martes, 31 de diciembre de 2013

Márgenes



Hasta el libro peor permite escribir un buen poema en sus márgenes.


El 2013 no ha sido bueno. A quienes por aquí pasen les deseo, de corazón, que en los blancos, en los intersticios y márgenes del año que termina vayan escribiendo el principio de la dicha del nuevo. Que así sea.

lunes, 30 de diciembre de 2013

"La lluvia" en Quimera



En el número de enero de Quimera Ioana Gruia escribe una estupenda crítica de La lluvia. Además, la revista publica un dossier sobre literatura finlandesa y una entrevista con Jacobo Siruela, junto a muchas otras páginas apetecibles. Se puede ver el sumario aquí.

domingo, 29 de diciembre de 2013

"Belle qui tiens ma vie"






Otro poema de Bajo otra luz, este inspirado en esta pavana tan hermosa que descubrí en uno de los maravillosos discos del John Renbourn Group a principios de los años ochenta.

BELLE QUI TIENS MA VIE

Hermosa del doblar de las campanas
que anuncian que hemos muerto en la cintura
común ya de los dos, unificada.

Tálamo que es el féretro del yo:
el ara del nosotros indiviso.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Díptico de junio



De Bajo otra luz, un cuaderno que la vio, la luz, en 1989 pero con originales de tres o cuatro años antes, es este poema. No lo había traído aquí. Lo dejo como gastador (quinta acepción del DRAE) de un desfile de otros que irán compareciendo espigados de entre mis libros publicados:


                                            DÍPTICO DE JUNIO

                                                            I

                                Recuerdo el sol inmenso en la azotea,
                                en un vibrante brillo por tu pelo,
                                en el morado encendido que, abajo,
                                en la tapia entonaban, todas luz,
                                las hermosas pequeñas buganvillas.
                                Tú me hablabas con voz de mediodía;
                                con ritmo perezoso que se para
                                a coger una flor entre dos voces;
                                con lenta ensoñación que se apodera
                                de todas las palabras y las hace
                                ser agua que resbala de una fuente,
                                música que a la sed da nueva vida,
                                ansia de amor, deseo de apagarse,
                                de morir por nacer en otros brazos.
                                Y un calor te ascendía por el oro
                                de tu cuello fino, trémulo tallo
                                que arriba me ofrecía a libaciones
                                los labios destellando, vegetales.
                                Aún recién abiertos, sorprendidos,
                                ante esa luz más vívida en el beso:
                                la roja oscuridad a que los ojos
                                cerrados no pudieron sustraerse.


                                                            II

                                Es de noche, otra vez en la azotea;
                                una noche del más joven verano,
                                una noche callada que discurre
                                como un puente muy lento sobre el agua
                                de dos días que, uniéndose en las sombras,
                                copulan y hacen tiempo hasta la muerte.
                                Tan sólo se ve en el cielo una estrella
                                (las otras las mató tanta ciudad),
                                pero una sola estrella no es bastante,
                                no es nunca suficiente a la metáfora
                                (cuando menos dos harían las veces
                                de tus ojos en símil literario).
                                Pero es así mejor, ojos desnudos,
                                ojos que enfrente, más puros que el cielo,
                                son sólo comparables a sí mismos.
                                Dos ojos de mujer que sólo eclipsa
                                —aún más bello que la noche— el beso.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Para un homenaje


