martes, 31 de julio de 2012

"SI..."


Si te mantienes calmo cuando todos
pierden los estribos y te culpan;
si cuando de ti dudan tú confías,
pero también aceptas que otros duden;
si puedes esperar sin que te canses
o, si te mienten, no decir mentiras,
o si te odian, no cedes a los odios,
y nunca te las das de sabio o bueno;

si sueñas sin que el sueño te domine;
si piensas sin rendirte a lo que piensas;
si conoces el triunfo y la derrota
y tratas por igual a ambos farsantes;
si aguantas la verdad que proclamaras
torcida para ser trampa de necios,
o ver rotas las cosas que quisiste
y alzarlas con gastadas herramientas;

si puedes apilar lo que has ganado
y jugártelo en solo un lanzamiento
y, perdiendo, empezar luego de cero
sin decir ni palabra de la pérdida;
si tensas corazón, brazos y nervios
para que aún te sirvan tras marcharse,
y sigues cuando no te queda nada
salvo esa voluntad que dice: “¡Venga!”

Si hablas a cientos y virtuoso sigues,
o vas con reyes sin dejar al pueblo;
si no te hiere el fiel ni el enemigo;
si a todos das, mas nunca demasiado;
si colmar sabes el feroz minuto
con sesenta segundos valiosísimos,
tuyo será todo y –lo que es aún más–
serás un hombre entonces, hijo mío.


(RUDYARD KIPLING, traducción de A.R.T.)

viernes, 27 de julio de 2012

Para un catálogo de errores

La de las erratas es la única fe que me va quedando, íntima constatación eufemística de los patinazos, de los gazapos, de las meteduras de pata. Casi siempre queda impunemente para mi coleto, pero hoy quiero pregonar algunos errores propios, como una parte indivisible de los posibles aciertos. 
No puedo afirmar yo lo que tan bien expresó Luis Rosales: "sabiendo que jamás me equivoqué en nada, / sino en las cosas que yo más quería". La lista de mis desaciertos toca tanto lo bajo como lo elevado. Por ejemplo, aquel primer libros de prosas sobre ciudades, en el que muy atinadamente vio Enrique Baltanás, al reseñarlo, una puntuación manirrota. Ahora veo aquella hipercorrección como si se me hubiera regalado un saco de comas con la orden de emplearlas todas, sin dejar ninguna.
En otra ocasión, me las di de listo en una reseña (en este caso el crítico era yo) y a un novísimo, nada menos, le enmendaba la plana de la métrica, tan quisquillosa como injustificadamente. 
Hace un par de semanas, por otro lado, me llegaban ejemplares de una novela que traduje, ahora con nueva sobrecubierta, más atractiva. Hojeándola, para mi horror, volví a encontrarme con una pródiga tilde en el nombre de pila de Oscar Wilde, que no sé por qué di en escribir una y otra vez Óscar, también por ese vicio de ser excesivamente meticuloso hasta el punto de acentuar un nombre extranjero y, además, sobre mayúscula, para distanciarme aún más de los descuidados y remisos a la ortografía.
Hoy, leyendo sobre las Olimpiadas y cierto protagonismo que se quiere para ellas de la poesía, he dado con un verso de Alfred Tennyson que ha sido grabado en los estadios. Procede de su "Ulises", y lo traduje hace muchos años para una edición que publicó Pre-Textos. El artículo de El Cultural lo traduce como "Luchar, buscar, encontrar y no rendirse". Inmediatamente, mi oído me apunta: es mejorable. Y ciertamente lo es, pasado al endecasílabo "Luchar, buscar, hallar y no rendirnos" (aparte del acento en sexta, que pide la prosodia, la primera persona del plural, como exige el que Ulises se esté dirigiendo a los suyos con un repetido "nosotros"). Pues bien, tomo del estante el hermoso volumen con viñeta de Ramón Gaya y mi versión y veo que eso fue lo que yo escribí, pero inexplicablemente con el orden cambiado. En La Dama de Shalott y otros poemas (pág. 89) se lee: "Luchar, hallar, buscar y no rendirnos". Hago gracia al lector de una errata que se coló en el original, y le dejo aquí el verso de Tennyson, donde se verá, por si no fuera suficiente el asombro ante mi dislocada traducción, que el orden era bien distinto y ciertamente el lógico: "To strive, to seek, to find, and not to yield." 


