jueves, 29 de noviembre de 2012

Mi primer Kindle




Al final, me he hecho con el Kindle, el dispositivo de lectura en pantalla de Amazon. Pero no me he dejado tentar por las nuevas versiones que lo asemejan a los cacharros más sofisticados de Apple y la competencia. Lo que tengo es el modelo más sencillo, aunque en puridad ni siquiera ese tengo: leo con él en aparatos de la marca de la manzana, pues, ya que se trata de lo digital, de lo virtual, he prescindido, como si fuera un libro en papel, al que sustituye, del mismo objeto físico, el Kindle como tal, y me he descargado el programa gratuito para su uso en la computadora y el celular (un saludo a los amigos del otro lado del Atlántico). No leo, pues, en textos que se componen y descomponen en la llamada tinta electrónica, pero la pantalla del MacBook Pro o la del iPhone tampoco son moco de pavo si no se abusa.
No me había decidido a usarlo hasta ahora porque los libros que a uno más le interesan suelen tener ya cierta edad y muchos no se hallan revestidos aún (quizá nunca lo estén) de su traje digital; otros, aun siendo actuales, no salen como libro electrónico porque son de ensayo o poesía y pertenecen a editoriales que todavía no han adoptado esta tecnología. Pero a los estantes de la biblioteca ya se le saltan las costuras, y hay libros extranjeros de más difícil obtención (en España prefiero comprar en librerías). Mi primera adquisición ha sido un libro del poeta británico Glyn Maxwell, On Poetry, del que había leído buenas críticas. Sobre mi experiencia lectora con el Kindle, lo mismo en el ordenador que en el móvil, hablaré aquí próximamente.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Presentación de José Manuel Velázquez




Del Languedoc, donde ahora vive, me llega el primer libro publicado de José Manuel Velázquez (Sevilla, 1973), Cara lírica. Aquí el hasta ahora desconocido despliega unas excelentes dotes, casi siempre en el formato del soneto y la versificación clásica, pero con un desenfado que lo acerca al lector de hoy.
Me ha hecho gracia, por ejemplo, el poema satírico que dedica a la librería en la que trabajó un tiempo, conocida localmente y en el mundillo editorial de España entera por la mezquindad de quien la dirigía (hoy, la cadena está en otras manos, tras hacer el matrimonio propietario toda clase de maniobras para endilgársela a algún incauto, a quien hay que desearle lo mejor). Pero donde más claramente brilla Velázquez es en poemas como este, donde el amor no está reñido con el humor:


REBAJAS EN LA SECCIÓN DE SOMBREROS
DE GALERÍAS LAFAYETTE

No has dejado sombrero en Lafayette
sin la horma de tu alta fantasía.
Yo miraba el reloj mientras el día
se eternizaba en ese saca y mete
la cabeza en la boina, en el birrete
o en la pamela ¡y cómo confundía
al pobre espejo que me seducía
tu talento adornado -tu copete-!

Árbol de la impaciencia alcé las ramas,
que tu vehemencia resumió en percheros,
y a buen recaudo de seiscientas damas
colgaste de mis manos seis sombreros.
Y ajena te arrojaste ¡y en qué estado!
sobre un bombín ruin y rebajado.

martes, 27 de noviembre de 2012

Sobre Zbigniew Herbert


Zbigniew Herbert. Foto: Rzeczpospolita

Hará tres años, Alejandro Luque me invitó a colaborar cuando quisiera en el blog Estado Crítico, una página colectiva en la que se publican de lunes a viernes reseñas de libros. Se lo agradecí, pero en aquel momento no me parecía bien hacerlo, dado que yo ejercía como director editorial de un sello, Paréntesis, algunos de cuyos títulos podrían ser reseñados (como fueron varios de ellos). Prefería salvaguardar -eso me parecía lo más sano- mi independencia y la del propio blog. Ahora la situación es distinta, y en el ínterin Estado Crítico me concedió su Premio de Ensayo 2011 al segundo tomo de mi biografía de Cernuda publicada por Tusquets: Luis Cernuda. Años de exilio (1938-1963). En la reciente cena que compartí con un buen puñado de estadistas pedí, ahora sí, de muy buen grado el ingreso. Ayer se publicaba el primero de mis comentarios, que se ocupa de la Poesía completa de Zbigniew Herbert.

lunes, 26 de noviembre de 2012

domingo, 25 de noviembre de 2012

Mise Éire



"Mise Éire" es un poema muy conocido de Patrick Pearse, uno de los dirigentes del Levantamiento de Pascua de 1916 en Dublín. También, a partir de él, un poema de Eavan Boland. Vayamos primero al de Pearse, tan en la tradición del aisling o de la mujer sobrenatural de la tradición gaélica, con la personificación de Irlanda (Éire) en una mujer.