¿Le gustaría a Luis Cernuda, tan reservado e incluso esquivo, que esta tarde lo estemos homenajeando en la presentación de un libro que lo recuerda y lo estudia? ¿Habría deseado verse en efigie en muchas de estas páginas, hallar su partida de bautismo, las casas que habitó, ciertas imágenes de su ciudad nativa y a este grupo de admiradores y paisanos suyos retratados en la calle en la que estuvo su último domicilio sevillano?
La respuesta ha de ser que le hubiera incomodado, es cierto, pero al mismo tiempo no tengo duda de que habría deseado que se le recuerde y, sobre todo, se le lea. Con motivo del centenario de su muerte hubo ponencias y mesas redondas y se publicaron ediciones populares conmemorativas. Ahora, en diferentes actos de los que el de esta tarde –noche ya– constituye el colofón, es también momento de prestar atención a su obra y a su vida.
A Cernuda le sublevaban la hipocresía y la ceremoniosidad hueca, ampulosa. Lo dejó escrito en su poema “Birds in the Night”. Pero no eludió los homenajes. Aceptó, aunque fuera con reticencia, como la tuvo ante prácticamente todo, los que recibió él mismo: así, el que reunió a tantos poetas de la Generación del 27 con motivo de la primera edición de La realidad y el deseo en 1936, cuando tuvo que escuchar un elogiosísimo discurso de García Lorca; o décadas después los tributos que, ausente ya de España, le brindaron en 1955 y 1962 las revistas Cántico y La Caña Gris. Y no solo eso, sino lo que es más importante: también cultivó él el homenaje a otros en poemas propios, como los dedicados a Góngora, al mencionado Lorca, a Larra o a Altolaguirre. El de Larra, precisamente al cumplirse el centenario de su muerte, en 1937.
Pero no hay que justificar este libro en el cincuentenario de la suya. Por más que creamos que él aceptaría esta guirnalda de artículos, las fotografías insertas, la espléndida litografía de cubierta, el amor no tiene por qué ser correspondido. Y de esto, él supo mucho. Basta el amor, “única luz del mundo”, como él mismo dejó escrito en un poema de Desolación de la Quimera. Sí podríamos, con todo, contradecir cariñosamente a ese hombre inmaduro, a ese niño perpetuo que él veía en Juan Ramón Jiménez, y negar que al menos hoy (pero no nos arroguemos ese protagonismo, en realidad desde hace años ya) no es cierta esa queja suya en “A sus paisanos”, que no son solo los de esta ciudad nuestra sino los de España : “No me queréis, lo sé, y que os molesta / todo cuanto escribo.”
       Si ese duro lamento tuvo algo de verdad, hoy no es así. Lo que escribió, al contrario de lo que él dijo con amargura, nos interesa y nos emociona cincuenta años después de su muerte. 

(Primeros párrafos de mi intervención en la presentación, ayer, del libro A Luis Cernuda desde Sevilla, 1963-2013, publicado por la Fundación Cajasol)

Con excepción de Francisco Robles, que no pudo quedarse, los colaboradores del libro 
tras la presentación, muy bien acompañados.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Una joya fotográfica


© Herederos de Tomás Montero Torres. Todos los derechos reservados.

Tomás Montero Torres fue un importante fotógrafo mexicano. Natural de Morelia, habría cumplido cien años el pasado 13 de noviembre. Recientemente, sus nietas han sacado a la luz dos espléndidos retratos que Montero hizo a Luis Cernuda. No están fechados, pero parecen pertenecer a principios de los años cincuenta. Ambos se reproducen en el volumen colectivo que publicado por la Fundación Cajasol se presenta hoy jueves 26 a las 19:30 h. en la sede de esta, en la plaza de San Francisco de Sevilla. En la tarjeta de invitación, como ya se hacía constar aquí el otro día, aparece uno de ellos. Aquí el otro, más fascinante si cabe, donde vemos a un Cernuda elegantísimo aun sin traje y corbata (ah, esa corbata vista en un escaparate sobre la que insidiaba Emilio Prados) y con la camisa arremangada. Esos zapatos impolutos, esa pipa... Gracias a Fred Álvarez por ponerme sobre la pista y a Martha Patricia Montero y a Silvia Sánchez Montero por su rescate amoroso de aquellos valiosos y viejos negativos y el permiso para reproducir esta joya fotográfica.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Épica de lo mínimo




Va acabando el año y siguen publicándose comentarios de La lluvia. Esta es la lectura que Manuel Gregorio González ha hecho en Diario de Sevilla y otras cabeceras andaluzas. 

martes, 24 de diciembre de 2013

Felicidades




Dylan Thomas, que no alcanzó a disfrutar de la de 1953, escribió esa pequeña maravilla que es "La Navidad de un niño en Gales". De su paisano del siglo XIV Dafydd ap Gwilym son estos versos dirigidos a Jesús en la vieja lengua del país y que he traducido expresamente para desearos lo mejor, amigos:

Diddan dri brenin anrhydeddus-coeth
A ddoeth i’r cyfoeth yn wyr cofus.
Dugon dair anrheg, diwgus-roddi,
O ryn, Mair a thi, aur, myrr a thus.

