,
absortos, no sabemos adónde. Un brazo y
otro brazo, acompasando –una sílaba
y otra–. El horizonte en llamas
los espera, lo saben, mientras buscan, avanzan, flotadores
del tiempo, estos seres que escriben
en el agua sus nombres. En la corriente que va, llevan
lo que no se termina, y vuelve,
vuelve: esa página líquida en
su fondo. El movimiento, el ritmo.

Van rumbo hacia delante, no miran
casi atrás, navegantes que insisten
entre el ser y la nada. Terriblemente hermosa, su soledad
mojada, arando y arañando la belleza
muy dentro siempre, al filo
de sí mismos. Ya, como segadores,
cortan la espuma blanca de las horas
felices, buscándose, empeñándose; impulsándose, una y
otra vez –y otra más,
adelante–, vida así
cimentada: vida ya buceada entre palabras
y abismo.



domingo, 4 de diciembre de 2016

Cien años de Roald Dahl





El año que termina es, entre otras efemérides literarias, el del centenario del nacimiento de Roald Dahl. El escritor británico más conocido del siglo XX en el ámbito infantil hasta la aparición de J.K. Rowling y su saga de Harry Potter nació efectivamente en 1916 en Llandaff, cerca de Cardiff, en Gales. Murió en 1990 en Oxford, pero ese es otro cantar –fúnebre– y hoy lo que toca es celebrar su venida al mundo.
            Roald era hijo de padres noruegos, que le pusieron ese nombre por un compatriota que había copado las primeras planas de los periódicos del país escandinavo, el explorador Roald Amundsen, culillo de mal asiento que teniendo tan cerca el círculo polar ártico emprendió el camino del sur y fue el primero en acertar de lleno en la diana de la Antártida. Inquieto como él sería su tocayo, quien también tendría alma aventurera y que ya desde la infancia demostró ser travieso, inconformista. Unos la travesura la dirigen a alterar la geografía y a saltar la tapia de los límites geográficos, y otros como Roald Dahl la canalizan en pequeñas gamberradas, como cuando una vez este metió un ratón en el interior de un tarro de dulces en una tienda de una arpía que arrojaba su sombra biliosa sobre él y sus compañeros, aquellos zagales galeses. Aquellos galopines de Gales luego, como es regla en las narraciones de este tipo, aunque sean de hechos reales, fueron castigados en el colegio y azotados con vara, que era el rasero con el que Inglaterra medía los dos polos, los dos hemisferios de las posaderas de sus escolares.




            Luego, porque las desgracias nunca vienen solas, Dahl fue a un internado en Inglaterra, no muy lejos de Llandaff, y más tarde a otra escuela más remota. No fue feliz en ninguna de las dos, siempre sometido a la rigurosidad de la educación que al padre le parecía tan excelsa y que, precisamente por seguir la voluntad de este, ya muerto, hizo que su madre lo mandara a una suerte –mala suerte, sin duda– de exilio, del que Roald quiso desterrarse aunque fuera fugazmente en regreso a la patria, al hogar, fingiendo descaradamente una apendicitis que al menos, enfermedad fantasma que daba miedo con sus aullidos artificiales entre las sábanas, lo hizo volver por casa unos días y dormir en su propia cama.
            Dahl no quiso cursar ninguna carrera universitaria. De modo que cuando acabó su educación se presentó a una entrevista de trabajo de la petrolera Shell y, al ser aceptado, marchó a Canadá y luego a Kenia y a lo que hoy es Tanzania, peregrinajes que lo fueron confirmando como digno heredero del nombre de Roald Amundsen. Su evocación de África es muy atractiva, con el encuentro con serpientes y leones que deseaba hallar.
            Al estallar la Segunda Guerra Mundial, Dahl ingresó en el ejército británico con el grado de teniente, y al mando de un pelotón de nativos se enfrentó a los alemanes. Luego entró en la RAF como piloto. Herido, fue trasladado a Alejandría, en Egipto. Combatiría en Grecia, pero no cansa con batallitas y da gusto seguirlo por esos cielos y esas tierras que recorrió.
            Dahl escribió muchísimas obras infantiles y también relatos para adultos. Pero por su encanto, por su sencillez, son muy recomendables dos obras suyas que no pertenecen a la ficción. La primera es Boy (Chico), sus memorias de infancia. La segunda, Going Solo (Volando solo) la continuación de la historia de su vida, ya en la juventud y hasta la entrada en la edad adulta, con sus lances en la aviación. Finaliza esta autobiografía nada literaria (en el sentido de que son los años previos a la escritura y a su carrera de autor de éxito) sin pisar el umbral de la madurez, sobre la que ya no escribirá, como si quisiera limitar su recuento a los sucesos que forjaron su personalidad, y cómo él también fue modelándolos, pues este es un rasgo principal de las personalidades fuertes, y la de Dahl lo lo era.





