jueves, 28 de febrero de 2013

miércoles, 27 de febrero de 2013

Hijos de Babel

Beda, traductor, en el momento en que lo recuerda Borges

He leído esta colección de ensayos sobre la traducción, Hijos de Babel, y dejo mis impresiones en Estado Crítico.

martes, 26 de febrero de 2013

"Separación en el río Kiang"



Ko-Jin va desde Ko-kaku-ro al oeste,
las flores de humo se desdibujan sobre el río.
Su sola vela emborrona el lejano cielo.
Y ahora solo veo el río,
       el largo Kiang, que llega al firmamento.


(Es esta una de mis versiones de los poemas de Cathay, de Ezra Pound, recogidas en la Antología Poética del norteamericano que publicó con introducción y notas de Manuel Almagro Jiménez la Universidad de Sevilla en 1991. El poema en cuestión es del poeta chino del siglo VIII Rihaku)

lunes, 25 de febrero de 2013

Bécquer en inglés



Con motivo de un homenaje a Bécquer que se va a celebrar en su ciudad natal, Sevilla, he descubierto estos días la traducción de su poesía al inglés debida a Jules Renard y publicada en Boston en 1908. ¿Se tratará, quien vierte las rimas, del conocido escritor francés? Si es así, demuestra un magnífico dominio de la lengua inglesa que se hace insólita en quien, que yo sepa (y sé poco), no dejó nada escrito en ese idioma. ¿Se tratará por el contrario de un norteamericano de origen francés, que comparte con el autor de Pelo de zanahoria nombre y apellido? Queda así el misterio sobre la autoría de la traducción, quizá apéndice oscuro de alguna de las leyendas de Bécquer. Y aquí la famosa rima que comienza: "Volverán las oscuras golondrinas". 


LIII

The dusky swallows will return again
To build their nests upon your balcony,
Flutter their pinions at your window-pane
And, seeking entrance, greet you playfully.

But, those same birds, who used to pause in flight
To marvel at your beauty and to yearn
For bliss like mine; who knew our names and sight
Those birds, alas, will not again return.

The swelling honey-suckles once more will
Ascend the trellis of your garden-wall;
Again, at even-tide, their flowers will fill
The air with fragrance, sweet and mystical.

But those, o’erladen with nocturnal dew,
Whose drops we saw to glisten, tremble, fall, —
Like day-light tears, — these neither I nor you
Will ever be enabled to recall.

Within your ears, the ardent tones of love
Will sound again; perchance, your heart will leap
In glad response and that the charm may prove
A sweet awakening from protracted sleep.

But, — mute, absorbed, and kneeling, — as we see
The pious worshipper his God adore, —
— As I have loved you once! — Nay, credit me.
No one will ever love you any more!

domingo, 24 de febrero de 2013

"Ni mármol ni una frase ya manida"



Estos días la Facultad de Filología de la Universidad de Sevilla acoge la exposición itinerante sobre William Butler Yeats que la Embajada de Irlanda está llevando por diferentes ciudades españolas. El próximo martes 26 a las siete de la tarde la inaugurará oficialmente el embajador, Justin Harman, en compañía del decano de la facultad y otros invitados. También yo diré unas palabras, que supongo versarán sobre la estancia del poeta en la capital andaluza, en 1927. De momento, dejo aquí mi traducción de la sección sexta de su poema "Bajo el Ben Bulben", escrito cuando le quedaban muy pocos meses de vida:

Bajo la cima desnuda del Ben Bulben,
en el cementerio de Drumcliff, yace Yeats,
un antepasado suyo fue allí párroco
muchos años ha; cerca se alza una iglesia,
y una antigua cruz junto al camino.
Ni mármol ni una frase ya manida;
sobre piedra calcárea del lugar,
como él mandó está grabada esta frase:

Mira fríamente
la vida, la muerte.
¡Prosigue jinete!