Tres nobles reyes, grandes, cariñosos,
como sabios a esa tierra vinieron.
De buen grado os trajeron tres regalos
a María y a ti: oro, mirra e incienso.




lunes, 23 de diciembre de 2013

Caligrafía de la lluvia



Francisco Onieva se ocupa de La lluvia en Cuadernos del Sur, el suplemento literario del diario Córdoba. Aquí la reseña.

domingo, 22 de diciembre de 2013

A Luis Cernuda desde Sevilla, 1963-2013



Con textos de Ismael Yebra, Francisco Robles, Jacobo Cortines, Jaime Rodríguez Sacristán, Juan Lamillar, Rogelio Reyes y también algo mío. Con fotos inéditas, entre ellas dos recuperadas del archivo del gran fotógrafo mexicano Tomás Montero Torres (una de ellas, la que se reproduce en la tarjeta), y otras de Antonio del Junco. Más, last not least, la hermosa ilustración de cubierta, original de Carmen Laffón creado para la ocasión.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Soy rumano



La columna de ayer en El Mundo. Se me deslizó una errata o gazapo: en la sexta línea comenzando por el final debe leerse "las propician".


viernes, 20 de diciembre de 2013

Oliver Twist




Asistir la tarde del estreno a una obra de teatro musical en la que intervienen niños -y aquí hay no pocos- es darse un baño de emociones y nervios. La compañía sevillana La Tarasca ha adaptado la novela de Charles Dickens y lo ha hecho muy bien (quizá le sobre un cuarto de hora para el más intenso disfrute sin altibajos), e igualmente bien está el elenco, incluida la tropilla de niños convertidos gracias a la dramaturgia en un hatajo de huérfanos y galopines, rapazuelos harapientos a ratos conmiserables y a ratos picaruelos. Y como se sabe (por eso a Hitchcock no le gustaba trabajar con ellos), con los niños puede suceder cualquier cosa, pero casi siempre añadiendo espontaneidad y encanto, como el momento en que ayer se le enganchó en una mesa la toquilla a una de las niñas, o como a veces -infantes al cabo, no bizarros soldados- se aturullaban un poco al mantener la formación y las evoluciones del grupo por las tablas. No sé si a la veracidad, pero sí a la carga emotiva, contribuye además saber que la mitad de los pequeños actores proceden de una casa de acogida. Habrá habido que tiznarles, sí, el rostro; pero las sombras del alma se habrán difuminado, y ojalá hasta borrarse, durante los ensayos y ahora en las actuaciones mediante esa catarsis que ya el griego predicara del teatro. 
     En la Inglaterra e Irlanda victorianas se pusieron muy de moda las llamadas pantomimas, las funciones teatrales destinadas al público infantil en épocas navideñas. Esta recupera, con canto y música, esa tradición para todos los públicos, y lo hace a partir de la novela que Dickens -nos cuenta en su excelente biografía Claire Tomalin- consideraba su mejor trama. 
     No se permitía hacer fotografías, pero si alguna cámara me hubiera enfocado -vanidad de vanidades- hubiera sacado a este adulto sonriendo y siguiendo como otro arrapiezo del coro, y hasta bien entrada la noche ya fuera del teatro, la pegadiza canción: "O-li-ver, aunque eres un chiqui-llo..."

jueves, 19 de diciembre de 2013

Otero sobre la Generación




Justo ahora que el calendario ha marcado un aniversario más de los actos de homenaje a Góngora considerados como el inicio de la Generación del 27, ha dado la casualidad de que he leído -confieso no haberlo hecho antes- el poema que Blas de Otero dedicó en Hojas de Madrid con La Galerna a aquellos poetas, estuvieran o no en el salón de actos de la Sociedad Económica de Amigos del País (arriba en la foto) durante las veladas. En otras páginas suyas rinde tributo a varios de los miembros de la Generación, e incluso recuerda haber visto en Bilbao, antes de la guerra, a García Lorca con Margarita Xirgú. El poema que leí anoche por primera vez es este:

FERMOSA COBERTURA

La palabra.
Ceñida al labio, profundizando
el contenido.
Góngora se garbea en Sevilla.
Rachas de surrealismo.
Federico celebra sus bodas de sangre
acribilladas en Víznar.
Jorge, hermosura vital.
Salinas da la razón
al amor.
Vicente, largo y profundo como el Nilo.
Gerardo, alondra de verdad
Rafael baja a la calle arrastrado
arrastrando al pueblo.
Dámaso, hijo de la ira.
Cernuda dice melancólicamente
"un día, tú ya libre
de la mentira de ellos,
me buscarás: entonces
¿qué ha de decir un muerto?"
Manolo destrozado en un choque de coche.
Emilio, comunista y místico.

