martes, 30 de junio de 2015

Los clichés




Cuidado con los clichés: se te pegan en la suela de la página y vas dejando un rastro pegajoso de palabras mascadas, sin sabor ya y con el eco de haber sido pronunciadas con desgana y una articulación maquinal, entre dientes.

domingo, 28 de junio de 2015

"Una conversación en la penumbra"





Con introducción de Pablo Jauralde se acaba de publicar esta antología poética del poeta estepeño, pero afincado en Granada, Rafael Juárez. Una conversación en la penumbra (título que procede de un verso de Eliseo Diego) cubre veintiséis años de escritura de un poeta exigente que siempre tiene la mirada puesta en la infancia, en su pueblo, en las casas en sombras, en las florecillas de las cunetas y, cada vez más en el paso del tiempo. Y ello con belleza formal, con versos rimados de medidas y ritmos de siempre, nunca en él arqueología. Con el permiso expreso de Juárez (cada vez conllevo peor los robos, bienintencionados o no, de material protegido por la leyes de propiedad intelectual), aquí algunas muestras de lo mucho bueno que ofrece el libro:


LO QUE VALE UNA VIDA

Estoy en esa edad en la que un hombre quiere
por encima de todo ser feliz, cada día.
Y al júbilo prefiere la callada alegría
y la pasión que mata, la renuncia que hiere.

Vivir entre las cosas mientras que el tiempo pasa
-cada vez menos tiempo para las mismas cosas-
y elegir las que valen una vida: las rosas
y los libros de versos y el viaje y la casa.

Hasta ahora he vivido perdido en el mañana
-seré, seré, decía- o en el pasado -he sido
o pude ser, pensaba- y el mundo se me iba.

Ahora estoy en la edad en la que una ventana
es cualquier aventura, y un regalo el olvido.
Ya no quiero más luz que tu luz mientras viva.


                                       De Lo que vale una vida (2001)


ANTIGUO MUCHACHO

                                      Luis de Góngora

Platillo de estaño,
gusanos de seda.

Tres bolas, de barro,
dos de cristal, nuevas.

Pelota, candado, 
mechero, linterna.

Y un beso mojado
(que nadie lo sepa).


                           De Medio siglo (2011)


UN SUSPIRO

Ya comienza la casa a ser cocina,
ya cuecen agua y leche en los cacitos
y en el aceite verde el pan se dora
como una rebanada de domingo.

Después será la casa patio y puerta,
puerta y patio, gatera en el postigo,
escalera a las cámaras calientes,
escondite entre cántaros caídos.

Después será la casa fruto oscuro,
liso y redondo como el paraíso,
rojo balón forrado de sandía
que hace rodar la siesta con su hocico.

Y en el cuarto de baño será un niño
que se peina, se mide y se ve antiguo
en el espejo de su padre,
mientras dan los jazmines un suspiro.

                                       De Medio siglo (2011)


sábado, 27 de junio de 2015

Paladeo



"Un voluptuoso paladeo de la realidad más cercana", escribe Carlos Alcorta que es lo que le importa al autor del libro (yo) que reseña esta semana en su blog sobre literatura y arte. La gratitud es obligada cuando al hablar de la poesía de uno se muestra tanta sensibilidad e inteligencia.

viernes, 26 de junio de 2015

La poesía, por un novelista



Para quien no leyera el espléndido artículo de Antonio Muñoz Molina el pasado sábado en Babelia, dejo aquí la posibilidad de disfrutarlo. Se trata de un comentario del libro de poemas más reciente de Luis Suñén, pero en sus tres primeros párrafos reúne juicios muy iluminadores sobre la poesía y sus diferencias con la novela.

jueves, 25 de junio de 2015

Aforismos o así



Creo que el locutor estaba diciendo por la tele que hoy entra el verano. Pero no me he enterado bien, porque justo entonces ha sonado un trueno.

*     *     *

Ay, la palabra nombradía, que en su final lleva lo efímero.

*     *     *

La novela, por más larga que sea, es limitada. El poema, hasta el más breve, es infinito.