Mise Éire:
Sine mé ná an Chailleach Bhéarra

Mór mo ghlóir:

Mé a rug Cú Chulainn cróga.

Mór mo náir:

Mo chlann féin a dhíol a máthair.

Mór mo phian:

Bithnaimhde do mo shíorchiapadh.

Mór mo bhrón:

D'éag an dream inar chuireas dóchas.



Mise Éire:

Uaigní mé ná an Chailleach Bhéarra.


Y aquí su traducción al español (mía y bastante literal):


Soy Irlanda:
soy más vieja que la anciana de Beare.

Grande es mi gloria:
parí a Cú Chulainn, el valiente.

Grande es mi vergüenza:
mis hijos vendieron a su madre.

Grande es mi dolor:
un constante enemigo me hostiga siempre.

Grande es mi tristeza:
murió la hueste en que puse mi esperanza.

Soy Irlanda:
más vieja que la anciana de Beare.


La vieja (o anciana, o vejestoria o bruja de Beare) era la protagonista de un milenaria composición gaélica que incluí en Antiguos poemas irlandeses (Gredos). Lo gracioso es que en la por otra parte estupenda edición de los poemas de Boland que he leído recientemente, con prólogo y traducción de Eva Cruz y publicadas en Ediciones El Tucán de Virginia, una exquisita editorial mexicana, se ha deslizado una pequeña errata de las que hacen época: en la página par, donde de presenta la versión española, aparece bien el título (el citado "Mise Éire"), pero en la impar, con el texto inglés, la vieja se hace joven y atractiva, y sube con ojazos que adivinamos verdes a la pasarela, a encandilarnos, no en vano el poema pasa a titularse, lo juro, "Miss Éire".

(Abajo, una interesante adaptación musical bilingüe)










sábado, 24 de noviembre de 2012

El envés de la trama





Nos pintaban la imagen de un poeta romántico –lo era, aunque tardío–, rondador de arpas y delicadísimas manos prestas al suspiro y hasta el desmayo. Muchas de sus rimas constituían un ejemplo de devocional poesía amorosa. En las leyendas, sin embargo, ya se advertían borrascas, sombras, realidades oscuras que amenazaban la luz mansa, casi angelical, de los versos dirigidos a evanescentes damiselas. Tuvieron que pasar años hasta que descubrimos su faceta más oscura: su condición de poeta obsceno.
            Bécquer, como casi todo escritor, tenía una personalidad compleja; no quiere decirse que con dobleces, pero sí con muchas caras (como las gemas, al fin y al cabo). Estos días pasados, leyendo Memoria de José Moreno Villa, he dado con otra imagen desmitificadora que hace más vivo al personaje al que se refiere; en este caso, no Bécquer, aunque algo tenga que ver en la historia, sino otro poeta sevillano.
Estaba Moreno Villa, empleado de arqueólogo e historiador del arte, en Soria cuando al finalizar las tareas del día fue a cenar al desangelado comedor de la fonda en que paraba. Solo se hallaban allí él y su acompañante, más el camarero que pronto hizo acto de presencia con la tradicional servilleta en el antebrazo. Comentaban el futuro autor de Pasado en claro y el otro comensal lo solitario de aquella sala y de la ciudad toda que la albergaba, donde apenas se habían cruzado con algún viandante, cuando lo que parecía ser casi la mitad de la población local entró silenciosamente en el comedor: dos hombres y dos  jóvenes mujeres, todos vestidos de negro. Uno de ellos era Antonio Machado, ¿sería Leonor una de aquellas muchachas enlutadas? Y enseguida se vio que no habían entrado para aplacar el hambre, pues acercándose al piano de cola que había a un lado “una de las señoritas se puso a preludiar” y poco después los cuatro, el más insospechado coro, estaban cantando no se sabe bien bajo el dictado de qué notas la archiconocida rima “Volverán las oscuras golondrinas”. Sentado, Machado movía la cabeza como afirmando. Cree recordar Moreno Villa que el poeta llevaba ya su bastón.
Impresiona imaginar al poeta del palacio de las Dueñas gozando de un momento así de alegría y esparcimiento, en ese breve plazo en que fue feliz con su esposa casi niña. Jamás lo habría imaginado uno cantando y llevando el compás, aunque se tratara de una letra tan melancólica al cabo como esa de Bécquer, quien por cierto ¡también casó con soriana y habitó un tiempo aquel envés extraño de Sevilla! 

