domingo, 31 de marzo de 2013

Cementerio de Queens


Como la fila trece en los aviones,
inexistente,
la octava terminal
del Kennedy: 
                      la única que deja
atrás la lanzadera sin pararse.

Igual de gris,
la pista de despegue de las almas.


viernes, 29 de marzo de 2013

Kerouac y las maletas



En el 100 de Washington Square, aquí en Nueva York, y hasta dentro de unos días, se puede visitar la exposición que recoge las instantáneas que Ginsberg, el aullador de la Beat Generation, fue tomando a lo largo de los años: de sí mismo, de sus conmilitones, de sus amantes, de la ruina que al cabo toda vida es, y especialmente si esta es propensa a los excesos. Si los Beats hubieran tenido su momento cumbre (ese desde el que más alta es la caída) tres décadas después, la mayoría habría muerto de SIDA. De todos ellos, el que más me ha interesado siempre es Kerouac, ese descendiente de bretones que con su "My only friend is an old fag" tanto me recuerda al "A pint of plain is your only man" del irlandés Flann O'Brien. 
Kerouac mandó al cuerno a la cultura oficial y también a la contracultura, y a menudo hay que leer sobre él sandeces como la regurgitada por Andrew O'Hagan, que en un artículo reciente lo alababa pese a ser el autor de On the Road, decía, "un católico sentimental" y derechista. Algo muy feo que, como se ve, lo asemeja al marqués de Bradomín.
De todas las fotografías que hizo Ginsberg, la de un Kerouac noqueado por la vida, sentado junto a unas maletas en el apartamento del primero, es una de las imágenes más poderosas que recuerdo del fracaso. La errancia, un asiento, el cansancio.

jueves, 28 de marzo de 2013

Plenitud de Emmylou Harris




Saco de uno de los dispensadores de periódicos, en la acera de Lexington Avenue a la altura de la calle setenta y tantas, un ejemplar de The Village Voice. Qué lejos queda la época en que esa cabecera era adalid de la contracultura. Hoy es una de esas publicaciones gratuitas cuyas páginas finales albergan anuncios eróticos. De contenido, este número trae un largo reportaje sobre los incidentes de Brooklyn, tras la muerte de un joven negro al que tirotearon, parece que por la espalda, dos agentes de policía vestidos de paisano. 
Esta mañana, en The New York Times, uno de los periódicos contra los que tira con bala el cronista de The Voice, acusándolo de seguir la versión oficial de la policía, veo que el jefe del Departamento del que se puede comprar en un montón de tiendas mercadería con las siglas (NYPD) y el azul, Esposito, se acaba de jubilar. Lo ha hecho la víspera de cumplir 63 años, y en la fotografía que ilustra la noticia se le ve de uniforme recibiendo los parabienes del superintendente del cuerpo, Ray Kelly, que por ser civil viste traje de rayas.
Quien cumple la semana que viene 66, como la famosa ruta que iba, y aún va, al oeste, es la sureña (de Alabama) Emmylou Harris, que desde luego no parece que esté cercana al momento de dejar los escenarios. Hace un rato la hemos escuchado -gran concierto- en el Beacon Theatre, en compañía del tejano Rodney Crowell, con quien ha grabado su último disco, y con el británico Richard Thompson de telonero de lujo.
Harris está muy en forma, y maneja con holgura y gran clase un repertorio amplio y rico. Supongo que Esposito conservará la pistola reglamentaria y ojalá no tenga que usarla. Por su parte, Harris sigue empuñando la guitarra y esa arma aún más poderosa, su voz, que en ciertos momentos, y apoyada por el fuego lento y de terciopelo de Crowell, pone el corazón en un puño.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Puente colgante


                                                     Para Hilario Barrero

Puente colgante
entre la luz y el claro,
estos trazos de lluvia
que lavan la negrura.