            En las últimas semanas he dado algunas charlas sobre Roald Dahl a la chavalería de varios institutos. Más allá de la monserga sobre lo bien que está leer, blablablá y hacer, por ejemplo, una apología de Matilda, del personaje de la chica lectora de una de sus novelas más conocidas, he preferido centrarme en la vida del autor tal como él la contó, del ser de carne y hueso. Algunas lecciones se pueden extraer de ella: sin ir más lejos, la conveniencia de aprender idiomas, pues fue gracias a su conocimiento del swahili como pudo salvar la vida de su criado africano al advertir a este, a voz en grito, cuando una gran serpiente estaba a punto de devorarlo. Y que se puede padecer alguna lesión, por ejemplo en la vista, y ver luego, cuando parecía que esta estaba perdida, hasta con clarividencia y enfrentarse a la página en blanco y llenar miles de ellas al convertirse en escritor. Tampoco es manca la lección de luchar a brazo partido, de la perseverancia, del empeño en trabajar duro para llevar la vida que se quiere. Finalmente, se me ocurre, que hay vidas que, bien contadas, como es aquí el caso, pueden entretener y enseñar más que libros de ficción. Vidas ejemplares, no necesariamente de santos ni de héroes, en las que, espejo mediante de la simpatía humana, vernos reflejados, reconocidos.

sábado, 3 de diciembre de 2016

Tres pinceladas



Creo que hoy se estrena una película sobre los últimos de Filipinas. Me siento uno de ellos: la incompetencia de los ayuntamientos hace que los residentes en los cascos históricos seamos héroes sin quererlo. O el santo Job. Un día también sacaremos bandera blanca y se irán definitivamente al garete las ciudades.

*


El turismo está muy bien, sobre todo si se tiene dinero... para escapar de él.

*

La tristeza de esos pueblos cuyas obras públicas ya no son la construcción de una escuela nueva sino la ampliación del cementerio.

viernes, 2 de diciembre de 2016

jueves, 1 de diciembre de 2016

Música cautiva






Que Juan Lamillar lleva muchos años dedicando atención a Cernuda es algo que salta a la vista al hojear este libro, novedad en Renacimiento, que reúne quince trabajos anteriormente publicados sobre el poeta sevillano. Es Lamillar un lector observador, reflexivo, un crítico cordial que une a la calidad per se de los estudios su condición de poeta, la fina sensibilidad de su inteligencia lírica. Y sabe ver los vericuetos del alma de Cernuda y trasladarlos impecablemente al lector, con atinados vislumbres de sus versos. Hay semblanzas y artículos sobre difreentes aspectos del autor de La realidad y el deseo. Por su singularidad, destacaría las páginas de "Cernuda en tres estampas", donde Lamillar glosa tres momentos de la vida de su paisano al hilo de la iconografía, aquí reproducida a toda página, en tres retratos conocidos y por él esclarecedores. 

miércoles, 30 de noviembre de 2016

martes, 29 de noviembre de 2016

Algunos apuntejos



Quienes solo hacen literatura autobiográfica no suelen tener vida propia.

*

La mayoría de las editoriales tiene la misma liquidez que el bloque de hielo que hizo naufragar el Titanic.