(El Mundo, edición de Sevilla, 23-11-12)


jueves, 22 de noviembre de 2012

Una errata simpática



"y patitos donde hay ropa colgada de un alambre:", escribió Neruda en Residencia en la tierra, la cumbre de su poesía surrealista. ¿Pero realmente escribió eso el chileno?
La cita aparece en un libro en que un buen poeta da pistas para la escritura de poemas, y se ve que se le fue la mano al teclear el ejemplo. Lo curioso es que en la página siguiente vuelve a mencionar la palabra "patitos". Esto, desde luego, hace más surrealista el poema, aunque más allá de la intención de su autor. Nadie está libre de erratas, y uno mira con simpatía esta -tan graciosa- que supera a muchas otras que conozco. No solo llama la atención de la lógica, a la que vulnera (aun siendo un poema de Residencia en la tierra), sino que choca al oído, pues rompe el ritmo de los alejandrinos. Por decirlo de algún modo, el cuá cuá se convierte en un cuá cuá cuá, añadiendo una sílaba, esa cosa tan insignificante que en poesía, como es sabido, a veces lo es todo.

martes, 20 de noviembre de 2012

Testamento

Calle en Baeza. A cierta distancia, me pareció que el rótulo decía "Goodbyes", adioses.



TESTAMENTO

A mi abuelo Antonio le dejo
mi nombre y mi miopía,
a mi padre un gesto que yo sé
y el amor desmedido por mi madre,
dueña entera
de esta nariz que le transmito.
A una rama de su familia,
la pasión por la música y las artes.
A mi tía Carmela,
cierta forma de mística.
A mi tatarabuelo Enrique, un sable,
o el gusto por los sables, no mellado
por la leva que lo puso en territorios
que yo sólo he pisado por turismo.
A mi abuela María, la mirada
y a ciertos tíos la melancolía,
que me privó de primos y de juegos
en jardines estériles.
A todo mi linaje, mi deseo
de cuerpos, que condujo hasta mi hoy,
pues crecieron y se multiplicaron
no como mis raíces, sino ramas
de esta luz que da sentido
a sus fúnebres sombras.

A vosotros, alocados, mi experiencia,
y a vosotros, sensatos, mi locura
que hizo que saltaseis los obstáculos.
Os lego mis sillares, mis orígenes,
y fundo vuestra estirpe en mi persona.
Cómo os moldeo, desvaídos.
Seréis como yo soy, desfigurados
vagamente por un tiempo que huye.

Reparto, distribuyo, dejo, doy.
Pero a ese del espejo, un parecido
que nada tiene que ver con la realidad.

                              (Publicado en la revista Turia, 104)

lunes, 19 de noviembre de 2012

Sombras

En el muelle de Nueva York (pero Sevilla). La foto la hizo T.


"Sombras de un sueño son que perseguimos"

                                                            Bécquer, rima LXIX.

