lunes, 30 de septiembre de 2013

Fiebre bajo cero




El número 106 de la revista Clarín publica una reseña mía de los Cuadernos de Rusia de Ridruejo. Posteriormente, la he recogido en Estado Crítico. Se puede leer en este enlace.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Veintiuno



Es el siglo en que malvivimos, aún con números romanos cuando escribimos en español (XXI, aunque no sé por cuánto tiempo), pero también el número alcanzado, este de septiembre de 2013, por la excelente revista sobre el mundo del libro, Trama & Texturas. No es una gacetilla de novedades sino un volumen de hondas reflexiones y panorámicas, muy al día pero también con visiones atemporales.
     En la contracubierta se anuncia un libro publicado por la misma editorial que saca la revista: En los dominios de Amazon. Relato de un infiltrado, de Jean-Baptiste Malet. No se corta Malet, quien trabajó en un almacén de la compañía ominipresente y parece que no la halló muy a su sabor. No sé nada de Malet, pero lo que dice es algo que ya hemos leído en otras partes acerca de la compañía del señor Bezos: "Los internautas que hacen clic en la página web de Amazon para comprar libros, pero también recambios para el coche o ropa interior, deben saber que detrás de las pantallas de sus ordenadores hay miles de trabajadores sometidos a ritmos de rabajo insostenibles en un ambiente casi carcelario." 
     Lo más curioso es que, además de decenas de ediciones de los libros de Dickens en que se refleja la explotación cosificadora de la Revolución Industrial, Amazon, adalid de esta otra torna, la Revolución Digital de nuestro tiempo, vende el libro de Malet. Aquí la ficha del "producto". A lo mejor, si lo adquieren allí y lo leen, tal vez se arrepientan de no haberlo comprado en una librería.

sábado, 28 de septiembre de 2013

Retrato de Daniel Mordzinski




La tarde es tibia, desmintiendo la palabra julio que en vano esgrime el calendario, y el fotógrafo sale de su hotel en plenas Judería y hora de la siesta todo vestido de negro. Dice que viste así, como la noche, desde que una chica que le gustaba en Buenos Aires, y que no le daba bola, añade, le dijo que le quedaba bien el negro. Es la hora en que García Lorca fija la muerte de Sánchez Mejías en su poema y, si no fuera por esta fugaz benignidad del aire, una isla primaveral en el océano del verano, el forastero podría caer no con traje de luces, sino enlutado, en medio del ruedo solar de la canícula.
A unos metros está la antigua sinagoga, hoy santa María la Blanca, y Mordzinski recorre las calles encaladas, los vericuetos ocres, las sombras de naranjos verdísimos de troncos cuyo diámetro es un brazo enclenque en comparación con el fornido objetivo de su cámara. Va recorriendo la ciudad enhebrando las citas de su agenda, llevándose escritores al morral, disparando, disparando. Como el buen practicante, como el médico humanista, anestesiando con la plática antes de hundir la inyección. Luego los autores sevillanos colgarán también de las paredes de la Casa de la Provincia, donde se acaba de inaugurar una exposición suya que ningún aficionado a la fotografía o a la literatura debería perderse.
Lleva muchos años recolectando imágenes de los principales escritores del mundo. Y lo hace buscando la complicidad, el ángulo distinto y relajado, la empatía. Son posados singulares que propicia la conversación con un verdadero amante de las letras; alguien capaz de dejar marchar a Paul Auster sin hacerle una fotografía solo por el placer de dedicar todo el tiempo del encuentro a escucharlo; alguien capaz, igualmente, de robar una reconciliación a los enfrentados Naipaul y Theroux inmortalizándolos en un apretón de manos en el Hay Festival de Gales (Mordzinski es el fotógrafo oficial de estos encuentros, lo mismo en la sede matriz que en Xalapa o en Cartagena de Indias).
Se estrenó, ahí es nada, con Borges, en 1978. Aquel joven que quería ser escritor tuvo como segundo retratado a Cortázar. Luego han venido muchísimos más, dedicación que le ha granjeado el epíteto de “el fotógrafo de los escritores”. Cuando tras un buen rato de charla y algunas fotos se despide de su modelo, lo hace con un abrazo, como si también quisiera impresionar sobre el negro el alma del modelo, que luego se asomará, revelada, a la cartulina, enmarcada como en esta muestra o en uno de sus numerosos libros.

(El Mundo, ed. Sevilla, 27-9-13)

viernes, 27 de septiembre de 2013

Poesía y prosa, según Bernier


Juan Bernier

Hojeando el número doble que la revista Cántico dedicó a Luis Cernuda en 1955, encuentro este párrafo con el que Juan Bernier abre su artículo. Tengo la impresión de que no será la última vez que lo vea, ni que lo copie:

Claro está, y así había de ser, que el mundo poético ha vivido siempre en el Parnaso. Es decir más allá de la tierra, en el cielo o el Olimpo si vale. La prosa en cambio echó raíces como un árbol, se mezcló a la tierra, no pudo jamás desmaterializarse, agachó sus orejas y trató de cocina o de filosofía, de lujuria o de hipertensión.