*     *     *

Los poetas no son de fiar: pueden cambiar el sentido de una frase solo para conseguir una sinalefa.


miércoles, 24 de junio de 2015

Un encuentro feliz




Así califica Carlos Serrato en Aladar, suplemento cultural que se entrega con El Correo de Andalucía, el libro de poemas que publiqué en mayo. "Una poesía que recubre el mundo de luz y abre sentidos donde se espera la rutina", escribe. Se puede leer en este enlace.

martes, 23 de junio de 2015

Luz y sombras




La revista Cromomagazine, dedicada a la fotografía y el color, publica en su número 11 este poema mío acompañado de tan estupenda imagen. Se puede ver completo este número dedicado al negro en este enlace.

lunes, 22 de junio de 2015

"Lo que importa", en Cádiz



Mañana martes tendré la suerte de poder charlar con José Manuel Benítez Ariza en Cádiz a propósito de mi reciente libro de poemas, Lo que importa. Gracias a la Fundación Carlos Edmundo de Ory por su hospitalidad.


domingo, 21 de junio de 2015

sábado, 20 de junio de 2015

La biblioteca como cementerio



Expurgo la biblioteca, no hay más remedio ante la llegada inmisericorde de tantísimos volúmenes nuevos que con uñas y dientes, más el atrevimiento de la juventud, empujan y arrinconan a los viejos. Es lo mismo que en los nichos de los cementerios, cada cierto tiempo desalojados y con los restos yendo a parar a un osario, una fosa común. En un ejemplar que sopeso, y absuelvo, Argumentos en busca de autor, de Bruno Mesa, esta frase: "Detrás del libro, atados los dos por una cuerda, suele aparecer el cadáver del autor." ¿Me perseguirá el fantasma de quien escribió alguno de estos libros de los que hoy me desprendo?

viernes, 19 de junio de 2015

La soledad encendida



Sin que se sepa a quién atribuir cada cual, aunque algo uno se barrunte, Gregorio Muelas y Heberto de Sysmo (seudónimo de José Antonio Olmedo) firman esta colección de haikus tan singularmente publicada por Ultramarina Editorial. Se trata de un libro cartonero, en el que cada ejemplares único. Las introducciones interiores son de Sara García Lafont; la ilustración de portadilla, de Susana Benet.
     Hay haikus que se atienen al molde silábico japonés y otros que van más sueltos y que no siempre son los mejores. Quizá, como sacrificados secundarios, el papel de estos frutos menos conseguidos sea alumbrar por contraste a los muchos buenos que este libro alberga, siempre fijaciones de la iluminación de un instante:

la luz se filtra
por un tejado roto...
despierta un pobre



en el estanque,
de la luna a la estrella,
salta la rana



en la oquedad
del castaño caído
¡pía un polluelo!



la lluvia borra
las gotas de rocío 
en el cristal

jueves, 18 de junio de 2015

Camisa de fuerza



Sobre la poesía y la música irlandesa, sobre el suicidio y la locura, de todo esto hablé con Manuel de la Fuente en una reciente entrevista en ABC.

miércoles, 17 de junio de 2015

Anotaciones rezagadas



Algunas de las cosas que he ido dejando recientemente por ahí y que no había traído a Fuego con Nieve:

No soy rencoroso, dijo el mentiroso a su odiado.

*     *     *

El relato va. La novela viaja. Más inquieta aún, la novela se queda.

*     *     *

Un teclado en manos de un energúmeno, campo de minas para la inteligencia.

*     *     *

Ignorar ciertas cosas: sabiduría.

*     *     *

Sobre un bajo continuo, intermitentes flautas en la cornisa: pájaros que en junio aseguran un junio de pájaros concertantes también el año próximo.