Cuando terminan,
dolidos los riñones de agacharse
para fregar el mundo,
sonríe nuevamente
ese disco naranja.
Se quita las gafas de sol.

martes, 26 de marzo de 2013

Sir Gawain en la calle 86



Habíamos pensado asistir a la presentación que Joyce Carol Oates hará de su último libro, The Accursed, en la sucursal de Barnes & Noble de la calle 86 con Lexington, pero finalmente la gran dama de la novela norteamericana se las tendrá que componer sin nuestra siempre solicitadísima presencia, que ha sido demandada, por mor del gusto por la música folk y de raíces, en el concierto de una joven cantante en The City Winery, a unas cien manzanas de allí y solo una hora después del momento en que Oates tome el micrófono en la sala de actividades del segundo sótano, una amplia cripta, y empiece a leer fragmentos de su obra no tanto críptica como de vampiros.
Con todo, después de pasar por el Metropolitan a tertuliar con los paisanos Murillo y Velázquez, que allí cuelgan algunos de sus cuadros, y de refugiarnos de la lluvia en el Guggenheim -si no fuera por las inclemencias del tiempo, no se explicaría el autocastigo de infligirnos un recorrido por la exposición sobre el Gutai, no sé qué japonesería pretenciosa-, hemos pasado por la citada librería. En la sección de poesía he estado un buen rato catando las versiones de Simon Armitage de La Odisea, de La Muerte de Arturo aliterariva (una de las más granadas músicas épicas del siglo XIV, que no sabía que hubiera traducido) y de su celebrada recreación de Sir Gawain y el Caballero Verde. Este último poema anónimo del período del inglés medio está hace años en mi lista de espera, por lo que a las traducciones hacederas se refiere. El siglo pasado (y aún faltaban dos o tres lustros para que finalizara) comencé a verterlo, y no muchos versos siguieron, vencidos por mi dispersión, tras ese inicial "Terminado el asalto y el sitio de Troya".
Ahora, de regreso a la biblioteca que es nuestro hotel, leo un artículo de W. S. Merwin en The New York Review of Books sobre "The Mystery of Translation", donde menciona Sir Gawain y la traducción de Marie Boroff que he tenido entre las manos esta misma tarde cuarenta y seis manzanas más al norte, no recuerdo si antes o después del Beowulf de Heaney, del que siempre leo unos versos me halle en una librería de Dublín, las Cambridges o donde sea a un lado u otro del océano. Cuántas responsabilidades para un zoquete como yo: hace un par de lustros Jordi Doce, que dentro de unas semanas recibe al Nobel irlandés en Asturias, me animaba a traducir el poema anglosajón. Lo haré, sin duda, aunque el héroe que mató al dragón y a Grendel se las tendrá que ver con Sir Gawain. Quien gane ese combate se hará acreedor de ser traducido en primer lugar.
Medito sobre esto mientras los pies hallan alivio tras emanciparse de las botas que los han ceñido durante la caminata, caballero andante por Manhattan como el otro por La Mancha. Y también por Brooklyn. Excelente este vino de California, por cierto.