Maestros, 
vuestra palabra perdure
a través de los años españoles.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Cena de empresa



Solo, el novelista celebra la cena de empresa. El camarero no ve la multitud de comensales que lo acompañan: sus personajes.

martes, 17 de diciembre de 2013

Defecto o desafecto

Debatíamos hace poco en el taller de poesía sobre el endecasílabo agudo. Dejando al margen que la poesía se sirve de la versificación y que no puede agotarse en ella, que la primera comienza donde la segunda acaba o, por decirlo de otro modo, utiliza su trampolín pero va más alto y se zambulle más hondo, podríamos analizar la presencia del por algunos denostado endecasílabo “defectuoso” en nuestra lírica.

Boscán fue relativamente pródigo en su uso, como también Juan Hurtado de Mendoza. Garcilaso, sin embargo, lo empleó ocasionalmente al principio de su obra, y luego le dio de lado. Para Fernando de Herrera, “los versos troncados, o mancos, que llama el toscano, y nosotros agudos, no se deben usar en soneto ni en canción.” Y lo cierto es que ni él ni fray Luis de León ni san Juan de la Cruz ni muchos otros lo emplearán.



Tomás Navarro Tomás escribe que tras la época renacentista el endecasílabo agudo u oxítono fue empleado por Góngora y Quevedo en composiciones satíricas, y que Calderón “le hizo servir a veces para reforzar una afirmación categórica.” Y añade que más aceptado fue, por el contrario, el esdrújulo, lo que se compadece con el buen número de voces esdrújulas del toscano, que devendría en la lengua italiana.

Pero porque en absoluto falta en ella, no hace falta rastrear el endecasílabo agudo en la poesía más reciente, que, aunque en general sigue la prosodia ya asentada, no siempre se somete al corsé normativo. Lo que es beneficioso, claro, pues el ritmo no puede fiarlo todo a una elegancia monótona, como de adormidera. Y aprovechando lo bueno del pasado, válido hoy en su mayor parte, la poesía no puede quedar anclada, requiere incluso de pequeñas imperfecciones, de impurezas, como lleva años demostrando la mejor poesía escrita en Hispanoamérica.

Ante la abundancia presente, vayamos más atrás. Los endecasílabos agudos son abundantísimos, por ejemplo, en el padre de la poesía moderna en español: Bécquer. ¡Cuántos ejemplos hay de ellos en las Rimas! Escoger algunos será tarea fatua, porque no bien abra su ejemplar el lector los hallará. También los usó Zorrilla.

Acercándonos en el tiempo, en “Responso a Verlaine”, Rubén Darío deja un buen número de eneasílabos agudos (¡catorce!). ¿Por qué eneasílabos sí, para los que rige la regla de que la última sílaba aguda computa una más, y no los endecasílabos, sus hermanos mayores?

diste tu acento encantador;

Y lo mismo sucede en “Canción de otoño en primavera” (con la diferencia de que aquí son treinta y dos los eneasílabos agudos). Ahora, que si se quieren endecasílabos, también los tiene, como:

Y fueron castos por dolor y fe,

Villaespesa les dedica los versos pares de su “Huerto cerrado”:

de siemprevivas y rosas de luz


Unamuno (y todos los ejemplos que siguen de unos y de otros se ofrecen aquí como botón de muestra):

De la esperanza en Cristo salvador!




Juan Ramón Jiménez, otro al que no se puede llamar botarate:

¡Aquella rosa que pasó la mar


Pedro Salinas:

y es que también me quiere con su voz;


Jorge Guillén los empleó podríamos decir que casi con profusión. Arcadio Pardo, autor del artículo “El caso del artículo agudo” publicado en la revista Rythmica, halló 579. Uno de ellos es:
           
Mi sangre como un río que es un don


Rafael Alberti:

el barandal del arpa, desde el pie


Vicente Aleixandre:

bravía lucha del mar con la sed


Gerardo Diego:

Un soñador jugaba al sí y al no


Federico García Lorca:

con un violento escalofrío azul.


Luis Cernuda:

Y sin embargo vine como luz.