Cartel de un acto preolímpico en homenaje a Tennyson en el que participó Andrew Motion, también como él, tantos años después, Poeta Laureado de Inglaterra.

jueves, 26 de julio de 2012

Shakespeare en la Olimpiada







Al parecer, la Olimpiada de Londres va a pregonar la grandeza de Shakespeare, ese plusmarquista de la pluma. La noticia es que hay representaciones en diferentes idiomas en el Globe, una exposición en el Museo Británico, y que motivos suyos tendrán especial protagonismo en la ceremonia de apertura de los juegos. Hace bien una Gran Bretaña en decadencia en volver la vista a su pasada gloria. Aunque, ¿pasa Shakespeare? Creo que no: pasan sus escenógrafos pretenciosos, sus adaptadadores rimbombantes, lo más moderno. Él, el de siempre, no deja de estar de actualidad y es más contemporáneo que cualquiera de sus depredadores. Para brindar por él y con los dos o tres lectores que tenga este cuaderno, aquí dejo el comienzo de uno de sus poemas menos traducidos, "Lamento de una amante", en la versión que incluí en el volumen de su Poesía Completa (Biblioteca de Literatura Universal, 2009):



LAMENTO DE UNA AMANTE

En una loma en cuyo vientre hueco
resonaba el dolor de un valle próximo,
presté atención a la doblada queja,
y me tendí a oír su triste historia;
al poco vi a una pálida muchacha
partiendo en dos anillos y papeles,
bajo el viento y la lluvia de su pena.

Un tocado de paja en la cabeza
su faz protegía del sol, la cual
podía imaginarse que mostrara
otrora su beldad, hoy fenecida;
un rastro juvenil retuvo el tiempo
y a pesar del cielo airado, aquellos años
un resto de belleza conservaban.

Se llevaba a los ojos el pañuelo
en el que había extraños caracteres,
mojados con el líquido salobre
que un largo dolor perlara en lágrimas,
releyendo a menudo lo allí inscrito;
a menudo también su queja alzaba
con agudo clamor y gritos graves.

Ora con sus pupilas enfilaba
cual si éstas apuntaran a los astros;
ora sus pobres ojos en la tierra
impactaban; y a veces recta extienden
la mirada; otras veces, ésta vaga
un tiempo por doquier, sin detenerse,
la mente con la vista confundidas.

Ni sueltos ni peinados, su cabellos
delataban desdén por el orgullo,
pues algunos colgaban del sombrero
mejilla abajo, pálida y llorosa;
otros en su red se mantenían
fieles, sin pugnar por escaparse
pese a estar retenidos con desgana.

Muchas prendas de amor sacó de un cesto:
ámbar, cristal y cuentas de azabache
que una por una fue arrojando al río
cuya llorosa orilla hollaba triste;
tal usura, añadía llanto al llanto,
o como un rey que niega sus mercedes
a aquel que nada tiene y da a quien sobra.


(...)

lunes, 23 de julio de 2012

Trabajos de amor perdidos

El verano pasado, un día que hizo mucho viento apareció en el jardín de la casa en que vivíamos este poema en ciernes, que había caído de su árbol.




TRABAJOS DE AMOR PERDIDOS

Esfera armilar de humildes pajas,
globo celeste, astrolabio esférico
con sus meridianos de briznas
y paralelos de hebras enlazadas,

planeta caído de tu órbita,
trabazón de ramitas desprendida del árbol,
tupida curvatura de plumón y madera,
parva galaxia,

leño como un currach en el verde
mar de mi césped
entreverado de tréboles
en que embarcan ya las hormigas,

cóncava forma de la vida,
cuenco en que tomar el bebedizo
–ilusorio milagro–
de rozar con tus alas la eternidad.