sábado, 23 de marzo de 2013

Telefonía celeste




Con los teléfonos de atención al ciudadano suceden cosas muy bizarras que si no entran en la categoría sicalíptica de las líneas eróticas, ese sumidero de las arcas públicas en las arquetas sin fondo de algún caso sonoro, pueden llegar a enervar o asombrarnos.
            Está por ejemplo el de Urgencias, el 112. Un sistema centralizado atiende a toda la región (de ser esto Cataluña, ya me estaban dilapidando por usar esa palabra tabú, región, y tendría que pedir a ese mismo teléfono una ambulancia o los guardias, digo los mossos d’esquadra). Y, claro, el personal que contesta no tiene por qué saber dónde se ubican todas las calles de Andalucía. Por lo que ya puede estar usted en un apuro que tendrá que explicar no solo que el servicio que solicita es para tal calle, sino en qué barrio se halla esta, así sea la calle Sierpes. Al parecer, el 092 que atendían en el cuartelillo de su pueblo o en la urbana jefatura está derivado a ese número de doble alineación de equipos de fútbol: once y dos. Es decir, que echan balones fuera los municipales. Pase para poblaciones pequeñas o incluso medianas, pero para capitales como Sevilla parece más bien un despropósito. Por otra parte, si unos mozalbetes molestan junto a su ventana, poniendo música y gritando mientras beben, ¿es eso una emergencia? ¿Hay que llamar al mismo número donde reportar que ha caído un hombre al río?
            Está por contra la buena experiencia del teléfono 010, el de información municipal en la capital. Que quien responde a estas llamadas sea amable es lo mínimo exigible. Que sea pasmosamente eficaz, ya resulta insólito. Llamé la otra mañana para avisar de que cerca de casa hay desde hace días sobre la calzada una plancha metálica que, como campana laica, repica cada vez que un coche pasa sobre ella. A veces, si es furgoneta o camión, o simple desaprensivo que se embala, el tañido es de fiestas mayores. Durante las horas diurnas se tolera el ruido; ahora, antes de maitines mortifica ese ding dong dang que parece surgir de uno de los poemas de Edgar Allan Poe, a quien no viene mal citar aquí porque es maestro en esto de las noches en vela. Pues bien, indicándole la encrucijada en que se hallaba la tabla de mi tormento, la pitonisa consultó su bola de cristal y sentenció clarividente: es una actuación de EMASESA a la altura del número 1. Tienen quince días para retirarla.
            Di las gracias. Colgué. Recordé, abracadabrante, un título de Adriano del Valle: Telefonía celeste. Mágicamente, al día siguiente quitaron la plancha.

(Publicado en El Mundo, edición de Sevilla, el 22-3-13)

viernes, 22 de marzo de 2013

Una nota y una novela


Hay escritores que se ponen a fabular y hallan en la imaginación el detonante de sus ficciones. Yo aún no he aprendido a componer una novela que no parta de una armazón ya dada por la realidad, por algún hecho histórico o literario, y mis tanteos en el género obedecen todos a la espoleta que guarda la vida de un personaje conocido o que permanece en la sombra para muchos, según el caso. 
Pensaba que había agotado las historias a mi disposición, y que ya poco podía fabular. Y de poco precisamente, de una nota a un libro que he leído recientemente, procede la sacudida que me ha llevado a reincidir temerariamente en la novela, en el morral de ellas, inéditas, que voy acumulando. Aquí hay una narración, esto es el principio de algo, me he dicho. Y en ello ando. La novela futura no sé, pero desde luego el relato condensado que la inspira, esa nota, es un gran hallazgo.  Aquí estoy ahora, levantando de esos mínimos trazos la arquitectura que creo que pedía.

martes, 19 de marzo de 2013

lunes, 18 de marzo de 2013

Simetrías de Carlos Pellicer



Curioso el caso del poeta mexicano. El año 1937, el de su viaje a España con Juan de la Cabada, Elena Garro, Octavio Paz, José Mancisidor y Silvestre Revueltas, entre otros, es el de la publicación de su poemario Hora de junio. Era el sexto de los suyos, el mismo ordinal que ocupa el mes del título en el año. Lo sorprendente es que a lo largo de su vida Pellicer escribió doce libros de versos, como las estancias del ciclo anual, y que en el momento de la aparición de Hora de junio tenía cuarenta años. Ochenta fue el número total de los que vivió. Este es uno de los sonetos del libro:


Junio me dio la voz, la silenciosa 

música de callar un sentimiento. 

Junio se lleva ahora como el viento 

la esperanza más dulce y espaciosa. 



Yo saqué de mi voz la limpia rosa, 

única rosa eterna del momento. 

No la tomó el amor, la llevó el viento

y el alma inútilmente fue gozosa.



Al año de morir todos los días 

los frutos de mi voz dijeron tanto 

y tan calladamente, que unos días 



vivieron a la sombra de aquel canto. 

(Aquí la voz se quiebra y el espanto 

de tanta soledad llena los días.)

domingo, 17 de marzo de 2013

Ulises en Dublín

James Joyce con Sylvia Beach y Adrienne Monnier en la antigua Shakespeare and Co.