*

Tiempo de frío: época en que nos cerramos cremalleras de prendas distintas que se sobreponen a nuestro despiste.

*

Enanos que acometemos tareas de gigantes.

*

Las enciclopedias han de ser divertidas. La mera erudición dejémosla para los chistes.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Castro



Hay amigos muy inteligentes que pierden la chaveta defendiendo a Castro. Cómo enfadarme con ellos, si lo considero una enfermedad. Que se mejoren de los suyo, es lo que deseo.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Un poema de Brendan Behan



UAIGNEAS

Blas sméara dubh'
tréis báisteach
ar bharr an tsléibhe.

I dtost an phriosúin
feadail fhuar na traenach.
Cogar gáire beirt leannán
don aonarán.



SOLEDAD


El sabor de las zarzamoras
tras la lluvia
en lo alto de la colina.

En el silencio de la cárcel
el frío silbato del tren.
Las risas susurradas de dos amantes
para quien no tiene a nadie.


                                   (Traducción de A.R.T.)









viernes, 25 de noviembre de 2016

De todo un poco




Curro Romero da la espantá: no recogerá el Nobel de Literatura. Qué arte.

*

Tomarse la vida como el condenado a muerte que al escribir su testamento ológrafo aún pone las tildes.

*

En irlandés, la luna es an ghealach. Literalmente, "la blanca". Qué sencillo y qué hermoso.

*

Lección de geografía práctica: preparando una visita relámpago a una capital europea, preferiría que esta estuviese al triple de distancia con tal de disponer allí, en el único día de un sistema solar paralelo, no de 24 sino de 72 horas terrestres.


*

Reseñistas que escriben sus críticas como si fueran los textos de contracubierta, todo bonito y estupendo, sin una pega. La pega está en la reseña.




martes, 22 de noviembre de 2016

En Cuaderno Ático, 7






Juan Manuel Macías, con una generosidad pasmosa, dedica tiempo y esfuerzo a la edición de una revista de poesía cuidada como pocas, Cuaderno Ático. En el recién aparecido número de otoño de 2016 se incluyen junto con los de otros muchos varios poemas míos, legibles -espero- en las páginas 25-29. Su pdf, aquí.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Llovizna



Llovizna: he aquí el verdadero pregón de la Feria del Libro Antiguo, aunque esta se inaugurara hace ya algunos días.

viernes, 18 de noviembre de 2016

jueves, 17 de noviembre de 2016

Dos nuevas colecciones, dos




Llegan simultáneamente a librerías los títulos que abren sendas colecciones de la editorial Saltadaera. Con edición de Martín López-Vega, la colección "Arenas movedizas" se estrena publicando Isla de mí. Prosa escogida de Lêdo Ivo, el poeta brasileño que murió en Sevilla hará pronto cuatro años. "Oscuro dominio", la otra colección, irrumpe por su parte con un libro sugerente que reúne poemas de Ana Gorría con dibujos de Marta Azparren. En realidad, son tres las coautoras, porque Gorría declara haberse inspirado en los trabajos fílmicos de la ucraniana Maya Deren (1917-1971). La directora de la colección tan bella y generosamente presentada, la cuarta artífice de Nostalgia de la acción, es Alba González Sanz. Gorría baraja conceptos como danza, identidad, amor, naturaleza, en poemas elásticos como un baile o el follaje de un árbol, y en haikus como semillas y palabras que copulan y dan frutos híbridos como "dunaguarena".
Enhorabuena, parece decir el eco saludando esta nueva aventura poética.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Formas del agua