No sé si te debo a ti los silbos
que trajo la pasada primavera,
o eres sin embargo
la privación de trinos por venir;

nido en tierra exiliado del aire,
el viento te ha expulsado como un cuco;
eres huérfano
del follaje y la copa, pero jamás estéril:

aquí me tienes, incubando
tu nidada de versos;
trabajos de amor perdidos
y que recobra el canto.


sábado, 21 de julio de 2012

A salvo en la cocina



La sombra de Yeats es alargada. No contento con haber traducido su Poesía reunida, sigo trabajando sobre él. Y estos días tengo en la mesa los dos volúmenes de la completísima biografía que le dedicó hace unos años R. F. Foster: W. B. Yeats. A Life. Manuel Ramírez, de Pre-Textos, me anunció hace un tiempo que iban a publicar una novela de la mujer del estudioso yeatsiano. Y ahora acaba de salir este libro de Aisling Foster. Me lo anoto para leerlo.
Aisling es la palabra gaélica para visión o epifanía. Sin duda, un nombre que había de gustar al autor de A Vision.

jueves, 19 de julio de 2012

Sara Mesa escribe sobre "Deseo"


Dos viajeros, Jack. B. Yeats

Sara Mesa publica en Estado Crítico esta reseña de Deseo, el libro de relatos de Liam O'Flaherty que he traducido para Nórdica.



miércoles, 18 de julio de 2012

Las poesías completas de Edward Thomas




Con una diferencia de escasas semanas, y de la mano de dos más que dotados poetas traductores, la no muy extensa obra lírica de Edward Thomas ha venido a aposentarse en nuestra lengua, subsanando con ello un prolongado silencio.
Las he leído con atención. Primero porque Thomas es un excelente poeta, y además porque es alguien que apela desde hace algunos años a diferentes aspectos de mi propia escritura (le he dedicado un poema y compartió escenario, bien que bastantes décadas después, con otro poeta que ha llegado a subyugarme y sobre el cual he escrito una novela que todo parece indicar que se publicará el año próximo, junto con una antología de sus versos).
No miento, pues, si afirmo que he estado jugando al tenis con ambas ediciones, yendo de continuo de una a otra, recorriendo los dos lados de la pista, y ello sin dejar de ver en ningún momento la bola, the ball, el original inglés.
Ben Clark ofrece una introducción sucinta en Poesía completa (Linteo). Tras esas siete páginas comparecen los poemas, y ya allí se percibe un modo de traducir distinto del de Gabriel Insausti, responsable de Poesía completa (Pre-Textos). Clark saca ventaja a Insausti en la comprensión de la lengua inglesa (es hablante nativo o, por mejor decir, bilingüe); así, no comete algunos de los deslices en los que cae Insausti, quien, por ejemplo, ya en la primera página de su versión resbala en la palabra highwaymen, que lejos de significar "viajeros"se refiere a "asaltantes", en todo caso antagonistas de los primeros. Hay otros ejemplos, afortunadamente no muchos. Pero en honor a la verdad, ¿quién no ha desbarrado en alguna ocasión? Aquí además el tropiezo viene con la "ayuda" de un casi falso amigo que nos embosca y sale al paso, como un auténtico salteador de caminos.
En otras ocasiones, el loable sometimiento del verso traducido al ritmo (casi siempre en metro alejandrino o endecasílabo) hace que en Insausti ciertas frases queden un tanto desvaídas cuando no amputadas. Por ceñirme al primer poema ("Con el viento"), and the one bulging butt that's like a font pasa a ser un romo "con aquel saliente extremo" ("y el gran y rebosante aljibe como una pila bautismal" es la solución que adopta Clark). O, algo más abajo, crying when the stone-curlew yodels, tan matizado, muda en un insípido y vago "se expresa cuando cantan los pájaros". Clark traduce, con mayor exactitud: "que llora cuando el zarapito canta su canto tirolés".
Por contra, y podría ahora aducir multitud de ejemplos, Insausti obtiene momentos felizmente expresivos gracias a ese apartarse a menudo de la literalidad. Porque el navarro obtiene un logro indudable y por el cual le estamos profundamente agradecidos: que merced a la música del verso español, que él pone, Thomas se lea como lo que es, un gran poeta. En esto, Clark, hay que decirlo, le va a la zaga, aunque su verso sea más musical de lo que el mero censo de sílabas delataría en un primer cómputo. En los poemas largos, además, este opta por aumentar el número de versos, que no es mala solución sino, al contrario, un airoso modo de eludir a Procusto.
Cuando se traduce poesía no se puede estar pendiente de la literalidad, como predicaba un pintoresco ornitólogo que se quejaba, en una carta que pude leer no hace mucho, de que en determinada versión poética los nombres de los pájaros en español no se correspondían siempre con los del original inglés, sin tener en cuenta que al traducir poesía no se puede estar más pendiente de Linneo que de la prosodia, siendo naturalmente lo más deseable conciliar ambas cosas pero, ante la duda, y por ceñirme al ámbito de la capital británica, teniendo más la vista puesta en el Poets' Corner de la abadía de Westminster que en el Museo de Ciencias Naturales de Kensington.
Tiene la edición de Insausti el añadido de un extenso y magnífico prólogo, tan informado e ilustrativo como nada cargante, y una muy conveniente y detallada cronología, elementos que, junto con las notas al final de volumen, proporcionan un cabal acercamiento al autor de los poemas y su mundo. Sobresaliente es el epígrafe que dedica a la posteridad literaria de Thomas. Una cosa le reprocho entre los muchos parabienes que merece su esfuerzo: llamar "romántico menor" a John Clare, alguien que, puestos a hablar de poetas "recuperados" y de la naturaleza (cosas ambas que lo aproximan a Thomas) tampoco ha dejado de crecer en estima crítica durante los últimos treinta años.
Nos hallamos, en suma, antes dos invitaciones complementarias a la obra de uno de los grandes poetas ingleses del primer tercio del siglo XX, amigo de Robert Frost y maestro de muchos que vendrían. Un poeta tardío muerto joven.