jueves, 26 de septiembre de 2013

R. S. Thomas, poeta catalán




Dos magníficos poetas, una escocesa y el otro catalán, han publicado hace pocos meses una antología de R. S Thomas, el gran poeta galés, traduciéndolo a una de nuestras lenguas peninsulares. Anna Crowe y Joan Margarit lo han vertido a la lengua de Vinyoli, Martí i Pol o Espriu bajo el título No hi ha treva per a les fúries, "No hay tregua para las furias." En la introducción se resalta la singular condición de Thomas, que siempre reivindicó la lengua galesa aunque se sintió incapaz de componer poesía en ella, y llevando el agua a su molino el gran poeta que es Margarit establece en su ensayo "R. S. Thomas: misticisme i nacionalisme" coincidencias con la situación lingüística en Cataluña. Pero curiosamente, el libro de la editorial Proa no ha recibido ninguna ayuda de la Generalidad catalana, sino, como se especifica en la página 6, del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de España. Dejo aquí en cualquier caso los posibles debates sobre la situación de la región (nación para otros) y me ciño a lo que aquí importa, la poesía, que la hay mucha y excelente en el volumen que nos ocupa.
     Clérigo propenso a la metafísica y que no desdeña el amor humano, Thomas nació justo hace ahora un siglo, y su obra está considerada como una de las más importantes de la Gran Bretaña de la segunda mitad del siglo XX. Es un poeta poderoso, que conoce bien no solo las tradiciones de sus dos lenguas (el galés hablado y el inglés escrito), sino sus instintos, sus mecanismos secretos. Así tiene a veces versos aliterativos que siguen la estela anglosajona y la galesa medieval como este "Bread is broken at dusk and dawn", el cual me trae un aroma como del siglo IX que los traductores han preferido, con todo, no recrear.
     La intensidad es muy alta en no pocos poemas, como este que reproduzco primero en el original inglés y seguidamente traducido al catalán.

GIFTS

From my father my strong heart,

My weak stomach.
From my mother the fear.

From my sad country the shame.


To my wife all I have

Saving only the love
That is not mine to give.

To my one son the hunger.



REGALS

Del meu pare, el cor fort,

l'estómac dèbil.
De la mare, la por.

Del meu trist país, la vergonya.


Per a la meva dona, tot el que posseeixo

llevat de l'amor,
que no és meu per donar-lo.

Per al meu únic fill, la fam.



Una buena muestra de la poesía amorosa de Thomas es "The Way of It", cuya primera estrofa dice:

With her fingers she turns paint
into flowers, with her body
flowers into a remembrance
of herself. She is at work
always, mending the garment
of our marriage, foraging
like a bird for something
for us to eat. If there are thorns
in my life, it is she who
will press her breast to them and sing.

"És així", su equivalente, comienza:

Amb els seus dits
ella transforma la pintura en flors,
amb el seu cos les flors
en un record d'ella mateixa.
Treballa sempre apedaçant la peça
del nostre matrimoni,
furgant com un ocell
que busca alguna cosa per manjar.
I si hi ha espines en la meva vida,
se les clavarà al pit i cantarà.


     Qué hermosa la imagen del santiamén que dura décadas en esa prueba de amor conyugal que es "Marriage", donde tras recordar cómo el poeta conoció a su esposa hace cincuenta años ofrece estos cuatro versos que son casi una cuarteta zen:

She was young;
     I kissed with my eyes
closed and opened
     them on her wrinkles.


Ella era jove:
     la vaig besar
tancant els ulls,
     quan vaig obrir-los
tenia arrugues.



     En un poeta longevo como lo fue Thomas, el paso del tiempo es tema que cobra un especial significado. Uno no puede sino recomendar ante su serenidad y belleza el poema "Countering", con su magnífico epifonema:

(...) for we have
no business here other than
to disprove certainties the clock knows.


(...) ja que aquí
no hi tenim res a fer,
sols refutar certeses que el rellotge coneix.


     Lo mismo podría decirse de "Time", en estos versos en que el objeto directo es precisamente el tiempo:

Young, our hobby was assassinating it.
Old we pray for its recuperation.


De joves, el hobby era assassinar-lo.
De vells, preguem per la seva recuperació.



     También tiene versos memorables sobre la poesía y el arte, como estos de "Return":

(...) Art
is not life. It is not the river

carrying us away, but the motionless

image of iself on a fast-
running surface wirh which life
tries constantly to keep up.


L'art no és la vida.

Ni tampoc el riu que se'ns endú,

sinó una imatge immòbil d'ell mateix sobre una superfície
que corre molt de pressa i amb la qual, constantment,
la vida intenta mantenir-se al pas.


     También a veces le asalta la duda religiosa, como a Unamuno. En "A life" se confiesa: 

(...) Doubtful 
of God, too pusillanimous
to deny him.


(...) Ple de dubtes de Déu
i massa pusil·lànime per negar-lo.



    Las versiones de Crowe y Margarit son rítmicas y precisas. Se unen a las ya publicadas en castellano por Manuel Ruiz Albarracín en la editorial Trea (2008).

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Soliloquio del auriga

Aquellos días de rodaje

Aparte un libro de juventud, que el autor reputa como ajeno y ya materia de olvido, Juan C. Lozano (Elche, 1963) es el poeta que "se estrena" con Soliloquio del auriga, un libro estimable, lleno de referencias culturales, empezando por el mismo nombre de la colección en que aparece: Cuadernos de Recanati, que invoca la localidad natal de Giacomo Leopardi.
     Hamlet aparece en un par de poemas y, cosa más extraña, el jerarca nacionalsocialista Rudolf Hess (sobre el que ya escribió Juan-Eduardo Cirlot). "Rudolf Hess sobrevuela el mar del Norte" recuerda, claro, pero en personaje del lado oscuro, al "Un aviador irlandés prevé su muerte" de W. B. Yeats. Ese vuelo al que se refiere Lozano acabó en Escocia, y Hess en un hospital de Glasgow cercano a donde vivía a la sazón Luis Cernuda (en el libro hay también un poema titulado, cernudianamente, "Et in Arcadia ego").
     Hess nació en Alejandría, como Cavafis, que aparece aquí citado. Otra cita, la del famosísimo poema de Yeats, precede al poema "Innisfree", que no puedo dejar de copiar completo, dada mi admiración fordiana tantas veces manifestada en este blog:

                 INNISFREE

                                    Me levantaré ahora e iré, iré a Innisfree...
                                    (The Lake Isle of Innisfree,
                                                                             W. B. Yeats)