sábado, 23 de febrero de 2013

El poeta Marset





No voy a componer el catálogo de aciertos y errores de la gestión de quien fuera delegado de Cultura del Ayuntamiento de Sevilla hace unos años, Juan Carlos Marset, aunque desde luego su sucesora, con el mismo alcalde, Monteseirín, lo hizo no ya bueno sino, usando el superlativo, óptimo.
            Pero sin duda una de sus grandes ideas, comenzada a poner en práctica bajo su mandato y luego descafeinada, aguada y con sacarina (o puede que ni eso) fue la creación de la Casa de los Poetas, que prometía para Santa Clara un paraíso de la literatura en la que, se dijo, tendrían acomodo bibliotecas míticas como la de Abelardo Linares, quizá la mejor que en el mundo existe sobre nuestra Edad de Plata. Contó también la Casa de los Poetas con un gran director, el discreto Francisco José Cruz, que con la bendición de Marset creó un consejo asesor de auténtico lujo, del que formaron parte hasta su dimisión algunos de los más prestigiosos poetas en nuestra lengua. La actual Casa de los Poetas y las Letras, con ser algo (probablemente lo poco que es posible en las actuales circunstancias), es un eco lejano y desvaído de la original a pesar del buen hacer del también poeta Serrallé, hoy su coordinador.
            Marset, que era poeta él mismo y nada menos que premio Adonais, ahora ha venido a reivindicar esa condición, una de las más elevadas y hondas a las que se puede aspirar, con la publicación de su tercer libro en el género, en realidad un único poema de un millar largo de versos. Laberinto está publicado en la colección que dirige (Sibila, que recuerda al nombre de Sevilla y es también título de la estupenda revista que saca cuatrimestralmente), donde lo han precedido, desde la calle Jamerdana a todo el mundo, libros de grandes poetas hispanoamericanos como Carlos Germán Belli, Eugenio Montejo, Antonio Deltoro o María Mercedes Carranza.
            Es obra insólita, Laberinto, una trabazón de tiempos y escenarios en los que adquiere protagonismo Londres. También hay unos versos hispalenses "con Blanco White inglés y sevillano". Se extiende por meandros y corteja la paradoja, pero sobre todo -como poeta, no como político- manipula el lenguaje y las palabras ("Tuérceles el gaznate, cocinero", clamaba Octavio Paz), explotando las aliteraciones y paronomasias.
            Si hay ilustres poetas que han sido banqueros o trabajado en aseguradoras, ¿por qué no iba a serlo un exdelegado de Cultura? Además, Marset ya lo era antes de acceder al cargo. Aquí demuestra que sigue siéndolo, alto y exigente, tras abandonarlo.

(Publicado en El Mundo, edición de Sevilla, el 22-2-13)

viernes, 22 de febrero de 2013

Un recuerdo de Keats


Endymion, George Frederick Watts, hacia 1872


Por eso, alegremente me dispongo
a trazar el relato de Endimión.
Ya la música misma de su nombre
se ha entrado en mi ser, y cada escena
crece fresca ante mí como los verdes
que adornan nuestros valles. Hoy comienzo
muy lejos del clamor de la ciudad;
hoy que despuntan nuevos los capullos
y corren con colores juveniles
en torno de los bosques centenarios;
cuando el sauce suspende sobre el césped
su delicado ámbar, y los cántaros
traen su leche fresca a los hogares.
Mientras el año luzca exuberante
en los jugosos brotes, yo mi barca
guiaré con placidez horas sin cuento
por arroyos que se hunden en la fronda.


(Algunos versos de Endimión incluidos en mi traducción -Keats, Poemas, La Veleta, 2005-, que traigo aquí para recordar que mañana se cumplirá un nuevo aniversario de la muerte del poeta inglés)

miércoles, 20 de febrero de 2013

La gran cosmópolis

Fotograma de Manhattan, de Woody Allen

Nueva York ha atraído siempre a los escritores, a los poetas. También a los de nuestra lengua, en cuya obra brilla -como los luminosos de Times  Square- más que pródigamente. Julio Neira ha antologado un buen número de poemas desde Rubén Darío para acá, y hoy Estado Crítico publica mis impresiones sobre su libro. Se puede leer aquí.

martes, 19 de febrero de 2013

Vila-Matas hoy sobre O'Brien



Flann O'Brien retratado por Brian O'Toole con motivos
 procedentes de su novela En Nadar-dos-pájaros

Enrique Vila-Matas escribe hoy en El País un excelente artículo sobre Flann O'Brien y su novela La saga del sagú de Slattery. Y eleva un canto por los editores tenaces e independientes como Nórdica, para la que he traducido el libro. ¡Gracias!


lunes, 18 de febrero de 2013

Poetas traductores



El otro día participábamos en una mesa redonda sobre la traducción literaria y, como siempre suele suceder, fueron muchas las cosas que se quedaron en el tintero, a pesar de que no fue poco lo que se dijo. Yo llevaba muchas anotaciones, algunas de las cuales, ordenadas en dos o tres párrafos, componen la entrada de hoy:


Muchos poetas reúnen en forma de libro la colección de sus traducciones o versiones poéticas. En la literatura norteamericana lo han hecho, por ejemplo, Ezra Pound (en Cathay u Homenaje a Sexto Propercio, por no hablar de la liberalidad con la que hace resucitar a los provenzales en toda su primera obra), o Robert Lowell, cuyas Imitaciones se permiten (bueno, como Pound) numerosas licencias. James Wright, de quien estoy traduciendo ahora mismo un libro para Vaso Roto, hizo traducciones de Juan Ramón, Unamuno, Guillén, Neruda y otros.
         Charles Simic ha vertido a los poetas serbios, y en Gran Bretaña Ted Hughes las Metamorfosis de Ovidio o Seamus Heaney el ciclo de poemas en torno al rey loco irlandés Sweeney o la epopeya anglosajona Beowulf así como sendas versiones teatrales de Sófocles. En la francesa, Marguerite Yourcenar volvió la vista hacia los clásicos de la Antigüedad en La corona y la lira. Pero por ceñirnos a la escrita en nuestra lengua, están los casos de Alberto Girri (en diversos libros), José Emilio Pacheco (Aproximaciones), Eduardo Lizalde (Baja traición) o Rafael Cadenas (El taller de al lado. Traducciones) y el altísimo ejemplo de Octavio Paz, autor de Versiones y diversiones, que en su última edición recogida en Obra poética supera las quinientas páginas. 
         En España contamos con los ejemplos de Jorge Guillén en Homenaje, José Luis García Martín en El museo de Alejandría, Hilario Barrero en Lengua de madera o Leopoldo María Panero en Traducciones/Perversiones pero la nómina de poetas traductores es extensa y, aunque no hayan recogido ellos mismos sus versiones en volumen exento (sí a veces sus editores o estudiosos), va de Juan Ramón a Cernuda, de Muñoz Rojas a Joan Margarit, de Antonio Colinas a Aurora Luque o Jordi Doce. Son tan solo una muestra. Uno de los más destacados poetas de mi generación, José Antonio González Iglesias acaba de entregar una fresquísima traducción de la Poética de Horacio.
         "Pasión y casualidad pero también trabajo de carpintería, albañilería, relojería, jardinería, electricidad, plomería - en una palabra: industria verbal. La traducción poética exige el empleo de recursos análogos a los de la creación, sólo que en dirección distinta", escribió Octavio Paz, quien explica que sus traducciones "fueron, casi siempre, una diversión o, más exactamente, una recreación. El punto de partida fueron poemas escritos en otras lenguas; el de llegada, la tentativa de escribir, con ellos, poemas en la mía." 
         Algunos ejemplos de mis propias versiones, con una explicacción sobre su origen, se pueden leer aquí.

domingo, 17 de febrero de 2013

Las identidades



Se mantiene ya desde hace semanas en la lista de más vendidos, en este caso porque lo merece, no como sucede con tantas obras de prosa (por decir algo), el más reciente libro de Felipe Benítez Reyes. Las identidades es además rara avis en nuestro panorama editorial porque a los dos meses de la publicación del libro en la lujosa, aunque no cara, colección "Palabra de honor" de Visor ya ha aparecido en rústica. Ese paso del hardback al paperback es algo que sucede en el mercado anglosajón, pero solo con los mejores. Así llegan por ejemplo los grandes lanzamientos de poesía (perdón por el oxímoron) de Faber & Faber, catálogo que dirigió  T. S. Eliot (no lo cito en vano, pues quizá sea FBR quien mejor lo ha leído entre nosotros).
Las identidades es un libro extenso dividido en tres partes, y escoger algunos poemas dirá más de nuestras predilecciones que de la calidad, siempre muy alta. Me han gustado particularmente el homenaje a Pound y contra la guerra, el de las habitaciones de un hotel en Japón, la pessoana visita a Lisboa con ese final tan nada libresco, los versos sobre las fuentes...
Hay poetas en los que se desborda el sentimiento y otros en los que prima la inteligencia, pero tanto que esta se vuelve árida. Felipe Benítez Reyes ha hallado la encrucijada donde coincide la emoción y el talento. En sus dos ediciones, este libro es buena prueba de ello.



sábado, 16 de febrero de 2013

Mujeres de Irlanda



Sharon Corr durante su concierto en Sevilla (foto de T.M.R-F.)