sábado, 17 de noviembre de 2012

La Caixa de Reclutas


Las Atarazanas, vistas desde la calle Dos de Mayo, ayer por la mañana


Lamentarse ahora a tiro pasado, cuando este ya nos ha alcanzado de lleno, a quemarropa, poco sentido tiene. A uno, donde le gustaba que se plantara el CaixaForum era en el centro de la ciudad, que es donde mejor lucen los focos de cultura. Los descampados están bien para que pasten las vacas y para que sea más elevado el número decimal del taxímetro al pagar la carrera.
Pero ya digo, la Caixa (a fin de cuentas quien pone el dinero) ha decidido el emplazamiento de su fórum en la torre Pelli y no en las Atarazanas, donde inicialmente había dicho. El vaso a medio llenar pide que nos felicitemos por la relativamente pronta inauguración del complejo, aún no se sabe si en el mástil todavía sin velamen del edificio o en la nave tendida, también en astillero, que se tiende, buque fantasma, a sus pies. Lo que no impide que nos inunde la zozobra de no saber qué será del varado edificio donde hace siglos se armaron tantos barcos y donde ahora solo parece quedar la sombra de un naufragio, una vez que se ha confirmado que la botella de champán se romperá contra otro casco en una botadura que no será reflotamiento, con esa segunda vida y hasta tercera que han tenido muchos briosos navíos.
Sobre la calle Temprado ha vuelto la incógnita. Sobrarán ideas, pero me temo que faltarán voluntades. Sevilla precisa un toque de diana. Muchos varones recordarán que allí estaba la Caja de Reclutas, donde había que cumplir el trámite del alistamiento en el Ejército. Luego, los que teníamos los pies planos o toda una impedimenta de dioptrías en los petates de los ojos, teníamos que ir al Hospital Militar, allá donde Pineda, para ser declarados, si procedía, no aptos para el servicio de armas.
Nuestra memoria está doblemente mutilada; para muchos, con gozo de que jugar con los tanques haya quedado como cosa del pasado (salvo para ese botarate catalanista que reclama para el futuro su parte alícuota de cañones y cadenas), pues ya no existen ni Caja de Reclutas ni Hospital Militar. Ambos edificios son bajeles a la deriva. En la capital y su entorno se han construido recientemente hospitales, pero donde a uno le decían que podría disponer de un año extra de su vida, en convalecencia libre, es hoy una elevada escombrera, sin uso. Un derroche, otro más.
¿Qué sucederá con las Atarazanas? Su edificio, como un almirante entrado en años y achacoso al que le ha brillado en los ojos la ilusión de posibles nuevas campañas, ha pasado de nuevo a la reserva. Entretanto, el tiempo labra en él sus insidias.

(El Mundo, edición de Sevilla, 17-11-12)

viernes, 16 de noviembre de 2012

Desocupados




En otro tiempo,
en torno de las zanjas
y las cuadrillas,
formaban una valla de arrugada carne,
fachadas faltas de restauración,
los jubilados;
cada vez más niños,
viendo erigir a otros su arquitectura,
viendo jugar a otros
o levantar mecanos,
metálicos moldes de pilares o grúas.

Hoy, sin embargo,
en torno de las obras escasísimas
-las aceras levantadas como pústulas,
los solares abiertos, los montones de tierra-,
matan el tiempo los desempleados,
parados para no abrir mucho el apetito
de vuelta a casa –si la tienen–.
La envidia excava así sus ojos jóvenes
y miran como a un Rolls,
o un último modelo de descapotable,
oxidada y temblor, la hormigonera.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Antonio Machado en Soria



La revista Turia, dirigida por Raúl Carlos Maicas con incansable afán, ha dedicado el dossier incluido en su último número, aún con la tinta fresca, a Antonio Machado. Rafael Alarcón Sierra ha coordinado esas páginas monográficas entre las cuales hay un trabajo de mi buen amigo Enrique Baltanás, estudioso desde hace mucho del poeta sevillano y de su familia toda. Se presentará este número 104 de Turia en Soria el próximo día 20. Será en la tierra que tanto cantó Machado, en versos como estos:


Nadie elige su amor. Llevóme un día

mi destino a los grises calvijares

donde ahuyenta al caer la nieve fría

las sombras de los muertos encinares.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Una isla en el mar rojo