No he visto colores más hermosos
que los de Innisfree cuando,
para prender su cigarro,
Sean Thornton enciende una cerilla
en la suela de su zapato.
Como si la felicidad consistiera
en levantarse temprano
para tomar el camino de Innisfree.
Encender una cerilla
al cruzar el puente de piedra
y que el mundo se ilumine.

martes, 24 de septiembre de 2013

200x200




Este jueves se inaugura en Sevilla la exposición de retratos de escritores iberoamericanos de Daniel Mordzinski, el llamado "fotógrafo de los escritores". Mi columna de esta semana en El Mundo irá dedicada a él.


lunes, 23 de septiembre de 2013

Vísperas


Una foto poco conocida de Cernuda (tercero por la dcha.) junto a María Zambrano y Leopoldo Panero 
en el curso de una de las Misiones Pedagógicas


En vísperas de Cosmopoética, El Día de Córdoba pregunta, y yo contesto, sobre Cernuda, Yeats y Cavafis. Se puede leer la entrevista aquí.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Citas en Córdoba





A caballo (como John Wayne) de septiembre y octubre estaremos en Córdoba. Hay muchísimas más actividades, pero estas son aquellas en las que participo:


Lunes 30 septiembre


11.00

DESAYUNOS DE COSMOPOÉTICA

Presentación de Poesía reunida (Pre-Textos), de William Butler Yeats.

Conversación entre Antonio Rivero Taravillo (traductor) y José Luis Rey.

Presenta: Luis Miranda.

LUGAR: Hotel Alfaros




Martes 1 de octubre


19.30

ENCUENTROS CON LA REALIDAD
50 Aniversario muerte Luis Cernuda

Conversación sobre el Homenaje de la revista Cántico a Luis Cernuda con Pablo García Baena, Antonio Rivero Taravillo y Juan Antonio González-Iglesias.

Presenta: Raúl Alonso.

LUGAR: Sala Orive




Miércoles 2 de octubre


12.30

MEDIODÍA EN ORIVE

50 Aniversario Luis Cernuda

Presentación de Luis Cernuda. Años españoles (1902-1938) y Luis Cernuda. Años de exilio (1938-1963) (Tusquets Editores), de Antonio Rivero Taravillo.

Conversación entre el autor y Pedro Roso.

Presenta: José Luis Rey.

LUGAR: Sala Orive


19.30
ENCUENTROS CON LA REALIDAD
50 Aniversario Luis Cernuda
Cernuda en el exilio poético español
Conversación entre Jorge Boccanera (Argentina), Cristina Doménech (Argentina) y Antonio Rivero Taravillo.
Recital Homenaje: Juan Antonio Bernier, Raúl Alonso, Rafael Antúnez, Pablo García Casado, Javier Fernández, Elsa López, Antonio Luis Ginés, Piedad Bonnet (Colombia).
Presenta: Ana Vega.
LUGAR: Sala Orive. 

sábado, 21 de septiembre de 2013

"Casi en Sevilla"





No es frecuente que un español entre en su catálogo, y mucho menos que lo haga un sevillano. El único que recuerdo es Luis Cernuda, que publicó en ella la edición definitiva de La realidad y el deseo. Ahora otro poeta que pasó su infancia y juventud aquí acaba de publicar con el título La insomne. Antología esencial una selección de sus versos en Fondo de Cultura Económica, un sello mexicano que estableció su filial española en 1963, el mismo año en que Cernuda murió, hace medio siglo.
            Jesús Aguado fue alumbrado en Madrid un bienio antes de que la editorial que ahora lo acoge cruzara el charco, y también en 1963 su familia cruzó el oleaje verde de Despeñaperros y se estableció entre nosotros, por eso el autor informa que “nació casi en Sevilla”. Vivió en una urbanización que queda en una especie de tierra de nadie entre Tomares, Castilleja de la Cuesta y Camas, y también repartió su decepción por los estudios universitarios entre las facultades de Derecho, Filosofía y Filología de la hispalense. Precisamente en el Aula Magna de esta última lo conocí hacia 1983 en una lectura de su incipiente obra. Eran los años en que se ponía en marcha el Aula de Poesía y Pensamiento María Zambrano, que, con él como uno de los principales artífices, reunió en La Rábida a escritores españoles y latinoamericanos en unos encuentros memorables.
            Un día, Aguado se marchó a Benarés, donde ha residido largas temporadas, y de allí a Málaga y más recientemente a Barcelona (donde también vive otro poeta aljarafeño, Alejandro Duque Amusco). Ha publicado en editoriales sevillanas como Renacimiento o Paréntesis, pero igualmente en otras, más que lejanas, inverosímiles (con cajistas cuyo alfabeto era el del hindi y les resultaba exótico el latino). Su dedicación a la poesía es absoluta, y a ella se ha consagrado desde la dirección de colecciones, la traducción (ingente su trabajo sobre los poetas de la India) o la crítica literaria, además, claro está, de la escritura constante de su obra única.
            No es este el lugar para hacer análisis, pero no puedo callar que es un poeta fundamental, una voz que crece con su independencia, su autoexigencia casi ascética, su conocimiento de las tradiciones literarias (y no solo eso) de Oriente y Occidente. Pese a nacer “casi en Sevilla”, como reivindica, no es un cantor del localismo, y sin duda puede ser una de nuestras mejores exportaciones a Hispanoamérica. Lo acredita esta antología, aparecida donde solo tienen cabida poetas de verdadera excelencia.

(El Mundo, ed. Sevilla, 20-9-13)

viernes, 20 de septiembre de 2013

Entre asteriscos




Lo de los suplementos culturales no es anorexia: su delgadez es un fidelísimo espejo del país.

                                                    *

Academia, escuela, instituto, jardín de infancia... Pero llamar universidad a un centro de enseñanza superior que no disponga de una biblioteca con varios cientos de miles de ejemplares de libros -cuando menos- es una exageración, si no una humorada.

                                                    *

Hay premios literarios cuya dotación económica se diría una indemnización: tal desprestigio es ganarlos.

