jueves, 31 de julio de 2014

Hilo de oro




Hay poetas que mantienen un tono tan uniformemente alto que con los poemas no incluidos en una antología suya se podría realizar otra, difícilmente inferior a la primera. Con todo, la selección que ha hecho José Luis Morante de Eloy Sánchez Rosillo y que ha publicado Cátedra en su colección Letras Hispánicas es irreprochable y contiene mucho de lo mejor del poeta murciano, al que siempre es bueno regresar por su garantía de calidad, de calidez humana. El enjundioso prólogo, además, es de los que no hay que saltarse, aunque las notas, sin duda dirigidas a un público escolar o universitario, incluso extranjero (porque la literatura española es hoy muy leída y estudiada por jóvenes y no tan jóvenes de todo el mundo), son por lo general innecesarias para el lector de poesía.
      Lector de poesía, escribo, y me doy cuenta de que para muchos lectores de narrativa o ensayo aquel es un compartimento estanco en el que no entran nunca, a veces por la perpetuación de ese trobar clus, hermético, cerrado, un modo de entender la poesía que se hace sinónimo de velo y oscuridad, cuando no de oscurantismo. Para esos lectores precisamente que no suelen leer poesía, esta amplia antología es un buen primer paso: no verán en ella elucubraciones y experimentos, tantas veces loables pero enajenantes para el común, sino una voz cercana, cuyas emociones, sensaciones, visiones, puede compartir gracias a ese verso clásico, directo, armónico.      
     A finales de septiembre, ya estrenado el otoño, Estación Poesía publicará un poema inédito de Sánchez Rosillo en su segundo número. Son versos dirigidos a una de las posibles posibles lectoras de este Hilo de oro tan hermoso. Y no digo más, salvo que recomiendo sin reservas este volumen que no descubrirá nada a unos pocos y, sin embargo, puede ofrecer una gran aportación a muchos.

miércoles, 30 de julio de 2014

Frontón





El traductor tiene que llegar al diccionario como la pelota de frontón: sabiendo regresar con toques, efectos, virajes, a la pista, a la página.

martes, 29 de julio de 2014

Viajar a librerías




Con permiso de Jorge Carrión, desde hace ya bastante tiempo, cuando estoy en puertas de un viaje o decidiendo adónde ir, lo primero que me viene a la mente es "la" librería de esa ciudad. Torres, ríos, atracciones, museos, palidecen ante el presagio de unas mesas de novedades y unas estanterías. Creo que pronto iré en breves vacaciones a Daunt Books, y luego, en el otoño, laborando y por placer, desembarcaré en Hodges Figgis y aterrizaré en la Rosario Castellanos. Una ciudad es solo el decorado de "su" librería. El aparatoso andamiaje que rodea sus baldas.

lunes, 28 de julio de 2014

"A débil luz y al gran cerco de sombra"




Rossetti, en retrato de William Hunt



Es originalmente una sextina de Dante Alighieri, en versión inglesa de Dante Gabriel Rossetti (según Harold Bloom, el mejor poema que este escribiera jamás). He aquí mi versión de la de Rossetti:


A débil luz y al gran cerco de sombra
llegué, y a la blancura de los montes,
donde el color no vemos de la hierba.
Mas mi deseo no pierde su verde:
tan arraigado está en la dura piedra
que habla y oye como si fuera dama.

Tan helada del todo está esta dama
joven, como la nieve entre la sombra,
que no conmueve, cual si fuera piedra,
el tiempo que entibiando va los montes
y los hace pasar del blanco al verde,
cubriéndolos de flores y de hierba.

Si su pelo enguirnalda con la hierba,
la mente ya no piensa en otra dama,
pues tan bien entreteje el rubio al verde
que Amor se sienta allí bajo la sombra,
Amor que me enclaustrara en bajos montes
más fuertes que muralla hecha de piedra.

Muy más brillante es ella que una piedra
preciosa, aunque incurable por la hierba:
por eso huí por llanos y por montes,
muy lejos del peligro de esa dama;
mas nada ante su luz puede dar sombra:
ni un muro, ni un alcor, ni estivo verde.

Hace poco la vi toda de verde,
tan compuesta, que hacer pudo de piedra
al amor que yo siento aun por su sombra;
igual que uno corteja a grácil dama,
así la cortejé en prado de hierba
rodeado por altos, altos montes.

Mas volverán los ríos a los montes
antes de que esta llama tierna y verde
de Amor arda, como arde en joven dama,
por mí, que dormiría sobre piedra
e, igual que un bruto, comería la hierba
por ver de su vestido la honda sombra.

Por negra que los montes den su sombra,
con su estival verdor la hermosa dama
la cubre, como a piedra bajo hierba.

domingo, 27 de julio de 2014

Incógnita



Desde hace mucho tiempo, cada vez que leo un libro de poesía lo hago con un lápiz en la mano, y como un médium me dejo arrastrar por las sugerencias que me traen ciertas ideas o palabras. Me gusta que mis poemas comiencen en los blancos de esos libros ajenos. Así, hoy mi biblioteca la componen un montón de volúmenes que son a su vez cuadernos de borradores, jeroglíficos que solo a la mañana siguiente puedo descifrar. Anoche leía "Miss X", el poema de Sabines. Y esa aspa o incógnita seguramente me llevó a emprender estos versos:


INCÓGNITA

Con su tiza,
las estrellas
en el cielo
van desgranando su álgebra.

–¿Existe Dios o no existe?
–duda, afirma,
blanca y negra,
la pizarra.

viernes, 25 de julio de 2014

Con el mono puesto



Ahí estaremos con el mono, si no de La Barraca, sí de mecánico de taller de versos traducidos. Cosmopoética lo ha anunciado hoy. Lo recoge al prensa aquí.

jueves, 24 de julio de 2014

En el País de sodoma (sic)






Dos figuras señeras de la poesía estadounidense lo han llevado a sus propias obras. John Ashbery le dedicó su poema en prosa “Para John Clare”, y Theodore Roethke lo menciona en unos versos acerca de locos. Auden, que fue norteamericano de adopción, empleó palabras suyas en “Carta a Lord Byron”. De entre los irlandeses, Michael Longley ha escrito sobre el viaje desde el manicomio, en Essex, al nativo Helpston; y Patrick Kavanagh lo evoca en un poema dedicado a cierta Mary (“pienso en la amada del pobre John Clare”). Por no hablar de la prosa crítica y clarividente de Seamus Heaney, que lo comprendió especialmente gracias a la extracción rural compartida.
            Yo he llenado con versiones de sus poemas una carpeta y lo he hecho protagonista de una novela que, si todo va bien, se publicará el año que viene. En un manicomio distinto al que se refiere Longley, en el de Northampton en que pasó las últimas décadas de su vida, Clare escribió a su esposa en 1848, con su peculiar ortografía:

Mi querida esposa.

Hace mucho que no te escribo pero aquí estoy en el País de sodoma donde los cerebros de todo el mundo están vueltos del revés – me dio alegría ver a John ayer y me hubiera gustado volver con él pues estoy muy cansado de estar aquí – puedes venir y recogerme pues creo que ya llevo aquí bastante tiempo.


Aún había de estar dieciséis años, hasta su muerte.

miércoles, 23 de julio de 2014

Esqueleto



Para ser real, de carne y hueso, el poema traducido recorre el camino inverso al de la vida: primero es esqueleto, y de ahí le van creciendo en amoroso abrazo tejidos y, con continuos retoques, células que le dan la piel y, a veces, en los ojos, una mirada humana y que nos comprende incluso.


martes, 22 de julio de 2014

Gaza






Un poema nuevo de Gabriel Rosenstock:

GAZA
tapa
los ojos de la muñeca
en vez de los suyos –
una niña en Gaza
que ya ha visto cualquier cosa en el mundo


Dán úr le Gabriel Rosenstock:
GAZA

clúdaíonn sí

súile na bábóige

seachas a súile féin –
páiste in Gaza

is gach rud feicthe aici faoin ngréin


(Gabriel Rosenstrock es uno de los principales poetas irlandeses en lengua gaélica. La traducción es mía)

lunes, 21 de julio de 2014

Hoy



Hoy es siempre todavía, escribió Antonio Machado. Me importa un bledo lo que pasara ayer, la semana pasada o hace treinta siglos. Quien mata hoy a un niño no tiene excusa, ni pretexto, ni nada anterior a ese crimen.

domingo, 20 de julio de 2014

No es país para niños



Ni Lilliput, ni los otros que conoce Gulliver en sus aventuras. Lo cuenta Juan Francisco Ferré en una entrada de su blog que dedica a la edición ilustrada que de la novela de Swift acaba de publicar Sexto Piso.

viernes, 18 de julio de 2014

La tradición musical en la literatura irlandesa





Hace ahora dos semanas que se celebró en Sevilla (espero que sea por primer vez, que haya más ediciones) el fleadh que organicé para el Centro de iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla, el CICUS. La primera de las dos noches di una charla que precedió al concierto. Los párrafos que siguen son un resumen de la misma, que dediqué a Brendan Behan en el 50 aniversario de su muerte y a Mícheál Ó Domhnaill, que murió un día de principios de julio de hace ocho años. No sabía entonces que también la segunda noche del Fleadh era en quinto aniversario d ela muerte en Sligo del poeta Michael Davitt, uno de los más importantes en lengua irlandesa de la segunda mitad del siglo XX, ni que la bellísima bailarina que actuó, Sibéal Davitt, era su hija. Dedicada ahora queda, pues, también a este tercer difunto mi intervención.
     Como se ve, pesan los muertos, como en el relato de Joyce. Los muertos, que en la tradición irlandesa nunca está muertos del todo, porque si en un país está vivo el pasado, la historia, ese es Irlanda. Así sucede con el arpa. Escudo de la embajada y del Estado, figuraba en el cartel del festival. La que vemos también en las monedas se remonta a la del rey Brian Boru, que justo ahora hace mil años se enfrentó en la batalla de Clontarf a los vikingos (en Clontarf, una localidad al norte de Dublín, vive precisamente el acordeonista Fiachna Ó Mongáin, que tocó la segunda noche del Fleadh). La vinculación de la música con este país es notabilísima, hasta el punto de que el presidente de Irlanda
recibe en Navidad a los músicos y se graba un programa especial en la sede de la presidencia que luego se emite por la cadena pública RTÉ. Además, Michael D. Higgins, el actual presidente, es poeta, con varios libros publicados.
      Como otras literaturas vernáculas europeas, la irlandesa discurrió al margen de la escritura hasta la llegada del alfabeto latino con el cristianismo. Fue ya con este, a partir de la llegada de san Patricio a la isla (año 432) y la importante labor monástica desarrollada, cuando los monjes empezaron a consignar por escrito la rica tradición de la isla, que abarca la prosa, las historias orales de carácter épico, mitológico o de aventuras y también la poesía: bárdica de alabanza, pero también satírica, y también luego religiosa.
     Un ejemplo muy antiguo es “La canción de Amergin” que aparece en el Libro de las Conquistas (siglo XII) pero que procede de un entorno mitológicos. Robert Graves incluyó una versión propia de este poema en su libro La diosa blanca.
     Leí “El lamento de Créide” (incluido en mi antología de la editorial Gredos, página 37) como canon de poesía elegíaca, una tendencia que tendrá magníficos exponentes a lo largo de los siglos como el lamento por Art Ó Laoghaire (siglo XVIII). La voz femenina ha estado siempre en la literatura gaélica. A continuación recité “El mirlo de Doire an Chairn”, atribuido a Colum Cille (San Columba), que viene prececido en el manuscrito por las palabras Colum Cille Cecinit ("Cantó Colum Cille", Gredos, p. 81) y “El llanto de Créide por Cáel” (se trata d euna Créide diferente) pertenciente al Acallam na senórach (El coloquio de los ancianos), donde se aprecia el gusto por los sonidos de los animales y de la naturaleza (Gredos, p. 95).
     Son todos los anteriores ejemplos de cantos, de poesía cantada. Respecto a los instrumentos, los anales recogen nombres de señalados músicos, a menudo arpistas, desde el siglo XII. La importancia de la música en la sociedad irlandesa se puede apreciar, por ejemplo, en un poema gaélico traducido por Jonathan Swift en 1720, en el que describe un festín tan movido que se rompe una gaita. En una de las estrofas leemos: Come, harper, strike up, / but first by your favour, / boy, give us a cup.
Y en otras se habla del estrépito musical y del baile, con fuerte taconeo.
     La aristocracia irlandesa sirvió de patrocinio de los arpistas (como Turlough O’Carolan, 1670-1738) hasta el siglo XVII, pero este mundo cambió radicalmente con el llamado colapso del mundo gaélico en el siglo siguiente. No obstante, hay que mencionar el nombre de Eoghan Rua Ó Súilleabháin (1742-1782), poeta y arpista que inspiró a Yeats en verios aspectos para su Hanrahan el Rojo y que es mencionado por John Millington Synge en The Playboy of the Western World. Seán Ó Riada, que tanta importancia tuvo en la fundación del grupo The Chieftains a través del precedente de Ceoltoirí Chualann, compuso una pieza para Ó Súilleabháin que en fechas recientes ha ido a formar parte del lamento de la banda sonora de la película TitanicDe esa decadencia del orden gaélico es una buena muestra el famoso poema de Raifterí (1784-1845), el violinista ciego que se queja: “¡Miradme ahora (…) / tocando música para bolsillos vacíos.”
      El siglo XIX asistirá a una eclosión de canciones que -es la centuria del Romanticismo- sobre la identidad y la nación. Un clásico es “A Nation Once Again”, de Thomas Davis (1814-1845), revolucionario irlandés. Davis escribió que “Una canción vale lo que mil arengas” y que “la música es la principal facultad de los irlandeses”. Ha sido cantada por numerosos intérpretes y se ha constituido en una especie de himno del republicanismo irlandés, mil veces en los labios del grupo Wolfe Tones.
    Un hito fundamental es el de Irish Melodies (1846 y 1852) de Thomas Moore (1779-1852), compositor de clásicos del repertorio como “The Minstrel Boy”, “The Harp that Once in Tara’s Halls”, “The Meeting of the Waters”, “Oft, in the Stilly Night” y “The Last Rose of Summer”. Moore omponía las letras para acompañar a melodías ya existentes. Sus canciones son a menudo citadas en las obras de Joyce: así, “Silent, O Moyle” en el relato “Los dos galanes” de Dublineses, “Oft, in the Stilly Night” en Retrato del artista  adolescente o “The Last Rose of Summer” en Ulises.
     Jamie O’Neill es autor de la novela extraordinaria Nadan dos chicos. En ella aparece en las fechas previas al alzamiento de Pascua de 1916 el furor nacionalista y la música que le viene aparejada. Allí asisitmos al canto de “Oft, in the Stilly Night”:

“A menudo en la noche silenciosa
antes que el sueño me encadeeene…

Era el borracho que había salido de Fennelly’s, que había empezado a cantar:

Recuerdos cariñosos traen la luz
de otros días que me envueeelve…

La vieja melodía de Thomas Moore. Se quedó parado bajo una farola de gas, en el interior de su charco de luz, tambaleándose un poco, su cara cadavéricamente delgada, aunque su voz, a pesar de lo áspera, era sorprendentemente afinada. Dirigió su canción por encima de los tejados, donde el cielo de la noche resplandecía, mientras contaba las lágrimas de sus años de juventud, las palabras de amor que había diiicho.”


James Clarence Mangan (1803-1849), del que se ocupó Joyce en uno de sus más importantes ensayos, escribió la letra de “My Dark Rosaleen”. “The Fiddler of Dooney” es un poema de Yeats, que evoca también a Raifterí en su libro La torre. En cuanto a Joyce, se sabe que era muy aficionado a la música (cantaba con buena voz, tocaba el piano y famosa es una fotografía en la que aparece rasgueando una guitarra). La balada “The Lass of Aughrim” tiene un papel decisivo en “Los muertos”.
     El poeta y letrista Joseph Campbell es autor de la célebre “My Lagan Love”, que ha sido cantada, entre otros, por Van Morrison, Mary Black, Sinnead O’Connor o The Corrs. Campbell escribió en su cuaderno de notas cuando viajaba por Donegal hace un siglo una estampa sobre un cantante de baladas:

“Un cantante de baladas ha entrado en Ardara. Cae la tarde. Se para en el centro de la plaza, una figura quemada por el sol y polvorienta, un típico Ismael trotacaminos. Las mujeres han salido a las puertas a oírlo, y un puñado de policías, a falta de otra cosa mejor que hacer, se ríe de él desde la fachada del cuartel. La balada que canta es sobre Bonaparte y la pobre Anciana. Luego cambia la melodía a “La española”, una canción de las calles de Dublín."




Padraic Colum

   
A Padraic Colum (1881-1972) le debemos la bellísima e incontables veces interpretada “She Moved Through the Fair”. Brendan Behan, hermano de Dominic Behan, autor de “The Patriot Game”, aparece citado en las canciones “Thousands are Sailing” y “Streams of Whiskey” de The Pogues. Él mismo es el autor de “The Auld Triangle”, a menudo interpretada en el repertorio de, por ejemplo, The Dubliners. Y qué decir de Patrick Kavanagh, autor de "If Ever You Go tu Dublin Town", grabada por los mismos, o de “On Raglan Road”, que toma la música de “The Dawning of the Day”, que a su vez toma la melodía de la canción en irlandés "An Fáinne Geal an Lae". Luke Kelly, su primer intérprete a petición de Kavanagh, con quien coincidía en los pubs cercanos al Grand Canal, en Dublín, la ha cantado como nadie.
     Comencé hablando de quienes ya han muerto, y de la tradición más antigua. Una tradición que está viva siempre, como cuando 
Davy Spillane toca con la quejumbre de la gaita irlandesa “Caoineadh Cú Chulainn”, un lamento por el héore mitológico.  Lo compuso Bill Whelan para Riverdance. Y hablando de ese hermoso instrumento: absolutamente recomendable es el disco 
The Poet and the Piper, donde Seamus Heaney y Liam O’Flynn repasan viejas composiciones líricas, musicales (O'Flynn, buen amigo del Nobel, tocó algunas piezas en el funeral de este en Dublín el año pasado). 
     Acabó ya, y lo hago con otra pieza musical, reciente inspirada en la antigua mitología. Parte de un poema de otro premio Nobel irlandés, W. B. Yeats. Es “The Song of Wandering Aengus”, y la canta Christy Moore.




LA CANCIÓN DEL ERRANTE AENGUS

Salí a la avellaneda porque un fuego
me estaba consumiendo la cabeza;
corté y pelé una rama de avellano,
y una baya le puse como anzuelo,
y, volando las polillas blanquecinas,
y, brillando los astros, cual polillas,
lancé la baya al curso de un riachuelo
y pesqué una truchita plateada.

Cuando la hube puesto sobre el suelo,
fui a avivar la hoguera, y escuché
que algo se agitaba sobre el suelo
y que alguien me llamaba por mi nombre:
se había convertido en una joven
con flores de manzano sobre el pelo,
y me llamó por mi nombre, y corrió,
y se esfumó en el aire iluminado.

Aunque me he hecho viejo, siempre errante
por tierras de hondonadas y colinas,
he de averiguar dónde se fue,
besar sus labios, y estrechar sus manos,
y andar entre los altos pastizales,
y coger, hasta el final de los tiempos,
las manzanas de plata de la luna,
                        y las doradas manzanas del sol.


(Mis disculpas por algunas irregularidades tipográficas surgidas en el paso del texto a este formato de blogger)

jueves, 17 de julio de 2014

Monstruosidades y bellezas





Si las buenas reseñas son las que descubren libros de autores desconocidos, entonces esta será buenísima. Al menos, para el que la escribe. Porque en el catálogo de ignorancias que poseo había una ficha reservada a Josep Lluís Aguiló, poeta mallorquín que la ocupaba, cómo diría: anónimamente. Ahora puedo decir que me resulta extraño no haber sabido nada de él hasta hace unos días. Por ello, el gozo, el asombro han sido mayores. 
      Tenemos en Monstruos y otros la poesía reunida de Aguiló, muy bien traducida del catalán por su paisano y también poeta Francisco Díaz de Castro. Y llama la atención el cambio en el orden de publicación de los poemarios: aquí Monstruos, de 2005, precede a sendos libros del año anterior. El efecto es notable, porque Monstruos cuenta con algunos poemas turbadores de esos que captan la atención y la simpatía del lector y ya no la sueltan. Así, el poema pórtico "Abraham Cresques después de recibir el encargo del atlas catalán. Año 1374". "Minotauro" es un poema tan bueno que he se resignarme a no citar sus cinco últimos versos, porque sería como mostrar en el tráiler de una película su desenlace. Con todo, cabe resaltar el uso de la paradoja y la sorpresa. El Golem, el vampiro, el monstruo de Frankenstein son otros de los seres anómalos de los que se ocupa este libro primero, que incluye además un guiño u homenaje doble al Tennyson de "La carga de la Brigada Ligera".
      De su primer libro publicado destacaría el poema "Tarde en la biblioteca", con su fina ironía y sus ecos borgeanos: 

Estoy abriendo una edición de Blake,
que es el vehículo de Swedenborg,
un hombre que hablaba con ángeles.
Y que cantó al simétrico tigre y a tener
"el infinito en la palma de la mano".
Y me río:
-Vaya pobre hombre; hablar con ángeles...
Yo soy el afortunado que habla con libros.-


       La más reciente entrega, Lunario (2008), abunda en poemas brillantes, dejando un magnífico sabor de boca y una expectación justificada ante lo próximo que pueda dar a la imprenta este Josep Lluís Aguiló que me atrevo a decir que ya no será, ni para mí ni para ningun lector atento de poesía del resto de España, un desconocido. Quien lea el poema "Minerales" no podrá contradecirme.

miércoles, 16 de julio de 2014

La cama pintada





Tras Without (Vitruvio Ediciones), Juan José Vélez Otero ha vuelto a traducir al estadounidense Donald Hall. Ahora es La cama pintada, libro que siguió al citado tras la muerte de la mujer de Hall, la también poeta Jane Kenyon.
     Aquí ya no asistimos a la enfermedad y muerte de la amada, sino a su ausencia, a veces insoportable, que se manifiesta en detalles domésticos: “(…) cuando su albornoz amarillo / dejó de estar en la puerta del baño”. En la casa familiar construida al término de la Guerra Civil norteamericana, Hall recuerda el tiempo compartido y, paradójicamente, la fijación que consigue la muerte: “sin cumpleaños, conservaba la misma edad con la que murió.”
      El libro rebosa emoción y rabia, y sentimientos encontrados como cuando el poeta evoca encuentros con otras mujeres tras haber quedado solo. Pero también indaga en la naturaleza de la unión entre dos personas que se quieren. En uno de los poemas la describe así: “el amor es el intercambio de un doble narcisismo, / el beneplácito de claudicaciones idénticas, las armas depuestas, / el convenio impuesto por el acostumbrado pacto diario.”
      Hay instantes en los que el lector se sobrecoge ante esa presentación que Hall hace de esa suerte de mutilación, alguna vez con el pudor la distancia que proporciona la tercera persona:

Antes de dormir condujo
hasta la tumba para decirle nuevas noches,
y a las seis de la mañana la visitó de nuevo
como si fuese a llevarle el café.

      O en esta especie de naturaleza muerta que en la alcoba recuerda a quién estuvo allí, compartiéndola, y sin cuya presencia todo carece ya de sentido:

Más de medio año
llevan sobre la mesita de noche
las gruesas gafas de cerca
de Jane y el reloj de pulsera
que compraron en una joyería
de Roma en su decimosexto
aniversario; las dos cosas puestas ahí
cuando ella podía ver, cuando
sí importaba la hora que era.

“La vida perfecta” es un poema que no habla de la experiencia del viudo, y aporta una de las mejores páginas al libro con su expresión del deseo de ser siempre algo distinto, tener diferente suerte. Su terceto final lo deja claro: “El hombre con la horca al cuello / envidia al otro que acaricia / una pistola en la habitación de un hotel de carretera.”
De continuo tiene expresiones que sacuden por lo acerado de su exactitud y por su presentación a menudo muy gráfica, pes no esta una poesía etérea, sino bien pegada al terreno: “(…) El deseo es el dolor / que se ha dado la vuelta en la cama / para mirar hacia otro lado.”
        En “Escondite”, el perro Gus busca a la ama muerta, olisquea. El amo le dice que no volverá, pero él no entiende, tal vez no quiera entender. “Sube por las escaleras del ático // y, con el hocico, intenta / levantar la tapa de la canasta / como si creyera / que ella se hubiese escondido ahí.”
         Donald Hall, por medio de Vélez Otero (y de Víctor Jiménez, que ha vertido con rima la “Villanella”) ofrece en La cama pintada no solo el testimonio de su dolor sino un hermoso libro de “amor más poderoso que la muerte”.

martes, 15 de julio de 2014

La libertad del desengaño







No se puede decir que el autor de estos poemas, José Infante (Málaga, 1946) escoja al desgaire las citas que abren su libro. Por el contrario –y como debería ser siempre, por otra parte–, aquellas marcan la temperatura de lo que viene a continuación. Y en este caso no es agradable, como un día frío para el que nos prepara (antes de salir a las inclemencias del exterior, que es aquí el interior del libro) un termómetro de pared. La primera de esas citas es “Caí en lo negro, / en el mundo insaciable”, perteneciente al poema “Yo fui” de Donde habite el olvido (libro en que Luis Cernuda expresaba su propio desengaño tras la hoguera de libertad y plenitud que supuso el inmediatamente anterior Los placeres prohibidos). La segunda, “He perdido la voluntad de sobrevivir” del muy joven Cristian Alcaraz (Málaga también, pero 1990). No sorprende que Infante se acoja a la sombra del gran poeta de la Generación del 27, con cuyo mundo siempre ha tenido tanto que ver. Mas si bien se mira, también es natural que se vea reflejado en la obra del muchacho, pues la poesía rebelde de Infante, aunque abunde en la lamentación, tiene mucho de vitalidad, de rebeldía. De un nihilismo que es más frecuente ver manifestado, por paradójico que parezca, en la mocedad que en una vejez a la que, no nos dejemos engañar, el autor de La libertad del desengaño aún no ha llegado, aunque se asome a ella, y a la que a veces parece que invoca por coquetería.
            En poco más de 250 versos y solo una decena de poemas, con los que ganó el XXVIII Concurso de Poesía Ciudad de Zaragoza 2013, Infante ofrece la imagen de alguien que va de retirada y que como un juez de guardia levanta el cadáver de la realidad, que es fea, y triste, y que, en cualquier vida y al ritmo que sea, va tocando inexorablemente a su fin. Esto no es novedad en él: ya el libro con el que ganó el Premio Adonáis en 1971, Elegía y no, hacía uso de la cita de un soneto de Quevedo que cuarenta y dos años después podría perfectamente ser alojada en esta otra entrega: “…nuestra vida / ayer al frágil cuerpo amanecida, / cada instante en el cuerpo sepultada.” Ahora, sin embargo, se agudiza esa sensación de pérdida, como señala en una nota que acompaña a la publicación Francisco Ruiz Noguera, quien destaca cómo al principio la poesía elegíaca de Infante aún dejaba hueco a la nostalgia y la celebración.
            Hay muchos ejemplos de este tono crepuscular. Hablando de su cuerpo, el poeta escribe: “Ya no lo reconozco, nada en él es familiar / y antiguo. Parece un cuerpo nuevo / pero deshecho y desgastado como si fuera / viejo.” Y algo más adelante: “hacia otro cuerpo que será mi cadáver”. El SIDA, con las drogas y las relaciones sexuales sin prevenciones especialmente promiscuas entre la comunidad gay, que a tantos se llevó hace algunos lustros, es una sombra que se cierne sobre sendos poemas: “El amor mata” y “El mundo de la noche” (el primero, en torno al cantante Freddie Mercury, el segundo dedicado al escritor Leopoldo Alas, ambos víctimas de esa hecatombe). “El amor / mató a toda una generación que un día / se sintió libre”, evoca quien puede presumir de ser superviviente. Es virtud del libro no quedarse en lo personal, sino que este eje se cruce con el de lo colectivo: es en el frote de esos dos palos de donde suele saltar la chispa que prende la emoción o al menos el interés en el lector. En el mismo poema dedicado a la memoria del pariente del autor de La Regenta, añade: “Mientras la alegría / y la locura se apoderan de las pistas / de baile y de las discotecas de moda, / el mundo que está afuera, continúa / mísero y triste y el hambre y la injusticia / siguen reinando en todas partes, ante / la indiferencia de todos los que huyen.” Eran años en que Infante residía en Madrid, y bien que tuvo oportunidad de conocer todo aquel inflado y la explosión del globo de “la movida”, esa luna llena de Madrid cuyo tierno alcalde proclamó un día (¡o era noche?): "¡Rockeros: el que no esté colocado, que se coloque... y al loro!".
            Pero en esta obra de postrimerías, aunque hallemos el acento grave que casi recuerda al de un Valdés Leal en la pintura, no hallamos el arrepentimiento cristiano, sino una aceptación pagana un tanto estoica. En el poema “Señales” vemos esa impostura que es el plano de las apariencias: “A veces oyes decir: te conservas muy bien, / tiene usted muy buen aspecto. Luces espléndido. Es lo mínimo –piensas– que te puede pasar si estás / absolutamente podrido por dentro.”
La idea de desdoblamiento está presente: “Siempre acude ese vano fantasma que atiende / por tu nombre y se comporta con cierta naturalidad / e independencia.” Dos poemas muy cercanos entre sí se cierran con las palabras “la nada”. Y ambos tienen, otra vez, un dejo cernudiano. Son estas muestras de nihilismo “Remordimientos al comenzar un año” y “Después de la tristeza”
A Infante no le interesa la floritura ni está pendiente del ritmo. Es una poesía que tiende al prosaísmo, pero cómo no hacerlo si de adecuar el tono al tema se trata. En algún caso, es cierto, cae en el tópico, en la frase acuñada (“al paso implacable de los años”), pero la temperatura lírica del lenguaje, aunque baja (ese frío de la edad), es elevada en lo anímico. Ahí está para demostrarlo, por ejemplo, el descarnado “¿Olvido o memoria?”, con la figura de la madre, con el Alzheimer. Con él se cierra el volumen, y con una doble pregunta que podría ser, si bien amargo, un consuelo: “¿Intentaré / perderme, igual que tú, en la desmemoria / que es el olvido deseado? ¿O será esa forma / deliberada de estar ausente de la vida / la que vendrá pronto a habitar conmigo?”.   


José Infante, La libertad del desengaño, Zaragoza, Olifante, 2013.

(Reseña publicada en el número 111 de la revista Turia)

lunes, 14 de julio de 2014

Las islas sumergidas





El poeta Eduardo García está en racha: en poco tiempo han visto la luz dos -estupendos- libros suyos. Si Duermevela (XXXV Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla) recoge una colección de poemas en los que no falta el pensamiento, en los aforismos de Las islas sumergidas está presente el elemento lírico e incluso toda una sección ("La palabra") aparece dedicada a lo poético.
     El libro ha sido publicado en la colección Aforismos que para la editorial granadina Cuadernos del Vigía dirigen Erika Martínez y Miguel Ángel Arcas e incluye ejemplos como estos:

Creemos desear objetos o personas, y en realidad corremos tras fantasmas.
Objetos o personas nos son desconocidos. Tan solo nos seduce el resplandor de su reflejo en nuestra fantasía.

*     *     *

Muchos sueñan regresar a la juventud con la experiencia de la madurez. 
Yo sueño vivir mañana con la fe y el impulso de los jóvenes.

*     *     *

Allí donde triunfa la atroz oratoria de los bárbaros, el sabio parece balbucear.

domingo, 13 de julio de 2014

75 años después



Un resumen del acto organizado por la recién creada Yeats Society de Madrid con motivo del septuagésimo quinto aniversario de la muerte del poeta.

sábado, 12 de julio de 2014

viernes, 11 de julio de 2014

Los haikus de Hilario



Tinta china se titula la colección de noventa y nueve haikus que acaba de publicar en Cylea Ediciones el poeta toledano pero asentado desde 1978 en Nueva York Hilario Barrero. Variados, agrupados en bloques temáticos o de afinidad, los hay que no son en propiedad haikus (pese a la métrica), y también ejemplares canónicos. Los hay tan bellos como este:

BERCEUSE

La noche canta 
una canción de cuna
a la mañana.

Alguno de amor trae un eco cernudiano, como este otro que recuerda al poema "Si el hombre pudiera decir" de Los placeres prohibidos:

11-22

Hoy es también
mi cumpleaños porque
nací contigo.

Pero quizá mi preferido sea este, escrito a partir de una realidad tan doméstica:

OSCURIDAD

En el armario
la noche echa raíces
entre la arruga.

Cuatro de estos haikus se pueden disfrutar en este vídeo:



jueves, 10 de julio de 2014

Lectura de Elkin Restrepo




La colección Palimpsesto, cuyas entregas acompañan a los números de la excelente revista homónima, viene desde su inicio dando muestras fundamentales de la poesía que se está haciendo en español, sea en la vieja piel de toro, sea en las repúblicas americanas. Con el recién aparecido número 29 viene la antología personal del colombiano Elkin Restrepo (Medellín, 1942) Una verdad me sea dada en lo que escribo
     Francisco José Cruz, responsable de la revista y sus suplementos, dice de esta poesía de Restrepo que "posee, pese a su variedad temática, un sostenido tono meditativo, siempre en sordina, que gradualmente pasa del desolado sentimiento de derrota o abandono al de una expectante perplejidad, acentuada en la rutina diaria." Tiene razón, además, al invocar la historia, el cine, el mito, todos presentes en poemas tan espléndidos como los que jalonan el libro. Con todo, también los hay de un carácter más íntimo, como "Lugar común", con su cierre memorable: "Y hablan y hablan // (de todo y nada en apariencia), // sin saber / que es del amor que hablan."
     El miedo infantil, las fantasmagorías de esa época potenciadas aquí por un portón de vidrio esmerilado brinda otro gran poema como "Acechanza". Y "Urna" ofrece estos otros versos, lección funeraria y de vida: "Que no quede nada, / no significa // que nada haya sido." Cabe destacar de la última entrega, Como en tierra salvaje, un vaso griego (2008) un importante yacimiento de poemas de inspiración homérica entre otros que atienden al antiguo Egipto o a la religión del México prehispano. Y dos piezas sobre el oficio, particularmente hermosa la primera, donde compara el verso con un vaso antiguo.

miércoles, 9 de julio de 2014

martes, 8 de julio de 2014

El poder de la palabra





Escribo Atlántico,
y hay
que achicar el agua en el poema.

Sobre esta eñe vuela una gaviota;
un pez muerto es un pecio.

Digo tempestad, y las sílabas
se enredan en el viento y
revienel seto endan y se en

lunes, 7 de julio de 2014

Un no conformista apacible






Tuve el primer contacto con Francisco Fuster hará tres años cuando ofreció para una colección editorial que yo dirigía entonces una de sus –estupendas– recopilaciones de artículos de Julio Camba. No recuerdo ahora si adjuntaba nota biográfica sobre sí mismo, pero desde luego, aunque sabiéndolo joven, no podía imaginar que lo fuera tanto. Ahora, en una de las solapas de su ensayo Baroja y España: un amor imposible veo que Fuster nació en 1984. Es decir, que es extremadamente joven para la madurez que viene demostrando y los merecidos parabienes que cosecha libro tras libro, de los que ya ha ofrecido varios en esta editorial Fórcola que tanto y tan bueno está haciendo también desde su fundación, poco antes de la entrada en escena de Fuster.
A partir de una lectura atenta de El árbol de la ciencia, sobre el que realizó su tesis doctoral, Fuster nos muestra las ideas de Baroja, que en lo sustancial aún se pueden suscribir hoy por alguien con espíritu libre, poco más de un siglo después de la publicación del libro. A los que en el Curso de Orientación Universitaria nos tuvimos que enfrentar a esta obra de Baroja en el libro de bolsillo de Alianza y conocer los pasos y pesares de su protagonista, Andrés Hurtado, nos permite además ver desde la madurez problemas que de jóvenes se nos escapaban. Y eso es mucho, pues la evolución de Baroja fue notable, y un ensayo como este lo subraya, atendiendo a ese proceso.
            Curioso es que la figura “de un anarquista sentimental y racional, de un individualista pertinaz” (como califican a don Pío los prologuistas del libro de Fuster) sea la que haga escrutinio de toda una sociedad. Y añaden estos, Justo Serna y Anaclet Pons: “Baroja deplora los nacionalismos, la política de escaso vuelo, la sociedad inerme y paralizada, la España sucia.”
            Interesantísimas son las ideas de Baroja sobre democracia, anarquismo y socialismo ya expuestas en artículos y otros escritos desde doce años antes de la publicación de El árbol de la ciencia. En el prólogo a César o nada (1910), reflexiona: “Una democracia refinada sería la que, prescindiendo de los azares del nacimiento, igualara en lo posible los medios de ganar, de aprender y hasta de vivir, y dejara en libertad las inteligencias, las voluntades y las conciencias, para que destacaran unas sobre otras. La democracia moderna, por el contrario, tiende a aplanar los espíritus e impedir el predominio de las capacidades, esfumándolo todo en un ambiente de vulgaridad. En cambio, ayuda a destacarse unos intereses sobre otros.”
            Se ocupa Francico Fuster del regeneracionismo en Baroja, estableciendo una primera etapa que abarcaría de 1895 a 1904 en la que aún sentía como otros ese afán, y otra posterior ya de desengaño, mucho más prolongada. Una virtud de Baroja y España es que Fuster deja hablar al autor estudiado, y también a otros cuyas opiniones son relevantes. saca conclusiones pero porque sabe escuchar, leer. Es lo que sucede con los párrafos dedicados al patriotismo crítico en Juventud, egolatría.
            En las conclusiones a su excelente trabajo, Fuster señala que el de Baroja es “un discurso que, precisamente por su escepticismo, conserva intacta su actualidad, su plena vigencia.” Y no se equivoca. Dejándole hablar a él nos traza un gran retrato de Baroja, quien a sí mismo se definió muy atinadamente en su memorias: “Yo soy un tipo a quien podría llamársele no conformista apacible.”

domingo, 6 de julio de 2014

De una pieza





Entre los escritores, es sabido, los hay de todas clases. Tipos deleznables y bellísimas personas. Quizá nadie sea ni una cosa ni otra de continuo ni por completo, pues lo primero que nos enseña la literatura es la apreciación de los matices, pero el irlandés Colum McCann (Dublín, 1965) pertenece a la segunda clase. 
     Esta semana, el novelista, un hombre de una pieza, ha sufrido una agresión en New Haven (Connecticut) cuando trataba de ayudar a una mujer que al parecer estaba siendo molestada. Y ayer ABC Cultural publicaba una entrevista con el escritor (anterior a la paliza) a cargo de Inés Martín Rodrigo, redactora del suplemento. Ahí, refiriéndose a su más reciente novela, Transatlántico (Seix Barral), McCann decía: "(...) Por eso el libro se detiene en la historia de unas mujeres anónimas. Quería que las mujeres poseyeran la novela. A menudo se las excluye de los libros de Historia, como si las armas y la testosterona gobernasen el mundo."
     Contra esa testosterona del que maltartaba a la mujer se alzó McCann, no solo buen escritor sino hombre íntegro.
     La noticia de su agresion, con sus declaraciones subsiguientes, se puede leer aquí.

sábado, 5 de julio de 2014

Irlandeses



Sibéal Davitt marcándose unos pasos de baile acompañada por Stolen Notes


La columna de esta semana la dedico al festival de música tradicional de la verde Erin que acaba de celebrarse en Sevilla.

viernes, 4 de julio de 2014

Las versiones de la memoria






En su sección “Guía cultural”, el número 2.204 de la revista Cambio16 publicaba la entrevista que Natalio Blanco me hizo sobre mi novela Los huesos olvidados (Espuela de Plata). Es como sigue:


-Tras una dilatada trayectoria como traductor, ensayista y poeta, decide dar con Los huesos olvidados el salto a la narrativa de ficción. ¿Intimida este campo o es una experiencia más en el mundo de la creatividad literaria?

 -Es de lo poco que me faltaba por hacer, es cierto, pero no me he embarcado en ello como un reto. Ha surgido como la prolongación natural de mi trabajo como biógrafo. Me gusta investigar y armar vidas, y me apetecía poder hacerlo con la libertad de la ficción, aunque todo esté basado en hechos reales. En un futuro cercano espero poder publicar más novelas en esta línea, porque ofrecen una visión de los personajes a la que difícilmente llega el ensayo, lo que podríamos llamar el trabajo científico.

-Lejos de lo que podría pensarse a primera vista, esta no es una novela más sobre la Guerra Civil. Temas como la fidelidad, la búsqueda de la identidad propia y la fragilidad de la memoria están muy presentes también, ¿no es así?

-Efectivamente, no es una novela al uso sobre la Guerra Civil porque se fija en una víctima que, perteneciendo a uno de los dos bandos en liza, sufre la persecución de los suyos. Son muchos los interesados aún hoy día en silenciar el caso del POUM; de ahí, y porque es verso de Octavio Paz incluido en uno de sus poemas sobre la Guerra Civil, que haya adoptado el título de Los huesos olvidados.

-¿Por qué aún sigue sin estar todo dicho ni contado sobre la Guerra Civil?

-Fundamentalmente, porque la memoria es pendular y los héroes de antaño son los villanos de hoy, y viceversa. El español cainita no perdona y tampoco suele conceder la condición de humanos a sus enemigos: unos eran hordas rojas y otros fascistas sanguinarios, según quien cuente su versión. Pero entre ese blanco y ese negro, esos polos, hay una gran gama de grises, de matices.




-¿Por qué la memoria histórica se intenta solapar con el olvido?

-La memoria histórica es un concepto hermoso, si se trata de honrar a las víctimas inocentes, de las que por desgracia hubo tantas, pero mal planteado. En Andalucía, por ejemplo, lo de Histórica ya no basta y ahora se lo denomina Memoria Democrática. Que el PCE, integrante de IU y en realidad su fuerza hegemónica, ostente la Dirección General de Memoria Democrática en Andalucía parece grotesco, porque ese partido ha sido siempre bien poco democrático. En el caso que narra mi novela, fue correa de transmisión de la caza de brujas que desató Stalin contra todo lo que oliera a trotskista, sinónimo para él de fascismo. Una familia de clase media española, esa que va despareciendo o sobrevive en condiciones cada vez más precarias, lo más normal es que tenga antepasados en ambos bandos, y víctimas también por haber tomado una posición u otra, o haberse encontrado en determinado lugar al estallar la guerra. Pero ahora hay un alzhéimer selectivo.

-Su historia parte de un hecho real en torno a la figura de Octavio Paz. ¿Es todo el resto de la obra ficción pura y dura o la realidad tiene un peso destacado en su novela?

-Surge de una nota con la que el propio Paz acompañó a uno de sus poemas. La anécdota era tan rocambolesca, tan novelesca en suma, que desde el principio tuve la conciencia de que estaba pidiendo ser contada más extensamente. Yo he creado a la supuesta hija del protagonista, amigo de juventud de Paz: ella es quien va realizando las pesquisas, ella quien reconstruye la historia. Fuera de algún lance inventado, pero verosímil, todo lo que se cuenta en Los huesos olvidados es cierto. Su meollo lo es, lo más incómodo.





-¿Hasta qué punto la experiencia vivida por el poeta mexicano en la Barcelona en guerra de 1937 le sirvió para cambiar sus bases ideológicas?

-Paz estuvo cercano al comunismo pero no llegó a militar en el partido, ni en su rama española ni en la mexicana. En el II Congreso de Intelectuales por la Defensa de Cultura celebrado a principios de julio de 1937 en Valencia, ya se sintió incómodo por lo que se iba conociendo de la desaparición de Andreu Nin, dirigente del POUM. Y fue testigo del menosprecio que padeció alguien que ya alertaba de que la URSS no era la sociedad modélica que a muchos entusiasmaba: André Gide. Pero empezó a alejarse definitivamente del comunismo a principios de la década de los cincuenta. Siempre fue una conciencia crítica y antitotalitaria. Lo que su amigo Bosch le contó en Barcelona supuso una fisura ya irreparable en las creencias que había tenido hasta entonces.




-Para que una novela con ambientación histórica tenga el peso narrativo preciso se le exige pulso y fuerza evocadora, entre otros aspectos. ¿Cómo cree que se consiguen para enganchar al lector?

-He leído muchos testimonios de la época, e incluso aparece en mi novela George Orwell, que fue compañero de armas de Bosch y testigo, en los mismos sucesos y trincheras, de buena parte de lo que le sucedió a este. La segunda parte de la novela es la que podríamos llamar bélica. Hay una gran documentación detrás, pero el recurso de que sea la hija quien recomponga la historia ayuda, con las observaciones que le hacen unos amigos mexicanos en la tercera parte, a que el narrador que soy yo se descargue de maniqueísmo y, en todo caso, si lo hubiere, este lo ponga ella. La novela trata en el fondo de cómo se deterioran los ideales, y la memoria, y de cómo al mismo tiempo es necesario recuperar esta, pero en su integridad. Al lector le interesará ver, como coprotagonistas, a Octavio Paz y a Elena Garro. También aparecen fugazmente personajes como el compositor Silvestre Revueltas.


(Las fotos reproducidas corresponden a los llamados "hechos de mayo" de 1937 en Barcelona)