*     *     *

Cuando se va el calor y la gata sale a la terraza, el sol es un ratón -pardo- que huye.

lunes, 15 de junio de 2015

Mensaje y aura



Desde su aparición, Lo que importa me está deparando muchas satisfacciones. Naturalmente, no voy a traer a este cuaderno de bitácora todo lo que se escribe del libro, pero de esta reseña de José Luis Rey en el suplemento Cuadernos del Sur me interesa especialmente lo que dice sobre el precario equilibrio que es la poesía. Él lo explica mucho mejor de lo que yo podría glosarlo.

sábado, 13 de junio de 2015

150 años de W. B. Yeats




Se publicaba el jueves en El Mundo un artículo sobre el origen de las lenguas europeas en el que se refería cómo estas llegaron a los diferentes confines de Europa con pueblos que conocían la rueda y los carros. Las epopeyas irlandesas antiguas dan fe de aquel batallar en carro de guerra, como en la Grecia antigua. Hoy que se cumplen 150 años del nacimiento del más grande poeta irlandés, traigo aquí unos versos en los que aparece uno de esos carros de los que habla el reportaje. Proceden de mi traducción de la Poesía reunida de Yeats que publiqué en Pre-Textos:



                             FERGUS Y EL DRUIDA

                        Fergus. Te he seguido entre rocas todo el día
                        y tú has ido cambiando de apariencia:
                        primero un cuervo viejo en cuyas alas
                        apenas si quedaba ya una pluma,
                        luego una comadreja entre las piedras,
                        y ahora te recubre forma humana,
                        un hombre cano en medio de la noche.

                        Druida. Rey de la Rama Roja, ¿qué deseas?

                        Fergus. Esto te digo, sabio entre los sabios:
                        joven y sutil, Conchobar un día
                        vino a mi lado cuando yo juzgaba,
        y cuanto dijo era muy sabio, y fácil
                        fue para él lo que para mí una carga:
                        le puse en la cabeza la corona
                        para así desterrar mis aflicciones.

                        Druida. Rey de la Rama Roja, ¿qué deseas?

                        Fergus. ¡Un orgulloso rey! Ésa es mi angustia.
                        Festejo con los míos en el monte,
                        y recorro los bosques, y conduzco
                        las ruedas de mi carro en la frontera
                        blanca del océano susurrante;
                        y aún siento la corona en mi cabeza.

                        Druida. Mas, ¿qué deseas, Fergus?
                        Fergus.                                              No ser rey,
                        y tener tu sapiencia ensoñadora.

                        Druida. Contempla mi cabello encanecido
                        y mis hundidos pómulos, las manos
                        que sostener no pueden ya la espada,
                        el cuerpo tembloroso como un junco...
                        Jamás mujer ninguna me ha querido,
        ningún hombre ha buscado mi socorro.

Fergus. Un rey no es más que un necio que se afana
estérilmente en ser lo que otro sueña.

Druida. Ten la bolsa de sueños, si te empeñas;
desata el cordón, y te envolverán.

Fergus. Veo que mi vida huye como un río
de un cambio a otro; he sido muchas cosas:
una gota verde en la ola, un fulgor
sobre una espada, un pino en la colina,
un esclavo que muele en un molino,
un rey sentado en cátedra de oro,
y todo fue maravilloso y grande;
mas hoy que no soy nada, lo sé todo.
Ah, Druida, grandes redes de tristeza
esconde esta cosita cenicienta.




viernes, 12 de junio de 2015

jueves, 11 de junio de 2015

Pescadería Loli


Desde que, cada dos semanas, los viernes publico una propuesta de ocio o cultura en la edición sevillana de El Mundo, me he ocupado de libros, conciertos y algún bar. Aquí recomiendo un puesto reconvertido del mercado de Triana y, ya de paso, hablo de la plaza de abastos.

miércoles, 10 de junio de 2015

Beber




La sed es lenta, y los años van aplacándola. Uno, que tampoco ha sido gran bebedor porque afortunadamente ha tenido resacas tan duras como disuasorias que no guardaban consonancia con lo trasegado, cada vez bebe menos. Es cierto que en casa se pueden encontrar a veces bastantes botellas, pero esto tiene más que ver con la sociedad de consumo que con el alcoholismo, porque cuando hay ofertas en el supermercado acopio lo mismo botes de lavavajillas que cervezas de importación o vinos del país.
     Otros beben menos aún. En La pasión de la libertad, las nuevas conversaciones en París de Alfredo Rodríguez con José María Álvarez, el primero pregunta y responde el segundo:

-¿Cuánto bebe usted?
-Ahora ya no bebo. Los amigos no beben. Bueno, ni fuman. Todos cuidan mucho su salud. Aquella vida se fue. Ahora suelo tomar al cabo del día, esos cognacs por la mañana, la tarde y la noche; algún martini de aperitivo; el vino de las comidas, que ese sí es abundante; alguna copa por la tarde, y las de la noche. Excepcionalmente bebo algo más, si hay velada agradable.

martes, 9 de junio de 2015

Suroeste, 5





Suroeste. Revista de Literaturas Ibéricas publica en su número 5 algunos poemas inéditos míos. Aquí, uno de ellos:



LA POSTRACIÓN Y EL CANTO

                                            (El poeta)

Esta anemia del alma, esta lisura
de todo lo que pudo ser relieve.
La encharcada apatía, su bostezo
sin fuerza y que abandona a la mitad
–como todo lo deja a medio hacer
(hasta el abrir la boca)– la desidia.
Fuera, pájaros cantan. Primavera
ya va traspareciendo el calendario
con vagas filigranas que se aferran,
tinta fresca, a la página del mundo,
pero eso no le basta a su vacío:
aunque el sol distribuya su soldada
con monedas de oro y tintinee
entre todo el ejército del aire,
no luce el mediodía si él se apaga
y quema las jornadas perezoso
sin que les prenda fuego, permitiendo
que se haga cenizas este tiempo
que es papel de fumar, tan consistente
como el humo o las mótulas de polvo.

Las horas en que el sueño queda atrás
y parece lejana la promesa
de otro que pudiera rescatarlo
de esta total ausencia de apetito.
Somnolencia entre sueños dominados
por el insomnio que nunca pega ojo.
Una resaca sin haber bebido,
una debilidad fortalecida
por toda esta desgana que, resuelta,
ha tomado el poder de su anarquía.
Ya no hay nada que hacer: todo está hecho
por más que reconozca que no es nada.

El vano de la piedra de un molino
al que se acopla el eje que la gira
sacando de la pulpa el verde aceite
desde ese nombre denso: la almazara.
El surco que el estiércol coloniza
y luego brindará dones frutales,
el tiesto puesto al sol y vegetante
que al cabo elevará brotes y pétalos.
Un recoveco, un pozo cuyos límites
también forman la piel de la expresión,
pues gracias al reposo y su letargo
llega la juventud al que aguardaba
bajo la inercia, pleno de energía,
caudal cuando la presa cede y cae
con un furor de espuma despertada.
Esta fecundidad que de lo estéril
surge al rebotar desde la sima,
el cauce seco, senda de esa rata
–fatiga, acedia, angustia, flojedad–
ahogada en el agua del poema.

Funambulista, duerme en el alambre
y más desea el suelo que la red.
La indolencia no teme a la caída;
si acaso, a tener que levantarse
de nuevo inútilmente, como el alba
cuando ya la noche toca a su final.
Y, con todo, aprovecha la jornada:
la abulia lo confirma, porque el hombre
que, aun quieto y callado, laborando
está sin que se vea; el deprimido
que se abisma y que cede melancólico
a no hacer nada, mucho es lo que hace
si vuelve canto el ritmo de su pulso
sin tono, el vago espectro de un latido
remiso y fantasmal. Es el poeta:
quien vierte en el vacío que es su molde
el bronce al rojo vivo de su vida
fría, aterida, yerta, congelada,
y llena la oquedad con la sustancia
que da forma a su vez al hueco, al eco,
como el aire iracundo los pasillos
de una casa en que habitan los ausentes
y no queda un cristal en las ventanas.