                                                    *

La Wikipedia: curioso ámbito en que el ignorante puede corregir al experto y hasta borrar sus aportaciones a poco que este tenga bibliografía sobre el asunto. Enciclopedia gratuita del error.

                                                    *

Ese autor que se autoedita sus novelas: el triunfo de la afición sobre la ficción.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Página del diario



No, no llevo uno, un diario, pero hubo una época en que anotaba en cuadernos ideas y experiencias. Algunas se publicaron en revista. No descubro nada si afirmo que los blogs han venido a ocupar para muchos el lugar del diario. 
     Si lo llevara, aunque fuera en la pantalla, y este blog fuera más confesional, consignaría aquí algunas coincidencias de las útlimas cuarenta y ocho horas.
     La primera es Venezuela: me escribe la poeta Yolanda Pantín pidiéndome más información sobre un poema de R. S. Thomas que citaba aquí, y el mismo día me encontraba por la calle a Rafael Adolfo Téllez, de quien por la noche releía su poesía junta, donde aparece varias veces, en citas o una dedicatoria, el nombre de Eugenio Montejo. Y porque no hay dos sin tres, un rato después me escribe el también venezolano David González Lobo recordándome que me había comprometido a enviar poemas propios y traducciones a la revista digital que codirige, Tinta china. Tarde, pero cumplo: ya está realizado el envío. 
     Y de Venezuela, a Shropshire. En el obituario de Ricardo Defarges que Luis Antonio de Villena publicaba el viernes en El Mundo escribía que los dos poetas que veía más cercanos al difunto eran Luis Cernuda y A. E. Housman. A la mañana siguiente me ponía con un artículo de Juan Bonilla, traductor de Housman, y minutos después me encontraba en Vistas y panoramas, el más reciente libro de Carlos Alcorta (hermosas e iluminadas prosas poéticas), este verso doblemente aliterativo del inglés y dirigido a Dios: "Bow hither out of heaven and see and save."
     Por cierto, que hay un hilo, o dos, que conectan a Téllez con Housman: el mundo rural, más la voz apócrifa de Uber en el primero y de Hearsay en el segundo.

martes, 17 de septiembre de 2013

Conversaciones con José María Álvarez





Sabíamos de la devoción del pamplonés Alfredo Rodríguez por José María Álvarez, y ahora este libro de conversaciones entre ambos viene a refrendarla. Uno de los Nueve novísimos poetas españoles de la antología de Castellet, el cartagenero es un poeta exuberante, que ha querido fundir vida y poesía. Casi siempre excesivo (no emito una opinión, declaro un hecho), su poesía puede ponerse como ejemplo máximo del culturalismo y del venecianismo (por la adoración a una ciudad cuyo nombre él escribe como los vénetos, Venezia). Quién no quisiera tener a un admirador tan rendido como Rodríguez; y, sin embargo, Álvarez tiene que enfriar a menudo su entusiasmo. Asevera el primero: "usted coge poemas de su traducción de Kavafis y los mete de solapadillo en Museo, y nadie de entera. Se lo aseguro." A lo que el segundo responde: "Eso me interesa mucho. Porque no tengo conciencia de haber hecho eso. Y le agradecería muchísimo que me facilitara una lista, usted que se sabe Museo de cera de memoria, yo desde luego, no, que me haga una lista de esos poemas."
     Lo mejor que puede decirse de José María Álvarez es que, como en su admirado Pound, en medio de mucho fárrago hay momentos deslumbrantes, joyas que vienen a dar guerra vestidas de camuflaje (y que, por ello, pueden pasar desapercibidas). Este libro dialogado incluye bastantes poemas. Este es uno de esos momentos brillantes:

No se trataba de emular Antony and Cleopatra.
Y además, ahí estaba
tu coño de adolescente, de oro
(no tan jugoso como yo los recordaba;
pero al dente, triunfal, de Marcha de Radetzsky),
y estaba tu pelo extendido como llamas
sobre la almohada,
y tus pechos, de punta -(si hay
errata: de puta, también vale)- duros, kamikazes,
y tu cuerpo olía a mi saliva,
y mi boca olía a tu sexo

     Luego el poema se estropea (se me estropea) porque invoca a una actriz (Nicole Kidman) que deja (me deja) perfectamente frígido. 
     Pero no solo hay versos en el libro. De las opiniones políticas y sociales de Álvarez se puede afirmar todo salvo que sean políticamente correctas. No cabe sino asentir con una sonrisa a su crítica de la intelectualidad marxista y el dominio de esta del cotarro cultural, pero cómo no estar en desacuerdo con muchas otras cuestiones. Aunque al menos hay que reconocer que anima las aguas estancadas del discurso dominante. Su ultraliberalismo, su elitismo aristocrático, tan demodé, pueden producir urticaria, pero en punto a decir tonterías (que no restan ni agregan nada a su obra poética) le gana a veces, por ejemplo, su nada apreciado compañero de promoción novísima Antonio Martínez Sarrión, quien en su intervención pública el año pasado en Cosmopoética le arrancó a otro conocido poeta y crítico allí presente estas palabras dichas en petit comité: "Ha hecho cuerdo a Leopoldo María". Naturalmente se refería a Panero, el loco.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Algo más sobre J.B. Trend