Lope de Vega se casó en 1588, el año de la Armada Invencible, cuyos naufragios jalonaron el litoral de Irlanda. Allí se atribuye a la marinería que ganó la costa y su enlace con las nativas la abundancia de personas morenas en ciertos condados. El fénix de los ingenios, como lo llamó Cervantes, contrajo matrimonio de una forma arraigada en aquella isla: mediante un rapto consentido. De raptos como el suyo está sembrada la mitología gaélica, y una melena negra mueve en el escenario una cantante insular que la otra noche nos deleitó en el teatro que ostenta el nombre del poeta y dramaturgo.
            Sharon Corr, que ahora ha emprendido una carrera en solitario tras alcanzar el éxito con The Corrs, desplegó un repertorio que con raíces en la música tradicional de su país tiende a un pop amable, realzado por su buen toque de violín y, en alguna pieza, por las gaitas que no sopla uno de los miembros de su banda (digo no sopla porque este tipo de gaita autóctono se infla con un fuelle mediante la presión del codo, de ahí su nombre uilleann pipes, "gaitas de codo").
            Unos días antes, el embajador irlandés explicaba en Antares las causas de la crisis económica en su país y el camino para la recuperación. Por muchos excesos que allí se hayan cometido, Éire tiene un elemento que siempre sale a flote a diferencia de nuestros hundidos galeones de antaño y no sé si de hoy: el talento, que viene unido a la veneración de artes como la música y la poesía. Lo demuestra el que su actual presidente sea asimismo un poeta (al que le gusta estudiar español) y que en el escudo nacional no rampe un león o despliegue sus alas un águila sino que brille un arpa.
            Me he acordado de todo esto oyendo a Sharon Corr. Una tocaya suya, Sharon Shannon, contagió la alegría de su acordeón en la Expo 92, como decenas de músicos de su patria. No en el Lope, sino en el extinto Apolo actuaron varios, y en el Maestranza, en memorabilísimo concierto.
            Pero estaba en el Lope... Visto el caso que hicieron, para muchos espectadores el mensaje que se emite al principio de los conciertos y anuncia la prohibición de realizar fotos o cualquier tipo de grabación debía de estar no en la lengua de Lope sino en la gaélica. Ahora mismo, Sharon Corr, encerrada en decenas de teléfonos móviles, debe de seguir actuando en Sevilla pluriempleada en diferentes redes sociales. Y como el título de una de las melodías interpretadas ya no es una, sino muchas Mujeres de Irlanda, la bellísima pieza que tocó compuesta por Seán Ó Riada.

(Publicado en El Mundo, edición de Sevilla, el 15-2-13)

viernes, 15 de febrero de 2013

Claudio Magris y el Espíritu Santo


Claudio Magris


Vuelvo sobre la traducción y sus vicisitudes: ayer leía en el periódico en que colaboro un artículo del escritor italiano Claudio Magris acerca de la renuncia del papa y, oh milagro, como si el Espíritu Santo que ilumina al pontífice se hubiera posado también sobre él con su lengua de fuego, el texto se podía leer en perfecto español sin que en parte alguna se dijera que se trataba de traducción ni se ofreciera el nombre del traductor. Quizá fuera porque, como observó Walter Benjamin, «la verdadera traducción es transparente, no cubre el original, no le hace sombra».

jueves, 14 de febrero de 2013

Casa de cambio





CASA DE CAMBIO

¿Qué me interesarán los dinosaurios,
y qué los armadillos o los cientos
de raros ejemplares de otras salas?
Pero vengo al Museo de Historia Natural
a este lado del parque y del Atlántico,
para que tú contemples por mis ojos
lo que no viste cuando aún vivías.

Como una última voluntad no declarada
de la que nada saben los notarios,
te hubiera gustado atravesar estas puertas,
ver en tres dimensiones y tocar
las criaturas que poblaban las láminas
de tu ya desmembrada biblioteca.

Según la cotización del amor,
ajena a los vaivenes financieros
que hay noventa manzanas más al sur,
parte del dinero que dejaste
lo he cambiado por otra divisa:
en dólares, el dolor de tu ausencia;
en la entrada al museo, en el viaje
el saldo de una cuenta, unas acciones
inútiles si no eran para esto.

El cambio de moneda
es solo una parte del otro,
que viaja por el tiempo, migratorio,
y cruza tu existencia como un ave.
Cada centavo tiene su bautismo:
el billete de avión lo paga
el ahorro que hiciste año tras año
al no cambiar de utilitario;
la habitación de hotel, la austeridad
del hogar que nos diste pese a todo;
los lujos que jamás te concediste,
este taxi amarillo
y la cuenta del deli y la propina
cuando me apee en la terminal de La Guardia
camino de abordar el regreso
si es que alguien vuelve alguna vez
de esta región remota (no Manhattan,
el país de los muertos que quisimos
y esa esquina de su alma con la nuestra).

Ni en inglés ni español
explican los carteles ni los rótulos
cómo se abren tanto mis pupilas
y allá donde estés te envían la luz
revoloteante, anaranjada,
de estas mariposas monarca
libres en el vivario y por mi frente,
que durante generaciones -leo-
viajan hasta un lugar que señala la brújula
de sus antepasados
y allí llegan al fin,
aunque quienes partieron,
como Moisés,
jamás vean la tierra prometida.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Robarse a uno mismo



Nadie en su sano juicio quiere estar cuerdo.