Juan Gil-Albert, uno de los poetas españoles del siglo XX que más endecasílabos ha escrito, y que no se puede decir que fuera una nulidad en ello:

¿Qué harán con vuestro resplandor feroz




Luis Rosales:

            Y ve brillar las olas con la sal


Octavio Paz, otro al que no puede calificarse de indocumentado, escribe algunos como los siguientes:

Subes desde lo más hondo de mí,
desde el centro innombrable de mi ser,

(que son dos versos seguidos que para más inri figuran en una composición titulada “La poesía”)

En fin, que no hay que recurrir a los poetas de hoy, en los que también abundan los ejemplos. Rimados, en tiradas de endecasílabos blancos, en las silvas de varia lección, los endecasílabos agudos tienen sus sitio. La diferencia entre versificación y poesía hará, en cada caso, que ellos, y no solo ellos sino los textos a los que pertenecen (hilos en su tejido), posean la condición de poesía, que no es la obediencia ciega a modelos antiguos.

Preguntábamos sobre esto al hispanista Gabriele Morelli, y este respondió lo que ya sabíamos: que en italiano apenas existen palabras agudas (hay bastantes más en español). De esa dependencia del modelo italiano del Siglo de Oro queda esa superstición de que no puede haber endecasílabos agudos en nuestra literatura. Todo parte de un equívoco del Renacimiento, de una prescripción que hace ya mucho que ha prescrito. Francisco Rico se ocupó de ella en “El destierro del verso agudo”, un artículo incluido en un volumen de homenaje a José Manuel Blecua. Allí escribe lo siguiente, que es de aplicación también hoy día: “Los imitadores siempre han tendido a exagerar las pautas –reales o supuestas- de los modelos; siempre ha sido temible el celo de los conversos. Al afianzarse en España los modelos italianos, el campo quedaba abonada para que brotaran puristas e intransigentes; asimilada la aportación de los petrarquistas tempranos, no podían faltar los sabidillos dispuestos a superarla con más papismo que el Papa.”

Sin duda, la inmensa mayoría de los endecasílabos escritos en nuestra lengua serán llanos (estrictamente de once sílabas), pero también puede haber, y hasta es necesario que haya, otros esdrújulos y agudos (atenidos a las reglas pertinentes de conteo), pues es lo natural. Desde Juan de Valdés sabemos lo mala que es la afectación. Y en Cernuda tenemos la defensa, aprendida en otros, de que va más lejos quien escribe como se habla que quien escribe como se escribe. El empleo de un endecasílabo exclusivamente llano puede tener un componente que serena, por la repetición rítmica, monótona; pero a la larga produce atonía, tensión baja, sueño. Sin favorecerlo salvo para causar un especial efecto, un poeta contemporáneo debe usar el agudo sin melindres o desdén, que el desafecto pasado no es defecto.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Un poema de ayer



           BUSCANDO UN VERSO EN EL VOLUMEN 
CON LA POESÍA REUNIDA DE JOSÉ EMILIO PACHECO

Como hallar una aguja en un pajar.

Busco, rebusco, 
hojeo, leo.

Y en tanto encuentro el verso se me clavan
-cañas no, sino grano-

otros mil todavía más punzantes.



domingo, 15 de diciembre de 2013

La utilidad de la lectura



O para qué serviría, mejor. Porque servir, ya se ve que sirve de bien poco. 

El problema es que la recurrente pregunta está mal planteada. O se interpreta mal, siendo correcta. Porque no hay que interrogarse para qué sirve la lectura a quien la practica.

Seamos honrados, que en este caso es lo mismo que egoístas. Si muchos más leyeran, si se ataran a las páginas por decenas, cientos de miles (muchos más en definitiva de los que son ahora), al menos obtendríamos este beneficio: más allá del entretenimiento o la cultura procurados, esos lectores estarían metidos en sus casas, bajo la lámpara, con un libro en las manos. Avanzarían por las ordenadas páginas, con sus párrafos, sus blancos, sus silencios. El aire de sus márgenes, su oxígeno.

Y no serían las hormigas confundidas que estos días recorren como una marabunta ciega, colapsándolos, los centros intransitables de las ciudades.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Oportunidades de mejora



Sin agotar las posibilidades por razones de espacio, ayer dedicaba la columna semanal a las varias formas de colapsar, aún más y parece difícil, el centro de Sevilla durante las próximas fiestas. 

viernes, 13 de diciembre de 2013

CATALUÑA





Els dinosaures
se’n van anar cap a la fosca.