El silencio lo es porque se dice
una vez ha acabado su silencio.
La inacción no es acción cuando termina,
que siempre el acto estuvo allí larvándose,
salvaje en la aparente mansedumbre.
Retrocede el columpio hacia adelante.
En la trinchera el héroe se agazapa
antes de que coseche la victoria.
En el pulmón vacío el aire siembra
el sueño de las velas desplegadas.
El arco inmóvil manda velocísima
la flecha, las rodillas se flexionan
para saltar más alto; en el ayuno
el estómago comienza su labor,
vigilia ante el banquete presentido.
Ahíto está el que el hambre padeciera.
En el vientre, invisible, el feto crece
lo mismo que el tubérculo, hasta el día
que dejen la placenta y los terrones
con un llanto de luz celebratorio.
El tiempo muerto es como ese blanco
que asedia la negrura de los versos:
un espacio que inútil se presenta,
una falta que es todo siendo nada,
el lienzo en que se posan las palabras.

lunes, 8 de junio de 2015

El léxico y lo onírico




Otra de mis lecturas recientes ha sido el último libro de Rafael Fombellida: Di, realidad, publicado en la colección Calle del Aire de Renacimiento. Tal vez no debiera emplear la palabra "reciente", porque con independencia de cuándo se hayan escrito,  impreso, disfrutado, en estos poemas del autor cántabro hay referencias a un tiempo a menudo alejado de este de hoy y, más aún, una fantasmagoría atemporal. La combinación sabia de un lenguaje rico y exacto y un mundo evanescente, onírico, provoca un estado de hipnosis permanente que acompaña al lector durante el recorrido del volumen, también turbado por las imágenes violentas y las insinuaciones de un mal no siempre explícito.
     Fombellida emplea a menudo una primera persona engañosa, a la que hace protagonista y testigo de situaciones que parecen enhebradas en narradas letanías, muy bien ensartadas en el largo hilo de estos versos dilatados, muchos hasta el versículo, aunque también hay entre ellos versos medidos que en ocasiones son empleados íntegramente en algún poema, como el final "El cielo no tiene horizonte", cuyos tercetos (mayoritariamente de alejandrinos) son buena vecindad para la cita de Dante que baja la persiana del libro.
     Di, realidad habla de todos nosotros, con nuestros miedos y figuraciones y todo el amplio caudal de la voz visionaria que, a veces, se nos enreda como animalillo preso y aullador en las cuerdas de la garganta.