                                   ***

Certera errata: acostumbrados a sostener tantas pintas, mis dedos al correr por el teclado siempre escriben Sligo en lugar de siglo.

                                  ***

Se publica que el extesorero de ese partido cenó anoche en un restaurante francés de lujo, con champán y señoras con abrigos de pieles. A algunos no les pidáis filosófica Weltanschauung ni siquiera, en romance, visión del mundo: solo tienen -y a la pieles me remito- "cosmovisón".

                                 ***

A los encuentros de poetas no se va a leer poesía, sino a escribirla.

                                 ***

La noticia del día no la ha dado el telediario: hoy he visto las primeras yemas en la buganvilla.

                                 ***

¿Qué es la vida sino una prolija escritura de nuestra necrológica?


(Las anteriores frases vagamente aforísticas las publiqué en mi muro de Facebook y ahora las robo de allí, no sé muy bien por qué, quizá en la creencia de que algo valen, aun siendo poco, y en la certeza de que prefiero este ámbito menos fugitivo, urgente, narcisista)

martes, 12 de febrero de 2013

El caballo de Turín


Debo a Manuel Grosso, exdirector del Festival de Cine Europeo de Sevilla, haber conocido esta tan extraña cuanto hermosa película del director húngaro Béla Tarr, El caballo de Turín. La idea de la que parte no puede ser más sugerente y a partir de aquí, su germen, difícil es imaginar mejor realización. 
En 1889, Nietzsche se hallaba en Turín y un día vio en la calle cómo un cochero fustigaba a un caballo. Tocado por una aguda piedad hasta el extremo de la locura, el filósofo se abrazó a la bestia para evitar que esta siguiera siendo golpeada. A partir de ese momento, tras decir "Madre, estoy mudo", Nietzsche calló, cayó en un silencio que lo acompañaría hasta su muerte diez años después.
Me recuerda el silencio de Nietzsche al de Ezra Pound, si bien no tan hermético, durante los últimos años de su vida tras ser liberado del sanatorio para enfermos mentales de St. Elizabeth (he releído hace poco el poema de Octavio Paz) y ya asentado en Venecia. Tempus loquendi, tempus tacendi, recordaba Pound.
El caballo de Turín, con una de las mejores fotografías en blanco y negro que recuerdo, con una música escueta y recurrente, como todos los hechos que se relatan a lo largo de los seis días (la semana que remata el séptimo, el cual ya no se cuenta, porque según la Biblia Dios descansó), narra no lo que le pasó al filósofo, sino al caballo. Se interroga por él, con una piedad no muy distinta de la que embargó a Nietzsche, que se hace extensiva a los que Tarr imagina serían sus dueños: un hombre baldado y su hija, casi tan taciturnos como lo sería Niezsche, pues solo intercambian contadas palabras en una cinta que es -"Madre, estoy mudo"- lacónica, despojada.
He calificado como baldado al cochero, y veo ahora que es epíteto que cuadra al paisaje de esta casa azotada también ella -como el caballo- por el viento. Un viento que solo cesa al final, un viento desolado. La hojarasca que remueve estérilmente, el agotamiento del pozo, todo apunta a un yermo, a un baldío. Quizá a The Waste Land, no tanto al poema de Eliot como a la gasta floresta que la prefigura, con su rey herido (aquí el cochero). 
Todo se va a pagando en estos días interminables que cubre la película. Lentamente, como rescoldos. La vida del caballo al que lanzó protectoramente sus brazos Nietszche. La del padre y la hija con su dieta de patatas y amargura. El largo plano final es conmovedor, una foto fija de dos personas que parecen haber emigrado a otra dimensión (¿la muerte en vida?), dejando sus cuerpos inmóviles, silentes, inclinados como en una reverencia resignada a su vacío.
Buena parte de la acción (¿la acción?) se desarrolla en el interior de la casa, en el contraluz que ofrecen la ventana o la puerta abierta, que a mí me ha parecido no tanto homenaje como lección aprendida en Centauros del desierto. En esta Ford también muestra un paisaje inhóspito, y una culpa.
La única posibilidad de huida es la que unos gitanos le brindan embromándola, para seguramente burlarla y dejarla carcomida la esperanza si los hubiera seguido, a la hija. Vente con nosotros a América, le dicen. Sería una forma de abandonar la casa, la cuadra, la sumisión al padre, los tediosos cuidados al caballo. Que agoniza, como todo en la película. Como ellos mismos, semana tras semana.
La hija se queda. Los dos, padre e hija, se quedan, aunque hacen un intento de partir -¿pero adónde?- para dejar atrás el baldío. La huida dura pocas horas. Regresan cabizbajos como presos que descubren que una soga les seguía, atada a sus tobillos que ya apenas sienten. 
La belleza de El caballo de Turín es lírica. De hecho, es uno de los mejores poemas que he visto en los últimos tiempos.