FORMAS DEL AGUA. LA POESÍA DE JOSEP M. RODRÍGUEZ

Despacharé enseguida el asunto inevitable de la intromisión personal, que tan parecido es al agua –un pintor de brocha gorda me decía la otra tarde que el agua no tiene huesos, para indicar que siempre se cuela por cualquier rendija–, y diré que cuando empezaba a preparar el lanzamiento de la revista Estación Poesía tuve muy claro desde el inicio que Josep (a quien desconocía en lo personal, aunque estaba familiarizado con su obra) tenía que aparecer en el primer número. Ello, por razones que trataré de exponer a continuación.
            Las características de su poesía podríamos fijarlas provisionalmente en hondura metafísica, cuidada factura y presencia de imágenes y metáforas muy certeras. De la tradición japonesa toma, además, la concisión (se trata en general de composiciones breves) y una estructura que a menudo, independientemente del número de sílabas, replica la del haiku. En muchos poemas suyos hay estrofas o partes de ellas que podrían funcionar aisladamente como haikus. Espigarlas no es difícil. Una muestra: “La nieve del tejado se deshace / poco a poco, / igual que la belleza de la mujer que amo.” (“Inicio”). Si el poema anterior abre su antología Ecosistema (Pre-Textos, 2015), el siguiente en esta ofrece también en “Extremos” lo que podría ser, rotas las amarras con el resto de la composición a la que pertenece, otro haiku espléndido: “Igual que los extremos de una cuerda, / la oscuridad / y el miedo a que despiertes.” Es una tendencia que persiste, porque en “Distancia” (Frío, 2002), poema que en Ecosistema sigue a los ya citados, “Miro mis pies / desnudos / y pienso en todo aquello / que lo pasos no abarcan.” Otro ejemplo serían estos tres versos de “Nocturno y mar”: “A lo lejos, / los peces trazan surcos en el agua. / Ágil caligrafía.” La plasticidad es buena y abundante, como sucede asimismo en “Las nubes”, cuyo principio es un poema imaginista que se podría codear con otros de H.D., Richard Aldington o Ezra Pound. Quizá le convenga esta calificación: mostración con elipsis, poesía imaginista con misterio. Así, el humo de una fábrica es un intestino que crece y “oscura imagen de la serenidad”. Otra joya:

                                    El sol es un faquir
que se ha tumbado
lento
                                    sobre pinos de aguja.

            Hay, como se ve arriba, un rasgo de esta poesía que se aviene mal a ser representado en un texto en prosa con el corte versal señalado por barras. Mejor reproducirlo como en las páginas de sus libros, a pie de verso:

                                    ¿Qué se extingue primero,
el fuego
             o la madera?

            Esos sangrados refrenan la dicción sin romper el ritmo, y resaltan, enfatizan. No rompen, dan alas. Y físicamente retardan la acción, hacen que cuaje lo físico, como en “Continuidad”, donde al hablar de los errores, “que están bajo la piel”:

                                    Fluyen
                                                lentos
                                    como un arroyo helado.

            No tiene miedo a reiterarse, porque en “El corazón del bosque” vuelve a emplear el mismo recurso, con la repetición de las palabras “fluyen” y “arroyo”. Pero ahora este fluir es en singular, “pesadamente, / como una babosa.” Lo más prosaico, una lata vacía de refresco, roja, se convierte por la transfiguración de la mirada poética en ese “corazón del bosque”. En otra página, “Todo es parte de todo, / un mismo árbol.” Rodríguez se ha impregnado de sustancia oriental y se diría que hay mucho de zen en su obra: se ve en ese buscar el reverso de las cosas, en potenciar la visión mágica, alternativa o paralela; en apreciar lo relativo de distancias, magnitudes, imposiciones naturales. En primavera, fueren a florecer los azulejos. El adentro y el afuera son el uno el correlato del otro, como en lo declarado por Hermes sobre el arriba y el abajo. En “No impreciso, incompleto”, el sujeto del poema parte el pan, y el mantel se llena de migajas; unos versos más allá, el mismo fenómeno ya no es doméstico sino de la fenomenología atmosférica: “Afuera / también se desmenuza el día: // cada copo de nieve es una tregua.” Esa permeabilidad de lo externo e interno reaparece en varios poemas suyos. En “Necesidad”, “las sensaciones nacen en la piel, // son una lluvia lenta, / hacia adentro.” Esta idea introspectiva está igualmente en el crecer hacia adentro del hormiguero en “También”.
            Uno de sus mejores poemas tal vez sea “Yo, o mi idea de yo”, donde el individuo se pone en contraste con la especie, y la creación con la destrucción, la muerte con el nacimiento. Hay mucho de poesía y vida cíclicas en Rodríguez, y de correspondencias. Sobre las personas del verbo y sobre ese ouroboros, el poema “Principio y fin”. Vuelve a hacerse precisa la presentación tipográfica que respete el sangrado:

                                    Y hablar de ti,
            en el fondo,
                                    también es una forma de egoísmo.