No se me ocurre mejor manera para celebrar San Patricio que traer aquí el artículo que Armas Marcelo dedicaba a Joyce y su Ulises el otro día en El Cultural. Es ameno, inteligente, divertido, y nos hace viajar brevemente en Dublín a los que hoy estamos lejos.

sábado, 16 de marzo de 2013

Un dolor de muelas

El joven e e. cummings


En Zaragoza (la capital aragonesa, no la calle que va a la plaza Nueva), un dentista ha sido detenido tras arrancar un puente que había colocado a su paciente cuando esta se negó a abonar la cantidad que aquel le reclamaba y excedía lo presupuestado. Con tan cruenta acción la cabezonería del odontólogo se dio maña para ilustrar un chiste de baturros: una especie de “Chufla, chufla, como no te apartes tú” aplicado a los dientes y con colmillo retorcido.
            Me ha recordado la bárbara extracción a otra, esta feliz, que tuvo lugar en nuestra ciudad hace noventa y dos años. Tal día como hoy, el 15 de marzo de 1921, e. e. cummings, uno de los más grandes poetas norteamericanos (a pesar de sus voluntarias minúsculas), zarpó hacia Europa a bordo de un carguero portugués. Viajaba con el también escritor John Dos Passos, y tras atracar en Lisboa llegaron a Sevilla justo a tiempo de conocer la Feria de Abril.
            Naturalmente, dio cuenta a su familia del colorido que halló aquí: los coches de caballos, las atractivas muchachas con sus atuendos exotiquísimos, el baile en las casetas, el cante… Tampoco faltó la visita a la plaza de toros donde los dos yanquis en la corte del rey Gerión asistieron a sendas corridas. Pero el espectáculo sangriento tuvo su prólogo en otro, una muela infectada que le extrajo un dentista local, no sé si doctor en medicina o barbero sacamuelas. Una vez arrancada la pieza ulcerada, que desde Oporto le resultaba insoportable, cummings disfrutó de Sevilla, y el mozo americano tuvo trato incluso con alguna nativa en cierta mancebía, es de suponer que con las veinticinco libras que retiró de un banco usando la carta de crédito que portaba, tras dejarse invitar una y otra vez por Dos Passos.
Lidiaron esa semana El Gallo, Alcalareño y Chicuelo. También Belmonte, a quien un toro de Santa Coloma mandó a la enfermería el 19 de abril. Seguramente, no vieron a este nuestros visitantes, como tampoco la Pasarela, que se desmontó precisamente aquel año y no llegó a presidir, una vez más, la Feria.
       Aparte de hallarlo en la biografía que le compuso Chaves Nogales, a Belmonte el sevillano puede verlo hoy en los carteles de la temporada taurina. Yo por ejemplo, lo he encontrado con esa tez color tabaco suya en un bar muy céntrico. Justo donde estos días, después de implantarlo hace unos años, la Junta ha extraído a los sevillanos, como una muela que le dolía (pero a ella), el centro de salud de La Campana. También por una cuestión de presupuesto. Aún no la han detenido.

(Publicado en El Mundo, edición de Sevilla, 15-3-13)

viernes, 15 de marzo de 2013

Razón de un crimen



Hay frases terribles que nos aciertan en la boca del estómago con un golpe certero. Una de ellas es esta tomada de Enterrar a los muertos, el libro que Ignacio Martínez de Pisón dedicó a la desaparición y asesinato por la NKVD, en Valencia y 1937, de José Robles, traductor de John Dos Passos al español: "A Robles se le detuvo para ejecutarle y, por perverso que parezca, era su ejecución la que debía convertirse en la principal prueba de su traición. No se fusiló a un traidor: se fusiló a un hombre para hacer de él un traidor."

jueves, 14 de marzo de 2013

Hablar entre líneas



Otro poema sánscrito que me he entretenido en rehacer a partir de la versión de Paz. Como en el caso del que ya traje aquí hace unos días, también ha cambiado su título. La joven de la miniatura mogol con que lo ilustro no dejará a los versos por embusteros:


HABLAR ENTRE LÍNEAS

La belleza no está
en lo que dicen las palabras,
sino en eso que dicen sin decirlo;
a través del velo, los senos
se ven más deseables que desnudos.

miércoles, 13 de marzo de 2013

martes, 12 de marzo de 2013

Los muertos



Reseño en Estado Crítico Sepelio en Tebas, la versión que Heaney hizo de la Antígona de Sófocles. Muy recomendable (el libro, no la reseña).

lunes, 11 de marzo de 2013

El chaparrón




Cuánta hojarasca
gris en el cielo.
Pero la poda a fondo
con sus tijeras húmedas
el chaparrón.

***

Diluvia ahora,
y todo ese tronar
desagua en los oídos.
           
La poda es tala.

domingo, 10 de marzo de 2013

Justicia poética




El Premio Loewe de Poesía ha alcanzado la edad de los veinticinco años, y este martes se celebrará en torno a él un acto en la sede central del Instituto Cervantes, en el que participarán muchos y excelentes poetas de entre los galardonados. El Cultural le dedicaba algunas páginas el pasado viernes, con opiniones de varios de los ganadores y un artículo de Luis Antonio de Villena. Se habla por todas partes del prestigio del premio, que es cierto y se aprecia en la nómina de los autores que lo han ganado. Pero al parecer no todos piensan así. ¿Puede alguien en su sano juicio escribir esto de sí mismo en una página de su universidad, o bien propiciar que se escriba o siquiera consentirlo? En la prensa no se halla rastro de lo que ahí se insidia, y Octavio Paz, qué casualidad, ya no está ahí para confirmarlo.
Pero no descubrimos nada nuevo. Del carácter ególatra de ese profesor de la Complutense hablaba Andrés Trapiello, hace año y medio, en una jugosa entrada de su archivo de asientos digitales, Hemeroflexia.

sábado, 9 de marzo de 2013

La "Tierra" de Vicente Amigo




Los de Guadalcanal, aunque crezcan luego en Córdoba, dan en recorrer mundo, ya sea descubriendo una lejana isla que la Segunda Guerra Mundial azotó con batalla famosísima, ya yéndose a las Islas Británicas a fundir -¿no es cosa del flamenco la fragua?- la música andaluza con la céltica. Vicente Amigo acaba de publicar un disco, Tierra, que ha sido producido en los estudios donde graba Mark Knopfler, ese otro mezclador de estilos, y en el que han intervenido varios de los grandes músicos de Irlanda y Escocia. El resultado se estrenó en enero en el festival Celtic Connections de Glasgow.
            Al guitarrista lo acompañan Donald Shaw (el acordeonista de Capercaillie y marido de su vocalista, Karen Matheson) y el flautista Michael McGoldrick. Al primero lo pudimos escuchar en el Prado de San Sebastián en una de las convocatorias de Cita en Sevilla; al segundo, en la plaza de San Francisco cuando Territorios llenó de aires célticos durante dos días la ciudad. Ahora ambos, templando su música más tradicional, dan toques de bruma y whisky, prados verdes o grises, a Amigo.
            ¿Se puede hacer música flamenca con arreglos insulares, y no de La Isla de Camarón precisamente? El resultado habría horrorizado doblemente a Luis Cernuda, de quien se cumplen este año el cincuentenario de su muerte y las siete décadas de que dejara Glasgow, la ciudad que, hombre de sur y sol, detestó sobre todas por su lluvia y su hollín; en cuanto al flamenco, por lo que veía en él de estereotipo de nuestra tierra, tampoco le gustaba nada.
            Pero no es cosa tan descabellada la unión de ambos tipos de música. Brendan Whelan, gran compositor de Limerick, creó con motivo de la Expo 92 una Seville Suite, y luego puso en marcha ese espectáculo celebérrimo llamado Riverdance en el que, por cierto, también se incluyó baile flamenco junto al irlandés, el zapateado nuestro con el de allí, y la hispalense María Pagés alcanzó éxito mundial con la compañía que tanto tiempo después, ya sin ella, sigue llenando el teatro Gaiety de Dublín verano tras verano.
            Y en Escocia, donde ha presentado Amigo su álbum, cada otoño se celebra en Edimburgo un Hispanic Festival en el que triunfan flamencos que se meten en el bolsillo al público. Las responsables son la valenciana Ana Cabrera y la sevillana María Conte, bailaora ella misma. En él María y Ana le organizaron en 2011 un homenaje a Cernuda en el que ¡hasta tocó un gaitero!
            De aquí y de allí, como la lluvia casi escocesa que no nos deja, es la Tierra de Vicente Amigo.