lunes, 11 de febrero de 2013

En una Irlanda sin patatas



Si ayer me indignaba por lo que considero un descalabro para los traductores de obras literarias, hoy, y por la parte que más me toca, recibo un bálsamo que apacigua mi malestar e incluso temporalmente lo borra. En otros periódicos se reseña con inteligencia y citando varias veces al traductor (¡aunque sea bien y yo sea ese traductor!) la novela póstuma de Flann O'Brien, La saga del sagú de Slattery. La generosa reseña la firma Charo Ramos, y los periódicos son Diario de Sevilla y otras cabeceras andaluzas Se puede leer aquí la excelente invitación al disfrute del libro.

domingo, 10 de febrero de 2013

De mal en peor. Un apunte sobre la traducción literaria



Como tantos, en la actual crisis económica (que no es solo eso, económica, pero para simplificar) los traductores están sufriendo recortes, mermas. Y no hablo solo de dinero, aunque muchas editoriales hayan reducido las ya de por sí bajas tarifas que abonaban. Lo último ataca no ya al bolsillo sino a la consideración pública.
El suplemento ABC Cultural, por ejemplo, ha dejado de incluir el nombre del traductor en la ficha de los libros que allí se reseñan. ¿Por razones de espacio? Bien es cierto que el número de páginas ha menguado, pero una línea por título en la que se consigne el nombre del traductor no es un adorno o un dato innecesario. La traducción literaria es precisamente lo que permite que ese libro escrito en otra lengua se haya editado en la nuestra, mereciendo el interés del crítico y de la publicación que lo acoge. Y si esto es cierto siempre, mucho más importante es reconocer la labor del traductor (o ponerla en tela de juicio cuando es mediocre o mala) en el caso de la poesía, donde hay siempre una recreación mayor del original, una responsabilidad mayor. Este sábado, por ejemplo, el citado suplemento daba reseña de un libro del poeta griego Yorgos Seferis. El crítico no se refería en ningún momento a las bondades o defectos (si los hubiere) de la traducción. Pase. Tal vez pensara que de todos modos el nombre del traductor aparecería debidamente consignado junto a los otros datos del libro, junto a la diminuta foto de la cubierta. Pero no fue así. No es ni será así mientras el suplemento no enmiende esa nueva directriz retrógrada ( literalmente, "que va atrás" en lo ya conquistado por los traductores y, sobre todo, por el derecho a conocer  que tiene el lector).
En fin, que no solo se hurta el dinero, sino la honra.
De todo esto y algunas otras cosas hablaremos en la mesa redonda que sobre la traducción literaria en España tendrá lugar en la Casa de los Poetas y Las Letras de Sevilla el próximo jueves 14 de febrero a las ocho de la tarde, en el Casino de la Exposición.
Por cierto, que el traductor del citado volumen, titulado Mythistórima, no es uno sino dos: los prestigiosos Selma Ancira y Francisco Segovia. 