He leído hace poco Una isla en el mar rojo, novela de Wenceslao Fernández Flórez que gozó de abultado éxito al comienzo de la posguerra (mi ejemplar, todavía de 1940, corresponde a la décima edición). Ni que decir tiene que no es uno de los mejores libros del pontevedrés. Le sucede lo que a tantos textos o películas (la novela se abre precisamente con el pase de una en un cine): que los buenos son buenísimos, como malísimos resultan ser los malos. Se le va la mano, entonces, y estropea el guiso de modo que las terribles circunstancias de los escondidos en el Madrid de la Guerra Civil, espectadores impotentes de las checas y los asesinatos, pierden en credibilidad cuando todo adquiere un aire de simplificación, de brocha gorda. Todo miliciano es un canalla de bajos instintos; y si del sexo femenino, una mujeruca desgreñada y horripilante. 
Con todo, un escritor como él no puede evitar párrafos, y hasta páginas, estupendos, como cuando describe las emociones que despierta un aparato de radio, aventador de esperanzas, o la escena sobrecogedora, con magnífica elipsis, de unas viejecitas que se sientan todas las noches en un balcón, y presentar cómo en el cuadro negro de la habitación a oscuras se ven dos puntos incandescentes, de dos cigarrillos de quienes se ocultan al terror rojo del título (estupendo y al que el contenido no hace justicia) y un día dejan de verse, se entiende que no porque hayan dejado de fumar los que los sostenían.
Fernández Flórez está, incluso aquí, bien dotado para el humor, y a esto es a lo que quería ir, al giro irónico que nos brinda al final de este párrafo dedicado a las prebendas que reciben los para él mequetrefes intelectuales de cuarta plana: "Haber escrito un artículo en El Sol basta para alcanzar un consulado; haber satisfecho los recibos de un trimestre del Ateneo de Madrid -fábrica de pedantes a lo Azaña- vale una secretaría de Legación; pero si se puede probar que se dejaron a deber dos años en la "docta casa", se obtiene el cargo de embajador." Además de rojos y masones, maulas.

martes, 13 de noviembre de 2012

lunes, 12 de noviembre de 2012

Traducir y escribir



Por si no me creían a mí, he leído una respuesta de Eduardo Mendoza en la charla que he dado esta mañana a alumnos de Traducción e Interpretación en la Universidad Pablo de Olavide. Preguntado por Guillermo Busutil si ser traductor le ha enriquecido como escritor, contesta el autor de La verdad sobre el caso Savolta: "Es fundamental para conocer el lenguaje. Lo único que le recomiendo a la gente joven que me pregunta qué tiene que hacer para escribir es que traduzca, aunque no sea de manera profesional, porque ese trabajo de desmontar y de volver a montar lo que han hecho otros y ver en qué consiste el artificio es una lección impagable. Traducir te hace adquirir una mejor conciencia del lenguaje escrito y también aprendes a adiestrar el oído para las frases escritas." 
Siempre lo he pensado y dicho de diferentes maneras, hasta el punto de que reconozco que la solvencia que tenga, o no, en el arte del verso ha ido pareja a la que posea en el de traducirlo. Pelearme, por ejemplo, con los Sonetos de Shakespeare, sobre cuya traducción recuerdo precisamente haber hablado con Mendoza hace unos años aquí en Sevilla, me ha permitido más que ningún aprendizaje escribir endecasílabos propios venciendo mi inicial torpeza y ver ese mecanismo del que él habla. Por cierto, que en la cena, compartiendo mesa con su editora de Seix Barral (¿o fue el día antes?), el novelista me dejó con la miel en los labios cuando me dijo que tenía una observación que hacerme sobre mi versión de uno de los poemas del inglés. No recuerdo bien qué lo impidió, pero luego no hemos vuelto a coincidir, ay. 

domingo, 11 de noviembre de 2012

Don Juan (cuento)



Dos semanas antes de cuando suele representarse el Tenorio, en torno al Día de los Difuntos, ha abierto donde hasta hace un año estaba mi pub irlandés de cabecera (y de migrañas jaquecosas, claro) un nuevo establecimiento de hostelería llamado Don Juan de Alemanes (siendo el nombre de la calle el gentilicio). Allí, hojeando el último número de Letras Libres, di con esta reflexión del escritor mexicano Enrique Serna: "En la era del ciberespacio, don Juan Tenorio sólo habría podido hacer dos o tres conquistas, porque las doncellas seducidas y abandonadas se habrían puesto de acuerdo para denunciarlo en su propio muro de Facebook." En la mesa de al lado había una chica muy guapa que tenía abierto su portátil y chateaba en la red social. La estuve mirando de forma intermitente, como un faro contrario, que no busca rechazar a los navíos, sino atraerlos. Finalmente -fueron varias las cervezas-, pasé a su lado en dirección al baño.
No pude evitar mirar la pantalla del ordenador, y vi su nombre, junto con la foto de perfil. A decir verdad, esta no le hacía justicia.
Cuando volví a mi mesa, le dirigí un mensaje privado, en el que le decía que hacía tiempo que la conocía de vista, que teníamos amigos comunes. Le envié una solicitud de amistad. La aceptó. Una cerveza después, ya éramos amigos en su portátil y en mi móvil, espejos de curiosidad y deseo. Y empezamos a charlar, a través de los teclados, físico uno, táctil el otro.
Cuando ya la tenía en el bote, entró mi mujer con una amplia sonrisa teñida por una petición de disculpa. No me riñas, sé que es muy tarde. Solo me dio tiempo de escribir en mi cristal, para que apareciera en el suyo: Adiós, Inés. Vi mi mensaje en su pantalla cuando nos íbamos.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Dionisio Ridruejo, un siglo