El número de Babelia del pasado sábado incluye un artículo de William Chislett sobre sendas biografías recién publicadas de los hipanistas Walter Starkie y J. B. Trend. Los títulos de estas obras son Walter Starkie: An Odyssey, de Jacqueline Hurtley, y An Unlikely Spanish Don: The Life and Times of Professor John Brande Trend, de Margaret Joan Anstee; de este segundo libro me hace gracia el no sé si deliberado juego de palabras en "Spanish Don", con don, que en inglés significa profesor de las universidades de Cambridge u Oxford, y el tratamiento de respeto en nuestra lengua equivalente a "señor".
     De la primera de ellas fue catedrático Trend, que es figura que conozco bien porque se pasea por un puñado de páginas del segundo tomo de mi biografía de Luis Cernuda.
     Trend fue profesor de Stanley Richardson, el joven prometedor que frecuentó, siguiendo sus pasos, la Residencia de Estudiantes en Madrid, y antes de nuestra guerra hizo amistad con Cernuda. Casi con toda seguridad fue por mediación de este ante su antiguo catedrático que el sevillano recibió la invitación para dar una de esas charlas en Inglaterra que le permitieron obtener el salvoconducto y abandonar España, para no volver, a mitad de febrero de 1938. Y en 1943 Trend le ofreció un puesto de lector en su universidad, adonde el autor de La realidad y el deseo se trasladó sin dudarlo, dejando atrás su detestado Glasgow. Cernuda ocupaba así el puesto que no pudo ocupar Antonio Machado (la invitación de Trend llegó al poco de morir este otro hispalense en Colliure, en uno de los más lamentables y breves exilios que puedan imaginarse).
     En Cambridge, durante el verano en que allí alquilamos un apartamento en el que avancé en la traducción de los poemas de Shakespeare y en la reconstrucción del sinvivir cernudiano, el nombre de Trend salió a saludarme manuscrito en el baqueteado cuaderno de actas de la Spanish Society de la universidad, club del que el catedrático fue presidente bastantes años. Con qué nostalgia recuerdo ahora el remanso que es el Emmanuel College, donde residió Cernuda aquellos dos años cantabrigenses. Y sin embargo, la primera noche, o quizá algunas más, que pasó en la ciudad universitaria lo hizo en las habitaciones de Trend en Christ's College, quien se las cedió por hallarse él ausente.
     Fue precisamente allí en el alojamiento de Trend cuando en agosto de 1944 Cernuda asistió a una velada en la que se interpretó música española (en la foto que acompaña el artículo de Chislett aparece Starkie tocando el violín, pero Trend fue también un gran aficionado a la música en general y a la española en particular). Conmueven las palabras del poeta, que en una carta a Gregorio Prieto confiesa: "Después de algunos años, oí de nuevo canciones andaluzas y mi emoción fue tal que tuve que cubrirme la cara con las manos y llorar, aunque ya no me importaba que los otros me viesen. Aquella mañana yo había decidido no ver más a mi amor, y la música de mi tierra, apasionada y honda, me atraía a mi alma el amor que yo querría arrojar de mí, y al mismo tiempo la certeza de su inutilidad, de su fatalidad inevitable."
     Unos meses después, en noviembre, y más calmado, Cernuda intervino en una audición comentada de música española que en el Christ's College organizó la Spanish Society. El sevillano habló de Albéniz y de Falla (viejo conocido de Trend, con el que se carteó en una correspondencia en 2007 fue recopilada por el llorado hispanista Nigel Dennis). El viejo tocadiscos no permitió escuchar debidamente las grabaciones, y entonces el presidente de la sociedad invitó a los asistentes a subir a sus propios aposentos, donde es de suponer que sonaría mejor la seguidilla de la Niña de los Peines de la que se habla en el libro de actas.
     Como fue habitual en él con casi todos a los que trató, Cernuda quedó disgustado con su catedrático, ese señor con bigote (no sé si en 1945 lo seguía teniendo) al que retrató José Moreno Villa en 1928, dibujo que, como puede verse arriba, es el que ilustra la cubierta de su biografía. Un año antes, el muy poético 1927, Trend visitó Sevilla y dejó de ella unas agudas estampas en un libro titulado Spain from the South, que mi amigo Fernando Iwasaki paladeó y glosó en uno de los no menos sabrosos textos que componen su Sevilla, sin mapa.
     No uno de aquellos discos que Trend reproducía en su radiogram y que emocionaron a Cernuda, sino una grabación en mp3, aquí se puede escuchar (en inglés) a Margaret Joan Anstee, la autora del libro sobre el hispanista, en una conversación que tuvo lugar en el Hay Festival el pasado mayo.

domingo, 15 de septiembre de 2013

El ulular del lobo

Vasko Popa

Este pasado viernes se publicaba en Estado Crítico mi reseña de El cansancio ajeno, la poesía completa de Vasko Popa publicada en Vaso Roto.

sábado, 14 de septiembre de 2013

La zona azul




El responsable de Movilidad del Ayuntamiento hispalense ha anunciado que pronto aumentarán en más de tres mil las plazas de zona azul en la ciudad. Frente al Tráfico, con sus connotaciones negativas (de influencias, de drogas, y los atascos), qué gran invento es la Movilidad: parece que trae nuevos suelos, espacios recién creados para que los ciudadanos aparquen sus coches. Ah, que resulta que las plazas ya existían a disposición de quien libremente las ocupara y con igual albedrío las soltase. Y gratis. Vaya.
            Con todo, los residentes y comerciantes de esas zonas parecen haber acogido favorablemente la iniciativa. A los clientes de los segundos se les facilitará el llegar, y a los primeros se les solucionará, dicen, el problema endémico de los “gorrillas”. O casi, porque está por ver que esto llegue a ser realidad. Sevilla parece encerrar más verdad que otros lugares del globo, al menos más que la Filadelfia de Benjamin Franklin, quien acuñó esa frase que tantos blanden para quejarse del Fisco: “Solo hay dos cosas seguras: la muerte y los impuestos”. A esas dos certezas Sevilla añade una más, y no como dogma de fe tan propio del credo local, sino como dato empírico: “Solo hay tres cosas seguras: la muerte, los impuestos y los gorrillas”.
            En Bami, este verano se inauguró otra zona azul, pero ya no en superficie: el aparcamiento subterráneo del Sagrado Corazón. Sus plazas amplias, pintadas de color de una piscina, invitan a zambullirse en ellas. Los primeros días estaba tan vacío que en sus aguas figuradas se podían hacer los cien metros libres. Y como en una película de acrobacias de sirenas, tiene banda sonora, y hasta luces rojas o verdes sobre cada plaza para indicar, como el brazo a la intemperie y quizá pinchado del gorrilla, dónde hay un sitio libre.
            Qué tropa, los gorrillas. De los minusválidos de hace unas décadas, que daban un recibo y pena, se pasó a los toxicómanos y a los parados mayores de cuarenta años (estos sí aseados y con uniforme). Hoy, como sucede con el pescado o el marisco, ha proliferado sobre el producto nacional el extranjero: los hay de países del Este, del Magreb, del África negra. Hace semanas a uno de los últimos le propinaron una paliza otros, gitanos. Vete a tu tierra le dijeron, tras robarle la recaudación.
            ¿Qué le dirán al vecino que aparque después del horario restringido o en el fin de semana? ¿Y qué aducirá el importunado? ¿Tendrá que enseñar los papeles, asegurar que su tierra es esta, que vive aquí?
Azul, azul, la policía.

(El Mundo, edición Sevilla, 13-9-13)

viernes, 13 de septiembre de 2013

El silencio y la mala poesía

R. S. Thomas

Es sabido que hay cierta poesía que ronda el silencio, que bordea el misterio de la palabra cuya mayor aspiración es cesar, herida por lo inefable. Pero también hay poesía mala (si es que puede haber mala poesía, tema de discusión que nos llevaría lejos) que pide el silencio del lector, eso que convenimos en llamar un tupido velo, por respeto a quien la creó con su mejor intención pero que solo fue capaz de crear algo fallido. A veces, sin solicitarlos, nos llegan poemas, libros enteros, malos, deficientes. Lo mejor en esos casos es no arrogarse una cátedra desde la que tronar contra ellos, ¿para qué hacer un daño innecesario? Mejor callar. Se pueden mostrar las deficiencias de un verso, de una estrofa, pero ¿vamos a hacer una enmienda a la totalidad? ¿Y quién es uno, además, para hacerlo? También ha perpetrado bodrios y no está libre de reincidir, como un delincuente. El mutismo es mejor, más sabio.
R. S. Thomas, el gran poeta galés, escribió algo al respecto. Antes de cambiar de idea y engarzar unas cuantas mentiras piadosas, comienza así una carta que no echará al correo:

Apreciado amigo desconocido,
¿a qué enviarme tus poemas?
Admito que somos hermanos;
pero es que no son buenos.
Puedo ver por qué los escribiste,
¿pero por qué mandarlos? ¿Por qué no
enterrarlos, como un gato sus heces?

Pero, sacerdote anglicano, no quiere ser duro, y mucho menos cruel. De modo que escribe que son "grandes poemas" los que les ha mandado el corresponsal, y cierra el suyo con una espléndida imagen cuando dice que ha de soportar 

mi mentira oscura, pusilánime,
como la redonda luna soporta un eclipse.

jueves, 12 de septiembre de 2013

La insomne



¿Qué importa que lo hayamos leído ya varias veces, en el libro en que originalmente se publicó, y luego en recopilaciones posteriores? Siempre encontramos en él cosas nuevas. No los versos, sino uno mismo gana en cada relectura. Con permiso de Jesús Aguado, del que José Ángel Cilleruelo acaba de ofrecer una antología en Fondo de Cultura Económica, aquí va uno de sus poemas más sabios, perteneciente a Los poemas de Vikram Babu (2000):

Como el que sube al cielo para echar un vistazo,
si merece la pena renunciar a este mundo
por lo que allá le espera,
                                        y nadie lo recibe
porque en ese momento los dioses se han marchado
a visitarle a él
                       en la Tierra lejana
(un santo de prestigio tan alto no es frecuente
y despierta pavor, curiosidad).

Decepcionados todos por el esfuerzo inútil,
se encuentran sin saberlo
                                         en medio del camino
entre el Cielo y la Tierra
                                         y por algo ridículo
(quién cede el paso a quién,
                                              una mirada fea)
se amenazan con palos,
                                       con conjuros,
se retan como chulos que han bebido hasta hartarse.

El Cielo abandonado
y la Tierra vacía,
sin dioses y sin santo.
¡Es el momento, amigos, de saquearlos bien!

Vikram Babu pregunta:
                                      ¿a qué esperáis sentados?


miércoles, 11 de septiembre de 2013

Inmigrantes del aire

Un detalle de la plaza de San Lorenzo,
con la iglesia en que fue bautizado Bécquer


Vencejos y golondrinas eran las aves que hasta hace muy poco asaeteaban con su vuelo la plaza de San Lorenzo, una de las más hermosas de Sevilla. Y al caer la tarde sus trinos, con el de los gorriones, tomaban posesión de ese cielo. Las golondrinas, además, anidaron en la rima de un vecino de la collación y bautizado en su parroquia, Gustavo Adolfo Bécquer, y desde aquella se multiplicaron en la memoria de muchas generaciones de lectores de poesía.
Ahora, desde hace poco, los árboles -plátanos de Indias y naranjos- albergan a un buen contingente de periquitos o cotorras, tropicales pájaros chillones lo mismo en su canto -si canto puede llamarse- que en el plumaje. Hay una algarabía estridente que no se compadece con la serenidad antigua. Con su break dance o su hip hop, con gorras de béisbol con la visera ahacia atrás, con aparato estéreo desaforado, los inmigrantes del aire se han hecho dueños de la plaza, latin kings estentóreos que tatúan el cielo con su acento. En su último libro, Antes del nombre, Eloy Sánchez Rosillo dedica un poema al canto del jilguero. Pero los jilgueros de antaño, señores de los patios y los balcones, han sido acallados. En vano pedirá en la plaza sevillana lo que escande la página:

Sí, dejadme, dejadme que lo escuche,
que el silencio que tengo no se rompa.
No hay misterio más hondo que aquel pájaro
y su canto que vibra en el árbol del tiempo. 

martes, 10 de septiembre de 2013

Una copa de Haendel



Así se titula el nuevo libo de poemas (¡el cuarto ya!) de José María Jurado. Desde aquella primera entrega (La memoria frágil) a esta, Jurado ha ido creciendo como poeta. Decir que es ya uno de los mejores poetas sevillanos no sería del todo justo con él, porque lo mismo se podría afirmar ampliando el enfoque e incluyéndolo entre una más extensa nómina: los andaluces en su conjunto. 
Le pasa al autor de Una copa de Haendel lo que a su maestro Luis Alberto de Cuenca: que la cultura, el culturalismo si se quiere, no es alarde o impostación, sino ámbito del disfrute. Hay mucha música en este libro, muchos homenajes a poetas, numerosa pintura, y todo ello es el pretexto, el punto de partida de la emoción y la inteligencia. 
Hay poemas brillantes aquí, desde el inicial "Chejoviana" ("Afuera están serrando los cerezos, / pero son nuestras vidas las que sierran.") hasta "Hora de entrada", con su excelente broche. Y cito este, y no el último del volumen, "La quencia", porque aunque también está dedicado a un familiar (el primero a su hija Inés, el segundo a su tío muerto Miguel García-Posada), este último, digo, a pesar de que ofrezca el título al libro con ese brindis musical en un verso, entra más en el terreno de la elegía privada, con más difícil acceso al extraño. 
Es Jurado dueño de unas dotes versificadoras espléndidas (véanse los sonetos y los dísticos alejandrinos, pero también las silvas abundantes o los poemas en prosa). Me ha gustado con su guiño poundiano (allí el papiro, aquí "Fragmentos de una tabla de arcilla") el palimpsesto de las páginas 39 y 40, maravillado el haiku "Después de la lluvia" o encantado el fruto de la reciente actualidad, "Cónclave". "Calendario perpetuo" es una maquinaria de relojería que combina muy bien tres magnitudes y que seguramente solo podía ser obra de un ingeniero de Telecomunicaciones, como es su autor. Del poema "En la tumba de Yeats", muy sabiamente colocado entre otro de idéntico título pero aplicado a la sepultura de John Keats y una paráfrasis muy libre del famosísimo "Un aviador irlandés prevé su muerte", no debo hablar, que me viene dedicado. Corrijo: sí debo, expresar mi gratitud.
Y para que me acompañe en el agradecimiento y los parabienes, al hipotético lector que haya llegado hasta aquí le dejo el citado poemita de sabor japonés:

DESPUÉS DE LA LLUVIA

Solo tres flores
en la rama de almendro,
como en un haiku.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Diario abierto



Estado Crítico ha renovado su imagen, y una de las primeras reseñas de esta temporada es la que firmo sobre La novela de K., de José Manuel Benítez Ariza. Se puede leer aquí.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Reencuentro con Hilario Barrero




Los libros prolongan la amistad en el espacio, y en la conversión de páginas a kilómetros nos acercan a los que están lejos. La primavera pasada tuve la suerte de conocer a Hilario Barrero. Fue en el alojamiento en que pasábamos unos días en Nueva York, a un paso de la sede central de la Biblioteca Pública y rodeados de volúmenes, que no en vano el establecimiento se llama The Library Hotel y pregona en su publicidad esa frase tan citada de Borges que alude al paraíso como una biblioteca. Él se acercó a visitarnos, más por cordialidad que por cortesía. Fue muy amable y, gran conversador, nos contó una peripecia muy divertida de cómo se había equivocado de hotel. Pero a él le corresponde la anécdota y no voy a ser urraca de lo suyo.
     Además de poeta y traductor, Barrero es diarista, y ahora ha publicado en la editorial asturiana Impronta Nueva York a diario, que recoge las entradas correspondientes a los años 2010 y 2011. Lo he leído estos días y las anotaciones me han devuelto al Brooklyn en que vive el autor, pero también me han hecho viajar a Nueva Escocia o a Québec, o a su natal Toledo o a Tuy, Gijón u Oviedo a este lado del Atlántico. Está la devoción por la ópera (con no pocas visitas al Metropolitan), y las anotaciones sobre poetas, con traducciones de algunos de sus versos u opiniones (así, Moore, Pound o Auden). Pero también el recorrido a pie o en metro por partes poco conocidas de la ciudad, y la huella de tantas soledades como la habitan. Lo mismo nos conduce por callejones pobres que por los grandes almacenes Bloomingdales, "una catedral del lujo donde la gente habla bajito y los dependientes parecen clientes."
     En Washington Square, cerca de donde Barrero da clases, hubo hace unos meses una exposición sobre la faceta fotográfica de Allen Ginsberg, en la que se podía ver retratada a toda la Beat Generation. En la entrada correspondiente al 8 de junio de 2010, el autor de este Nueva York a diario cuenta, espoleado el recuerdo por la muerte de Ginsberg tres días antes, cómo conoció a este y a Peter Orlovsky y cómo ambos le firmaron un libro que contenía poemas y cartas de los dos. Cuenta Barrero que Ginsberg le dibujó una flor que podía ser una margarita. Curiosamente, yo tenía en mis manos hace poco un ejemplar de la poesía del norteamericano dedicada a Carlos Edmundo de Ory. Fue en Cádiz, en la sede de la fundación dedicada a este, y el poeta Javier Vela, a su cuidado, me enseñaba la ilustrada caligrafía del autor de Aullido.
      Me gusta el uso del "tú" que emplea con naturalidad para tantas anotaciones como dirige a su pareja, y el que habiendo en el libro poesía y reflexión, y no pocos ejercicios de memoria, todo corra con naturalidad, agua clara, sin buscados preciosismos, sin alarde. Cuando cerramos el libro nos despedimos de su autor como de alguien con quien hemos compartido una larga temporada: dejamos atrás los paseos por el parque con el perro Pepe cuyo cuidado le han encomendado sus dueños, las idas y venidas del sabio José Muñoz Millanes, las evocaciones de la familia y de esa ciudad levítica, Toledo, en donde el diarista empezó a ganar su primer dinero colaborando en la edición local de un periódico desaparecido que hoy a tantos parecerá, más que carca o arcaico, anterior a la invención de la imprenta.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Peregrinos en Santiago


Fotografía de T. M. R-F., agosto de 2013



En la rúa principal de Melide, que es decir en una de las estaciones del Camino de Santiago, la pulpería Ezequiel acompaña los cafés e infusiones con sobres de azúcar en los que figuran imágenes de monumentos señalados del mundo. El que pintaba el mío, con el que endulcé un café muy necesario tras dar cuenta de media tonelada de cefalópodos y quedar aún por delante unas leguas para finalizar la etapa, era la Giralda, hito particularmente idóneo, por la esbeltez de la torre, para ser representado en un rulillo alargado.
Pero la presencia sevillana en el peregrinaje este verano ha sido mucho más que esa. Por la misa de peregrinos, una vez recibida la Compostela, supimos que la víspera habían cumplido viaje ante el apóstol un grupo de Estepa y varias otras personas de Sevilla. Y como quiera que no se columpió el botafumeiro sobre las naves laterales que unen la puerta de Azabacherías con la de Platerías, regresamos a la ceremonia de la tarde, donde otra vez oímos cómo habían llegado a Santiago otros paisanos nuestros. No es de extrañar, pues el número de peregrinos ha sido muy alto este año, pese a no ser Xacobeo. Seguro que el lector tiene a mano ejemplos de familiares, amigos o conocidos que la semana pasada, o la otra, o unas más allá, han hecho el Camino, ya sea desde aquí mismo, a lo largo de la Vía de la Plata, ya por el Camino francés o el portugués, aunque sean solo los últimos cien kilómetros requeridos para obtener la acreditación.
            En una de las aldeas, tras pasar por un corral en que amistaban vacas y gallinas bajo la presidencia, ausente el toro, del señor gallo, el altavoz de un bar propagaba sones rocieros, como si en vez de arribar a Arzúa lo estuviésemos haciendo a la aldea almonteña. Presencias menos gratas fueron los grafiti que algún vecino de Gelves ha ido dejando en paredes, así como alguna otra pintada relativa a Lopera (sí, el expresidente verdiblanco) y a la querella entre béticos y sevillistas, que parecía, a lo visto, más enconada que la habida entre cristianos y mahometanos en la batalla de Clavijo en la que supuestamente intervino el santo, recibiendo el apodo y aún la representación de “Matamoros”.
            Decenas de miles de personas hacen cada año el Camino, a las que habría que sumar esos tres o cuatro animales de por aquí que han marcado el hierro de su ganadería, la misma que ellos llevarán bajo las astas, en muros de granito o mampostería que maldita la necesidad que tenían de emborronarse.
            Que en su misericordia los perdone el apóstol.

(El Mundo, edición Sevilla, 6-9-13)

viernes, 6 de septiembre de 2013

Los gallegos y el voto


Cunqueiro, imitando a su Merlín, en fotografía de Julio Ubiña

Los artículos de Álvaro Cunqueiro hay que leerlos sin lápiz a mano. Como uno se ponga a subrayar frases felices y maravillosas, pronto agotará los yacimientos de grafito. Es lo que sucede cuando se lee la recopilación de textos que publicó a lo largo de siete años en la revista Sábado Gráfico y que ahora ha juntado la editorial Follas Novas. 
Eran los tiempos del final del régimen de Franco y los inicios de la transición, y los cambios sociales y políticos se dejan ver en algunas de las páginas (las más están dedicadas a asuntos intemporales). Por ejemplo, en "De votos y censos", artículo que vio la luz en diciembre de 1976. Se ocupa ahí el genial mindoniense de la costumbre imperante en Galicia de hacer votar a los difuntos: "siempre se dieron maña los electoreros para que alguien acudiese a votar dando por suyo el nombre de un difunto o de un emigrado de Buenos Aires", escribe. Y tras contar varias anécdotas al respecto, refiere esta, mi preferida:

Me contaron hace años que en una villa cercana a Orense, creo que en el Castro de Caldelas, se presentaron al mismo tiempo dos, de partidos opuestos, a votar dando el nombre de un mismo muerto. El presidente de la mesa, un hombre pacífico que temía líos y golpes, que la elección iba igualada, hizo que consultaba un código, y decidió:
-¡Que vote el de más edad!
La norma jurídica que tanto apetece el gallego, o las "divinas palabras", o lo que quieran, pero la decisión fue acatada.

jueves, 5 de septiembre de 2013

A UN AMIGO, AL REGRESAR DE GRECIA








                                    Para Manuel Grosso, en su cumpleaños

Aceleradamente me contabas
(y apenas te entendía, como el griego
que se oye en un muelle o la taberna
bajo la parra extensa de la noche)
de aquella calma de la isla de Hidra,
de sus calas pobladas por las ondas
que impulsan los acentos de la Ilíada.
Y cómo unos pollinos ascendían
cuesta arriba con víveres en lentas
angarillas de esparto: la ateniense
provisión del Pireo a las moradas
más cerca de la casa de los dioses.
Bebiendo un vino tinto, el retrogusto
de aquel blanco con toques de resina,
y en la mano las fotos desplegándose
lo mismo que si Ulises relatara
todo el periplo de sus aventuras.
La máscara de Agamenón brillaba
menos en esa imagen que en tus ojos
teñidos por el oro de exclamar:
–¡Cuántas veces he vuelto a este museo!
Cada palabra, en fin, era ella misma
y como una larga estela en el Egeo
el eco azul de su etimología:
–Me he sentido más vivo ante la Acrópolis.
Me pareció que, juntos en el ágora,
Sócrates tertuliaba a nuestro lado.