sábado, 9 de febrero de 2013

El retorno de los brujos

Moina Mathers, hermana de Bergson, ataviada con traje ritual de la Golden Dawn


Estos días, y hasta el domingo, como en una Feria de Abril adelantada, los sevillanos podemos ir al barrio de los Remedios a ver un circo que ya no se llama Mundial o Americano, sino Encuentros Esotéricos. En el Museo de Carruajes de la Plaza de Cuba hacen coro, cada cual con el chirriante son de su disciplina, brujos y videntes que no solo ofrecen sus tenderetes sino que también dan conferencias, asegura el prospecto que me han dado en la calle como si se tratara de una medicina contra la seriedad, una vitamina descacharrante.
            La mayoría de los charlatanes compartirán su saber de forma gratuita , aunque otros cobrarán entradas cuyos precios oscilan entre los 5 y los 20 euros. La entrada al redil es más barata. Sin embargo, como en el circo, hay bonificaciones: para los menores de catorce años acompañados la entrada es gratuita, como si de una ESO (térica) se tratara, para ir formando a los chavales en la aceptación sumisa de los astros, con la que les va a caer encima a los pobres.
            Naturalmente, lo que se pueda ver allí guarda la misma relación y escala con los saberes tradicionales que las pulgas de un chimpancé enjaulado con una familia de orangutanes en su jungla, pero menos da una piedra.
            El espiritismo, la astrología y todo el amplio linaje de las mancias es algo que siempre ha atraído a la humanidad. Solo en el siglo XX hay ejemplos notabilísimos, como en la misma Sevilla Fernando Villalón. La hermana de Bergson, a quien fue a oír a la Sorbona Antonio Machado, fue la primera iniciada en la orden de la Golden Dawn a la que perteneció el Nobel de Literatura Yeats. Y en el mismo ámbito de la poesía en lengua inglesa está el premio Pulitzer James Merrill (hijo del banquero que con Lynch creo un emporio financiero), el cual escribió miles y miles de versos en torno a sus sesiones de ouija y sus contactos con los seres que mediante esa técnica se le manifestaban, supongo que para llenar sus ratos de ocio, que eran todos, ya que vivía de la renta. En fin, los lectores de Pere Gimferrer se habrán preguntado quién fue el Julius Evola que aparece en uno de los cantos de su reciente libro: no es otro que un gran estudioso de la simbología tradicional y del esoterismo serio, discípulo del simbólogo René Guénon.
            Ahora bien, Evola y Guénon alertaron contra las formas degeneradas del esoterismo y sus pamplinas. Pero no hace falta leerlos a ellos. Ya se basta el programa de estos Encuentros, que lo cuenta con más gracia en un tríptico que parece todo él una errata.

(Publicado en la edición sevillana de El Mundo el 8-2-13)

viernes, 8 de febrero de 2013

Medio siglo de una revista


Robert Lowell

El pasado 1 de febrero se han conmemorado los cincuenta años de una de las referencias obligadas de la crítica no solo literaria sino también intelectual en el ámbito anglosajón: The New York Review of Books. He estado leyendo ese primer número, precisamente del año en que nací, y compruebo que ya entonces la publicación tenía una lista de colaboradores de lujo. Robert Lowell y John Berryman ofrecían poemas (el primero uno sobre Buenos Aires) y también brindaban textos en prosa. Berryman reseñaba La mano del tejedor de W. H. Auden ("one of the chief poets of the age", decía) y Lowell recordaba al entonces recientemente desaparecido Robert Frost. Por su parte, Auden comentaba muy elogiosamente Anathemata, del galés (¿cómo no serlo con ese nombre y apellido?) David Jones.
El otro día, en la oficina que alberga a la redacción de la revista en Greenwich Village, Martin Scorsese, ahí es nada, estuvo filmando imágenes y conversando con varios de los colaboradores para un posible documental sobre la revista. 

jueves, 7 de febrero de 2013

A través del espejo


Ilustración coloreada de Tenniel para Through the Looking-Glass, de Lewis Carroll

Sobre el más reciente libro de poesía de Alejandro Céspedes escribía ayer en Estado Crítico. Se puede leer aquí.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Una resurrección



Nueva Revista (Madrid, 1929-1930), edición facsimilar con estudio introductorio de Gabriele Morelli, Renacimiento, Sevilla, 2012.