No ha bastado su poesía, buena pero cincelada en mármol y por ello yerta con frecuencia, ni su excelente prosa. En España, para que te conmemoren has de ser de izquierdas: si desgobierna el PSOE, por sacar en andas a los propios y, sobre todo, quienes lo rebasan por la siniestra; si el PP, por tácito reconocimiento de inferioridad (las derechas suelen pensar más con la panza que con la inteligencia). El caso es que su centenario ha sido genuinamente español: con más pena que gloria.
            Prístino falangista, uno de los que arrimaron sílabas al himno más cantado en España durante décadas –no había tu tía–, Ridruejo estuvo siempre donde creía que debía estar, primero con esa figura sugestiva, José Antonio, y después contra Franco y su “acompañamiento coreográfico de nuestras camisas azules” (el primero dixit). A él no se le impuso una condena a muerte como a Hedilla (conmutada), pero sí el destierro, cosa también muy española desde el Cid a Unamuno.
            Una vez comí con García Berlanga: antes de saber que era librero y solicitarme ávida noticia de títulos sobre erotismo, una chispa como de hoguera antigua le saltó a los ojos al recordar sin remordimiento su paso por la División Azul, en la que conmilitó con Ridruejo. También aquel se sintió seducir una temporada por José Antonio, la encarnación española del fascismo y su inmediata superación. Los escritos del joven Primo de Rivera de 1935 (cuando lo conoció Ridruejo) y 1936 (luego ya no pudo evolucionar más, como muchos otros) lo acercan aunque con un fondo y puesta en escena bien distintos –eran los años treinta– a la idea que en los sesenta defendió Ridruejo: una suerte de democracia social.
Creía este que los españoles podían entenderse en un país más digno y justo. Y, traductor de El quadern gris de Pla, siempre favoreció el entendimiento del resto de España con Cataluña. Los mezquinos, los bobos le impidieron difundir cuando la toma de Barcelona octavillas en catalán como pretendía.
Hoy, en el Ateneo, Aquilino Duque disertará sobre Ridruejo, el escritor y el ejemplo de una forma de política no consistente en medrar sino en marchar por un ideal a Rusia o, purgado luego por nuestro Stalin menor, el Caudillo vitalicio, a la Siberia benigna de la serranía de Ronda. Allí, pienso, tendría presente al inmortal sordo de Fuendetodos, no por las corridas goyescas –posteriores–, sino por el recuerdo de esos compatriotas que en el cuadro famoso se atizan, obedientes en el lienzo al descalabro perpetuo de nuestra piel de toro.

(El Mundo, edición de Sevilla, 9-11-12)

viernes, 9 de noviembre de 2012

Las voces de los poetas




En las tubas de las gargantas y el afinamiento de sus cuerdas vocales, cuántas diferencias. No hay dos distintas, como sucede con las huellas dactilares. Y a esa variedad se unen, además, los acentos, y la forma de recitar incluso. ¿Acaso no es única la voz rota de Leopoldo María Panero, como una burbuja, en el momento de estallar, de la interminable y platónica cocacola que siempre anda bebiendo, encarnada en botellas distintas? ¿Acaso no lo era, sonante en la melopea, la del recientemente desaparecido Agustín García Calvo, zamorana y del Egeo, con dáctilos y todos los pies de la prosodia y versificación que estudió tan a fondo? 
Escribió José Moreno Villa sobre las características de un puñado de voces: "La de Guillén (Jorge), aguda y garrasposa; la de Neruda, un tanto china y melcochada; la de Juan Ramón, con algo de tenor; la de León Felipe, con timbre de noble madera -a diferencia de los timbres argentino y cristalino-; la de García Lorca, desafinada a cada paso; la de Unamuno, chillona y angosta; la de Antonio Machado, como de canónigo que habla consigo mismo."
Lástima no haberlas oído. De entre las que sí han dejado su eco,  que aún percibo, recuerdo ahora la de José Hierro, profunda y ancestral igual que una caverna, con sus pinturas rupestres y todo como una prolongación telúrica de las Cuevas de Altamira, en su Cantabria natal.