domingo, 7 de junio de 2015

sábado, 6 de junio de 2015

Creciente fértil





Por tercera vez reúne Karmelo C. Iribarren (San Sebastián, 1959) su poesía completa bajo el título Seguro que esta historia te suena y en la editorial Renacimiento. Ahora, desde aquel 1985 con la que comenzaba, llega a este 2015 con un buen número de poemas inéditos que se suman a los de La condición urbana (1995), Serie B (1998), Desde el fondo de la barra (1999), La frontera y otros poemas (2005), Ola de frío (2007), Otra ciudad, otra vida (2011), Las luces interiores (2013), La piel de la vida (2013).
     Siempre está bien enfrentarse de forma sistemática a los buenos poetas que hemos leído parcialmente y de forma desordenada. En mi caso, la lectura de Seguro que esta historia te suena me ha proporcionado una de las lecturas de poesía más gratificantes de este año que avanza a su mitad. Pese a la limitación de temas, los escasos escenarios, las reiteraciones, hay aquí un poeta que ha conseguido ser eso tan difícil: una voz singular, leída e influyente. Con versos por lo general cortos, cortantes, Iribarren clava el alfiler en el desengaño, en el envejecimiento, en el apagamiento de la pasión, en el alcohol, en la soledad. 
     Si hubiera de seleccionar una microantología (el autor ya lo ha hecho más ampliamente en La ciudad, también en Renacimiento), en esta no podrían faltar "Tu padre se ha ido de viaje", el acerbo "La vida, otra vez, siempre" ("La vida es / como rellenar / un pliego / de descargo: /nunca te hace caso / ni dios."), "Un poco justo", "La fórmula", "Interpretación no exenta de optimismo", "Una pizca de luz", "El principio del fin", "Lo difícil", "Lunes, 8 de la mañana: verde", "Nada nuevo", "Cosas de la edad", "Oda al mundo libre", "Tragicómico", "Los paraguas, los taxis", "Pobres diablos", "Sólo eres ése", "Los zapatos", "La foto de Raymond Chandler" (con su lección sobre la posteridad literaria, "¿Que te pone verde algún crítico? / El tiempo le pondrá amarillo a él."), "No estamos solos", "El pasado", "Un día, hace tiempo", "Culpable", "Estampa veraniega", "Pura vida", "Vista cansada", "Eslóganes", "El romanticismo", "Tras una lectura de poemas", "La vida sigue" ("La vida sigue -dicen-, / pero no siempre es verdad. / A veces la vida no sigue. / A veces solo pasan los días."), "El pasado", "La tragedia", "Correspondencias", "Imposible balance", "A modo de consuelo", "Por el módico precio de un café", "Martes, 22, septiembre", "El viejo boxeador", "El río" o "El horizonte" ("Es lógico / que a última hora / le salgan los colores: / se pasa el día mintiendo.").
     Es verdad que a veces, muy raras veces, el poeta parece tener la guarda baja cuando saliéndose de su línea escribe composiciones blandas, casi sentimentales, como sucede en "¿Acaso hace falta más?", en "La chica de la marquesina" ("Y yo la miro y pienso / que, aunque sólo fuera por eso, / por esa fuerza, por sentir / lo que ahora mismo está sintiendo ella, / merece la pena vivir.") o, con coloquialismo y todo, en "Qué suerte tengo". Puestos a reconocer la belleza del mundo, pese a todo, cuánto mejor es "Vuelve a intentarlo", donde ante las mañanas de domingo, temprano, con las calles recién regadas y el olor a cruasán de algún café cercano, más el alboroto de los pájaros, el personaje del poema siente "Como si la vida / te dijese: / mira, aquí me tienes, / vuelve a intentarlo."
    No extraña que, siempre tendente a la frase afilada, a la desnudez, Iribarren haya cultivado también el aforismo. Su poesía va creciendo, fértil, en versiones revisadas, corregidas y ampliadas. Con puntos en común -no descubro nada- con Roger Wolfe o Javier Salvago, su obra es de una coherencia envidiable, aunque no lo sean por lo general las desoladoras visiones que depara y la conciencia corrosiva que la nutre.

viernes, 5 de junio de 2015

Toni Montesinos Gilbert. La eclosión de un escritor.






Toni Montesinos Gilbert (Barcelona, 1972) ha ido escribiendo una obra amplia y diversa que ha ido recorriendo la novela, el ensayo, la literatura de viajes, la poesía. Estos días coinciden tres novedades suyas que no solo subrayan su fertilidad, sino también la calidad de su escritura. Fielmente cada uno de estos tres títulos subraya una de sus obsesiones: los versos, las lejanías, los escritores suicidas. Y confundiéndolas, porque hay lirismo en sus páginas de viajes, y narración en los poemas de los suicidas, y viajes en las composiciones propias.
            Alma en las palabras [Poesía reunida 1990-2010], que ve la luz en la colección calle del Aire de la editorial Renacimiento, recopila veinte años de quehacer poético, una obra que no siempre ha tenido la difusión que merecía. Ahora en un solo volumen demuestra su coherencia y su condición de corpus, no mera acumulación inconexa. El colofón ostenta la fecha del 23 de abril, que no es mala (el Día del Libro) para un letraherido como Montesinos.
Antología poética del suicidio (siglo XX), con su singular presentación de libro cartonero de Editorial Ultramarina, es un libro de apócrifos (ocho hombres y tres mujeres), ya ensayado hace diez años en El gran impaciente. Suicidio literario y filosófico. A lo Borges, el autor combina erudición y notas con una poderosa fantasía que se manifiesta en las notas bio-bibliográficas, verdaderos cuentos, que anteceden a cada espiga de poemas de estos seres atormentados que parecen haber salido del Biathanatos de John Donne. La muerte, el lado oscuro aún en la vida, está muy presente no obstante en su propia obra, como en el poema “Solamente hasta la muerte” de La muerte escondida (2004), donde leemos: “Yo creo que estoy solo y sin embargo / tengo buitres amigos que rondan por mi casa, / voces inmarchitables que vienen del recuerdo.” En ese mismo libro, también, el terrible poema “El fin del padre escondido”, que finaliza: “Sus ojos son del claro cielo de una bondad / jamás asomada, y los puños olvidan su fuerza. No importa que no coma, que el dolor lo atraviese y sepa que va a irse. / Apenas se queda dormido, le miro fijamente / y salgo del hospital. Le doy la espalda / a la muerte. Que muera solo. Tal como vivió.”
            Por último, La suerte del escritor viajero. Crónicas literarias de Europa y América (editorial Polibea) es una colección de estampas de paisajes y ciudades que Montesinos conoce bien y que escribe y describe con pulso y finura. En su prólogo, José María Conget declara: “Son páginas que participan del dietario, la confesión íntima, la asociación libre de memoria y presente, y la diatriba contra las imposturas del mercado en el terreno cultural.” Cuba, Florencia, Nueva York, Baltimore, Ámsterdam, Sicilia, Chile, son algunos de los escenarios del libro.
            Viajes, poesía, muerte. En un monólogo dramático de su primer libro de poemas, Montesinos hace decir al suicida que firmaba con los seudónimos de El Pobrecito Hablador o Fígaro: “He olvidado lo que aprendí en París y Burdeos”. Lo reproduzco entero, como una destilación de la obra del autor barcelonés:

MARIANO JOSÉ DE LARRA

Nadie tiene la culpa de esta acción postrera.
Pensé hace años que mi vida no tiene importancia.
¿Con quién hablar de la muerte y el sufrimiento?

Soy un alma que muere pero va caminando.
Yo puedo ir riendo y pudrirme al mismo tiempo
por dentro. Me quiero ir de la vida poco a poco…

Hoy me han dicho: “Fígaro, tu último artículo
es exquisito.” pero yo he seguido caminando.
¿De qué sirve mi letra en este país de necios?

He olvidado lo que aprendí en París y Burdeos.
He olvidado el idealismo, la guerra española,
mi inútil primer amor (la amante de mi padre).

He olvidado los pensamientos liberalistas.
He olvidado a Pepita. El pasado y terrible mes
de agosto. He olvidado nuestra juventud…

Y aunque la gran crisis continúa en toda Europa,
no debí volver aquí, a la calle Santa Clara
número dos, en este Madrid envejecido.

Aún siento ganas de leer los versos de Espronceda.
Y emocionarme. Y tal vez esperar el retorno
de Dolores. Pero mi esperanza se ha extinguido.
Yo voy a suicidarme. Ya he elegido la fecha.




            

jueves, 4 de junio de 2015

Morerías




Elías Moro ha recogido en este libro, Algo que perder, más de 1.400 aforismos o, como él los llamaba en otro lugar, morerías. Las hay de todo tipo y calidad, pero las excelentes son muchas, muchísimas. Aunque toda colección de aforismos tiene algo de desaforado, aquí hay varios cientos de piruetas brillantes, de ocurrencias que alcanzan la categoría de iluminaciones, de revelaciones epifánicas. Qué curiosa la matemática del aforismo: se quitan los cien más flojos a esos 1.400 y el resultado ya no es 1.300, sino, por decir una cifra redonda, 10.000. 
     Al libro le hubiera beneficiado un ligero expurgo de frases anodinas como "Regresar todas las tardes a casa con una indefinible sensación de derrota y abandono", "Cuando encuentras un amigo de verdad tu vida da un gran salto adelante" u otras emparentadas con el chiste, todas ellas expresión débil frente a lo fuerte e intenso que vitamina tantas otras greguerías o sentencias (la abrumadora mayoría). Traigo aquí algunas de estas en las que mejor brilla el genio de Elías Moro, que lo mismo toma impulso con un juego de palabras que da con una metáfora deslumbrante que se queda reverberando en la memoria:

Lo peor no es tropezar dos veces con la misma piedra, sino siempre con todas.

*     *     *

Hoy me duele lo de siempre como nunca.

*     *     *

Mientras dormimos el mundo descansa de nosotros.

*     *     *

Cuando quiero llevar razón, guardo silencio.

*     *     *

A un poema no puedes decirle sin más "me gustan tus ojos"; tienes que encontrarle la mirada.

*     *     *

¡Qué ganas tengo de ajustar cuentas con el futuro!

*     *     *

Su risa bajaba la factura de la luz.

*     *     *

El primer verso del poema mira a los demás como por encima del hombro; el último soporta el desastre como puede.

miércoles, 3 de junio de 2015

El fútbol




Hace unos días, cuando se anunció la posibilidad de una huelga entre futbolistas, estuve tentado de mostrar mi solidaridad con ellos siempre y cuando la tal huelga resultara indefinida. ¡Fuera esquiroles!, ni un solo futbolista saliendo a un terreno de juego hasta que se atendieran sus peticiones, y ni siquiera así. ¡Huelga hasta el fin de los tiempos! Ni un partido más hasta la Final, digo, el Juicio Final.
     Comprendo que esto causaría una gran desazón entre los aficionados a ese deporte, pero el efecto insoportable de la falta de partidos no sería nada comparad con el de la saturación de estos que el resto de los mortales hemos tenido que padecer durante las últimas décadas, y hasta el paroxismo ya estos años pasados, que se me antojan siglos.
     El fútbol invade la programación de las emisoras de radio, se adueña de los bares, pone la zancadilla a cualquier actividad que se quiera realizar durante el tiempo de su juego o transmisión.      Herminia Luque, reciente Premio Málaga de Novela, escribió un ensayo contra el deporte, así en general, que supongo que dedicaría la parte del león al balompié, que no es un deporte que me disguste, es cierto, siempre y cuando se limite a jugar y ganar el Mundial de Sudáfrica, cada no sé cuántos milenios o eones. No sé si lo publicó, pero yo compraría encantado un ejemplar, y hasta regalaría otros.
    Leía hace poco Clima de riesgo, una suerte de diario o cuaderno de anotaciones de Manuel Neila. En la página 20 encuentro estos dos breves párrafos, que seguramente conocerá Herminia:

Uno de los síntomas más evidentes de la decadencia moral y cultural del Imperio Romano fue, al decir de los historiadores, el abandono progresivo del teatro por el anfiteatro, es decir, del arte por el deporte.
     El historiador Herodiano habla de "locura", "vergüenza" y "deshonra" al referir la insensata predilección de Cómodo, el hijo del emperador Marco Aurelio, por los espectáculos atléticos y las competiciones deportivas.


     

martes, 2 de junio de 2015

La técnica que aleja




Aunque mantenga este cuaderno de bitácora digital y sea bastante activo en la red social por antonomasia, no tengo más relación con los trinos que las serenatas que quieran darme los pájaros, y en mi teléfono móvil no he instalado ni instalaré esa mensajería instantánea, tan intrusiva, en la que cualquiera puede añadirte a un grupo, es decir, a una cárcel. Hablábamos la otra noche con Aquilino Duque, quien se quejaba de que no había tenido éxito la voz que él propone para lo que el resto de los hablantes llamamos correo electrónico. Aunque sea por abrazar una causa perdida, me sumo a su campaña de usar la palabra electrograma. Nadie se asuste si me ve emplearla en el futuro.
     La charla frente a frente, incluso la llamada telefónica, están siendo desplazadas por sofisticadas formas de aislamiento, la realidad por las series televisivas (que son más bien para el ordenador). Víctor Peña Dacosta es uno de esos jóvenes que habitan esa isla, ya un extenso continente, de los "nativos digitales". En La huida hacia delante, su primer libro, refleja muy bien esta situación actual en su poema "Posmodernidad":

Mi abuela muere lentamente
en la habitación de al lado
mientras yo veo un capítulo
de Mad Men con los casos puestos
pensando: "joder, qué bien
reflejan la sociedad
de los cincuenta los guionistas
de la HBO".

lunes, 1 de junio de 2015

Rafael Suárez Plácido





Poeta, lector riguroso e impenitente, era un crítico agudo, inteligentísimo, de una rara independencia. Descanse en paz, Rafael Suárez Plácido (1965-2015).