(Publicado en El Mundo, edición de Sevilla, 8-3-13)

jueves, 7 de marzo de 2013

Sillas



Hay como algo de ominoso augurio en este ver a las gentes haciendo larga cola ante el despacho de sillas de la Semana Santa. Cae sobre la fila la lluvia, que se cuela entre los paraguas sin pedir la vez, con un murmullo que ni siquiera quiere ser excusa, por las bravas. Ojalá, pienso, los charcos no sean anticipado espejo de lo que se viene dentro de muy pocas semanas, y que lo que ahora contratan los calados viandantes no ostente -plegado y sin abrir, amontonado, o vacante bajo la procesión de las nubes- el indeseado barniz que con brocha gorda untan, groseros, los chaparrones de la primavera. 

miércoles, 6 de marzo de 2013

Un guiño




En la cuarta parte de Versiones y diversiones, Octavio Paz ofrece una selección de poemas sánscritos clásicos, vertidos indirectamente por él de diversas fuentes pero sobre todo a partir de las traducciones de Daniel H. H. Ingalls, Sanskrit Poetry. Yo, que tampoco sé sánscrito, presento aquí cambiando el título que él le diera mi versión de un poemita de autor anónimo, pongamos que del siglo X, aunque podrían ser de tres o cuatro antes o dos más tarde:

Date prisa, viajero, continúa,
el bosque está infestado de alimañas,
elefantes, serpientes, jabalíes
y tigres y otras fieras. Anochece
y tú, tan tierno y joven, andas solo.
No puedo hospedarte, solo soy
una mocita y no hay nadie en la casa.

martes, 5 de marzo de 2013

El hombre hace, la mujer es





Atentamente a la luz de la lámpara
examiné la palma de tu mano,
su línea del corazón idéntica a la de la vida;
y tú examinaste mi ceño aprobador.

Extendí mis cartas boca arriba en la mesa, 
sin retarte a que enseñaras las tuyas.
El hombre hace, pero la mujer es:
¿puede un jugador discutir con su suerte?



Robert Graves, traducción de A.R.T. en Poemas, Editorial Pre-Textos, 2005.

lunes, 4 de marzo de 2013

domingo, 3 de marzo de 2013

Para Gerry Enright



Leyendo el poema ante el destinatario y sus invitados 
flanqueado por Darrell Enright y Neil McArdle. La fotografía la tomó Teresa.



POEMA BÁRDICO PARA GERRY ENRIGHT
EN SU SETENTA CUMPLEAÑOS


Después de que De Danann y los Chieftains,
Bill Whelan, Sharon Shannon y su banda
vinieran a la Expo desde Irlanda,
llegaste tú con risas y con chistes
de paddies entre pintas de cerveza.
SAAB blanco, matrícula amarilla,
junto a la catedral de esta Sevilla
aparcabas tu car como el que reza,
pero ibas a tu templo más humano
de charlas entre amigos y festines
con pintas y barriles de una Guinness
que -afirma ese tucán- es lo más sano.
Si Fiche bliain ag fás harás muy pronto
desde aquel año ya noventa y cuatro,
que cumplas veinte más en el teatro
y este sea comedia, no seas tonto:
disfruta cada día y cada instante,
y goza de Sevilla y de West Cork,
vive, bebe, disfruta aún más, porqu-
e tienes que mirar hacia adelante.

For sure you are a fellow grand and merry,
We all wish you a happy birthday, Gerry!