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jueves, 8 de noviembre de 2012

Puesta de largo


Foto: Manuel Broullón

El pasado martes se presentó en el paraninfo de la Universidad de la antología que he preparado de tres poetas sevillanos: Lola Terol, María Ruiz Ocaña y Francisco Barrionuevo. Nos acompañó (en el centro de la imagen), generoso y sabio, Manuel Ángel Vázquez Medel. 
Francisco Correal estuvo allí y ha escrito esta crónica para Diario de Sevilla. Y aquí se puede ver un reportaje fotográfico en la página que la Hispalense dedica a la Red de Universidades Lectoras.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

La acequia






LA ACEQUIA

Desde esta foto,
llena de tu llantina aquella acequia,
me llega un salpicar
de agua sucia, antigua;
raudal que viene
desde tus siete años a mis gafas.

Ojalá yo pudiera,
cerrando hoy la tapa del portátil,
evitar tu berrinche
y ahuyentar los ocultos alacranes
–esos miedos que acechan–
para borrar tus lágrimas.

martes, 6 de noviembre de 2012

Trascendental


Semana trascendental para el mundo: se elige presidente en mi comunidad de vecinos y su homólogo para los Estados Unidos de América. Cabe la posibilidad de que yo sea uno de los dos. 

lunes, 5 de noviembre de 2012

Variaciones y magnolios


Poniente inusitado: en mí, de Pablo Sycet, una de las obras expuestas

Tal día como hoy, de 1963, moría en una casa de la Ciudad de México uno de los más grandes poetas españoles del siglo XX: Luis Cernuda. También hoy es el último día que se puede ver en la galería Félix Gómez de su ciudad natal una exposición que lo homenajea: Variaciones sobre temas mexicanos, de Pablo Sycet.
Uniendo fotografías y pintura y un tercer elemento, sus visiones del DF, Guadalajara y Querétaro, Sycet ofrece 27 obras (Cernuda hubiera preferido 25, si de datar la generación se trata, pero recuerda el artista que aquel era el número de textos que componían la edición original de Variaciones sobre tema mexicano, de1953).
Los trabajos resultantes son pequeños, del tamaño de un folio, como parva es la galería. Quien quiera espacios más abiertos tiene a unos metros unos jardines donde se abrazan, vastos de hermosura y de tamaño, dos magnolios, ejemplares rotundos del árbol predilecto de Cernuda.




domingo, 4 de noviembre de 2012

Diecisiete años


"On n'est pas sérieux, quand on a dix-sept ans." "No puedes ser formal con diecisiete años", escribe Rimbaud en traducción de Antonio Martínez Sarrión. Tenía diecisiete años la cuarta víctima mortal de la malhadada fiesta de Madrid. Solo podían entrar mayores de edad, y ella no lo era. Se coló, en un gesto irresponsable, como suele serlo la juventud. Tal vez no podamos pedir a los menores y a los que hace poco han dejado de serlo una formalidad que, como Rimbaud dijo a una edad similar, ellos no pueden tener. A los mayores sí tenemos que exigírnosla, la responsabilidad. Según y cómo, la cacareada tolerancia deja de ser virtud y se convierte en vicio. La de ciertas cosas, en un crimen; sino de acción, de omisión.