R. S. Thomas, “The Small Country, “El petit país” en traducción de
Anna Crowe y Joan Margarit


La Atlántida se hundió, los dinosaurios
dejaron plantado al Mesozoico
y sus huesos asombran hoy las salas
en que los niños juegan, herederos
de un vago recuerdo de dragones.

Con huellas más pequeñas
también ellos un día partirán
a todas las derrotas de su estirpe:
el polvo de una raza revertida
al barro en que empezaron sus escombros.

Igualmente, la patria no será
–porque no hay nada eterno– para siempre;
pero entretanto, la amas porque es tuya
en este santiamén en que la habitas.
Si una parte le falta, todo es nada.

Te dejarán la ausencia de su hueco;
la silueta de un mapa mudo,
al que falta un pedazo,
en que pintados ríos desembocan
donde antes hubo bosques y montañas;

cicatriz, la frontera dibujada
con un perfil distinto al que en la escuela
aprendiste a querer — tan fugazmente
como dura ese soplo, el del aliento.
La Atlántida se hundió, los dinosaurios…

¿Pero qué es eso en el vivir de un hombre?

jueves, 12 de diciembre de 2013

Los cuentos de Sergi Bellver





Hay estupendos relatos en este volumen, Agua dura; sin ir más lejos -bueno, llegando al final-, el último, "Islandia", que ha conquistado a una ya acreditada maestra del género como Marina Perezagua. En ambientes y escenarios muy diversos, predomina en ellos una atmósfera onírica, inquietante, de obsesiones y fantasmas (no hablo, naturalmente, de sabanones blancos). Pero del cuidado con el que Sergi Bellver trabaja como un orfebre sus cuentos da muestra, con creces, "El nudo de Koen", una reelaboración del viejo tema del doble, donde consigue en la página, que es donde un escritor tiene que demostrar las cosas y no en entelequias ajenas al lenguaje, el mismo efecto especular que hay entre esos hermanos, uno vivo y otro muerto, cuyas existencias se encuentran aquí en una encrucijada desasosegante. Escribe el autor:
     "A menudo Koen siente que va a robarle una vida a su hermano Koen cuando crezca más de lo que el hielo o el canal le dejaron antes de que él naciera. Sospecha también a veces que su propia vida es un ensayo y que quizá sus padres lo abandonen cualquier día en busca de un tercer Koen, del Koen perfecto. Otras veces cree que el primer ensayo fue la vida de su hermano Koen, y que sus padres decidieron bien al deshacer el nudo del destino e insistir en el intento."
     En esos monólogos interiores que se reflejan como un diabólico diábolo en las dos partes simétricas de la silueta espectral de una letra K, Bellver consigue, sobre la narrativa breve, género al que pertenece el libro, crear poesía. Que como es sabido, es cosa de ecos, de retornos, de pautas rítmicas que puede reforzar, o no, la rima, y casi siempre los acentos. No hay que buscar aquí versos medidos sino composición poética y un juego de espejos, de analogías, que es el mundo que habita la poesía.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Sobre el más reciente libro de Rosa Díaz




Lo presentábamos ayer, y hoy dejo aquí algunas de las cosas -buenas- que dije de él. Porque es un libro importante, y de esos que uno, después de haber accedido a leer y comentar en público casi por compromiso, disfruta y saborea. Y al que desea volver, como para redactar esta página.
     Esperando a Grenouille es un libro unitario, un extenso poema ("Sonata patética") precedido por un soneto introductorio (el estupendo "Preludio para invierno") y por una "Coda". La materia del libro es la propia Rosa Díaz, y su memoria, que se bifurca también por las sendas de la imaginación y las artes. En la literatura española de hoy empieza a cultivarse el poema largo, de tan poco arraigo en su tradición próxima, y este de Díaz se suma a otros de Álvaro García, Juan Carlos Marset o Joaquín Pérez Azaústre y aún suyos, como Monólogos con la SE-30. La longitud de un poema solo se justifica si no pierde intensidad, y Esperando a Grenouille la tiene y la mantiene en toda su extensión. 
      La figura de la madre, ya en su nube de olvido, roída por el alzhéimer, está presente desde el primer verso de la "Sonata patética", de la que solo no me gustan las connotaciones de su adjetivo: "Qué lejos yo de esa mujer / que anda con sus hijas y sus nueras". También comparece el padre:

El asma de mi padre era un vaho de eucalipto
y desconocimiento. Pero la cortisona ya estaba en Nueva York
-pues Dios hablaba inglés con Eisenhower-
y un día nos llegó su caja de milagros.