Esa circularidad reaparece de diversas maneras. En el mencionado “Continuidad”, la interlocutora dice: “Si tengo mariposas en mi estómago / es porque en otro tiempo / me tragué las orugas.” “Astilla” abunda en esto, en una suerte de canto a las reencarnaciones (no metempsicosis, sino transformación de la materia). Parece imposible arrancar de este poema unos versos a modo de ejemplo. Aquí va entero, un organismo vivo del que no se puede extirpar ninguno de sus órganos:

            ASTILLA

            Ha esperado
paciente
a clavarse en tu dedo.

La simiente creció
                              hasta ser árbol,
que más tarde fue mueble

y ahora germina en ti su podredumbre.

Dime entonces
   qué aguardas
para cerrar el ciclo,

para hundirte en la carne
de lo que llamas mundo.

Sería un error creer que como explícitamente en “Estancia japonesa” las influencias del poeta soplan todas del este, porque también en el oeste hay referencias, no solo mediante las presencias como epígrafes de Trakl, Rilke, Yeats o Breton, por ejemplo, sino en versos que son casi el cierre de un soneto de Shakespeare (de los primeros dedicados al Fair Lord): “No dejes que la rosa se marchite, // comienza a construir tu invernadero.”
El poeta baila al viento y no es que sortee los obstáculos, es que a veces se apoya en ellos, como para tomar impulso. Una comparación, un “esto parece aquello”, son por lo general maneras de abordar la analogía inferiores a la metáfora. Lo que comienza siendo un inicio débil, aunque bien presentado visualmente por la caída de “y profunda” por la demostrada capacidad del poeta, se convierte en palanca que levanta esa gran pregunta, deudora de lo anterior, a lo que completa y da sentido, rescatándolo de lo simple y casi inane:

De tan negra
y profunda
la tristeza parece un pozo de petróleo.

¿Se formará también de aquello que está muerto?


Cierro con el líquido que empecé; transparente en Josep y nunca insípido. Como el agua, también sin huesos, su poesía entra con facilidad en el lector, sin abandonar la niebla, el enigma. Cuidada, con mucha elaboración que no es contradictoria con el fogonazo, tienen una apariencia natural, accesible, que apela lo mismo a quien no acostumbra a leer poesía como al más exigente asiduo del género.

(Publicado en un monográfico de la revista Fragmenta dedicado a Josep M. Rodríguez)

lunes, 14 de noviembre de 2016

Cierta edad



Cierta edad: gafas de cerca para arreglar la lámpara: gafas de lejos para buscar los tornillos que ruedan por el suelo.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Firma


Cuando un autor firma un ejemplar no hace más que confesar, sobre su rúbrica, que el libro estaba incompleto.

sábado, 12 de noviembre de 2016

San Isidoro en la Academia







SAN ISIDORO EN LA ACADEMIA

Ve: vierte el visigodo sobre el lienzo
el oro destilado de una turba
mordida a tremedales caledonios
o pantanos de Hibernia nebulosa.
Su hábito y casulla, el crucifijo,
el libro abierto, el báculo inclinado
y esa tonsura que la tiara cubre
componen el perímetro de un hombre
que como el público apenas si reprime
un bostezo que da nonas y asiente
a las otras externas que redoblan,
a las otras eternas que se doblan
desde espadañas graves, cielo arriba,
como siglos de bronce admonitorio
que marca los instantes fugitivos.

Escucha la visión que se oscurece
con eco que se apaga y late ciega
camino de la noche y del silencio
igual que la dalmática que vuelve

al ropero en que gira ya la llave.


(Un poema que escribí esta semana ante la vista de una copia de Murillo que preside el salón de actos de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras)