lunes, 30 de junio de 2014

Otro par de apuntes





Cada vez importa más dejar algunas imperfecciones -vida- en los poemas. Huellas de que por allí ha pasado no un pretendido dios, sino un ser humano.

                                          *      *      *

La poesía no está reñida con la locura, pero es incompatible con la tontería.


domingo, 29 de junio de 2014

"El anillo brillante del día"



Estuve en Madrid este sábado y me dio tiempo a visitar dos exposiciones sobre las que hablaré próximamente aquí. Pero es a la noche a lo que ahora quiero referirme, a la despedida de los embajadores de Irlanda, que en septiembre empezarán una nueva etapa en Buenos Aires. Siempre que va uno a las recepciones y actos organizados por la legación irlandesa ve a amigos y conocidos y hace otros nuevos. Y aprende. Mi gaélico hablado y mi capacidad de comprensión oral son calamitosos (desastre al que contribuye la ortografiíta de ese idioma, que tiene poco que ver, para un español, con su pronunciación), así que no ha sido hasta volver a Sevilla cuando me he enterado de cuál es el nombre de pila de la cónsul, sobre la que estuve charlando sobre el próximo fleadh sevillano.
      También estaban por allí la poeta Beatriz Villacañas con su marido Mick. Hablamos del amigo común Hilario Barrero, que acaba de publcar un librito de haikus. Y también del que fue amigo de ambos, Michael Hartnett, que era como Mick del condado de Limerick (allá por Newcastle West) y que también compuso una colección con esa forma japonesa: Inchicore Haiku.
      Con Irlanda muy presente, he pasado un buen rato esta tarde -oh, novedad- escuchando melodías y hojeando libros de la Isla Esmeralda. Aquí dejo esta hermosa canción interpretada por Iarla Ó Lionáird, que desde hace dos años forma parte de ese grupo extraordinario, The Gloaming. He improvisado una traducción bastante literal de la composición que en inglés se conoce como "The Dawning of the Day" y que con una melodía diferente a la que aquí usa Ó Lionáird fue empleada por Patrick Kavanagh en su poema memorable "On Raglan Road":


Salí una mañana temprano
por la orilla del lago Léin
cuando el verano se cuela entre las ramas
y calientan los rayos del sol.
Recorría las aldeas
y las praderas lozanas
cuando a quién encontré sino a una guapa muchacha
con el anillo brillante del día.

Ni zapatos ni medias, ni capa ni abrigo
llevaba mi joven amorcito celestial,
sino cabello rubio como el oro en trenzas
que llegaban hasta las puntas de las briznas de hierba.
Agarraba un cubo de leche
y era tan hermosa sobre el rocío
que superaba a la guapa Venus
con el anillo brillante del día.

La mocita se sentó a mi lado
sobre la verde hierba,
la cortejé adulándola
para que no se me marchara.
Ella me dijo: “Vete lejos de mí,
que quiero vagabundear a mi antojo.”
Del sur venía la luz
con el anillo brillante del día.

Y, bueno, aquí la canción:


viernes, 27 de junio de 2014

Miradas admirables




Hay que felicitarse por la recopilación de la poesía reunida de John Berger que acaba de publicar en edición bilingüe el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Lo cuento en esta impresión de lectura que da Estado Crítico.

jueves, 26 de junio de 2014




Octavio Paz poco después de su experiencia española

Carmen Garrido conversó conmigo hace unos días sobre Los huesos olvidados, mi novela sobre Octavio Paz y su amigo Juan Bosch. Esta es la entrevista, ya editada.

miércoles, 25 de junio de 2014

Lecturas recientes de poesía (VI)



A Aitor Francos lo he leído por partida doble. De un lado, su reciente Un lugar en el que nunca he escrito (Renacimiento), una colección de sonetos (algo bien raro en alguien de su edad, que no llega a la treintena). Tal vez la elección de la forma venga propiciada por el hecho de que estamos ante un poeta bilbaíno, sobre el que es imposible que no gravite cierta sombra de Blas de Otero, que veo ya en el segundo cuarteto y el primer terceto del libro: "una ciudad inhóspita o un monstruo / metalúrgico. Han puesto en renta el viejo / solar, y llueve intermitentemente / en las notarías y los registros // civiles. Nada con lo que empezar, / aquí en Bilbao y casa de mis padres." En otra página aparece ya con su nombre el autor de Ángel fieramente humano, como hace Unamuno. Pero con citas de muy diversa procedencia y temas que en absoluto se ciñen al terruño los cincuenta y nueve sonetos presentan a un poeta al que habrá que prestar atención. Un poeta que ya acreditaba buen oficio en Igloo, con el que ganó el premio Surcos de Poesía (también editado por Renacimiento, pero en 2011). De entre los haikus agrupados bajo el título "Libro de los bonsáis", he marcado este: "Iceberg: / pirámide visible / de mis fantasmas."
     También son dos los libros publicados por Ediciones en Huida que han pasado por estas manos que teclean ahora. Uno es Música para el desvelo, del algecireño Ángel Mora, con algún verso que se me ha grabado ("Como sucios fetiches de sangrienta cerámica") o alguna imagen que, familiar (si no leída, experimentada), reverbera: "Por más que lo miramos, / al puzzle que vamos construyendo / le faltan cada vez más piezas." Hacia la mitad del volumen, "Caballo de Atila" habla de cómo el tiempo, de la mañana a la tarde, nos va quitando todo. Sus cinco últimos versos rezan: "Hasta en la noche sonmábula, un reloj implacable, / tic-tac a tic-tac, sigue sisando. / Cada día es un despojo, un desvalimiento, / caballo de Atila que donde pisa / no crece más la hierba."
     El segundo editado por el joven sello es Memoria extraíble, de Manuel González Mairena. Con alternancia de poemas de extensión regular con otros que son apenas pinceladas, en los que abundan las referencias al mundo de hoy, con la informática y las rondas de circunvalación, destacaría el dedicado a la poeta colombiana María Mercedes Carranza. La que fue directora de la Casa de Poesía Silva se suicidó ahora hará once años, víctima de la angustia provocada por el secuestro de su hermano Ramiro por parte de las FARC. "A ti la muerte no te llamó / con uniformes de armas y violencia", escribe el joven poeta onubense. 

Cortes a un joven poeta





Quizá hice mal al responderle como lo hice, y tal vez también ahora haga mal al juntar aquí estas líneas.  Pero le contesté de este modo por si le servía de algo, como lo hago ahora por si sirve a otros. Y, evidentemente, no, no soy Rilke sino Rivero: alguien que él mismo siempre está aprendiendo.
        Recibí un correo electrónico con unos poemas. El joven remitente me los enviaba acompañados de una breve nota. Se había tomado un mes desde que le dijera que podía enviármelos. Por el tiempo transcurrido se podía haber esmerado más, la verdad. "Espero con mucha ilusión que alguna de mis poesías puedan ser publicadas en su revista, ya que seria muy importante para mi" (sic), me decía. Sin ánimo de herir, pero sí queriendo dar una lección seguramente innecesaria y metiéndome donde no me llamaban, comencé mi respuesta así. La parte más sustancial, que contesta a eso que él decía, la he marcado aquí en negrita:


Hola, XXXX.
Muchas gracias. He leído tus poemas. He visto en ellos destellos que apuntan a que hay detrás un poeta, pero son en general inmaduros y poco trabajados y, sobre todo, contienen numerosos descuidos formales que no son aceptables en alguien como tú, estudiante universitario que aspira a ser publicado. Tienes que esforzarte en preparar tus escritos con total pulcritud: sin faltas de ortografía o negligencias en la puntuación. No te diría esto si viera que tus poemas no valen la pena, pero debes hacerte a la idea -y cuanto antes sea esto, mejor- de que la poesía es exigencia. Y tú eres el primero que ha de demandártela. Y permíteme que te diga algo que tienes que entender desde el principio: no es para ti para quien ha de ser importante publicar tus poemas; piensa que leerlos debería ser importante para otros. Es importante la diferencia.

martes, 24 de junio de 2014

Años Diez




Tras la devastación sufrida en el panorama de las revistas de poesía, que últimamente habían abandonando el papel, y casi lasciato ogni speranza, parece que empieza a haber cambios esperanzadores. Llega ahora, exquisitamente editada, Años Diez. Revista de Poesía. Sus responsables, Juan Carlos Reche Cala y Abraham Gragera, director y subdirector respectivamente, han hecho un excelente trabajo, que en lo formal recuerda (incluso ellos declaran la inspiración) a la mítica y hace tiempo desaparecida Poesía, esa maravilla diseñada por Diego Lara y pilotada por Gonzalo Armero. 
      El contenido de este número cero es variado y no es cosa de reseñarlo al completo. He marcado con lápiz unos versos de J.H. Prynne traducidos por Mario Jurado: "el amor es, siempre, el / vuelo de regreso / a donde / estamos". También reverbera la hermosura de "Laúd callado", un breve poema de Rafael Álvarez Merlo. Y tres versos de W.S. Merwin en traducción igualmente de Mario Jurado: "Recordar / no es repetir sino oír lo que nunca / ha estado en silencio."
     Revista semestral, Años Diez es publicada por la editorial Cuadernos del Vigía.

domingo, 22 de junio de 2014

Ciruelas





CIRUELAS

Del cesto de frescor del diccionario,
de sus sonoros mimbres,
vienen a los versos, maduras,
y amarillas caen sobre la página
con ganas de estrenarse en una lengua
que estira sus papilas hacia ellas
pues nunca antes ha extraído su sabor
en un poema.

Jamás hirientes púas
de una malla de ramas,
el mediodía degusta su visión:
junto a la boca de riego,
se le hace la boca agua.

Globos terráqueos sin otro continente
que una pulpa y un hueso:
el presente, el futuro,
la promesa, la fresca
posesión del paladar.

Un obús presuroso bombardea
desfallecidamente el suelo
con proyectiles frágiles,
bombas de dulzor,
gotas tan sólidas,
centros variables del universo
que se van relevando al desplomarse,
efímeras longevas de lo que siempre es breve.

La tela de la piel se abre en un punto
y corre, seminal, como resina,
un estallado aroma dulce y sabio:
saliva, pegamento que vincula,
húmedo néctar lubricante
del óbolo que es llena recompensa.

El esférico ajuar que el ámbar cede
a su amada la tierra,
blandas monedas de un oro perplejo
siempre en rotación.
Un sistema solar en el que habita,
si no la vida inteligente,
lo que es superior: amor y darse.

Pezones que se copian en el pecho tan verde,
peonzas en el juego de los astros,
son ojos tiernos a la altura de los ojos
con el reloj del pruno
desmayándose en junio
en la sazón que irrumpe.

Ciruelas,
constelación de asombros,
los redondos minutos
de la hora del árbol. 


(Un adelanto de mi próximo libro de poemas)

sábado, 21 de junio de 2014

Cabello de batalla



Esta es la columna semanal. Sobre una normativa que regirá el aspecto de los policías locales sevillanos. Naturalmente, ese es el pretexto, el trampolín para hablar de otras cosas.

viernes, 20 de junio de 2014

Lecturas recientes de poesía (V)



Vicente Gallego da lo mejor de sí mismo, que es mucho, en uno de los mejores libros de poemas en prosa aparecidos últimamente en España. Este Cuaderno de brotes (Pre-Textos) es una maravilla de sencillez y lirismo que nace de la observación y del autoconocimiento. No podía ir mejor precedido que de estas citas de Basho y de Shitao. La primera reza: “La verdad del bambú, / apréndela del bambú: / la del pino, del pino.” La segunda: “Se podría pensar en el mar como el mar y en las montañas como montañas, estrictamente, pero esto sería una gran equivocación. Para mí, las montañas son mar y el mar las montañas, y el mar y las montañas saben que yo sé eso. Éste es el romance del papel y la tinta.”
            Gallego subordina el ritmo, elegantísimo, al capazo de la prosa que, discreta, no quiere llamar la atención. Pero la belleza no solo en el contenido sino serenísima está ahí. Y se pueden escandir, en la forma del párrafo compacto, centenares de versos. Algunos endecasílabos son tan hermosos que sajan la vista y el oído. A veces, recuerda a Muñoz Rojas y Las cosas del campo, y también suscita evocaciones de Platero y yo, ese libro que no era, que no es, para niños. De Juan Ramón Jiménez viene también el eco de un sintagma como “cuarto mío desnudo.” No me resisto aquí a transcribir “La ofrenda del fuego”, que es una página que viene desde siempre y no llegará a apagarse nunca: “Le di una piña al fuego, no me quedaba ya otra cosa que quemar. La recibió con ansia. Silbaba de contento a su alrededor, la lamía, se la fue anexionando muy despacio, la empujaba de una parte a otra de sus dominios, soplaba entre sus aleros. Y ella empezó a ablandarse y a rendirle su propio ser. No era aún del todo suya cuando, de pronto, una de sus apasionadas caricias la hizo crujir y dar un salto explosivo. Cayó a mis pies. Me la estaba devolviendo. Se la tuve que aceptar, aquella rosa mía incandescente.”
          He leído también (releído en su mayor parte, pues su poesía ya había sido recopilada con anterioridad y había caído en mis manos), Del lado de la vida. Antología poética [1974-2014] de Manuel Ruiz Amezcua, que es un libro editado nada menos que en Galaxia Gutenberg. La experiencia es ambigua. Hay algo en este autor que no acaba de cuajar. Sin duda, hay una valía en su obra poética que merece ser reconocida, como hace ahora en el prólogo de este volumen Antonio Muñoz Molina, amigo suyo de antiguo. Pero ni es tan maldito Ruiz Amezcua ni deberían airearse con fines publicitarios comentarios privados (véase el de Saramago en la contracubierta) como ya se hizo en un grueso volumen que, más que impreso en papel, parecía un panegírico grabado en mármol. En los últimos tiempos propende al octosílabo, pero sin la asistencia de los tropos su denuncia queda muchas veces roma, más cercana a la mera versificación que a la poesía. Con todo, ha dado muy buenos sonetos en sus inicios como en el libro Cavernas del sentido (1987). De entre los poemas inéditos, me ha conmovido “Fuego en lo oscuro”, dedicado a su perra, que tras parir no comprende para qué ha estado en su vientre “dos meses y unos días” ese hijo que ahora es “el cuerpecillo inmóvil.” Los dos versos finales lo dicen todo: “Se queda quieta, esperando a la vida. / Se queda sola, lamiendo a la muerte.”

martes, 17 de junio de 2014

Quien...



Quien no se ríe alguna vez de sí mismo está pidiendo a gritos que los demás lo hagan por él. Y esto, no tanto por crueldad como por generosidad.

lunes, 16 de junio de 2014

Un día, un cuerpo





Me llegó hace una semana la convocatoria del Palace Bar, en la dublinesa Fleet Street, para celebrar la víspera del Bloomsday, fecha que allí reunirá a admiradores de Joyce y del whiskey (quizá una misma religión). No será para conmemorar el día en que se desarrolla la acción de Ulises, sino del libro que le siguió: Finnegans Wake, que es como escribe Enrique Vila-Matas en la obertura de las recién publicadas Obras completas de Sally Mara, de Raymond Queneau, la contraseña más literaria que ha existido nunca.
     Pero a Dublín no iré hasta octubre, cuando se celebre en la sede del Instituto Cervantes de allí el festival ISLA. De modo que me pregunto qué puedo hacer para recordar hoy la novela de Joyce, cuyo día se celebró por vez primera hace exactamente sesenta años por parroquianos de la citada taberna tan cercana al Liffey. Quizá, traer aquí una rareza que la homenajea: el libro Inquieto, de Kenneth Goldsmith. Tiene este autor una perfecta hibridación de nombre de pila gaélico y de apellido hebreo, lo que lo acerca al irlandés Bloom, protagonista de Ulises. Y no se le ocurrió otra cosa a Goldsmith que anotar un 16 de junio, el Bloomsday, todas las acciones por mínimas que fueran que realizó su cuerpo a lo largo de aquel día, siguiendo la meticulosidad de la obra de Joyce. Y lo hizo con frases cortas y mucho menos adornadas de las que emplea un locutor que radiotransmite un partido de fútbol y adorna con dosis de épica y un poco de oropel la crónica al minuto del encuentro. 
      Lógicamente, este libro, Inquieto, se hace cansino aunque se introduzcan algunas novedades estilísitca en los capítulos, que cubren las diferentes horas, hasta desembocar en la que va de nueve a diez de la noche (sin puntuación, recordando el monólogo de Molly Bloom al final de Ulises) y en la postrera en la que las palabras se presentan como reflejadas en un espejo. Se trata de un experimento probablemente más destinado al hojeo que a la sistemática y lineal lectura. La abnegada traducción es de Carlos Bueno Vera, y lo publica La Uña Rota, en Segovia.



domingo, 15 de junio de 2014

La noche de Yeats





EL HOMBRE QUE SOÑÓ CON EL PAÍS DE LAS HADAS

                        En medio del gentío en Drumahair,
                        de un vestido de seda se prendó,
                        y por fin conoció cierta ternura
                        antes de que la tierra lo abrazara.
                        Alguien echó pescados en un cesto,
                        y entonces él creyó que estos alzaban
        sus pequeñas cabezas plateadas
                        cantando lo que vierte la dorada
                        mañana o las lucernas vespertinas
                        en una isla olvidada por el mundo
                        donde se da el amor junto a las olas;
                        que los votos de amor no quiebra el Tiempo
                        bajo el techo inmutable de las ramas:
                        el canto le privó de su sosiego.

                        Anduvo por la arena en Lissadell;
                        y dio en pensar en sumas de dinero
        y todos los cuidados que acarrea,
                        y por fin conoció prudentes años
                        antes que lo enterraran bajo el monte;
                        mas yendo por terrenos cenagosos
                        con boca gris, sucísima, un gusano
                        cantó que en un lugar lejos de allí
                        residía una raza jubilosa
                        bajo cielos de oro o plateados;
                        y que si un bailarín se refrenaba,
                        y a sus ávidos pies, uno diría
                        que el sol y la luna daban frutos:
                        y ante ese canto ya no fue prudente.

                        Caviló junto al pozo de Scanavin;
        de los que se burlaban de él, al punto
                        se fue a vengar con saña legendaria
                        antes de que la noche lo engullera;
                        pero una brizna de hierba en la laguna
                        ―cruel sin necesidad― cantó que existe
                        un sitio en que el silencio más atávico
        en su raza elegida impone el júbilo,
                        no importa que las aguas encrespadas
                        batan, o que la plata tormentosa
        contra el oro del día se levante
                        y la noche cual capa los envuelva
                        y el amante esté en paz junto a su amada.
                        El canto disipó su gran enojo.

                        Durmió bajo la cumbre en Lugnagall;
                        podría haber dormido a pierna suelta
                        bajo la cima fría y vaporosa,
                        ahora que la tierra lo guardaba,
                        si el verme que alentaba entre sus huesos
                        con aflautado grito no dijera
                        que Dios había puesto sobre el cielo
                        Sus dedos que derraman el verano
                        sobre aquel bailarín y el oleaje
        que bate en derredor y que no sueña.
                        ¿Por qué aquellos amantes olvidados
                        habrían de soñar hasta que mueran
        y Dios apague el mundo con un beso?
                        El hombre no halla paz ni en su sepulcro.

El pasado jueves, adelantándonos doce horas a los actos organizados en Irlanda, celebramos con la recién creada Yeats Society de Madrid el cumpleaños del gran poeta irlandés (que es también el cumpleaños de Pessoa) a solo un año de su 150 aniversario. Quienes estuvieron allí, en la St. Louis University, pueden dar fe del excepcional ambiente que presidió (podría decir imperó o reinó, pero Irlanda es una república) el homenaje. Se recitaron poemas, hubo música, canciones, qué más se puede decir. Yo leí, entre otros, este poema en mi propia traducción (W. B. Yeats, Poesía reunida, Pre-Textos, 2010). Fue una noche memorable. Muchas gracias a todos los que la hicieron posible.
                       
                       


sábado, 14 de junio de 2014

viernes, 13 de junio de 2014

Gulliver ilustrado





Sexto Piso acaba de poner a la venta la edición ilustrada por Javier Sáez Castán de Los viajes de Gulliver con mi traducción. Toda la información, aquí.

jueves, 12 de junio de 2014

Volver sobre los pasos



Mi lectura de Una manada de ñus, el más reciente volumen de cuentos de Juan Bonilla.

miércoles, 11 de junio de 2014

Lecturas recientes de poesía (IV)



A sus veinticinco años (veinticinco años de éxitos, al menos en lo literario, remedando el título de Juan Bonilla), el asturiano Rodrigo Olay ha publicado La Víspera, su segundo libro de poemas, que reúne los escritos tras Cerrar los ojos para verte (2011). Se abre con un primer poema muy bueno que da título al volumen, un texto que trata de la felicidad que es aún promesa, e incluye recuerdos de la todavía no muy lejanas infancia y adolescencia, y también las primeras elegías (una de ella compuesta en asturiano y a continuación traducida). Hay mucha cultura, pero también emoción, y sabiduría poética para embridar los versos, a los que se asoman autores como Coleridge (y Borges al fondo), Fernando Ortiz, Karmelo Iribarren y numerosos otros. "Escrito en el agua" es una secuencia de cuatro haikus dedicados a las estaciones del año. El otoñal tercero es muy hermoso: "Cose la lluvia / con momentáneos hilos / la tierra al cielo." La Víspera ha sido publicada por La Isla de Siltolá en su colección Tierra, donde tanta buena poesía joven va a apareciendo y -se nos anuncia- aún se ha de editar.
     Las pequeñas espinas son pequeñas (Hiperión) es el libro con el que Raquel Lanseros obtuvo el el XXIX Premio Jaén de Poesía. Cosa infrecuente en el género, ya va por la segunda edición. "Nunca miente la carne cuando ama", escribe Lanseros, y hay aquí intensa celebración del amor, y lamento de cuando los cuerpos se separan. Hay un canto al presente y un recuerdo emocionado al pasado, como en "Villancico remoto" ("mientras el río y la nieve celebraban sus bodas"). Aunque escriba "Me inclino por dejar / la crítica social para otros foros", no está exento de vindicación social el libro, como en estos versos de "La rendición de Breda": "Siempre es así. La sangre de los desposeídos / viene a saldar la deuda / de la eterna codicia de unos pocos." Entre los varios escenarios del libro (Buenos Aires, México, Valparaíso...), destaca un poema que se apoya en Madrid y la repetida cita sobre el millón de cadáveres de Dámaso Alonso para conseguir un efecto no ya geográfico, sino temporal paradójico.
     Hay libros que consiguen alzar el vuelo sobre la losa asfixiante de su contracubierta. Es lo que le sucede a La vida en los ramajes, de Olalla Castro Hernández, que obtuvo el Premio Nacional de Poesía "Fundación Cultural Miguel Hernández" 2013. En el antipático paratexto se nos alecciona diciendo que se trata de "un libro recorrido por un yo poético fememino y feminista". Y se invita a no leer ni una página con una ristra de tópicos dispuestos como una trinchera: "Mujer-fortaleza, corporeidad resistente que trata de conquistar los espacios que le fueron vetados a su género y de convertirse en sujeto activo y deseante, político y poético, clara antagonista de las imágenes de mujer construidas por la literatura patriarcal, la voz poética que domina este poemario planea una mínima resistencia, agita el lenguaje procurando la destrucción de sus viejas cadenas."  La poesía no es masculina ni de derechas como no lo es de izquierdas ni femenina, aunque algo tenga de todo ello según los casos. Es buena o mala. O mejor aún, es o no es. La de Olalla Castro es. Pese a toda la farfolla justificativa.
     La segunda parte ("Las otras invisibles") es la que más atiende al programa fijado, aunque incluye poemas que, como las mujeres que son heroínas de los versos, consiguen zafarse de sus ataduras. Así sucede con el premiado "El camisón de Emily Dickinson". La parte tercera ("Negritudes") combina el feminismo con la reivindicación de los negros norteamericanos sometidos a la esclavitud, con unos toques de jazz. La cuarta vuelve por los fueros de la hembritud respondona, pero consigue buenos poemas como "Persiguen contenerme" u "Hombre-oasis", una brillante alegoría (como la anterior) en la que ahora el macho es el cosificado, un hombre-objeto. Castro, muy notabe poeta, posee un gran dominio formal, e ideas e inventiva más allá de esta música. Si en el futuro se decide a ampliar sus temas y a retirar el andamiaje teórico, habrá ganado mucho, incluso para su fin aquí servido. A fin de cuentas, dosificar las fuerzas y los golpes es algo que ayuda a dar más fuerte.

lunes, 9 de junio de 2014

Bricolaje




Antes del primer IKEA, ya existían los libros intonsos.

(El libro de Darío Jaramillo Agudelo, por cierto, es delicioso)

domingo, 8 de junio de 2014

"El perro del jefe de estación"



El Periódico de Poesía de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) publica en su número de junio este poema mío reciente. Agradezco a Pedro Serrano, su director, la hospitalidad.

viernes, 6 de junio de 2014

Nuevas lascas



Me invento un heterónimo y cuando lo pongo a escribir resulta que es tan parecido a mí que se diría que yo soy el suyo: un heterónimo sin imaginación. No somos nadie.

                                          *     *     *

Aforados son muy pocos. Los demás nos tenemos que conformar con los aforismos.

                                          *     *     *

Esta mañana en la terraza de un bar:
-Para mí un café con leche. Y para el gorrión, un vaso de agua.
Y cómo brincaba de alegría este con la invitación.

miércoles, 4 de junio de 2014

Lecturas recientes de poesía (III)




A la mano zurda, de José Pérez Olivares, obtuvo el IV Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado y ha sido publicado por la colección Vandalia. Se trata de un extenso homenaje a Leonardo da Vinci, pero no solo es eso. Pérez Olivares se mueve como pez en el agua en el ámbito de la pintura y la poesía, porque él practica las dos. Además de los doce poemarios publicados ha realizado también una docena de exposiciones y ha ilustrado libros de José Lezama Lima, Alejo Carpentier o Roberto Fernández Retamar, entre otros compatriotas suyos. La mayoría de los poemas de A la mano zurda son monólogos dramáticos en los que el protagonista es Leonardo, pero también hay otros en los que cambia la perspectiva y se emplean títulos que desplazan muchas toneladas de culturalismo (aunque sea sencilla su ejecución) como en “Palabras del pintor Otto Dix en la inauguración de su última retrospectiva en Gera, su ciudad natal (1968)”. Muy hermoso es el comienzo de “Testamento del artista”: “Tomando en consideración / haber vivido como viven las estrellas. Y que todo cuanto hice / no fue sino la sombra de cuanto quise hacer. / Y que la belleza –como el agua- sólo puede / calmar la sed, mas no saciarla.”
            Francisco Ferrer Lerín es poeta que bien pudo, por generación y calidad, haber sido incluido por Castellet en su antología Nueve novísimos poetas españoles. Su libro más reciente Mansa Chatarra, que no es realmente un conjunto de poemas sino, de secuencias oníricas espigadas de otras obras suyas. La edición corre a cargo de José L. Falcó y ha sido mimada por el sello zaragozano Jekyll Hyde, que confieso que no conocía hace una semana. Me recordado el libro el turbador Sueños de Juan Eduardo Cirlot, y he disfrutado mucho con “La historia preferida”, “Avellanas” y numerosos otros textos. Los hay absolutamente irracionales, en los que asistimos incluso a cambios de sexo del narrador, y los hay también cuentos elaborados, si breves, en la línea de algunas páginas de Cunqueiro o del olvidado Juan Perucho. También, por qué no, del Borges gustoso de ofrecer una paradoja o una noticia erudita sobre cierta rareza.
            En El camino original, Manuel Neila ha reunido una selección de su poesía hasta la fecha (de 1980 a 2012) en la colección de antologías de Renacimiento. Neila, más conocido como traductor y últimamente como agavillador de aforismos en la colección que dirige para esa misma editorial, no suele aparecer en los censos de poesía a pesar de su temprana incorporación a Las voces y los ecos, la antología que José Luis García Martín publicó en 1980. Junto a muestras representativas de los libros ya publicados, Neila, que posee un gran sentido del ritmo, brinda catorce inéditos que van del soneto al haiku pasando por el tanka y que se fijan en la naturaleza o componen un autorretrato doble. Como observa Luis Alberto de Cuenca en su prólogo: “A modo de vacuna, la poesía de Neila nos inyecta la dosis de melancolía necesaria para superar la tristeza.”
            Para finalizar esta tanda, también he leído el libro que ganó el XL Premio Ciudad de Burgos: se titula Diverso.es, lo firma Adolfo Cueto y lo publica Visor. En la dedicatoria que ha estampado en mi ejemplar de este su cuarto poemario, Cueto ha escrito: “Para Antonio, estos poemas en donde llueve siempre.” Exagera, pero lo cierto es que es muy hermosa la manera como presenta la precipitación en el poema “Sin techo”, que se abre así: “Llueve sobre las rectas calles / de la costumbre. Llueve un agua / posible, misteriosa, secreta; llueve un agua / de dar. Cae callada, pues ése / es su imperio: su mayor potestad, / estas horas vencidas que nos tienen / sin bordes. El amor es el manto que nos cubre de pronto.”

martes, 3 de junio de 2014

Tres notas sobre la actualidad y un estrambote


Salgo de manera urgente para debatir asunto tan trascendente con la frutera. Me traeré naranjas de paso.

                                           *     *     *

Monarcha, en gaélico, significa fábrica. En serio.

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Ese señor que habla del fin del bipartidismo y que es muy del partido único.

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Lo digo como lo miento.

lunes, 2 de junio de 2014

Teresa de Ávila




Presentábamos ayer en la Feria del Libro de Madrid la biografía que Kate O'Brien escribió de Teresa de Ávila. Con el embajador de Irlanda, Justin Harman, y con la editora de Vaso Roto, Jeannette L. Clariond, me tocó hablar como traductor. Esto fue lo que dije:


Me gustaría comenzar mi breve intervención con estos versos del poema "Amor de Santa Teresa", de Jorge Guillén, que están muy en la línea de la biografía recién publicada: "La gracia seductora de sus gestos, / esa humildad que oculta su energía, / jamás con tono enfático de santa." Permítaseme subrayar ese último verso porque ahí está lo que vio Kate O’Brien en Teresa de Ávila: precisamente eso, una persona de carne y hueso cuya religiosidad no eclipsa su gran humanidad.
         A la hora de repartirnos qué decir cada uno de nosotros en este acto, el embajador Harman me sugirió que hablara de mi experiencia como traductor de este libro, y lo hago encantado. Al abordarlo me encontré con una aparente facilidad que resultó ser dificultad y finalmente devino placer: la delicia de ir a beber a ese hontanar fresco que son los escritos de la santa.
     Y es que una de las dificultades de traducir el libro consistió en algo paradójico: verter al español el inglés al que O'Brien había traducido los textos de Teresa de Ávila, procedentes principalmente de su autobiografía y de otras obras, como Las moradas. Son abundantes estas citas, porque como escribió Seamus Heaney ( juicio reproducido en la contraportada del volumen que presentamos): “Kate O’Brien no solo escribe sobre sus personajes sino que tiene el talento de dejarles hablar, de hacer que se expresen por si mismos.”
Naturalmente, solo había una elección: hallar los originales e insertarlos –engastarlos, más bien, porque suelen ser joyas de la prosa castellana– en lo escrito por la irlandesa. No siempre fue fácil, a pesar de Internet. También fue un reto hallar la equivalencia exacta de las palabras y términos empleados por O'Brien que eran a su vez traducciones del español. Ambas dificultades me hicieron leer, y disfrutar, como dije, muchas páginas de la santa.
     No me extraña que una autora irlandesa como Kate O'Brien se interesara por Teresa de Ávila. En primer lugar, vemos una mujer de talento que se interesa por otra, a la que califica de mujer genial. Pero, además, es alguien fascinado por España, como dejó claro el embajador Harman. Y de un país católico, lo que le da importantes claves y elementos de comparación para entender a Teresa. Es Irlanda es país de rebeldes, como lo fue siempre la abulense (como también la de Limerick, una mujer inconformista y con carácter). Y país de fundaciones religiosas, de echarse al camino, o a la mar, a fundar monasterios. Es lo que hizo, ya en el siglo VI, Colum Cille (es decir, san Columba, quien reparo ahora en que murió en 597, es decir, mil trescientos años exactos antes del nacimiento de O’Brien), que no escribió su propia vida como aunque lo hizo en el siglo VIII Adomnán de Iona y en el XVI (el siglo de santa Teresa) Manus O'Donnell. 
     También, irlandesa al cabo, sabe O'Brien apreciar el sentido del humor presente en la mujer genial a la que dedica la biografía. El gusto por el storytelling, por una buena historia, aderezada por anécdotas y, por que no, una sonrisa, son rasgos irlandeses que la autora de Limerick ve en el espejo de la abulense. Así, por ejemplo, anota:

Para hallar todo el encanto de Teresa hay que leer sus cartas, dirigidas a su superiora, a Gracián, a sus directores espirituales. “Me reí de lo que me contasteis. Ah, cómo me he divertido”. Y tras haber narrado alguna comedia o haber citado algún poemilla propio, escribe: “¡Que Dios os perdone por hacerme perder el tiempo de esta manera!”. Era diestra en la composición de poemas de circunstancias y se sentía ufana de su habilidad en este género.

     En diciembre de 1927, nada más abandonar España, donde había permanecido unas tres semanas, y seguramente comenzado en Sevilla, William Butler Yeats escribió un poema sobre Teresa inspirado en las lecturas que había hecho de libros sobre la santa (no pudo contarse entre ellos el de Kate O'Brien porque este se publicó en 1951). Está incluido en La escalera de caracol y otros poemas, se titula "Óleo y sangre", manifiesta la preocupación de Yeats por lo místico y esotérico (lejos de la humanidad que interesa a O’Brien) y dice así:

En tumbas de oro y lapislázuli
los cuerpos de los santos exudan
un óleo milagroso, aroma de violetas.

Mas bajo pesados montones de arcilla pisoteada
yacen los cuerpos de los vampiros llenos de sangre,
sanguinolentas sus mortajas, y sus labios mojados.

En el mismo libro, Yeats volvía a hablar de la santa en la sección VIII del poema "Vacilación", que actúa de complemento del anterior. Entre sus primeros versos leemos: 
El cuerpo de Santa Teresa yace incorrupto en la tumba,
bañado en óleo milagroso, aromas dulces vienen de él,
que sanan desde su lápida inscrita.

Yeats fue muy admirado por dos grandes poetas españoles, andaluces por mas señas: Juan Ramón Jiménez y Luis Cernuda. Como tal vez alguno de ustedes sepa, hace unos años escribí una extensa biografía del segundo. En ella acopié a lo largo de casi novecientas páginas casi todo dato conocido, e incluso desconocido, sobre el poeta sevillano. Una regla de oro de cualquier biógrafo ha de ser no componer una hagiografía, es decir, una imagen sin matices, como una vida de santo. O’Brien elude ese peligro. Por eso, como biógrafo también, he gozado con la lectura, al tiempo que la traducía, de esta vida de Teresa de Ávila, en la que destacaría, sobre la meticulosidad del scholar anglosajón la pasión, la intuición del celta. Como en una melodía tradicional, donde todas las notas ya están fijadas en el pentagrama, los datos sobre Teresa ya eran conocidos. No se sacan a la luz nuevas informaciones. Lo que consigue Kate O'Brien es, tomando como impulso esa idea del genio de Teresa, interpretarla con sensibilidad, dar su propia versión, llena de alma y de intimidad, confundiéndose con la música que toca, poniendo todo de sí y dándose a sí misma en la letra de la canción que canta. Biógrafa y biografiada se funden. Vuelvo a Yeats, a unos versos suyos: "¿Cómo podemos/ del baile distinguir la bailarina?"

domingo, 1 de junio de 2014