Hoy recuerdo esas píldoras, igual que recordaba
Aureliano Buendía el prodigio del hielo.

Y el hilo familiar, que se confunde con el del país que iba saliendo de la larga posguerra, se entremezcla con otros lugares: África, Rusia, Inglaterra, Irlanda, Palestina... signados tanto por la realidad política y social como por la literatura. 
     Y, aunque no podemos hablar de poesía culturalista, hacen acto de presencia pintores como van Eyck, Goya, El Bosco, Munch, Rembrandt o el Greco. Y escritores como Wilde, Joyce, Carson McCullers, Baudelaire, los hermanos Grimm o Mary Shelley. También, artistas de cine como Audrey Hepburn o Groucho Marx.
     Hay grandes momentos de amor, como los que señalan estos versos, qué hermosísima invocación: "Toquémosnos antes que las manos / se nos vuelvan escamas, / antes de que el veneno nos llegue a la cabeza, / antes de deslizarnos por la mente de Ovidio." De la mención al poeta latino me parece valiosa la ambigüedad, porque Ovidio es autor de poemas fundamentales de la tradición amorosa occidental pero también, y sobre todo, de las Metamorfosis, ese catálogo de transformaciones como la que aquí, en los versos de Rosa Díaz, acecha a los amantes.
     

lunes, 9 de diciembre de 2013

Browning de cuerpo entero

Robert Browning retratado por Dante Gabriel Rossetti

Un doce de diciembre de 1889 moría el poeta inglés Robert Browning. Lo recuerdo ahora que se ha publicado el decimoséptimo y último volumen de sus Obras completas, coeditadas por la Ohio University Press y por la Baylor University. Cernuda, además de dedicarle uno de sus ensayos de Pensamiento poético en la lírica inglesa del siglo XIX incorporó a su propia poesía el monólogo dramático tan sabiamente utilizado por Browning, bien que ya antes de arribar a Inglaterra el sevillano compusiera algún poema de ese tipo avant la lettre como "Soliloquio del farero".
     Browning sabía que algún día su poesía sería comprendida y valorada, como lo sabía de la suya el autor de "A un poeta futuro". Por cierto, que Browning se dirigió "A sus paisanos" en términos que ineludiblemente hacen recordar al autor de La realidad y el deseo en un largo poema de 1869, El anillo y el libro: "British public, ye who like me not", que tan cerca queda del "No me queréis, lo sé, y que os molesta / cuanto escribo" de Cernuda.
     Frente a la poesía de su esposa, Elizabeth Barrett, la de Browning es a menudo farragosa, pero su lección ineludible. Ezra Pound, otro poeta a quien tanto quiero, le debe también mucho, como demuestra en el comienzo de sus Cantos.

domingo, 8 de diciembre de 2013

No existe la poesía




No, al menos, para uno de los principales suplementos de España, el ABC Cultural. Hace meses que ha quedado vacante la plaza de crítico de poesía española (tampoco es que se echen mucho de menos las febles reseñas de aquel), y los responsables del suplemento o de la empresa editora parecen haber querido amortizar el puesto. Solo muy esporádicamente Jaimes Siles sigue publicando algún comentario, pero sobre libros escritos en otras lenguas; una excepción fue la recensión de un poemario de Natalia Litvinova, que a pesar de su nombre es argentina y escribe en español, su lengua de adopción (quizá por ello pudiera Siles "colar" su texto). 
     Qué tiene el ABC Cultural contra la poesía, y en particular contra ese árbol tan frondoso de la que se escribe en nuestro idioma, no lo sabemos. Y como se trata de una empresa privada, la elección de contenidos es cosa suya, faltaría más. Pero resulta ilustrativo del orden de prioridades de esa casa. Y, bíblicamente pero de forma perversa, de que la poesía, la primera forma de literatura, y aún mucho más que eso, es ahora el último mono, la apestada, la expulsada extramuros de la ciudad. 

sábado, 7 de diciembre de 2013

Los libros viejos



La columna semanal en El Mundo, sobre la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión, que se celebra estos días en Sevilla.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Carrickfergus



Cuando estés, como hoy, desesperado,
y tu único sueño sea no haber nacido,
entonces, como ahora, regresa
a lo único que aún cubre de lágrimas puras tus ojos:
la belleza de un lugar y una música
al pie del mar, tu reflejo.

Porque no siempre uno es de donde nace
y el idioma que habla puede ser un eco
del pulso de su sangre en otras venas,
de todas las nostalgias la más honda
es por lo que nunca ha sido. Nada puede
igualar la tristeza de saberse
ajeno hasta a sí mismo, un exiliado,
que de ninguna parte a parte alguna
persiste en el error de la existencia.

 Al pie del mar, tu reflejo,
 la tristeza de un lugar y una música,
 tu alma en las almenas, en la piedra
 que ves más cierta y propia que tu sangre.

(A.R.T, Farewell to Poesy, Pre-Textos, 2002)


jueves, 5 de diciembre de 2013

Fruta extraña


Billie Holiday

Publico en Estado Crítico una reseña de la antología de poesía española del jazz que ha preparado Juan Ignacio Guijarro.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Adiós a André Schiffrin



Uno es de los que entró en el mundo del libro por una pasión muy confesable: la de haberlos amado desde niño en la biblioteca paterna y en las librerías. Luego vino el ganarse la vida con ellos. Empezó su oficio de librero en 1989 y lo ejerció, simultaneándolo con los de escritor y traductor literario, hasta 2006. Desde entonces ha sido, además, director de revistas y editor. Y siempre le ha gustado leer obras sobre el sector editorial, sobre las bibliotecas, sobre la mercadotecnia del libro.
     Leí hace ya bastantes años La edición sin editores, el libro más conocido de André Schiffrin, hijo de quien fundara esa colección mítica, la Bibliothèque de la Pléiade. Allí su autor denunciaba ya la caída de las editoriales clásicas en manos de los oligopolios. Luego, en 2006, devoré su secuela El control de la palabra, que compré en la Casa del Libro de Sevilla, cuando aún la dirigía, nada más salir en abril de 2006. Quien luego salió de la cadena de librerías ese mismo año fui yo, tras la defenestración de la gran directora y artífice del proyecto, Charo Albarrán, y de otros directivos entre los que me contaba. Aquel año, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, cuya más reciente edición acaba de comenzar esta semana, compré otro ejemplar del libro, despistado por su cubierta diferente. Tanto me había interesado el ensayo de Schiffrin que quería más. La primera edición era de Anagrama (colección Argumentos), la segunda de Ediciones Era, que adquirí en su stand de la FIL. Una la traducía Javier Calzada; la otra, Claudia Canales. 
     En México siempre se han publicado buenos títulos sobre el sector del libro (ahí está la estupenda colección de Fondo de Cultura Económica), y en el vuelo de regreso desde el D.F. a Madrid me bebí de una sentada el volumen de Era (el de Anagrama ya había sido leído en Sevilla, donde parmanecía).
     Era el mismo libro y era otro, como una vuelta de tuerca, sobre el original único, dada al relato "Pierre Menard, traductor del Quijote" de Borges. En la edición de Era, la Introducción se abre: "Enormes cambios han tenido lugar en los medios desde que La edición sin editores apareció por primera vez, en 1999." En la de Anagrama: "Desde la publicación de La edición sin editores en 1999 se han producido enormes cambios en los medios de comunicación."
      Es frecuente la coexistencia de varias traducciones en lo que respecta a la poesía clásica, pero en el caso de un ensayo contemporáneo resulta, o al menos a mí me lo parece, llamativo. Y podría dar para un artículo sobre traductología.
     La tesis de Schiffrin es que los contables, los grupos de inversión, el capital sin rostro ni alma, ha penetrado como un virus en el tejido editorial, destruyéndolo. Él, que ha muerto ayer, se ha ido el mismo día en que se hacía público que Amazon, esa vocación de monoplio, pretende realizar sus envíos mediante aeronaves no tripuladas, los llamados drones. La edición sin editores. El reparto sin repartidores. Probablemente, también y dentro de poco, la lectura sin lectores. Gracias por tus enseñanzas, André Schiffrin.