Solo seis números aparecieron de este periódico que ostentaba el subtítulo de Notación literaria (“algo pedante”, según reconoció años después Muñoz Rojas, uno de sus promotores). El primero de ellos vio la luz auroral en diciembre de 1929, y el último la violácea del ocaso en marzo de 1930.
Una sola hoja plegada en cuatro páginas de formato tabloide constituía el quincenal, en el que colaboraron además de los impulsores del mismo figuras destacadas de la Generación del 27 (José Bergamín, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Pedro Salinas, Luis Cernuda) y ese raro, Fernando Villalón, del que se da su último poema (“Audaces Fortuna juvat, timidosque repellit”), prometedor heraldo de un nuevo modo en su poesía cuyas posibilidades apuntadas segó la muerte, llorada en el sexto y último número de la revista. También colaboraron, junto a autores anteriores como Azorín, poetas de la siguiente generación como Leopoldo Panero (que se prodiga en cuatro de los seis números), José Antonio Muñoz Rojas y Luis Felipe Vivanco, a los que hay que unir a José Antonio Maravall, José Ramón Santeiro y una amplia y variada lista. Aunque no faltaban muchos años para el desastre de la Guerra Civil, aún estaba lejana la partición de los escritores en un bando u otro, y en las páginas de Nueva Revista, de carácter nada sectario y sí muy heterogéneo, vemos aparecer a futuros falangistas de primera hora ( es decir, camisas viejas) como José María Alfaro y Antonio Bouthelier y otros de turbulento aluvión –azul vuelto marrón por tanto fango acomodaticio– como Maravall o Panero, y de comunistas como Bergamín, Alberti, Serrano Plaja o Herrera Petere. Es curioso ver cómo Bouthelier al hablar de la tinta roja e una de sus colaboraciones se está refiriendo al marxismo, pero al hacerlo de la azul remite al romanticismo, pues todavía el azul mahón que él vestiría años después es un cromatismo político solo visible en una bola de cristal. En las notas en negrita que salpimientan las páginas se alaba a algunos (Unamuno) y se despacha a otros con afilados juicios. Así, se dice de Ernesto Giménez Caballero, empleando la forma utilizada por el autor de Niebla para referirse a los fascistas: “fajista indefinido e indefinible. Fracasado conductor de juventudes universitarias.” A pesar de que en varias ocasiones los colaboradores se pronuncian sobre el feminismo, solo una mujer comparece, y esta como ilustradora: Maruja Mallo. Lo que no es óbice para que se inserte alguna publicidad de una peluquería de señoras “Para peinados elegantes” junto a la de una caja registradora que, se asegura, “protegerá su dinero y le proporcionará el éxito.”
Combinó la creación con la crítica Nueva Revista, la prosa con el verso, los autores que ya estaban consagrándose con los estudiantes entusiastas que, novedosamente, pregonaban para su venta la publicación. Una de las ventajas de acceder a los textos de escritores que ya forman parte del canon en las revistas en que publicaron es verlos codearse con otros semidesconocidos, tantas veces cajas de sorpresas.
En el cuadernillo anexo a la carpeta en que se recoge la revista, Morelli muestra el contacto de los jóvenes redactores de la publicación con Juan Ramón Jiménez con motivo de la propia revista y de una antología de poesía que finalmente no se editó, y el encuentro con Luis Cernuda, con un retrato retrospectivo de José Antonio Muñoz Rojas. Analiza el contenido y subraya la importancia del cinematógrafo o del eco que tuvo en estas páginas una encuesta del diario el Sol. Es importante este trabajo de introductor, de guía con su linterna, para el más provechoso paseo del lector por entre páginas rescatadas de la oscuridad que tienen ya muchas décadas.
Es de justicia destacar finalmente –una vez más– la labor de recuperación de revistas en facsímiles que sigue realizando, con Abelardo Linares a la cabeza, la editorial Renacimiento, que permite que cualquier biblioteca personal se convierta en hemeroteca literaria, comunión de vivos y muertos. ¿O habrá que decir solo de vivos, resucitando tantos?

(Publicado en Astorica, 31, diciembre de 2012)

martes, 5 de febrero de 2013

Membra disjecta




Fernado Pessoa
Aforismos
Selección, traducción y prólogo de José Luis García Martín
Renacimiento, 2012, 128 págs.


Según nos anuncian los que saben, en Lisboa hay un baúl que aún guarda muchos textos de Fernando Pessoa, como una caja de inagotables sorpresas. Del baúl no menos capaz de la obra publicada, a la que se han unido en fecha reciente nuevos libros, procede este florilegio de aforismos que ha compilado uno de los principales introductores de la obra del portugués en España, y que escribe en su prólogo: “Pessoa se convirtió en mito, no por lo que había publicado en vida, sino por lo que había dejado de publicar; no por aquellas obras a las que había conseguido dar la última mano, sino por aquellas otras que quedaron en proyecto y borrador.”
            Los aforismos pessoanos hay que buscarlos dispersos en su vasta obra, y hay versos (su poesía no elude el pensamiento) que valen como tales y que aquí se presentan tan rotundos como un guijarro que nos alcanza la frente. Salen de un cajón revuelto por lo que atañe a las procedencias, que lo mismo son del ortónimo que de los heterónimos. Y comparecen en un continuum sin secciones pero siguiendo secuencias temáticas. Los hay sobre el amor, sobre los dioses, la sinceridad o la poesía (“La rima es una enfermedad del ritmo”). Alguno recuerda a Wordsworth, otro a Shelley, casi todos a Pessoa, y suelen ser más profundos que brillantes, no en vano uno de ellos declara: “Por la boca mueren el pez y Oscar Wilde”.
Muchos de ellos nos sonarán de los poemas; otros lucirán ahora nuevos. La lectura de este libro hay que emprenderla con un lápiz a mano, como lo reuniría García Martín, porque serán muchas las ideas que piden abrocharse a nuestra memoria con el imperdible de un trazo de subrayado o un círculo o con el alfiler de la exclamación. 

(Publicado en el número 18 de la revista Nayagua, de la Fundación Centro de Poesía José Hierro)