El viernes, sus hijos le organizaron una fiesta sorpresa al destinatario de este poema, expropietario del pub Flaherty de Sevilla (aún conserva otros con el mismo nombre en Barcelona y Zaragoza). Uno, que pasó buenos ratos en aquel lugar desde su apertura en 1994 hasta noviembre de 2011, fecha en que cerró, escribió para él este poema. Quizá requiera explicación el título en gaélico, que significa Veinte años creciendo y es un conocido libro memorialístico de Muiris Ó Suilleabháin (1904-1950).



sábado, 2 de marzo de 2013

La luna llena




Tan rastrera es la situación aquí sobre la tierra que dan ganas de embelesarse con el firmamento y beber su escanciada pócima de olvido, esos polvitos astrales que nos echan los dioses en el cielo. En los años sesenta del pasado siglo y en películas de serie B, como ciertas contabilidades, se estilaron novelas y películas en que la ciencia ficción recurría al espacio como una posibilidad de salvación para los humanos, que transmigraban hacia otros planetas con la promesa de un comienzo limpio tras alguna catástrofe. Hoy vivimos asentados en la catástrofe, si no directamente sumidos en un cráter moral y económico que no esconde bases de astronaves, pero la carrera espacial ya se ha desinflado (salvo para Irán, la Persia de la época a la que me refería, que la ha retomado para torturar a un primate). Los hombres ya no gastamos escafandra en el imaginario colectivo, ahora solo vestimos de trapillo en la cola del paro, ese cometa caído sobre nuestras calles.
Las constelaciones están muy lejos, el sol ciega, como una verdad inmisericorde, pero mirar la luna como la otra noche sobre el Archivo de Indias apacigua los sentimientos y ofrece una calma melancólica de la que saben mucho los poetas.
La próxima luna llena será la de Parasceve, que cantara Cernuda en su sensual “Luna llena en Semana Santa”, tan citada naturalmente en Sevilla, pero esta de ahora también es lírica, que se lo digan si no a Leopardi, con el que tanto sintonizó el poeta de la calle del Aire. El romántico italiano le dedicó versos bellísimos, no menos extraordinarios que los del sevillano: “Vida tras vida, fueron / Olvidando los hombres / Aquella diosa virgen / Que misteriosamente, desde el cielo, / Con amor apacible / Asiste a sus vigilias / En el silencio dulce de las noches.”
Ah, la luna, aunque sea en un instante de contemplación para olvidar las penas. Otro poeta, el mexicano Jaime Sabines, escribió: “La luna se puede tomar a cucharadas / o como una cápsula cada dos horas. / Es buena como hipnótico y sedante / y también alivia / a los que se han intoxicado de filosofía.” Es decir, su redondez blanca o amarilla surte más efecto que la verde cruz y luminosa de las farmacias de guardia.
Vuelve uno de cenar y quiere abrazarla como Li Po, que, ebrio, se lanzó a su reflejo en el estanque (y, claro, se ahogó). Pero ya no está allí, sobre el Alcázar. Muchacha esquiva y presumida, ha ascendido a un cielo más alto a ver su propio brillo, plata sobre bronce, en el último cuerpo de campanas de la Giralda.

(Publicado en El Mundo, edición de Sevilla, el 1-3-13)

viernes, 1 de marzo de 2013

"El árbol", de Ezra Pound


Ezra Pound fotografiado por Man Ray


Me quedé quieto y fui un árbol del bosque,
y supe la verdad de cosas jamás vistas,
de Dafne y de la rama de laurel,
y de la anciana pareja que agasajó a los dioses
y, olmo y roble, creció en medio del páramo.
Solo cuando rogaron a los dioses
que tuvieran la merced, y los llevaron
junto al fuego de su entrañable hogar
pudieron obrar estos el prodigio;
aun así he sido un árbol en el bosque
y muchas cosas nuevas he entendido
que antes pareciéronme locura.


(Mi versión de este poema de A Lume Spento se recoge, como otro que traje aquí hace pocos días, en la Antología poética de E. P. que publicó la Universidad de Sevilla en 1991)