sábado, 3 de noviembre de 2012

El país imaginado




El domingo pasado ofrecía El Mundo la primera entrega de su curso de chino y ya se ha puesto uno a descifrar esas arañitas, esos insectos desconocidos y a comprobar que no era chiste: a tenor de un nombre propio, veo que nuestra ere se hace ele en esa lengua.
            También con el aval de organismos de aquella nación como Hanban y el Instituto Confucio, en Andalucía se brinda desde hace poco la posibilidad de estudiar chino como segunda lengua en diez institutos, dos de ellos sevillanos. Estas semanas pasadas han ido llegando las profesoras y hoy caligrafían las pizarras como si las aulas fueran calles del Chinatown de San Francisco o del mismo Pekín y ciudades igualmente populosas que burlan nuestra retentiva con nombres arduos, volátiles.
            Me dicen que esas clases de chino son un éxito. Nuestros compatriotas parecen querer devolver la moneda de su invasión incruenta a los chinos que se han asentado entre nosotros; buscan, quizá, una promesa de trabajo en su lejano país. ¿No tendrá China otra Gran Muralla que construir para absorber nuestra mano de obra?
Existen oscuras tramas de delincuencia que ensombrecen la reputación de la comunidad china, pero en parte son sombras chinescas, figuras que distraen de la realidad general. Lo verdaderamente oscuro de los chinos que nos habitan se halla a la vista de todos: en esos atestados bazares mezquinos con la luz, mechinales lúgubres, comercios que tienen poco de detallista porque no se ve nada.
Pero también hay otra China que remonta la caricatura: la que ha cautivado a poetas como Ezra Pound y Agustín de Foxá, que se rindieron a la delicadeza y hondura de aquella literatura, de aquel pensamiento, y trataron de verterlos a sus propias obras. El último en sumarse a esta estela es el argentino Eduardo Berti, flamante ganador del premio Las Américas por su deliciosa novela El país imaginado, que contra lo que pudiera pensarse no es China, aunque allí se desarrolle la acción, sino otro que no debo desvelar yo aquí.
En el seno de una historia de amor y fantasmas se presenta una escritura que no es del mandarín, sino un raro código, el nu-shu, empleado antaño por las mujeres para comunicarse a hurtadillas. Un lenguaje que quedaba en los bordados y no en el encerado, que se transmitía como un rito femenino y del que no tendrán seguramente idea Chen Lin y Li Juyang, las dos jóvenes docentes del IES Sevilla Este y del IES Triana, nuestros focos sinólogos. No se pierdan la estupenda obra de Berti (¡ni la próxima clase de chino!).

(El Mundo, edición de Sevilla, 2-11-12)


viernes, 2 de noviembre de 2012

Dictado por la lluvia



Lluvia e infancia son aliadas en la memoria, haciendo bueno el verso de Borges de que la primera es algo que sucede en el pasado. De esa experiencia surge este poema que escribí hace unos días. Formará parte de mi próximo libro:


NUEVA BORRASCA ANTIGUA

El tamtam de la lluvia,
estas lianas danzantes de la lluvia,
el grito –hoy un gallo– del trueno
entre la lluvia.
En lo alto de los más altos árboles,
la borrasca es la misma que cuando era un pigmeo,
un aborigen de la felicidad.

Entran ganas de salir a nadar
a esquivar cocodrilos
y recorrer la selva
persiguiendo la lluvia
con solo un taparrabos.

La lluvia
que cae de la trompa de un elefante
y empapa barritando el cabello de Jane;
la lluvia que acarrean,
portadores de lluvia, tantos negros
nubarrones, sus tribus;
y todos sus escudos, los paraguas.

Las ramas superiores son varillas
que sostienen la fronda impermeable
bajo gotas que manan del pasado,
rebosan de los poros del recuerdo
y enjugan, lavan, borran, purifican.

Con nubes y borrosa la señal,
cada charco es la tele en que veía
–dientes muy blancos– a la mona Chita.
Las lanzas de la lluvia, de la lluvia,
de la lluvia, la lluvia
repetida y monótona.

Rayada, altísima,
hermana de cebras y jirafas,
la melena salvaje de la lluvia
salta como melena de leones,
sus punzantes colmillos.

Hoy llueve en aquel patio, en la pantalla
de la choza, el salón,
y los pronósticos del tiempo
se han cumplido para aquel día gris
de 1970.
Acierta Mariano Medina.

Fijo en su mapa,
hoy el anticiclón de las Azores
queda lejos, muy al norte de Tarzán.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Otra posible definición de la poesía



La poesía es lo que se interpone entre nosotros y la realidad. Quiero decir que es la escalera de mano que nos permite saltar al otro lado de aquella; o al menos, apoyada sobre ella, atisbar lo que más allá se extiende.