miércoles, 10 de junio de 2015

Beber




La sed es lenta, y los años van aplacándola. Uno, que tampoco ha sido gran bebedor porque afortunadamente ha tenido resacas tan duras como disuasorias que no guardaban consonancia con lo trasegado, cada vez bebe menos. Es cierto que en casa se pueden encontrar a veces bastantes botellas, pero esto tiene más que ver con la sociedad de consumo que con el alcoholismo, porque cuando hay ofertas en el supermercado acopio lo mismo botes de lavavajillas que cervezas de importación o vinos del país.
     Otros beben menos aún. En La pasión de la libertad, las nuevas conversaciones en París de Alfredo Rodríguez con José María Álvarez, el primero pregunta y responde el segundo:

-¿Cuánto bebe usted?
-Ahora ya no bebo. Los amigos no beben. Bueno, ni fuman. Todos cuidan mucho su salud. Aquella vida se fue. Ahora suelo tomar al cabo del día, esos cognacs por la mañana, la tarde y la noche; algún martini de aperitivo; el vino de las comidas, que ese sí es abundante; alguna copa por la tarde, y las de la noche. Excepcionalmente bebo algo más, si hay velada agradable.

1 comentario:

Ángel Rallo Vallejo dijo...

Vamos, que queda claro que ya no bebe, o, mejor dicho, que apenas bebe. No hay duda. Eso es un criterio subjetivo y lo demás son tonterías.