martes, 17 de julio de 2012

Premios Nacionales: ná de ná.



Seguramente serán suspicacias mías, pero el hecho de que este año aún no se hayan convocado los Premios Nacionales, incluidos los de Literatura (ya sabéis, Poesía, Narrativa, a la Mejor Traducción, etc.), me hace temer lo peor para esos colegas, siempre otros, con los que uno se congratulaba o de los que decía -somos una legión de envidiosos, ya se sabe- "Pues no es para tanto". Antaño se pregonaban en el BOE en el mes de las flores, que por mayo era por mayo. Pues, bien, ya estamos en julio, y nada. Siendo los fallos en el otoño, ya vamos tarde, parece.
Y es que los escritores y traductores también tienen derecho a contribuir con su generoso sacrificio al rescate de los bancos. Propongo el cambio de nombre de los galardones. Deberían llamarse a partir de ahora Premios Ezra Pound a la Usura. O Premios Quevedo Poderoso Caballero. Aunque la suma de los importes suprimidos no es gran cosa, qué bonito gesto, qué galano desprendimiento el de los literatos. Filantropía creativa, mismamente.

lunes, 16 de julio de 2012

Riberas del Cam





En las afueras de Cambridge se halla este paraje que frecuentara Rupert Brooke. A un diccionario le sería dispensado definir "idílico" o "bucólico" con la mera presentación de su imagen, de la que estas fotografías antiguas y el reciente poema evocador son un muy pálido reflejo:





RIBERAS DEL CAM

                                                (Grantchester)


Fluvial epifanía
de un edén hecho huerto
en el verde dorado de la tarde.

Parvas, reales, imperfectas
como los pechos púberes,
picoteadas por los pájaros,
las manzanas silvestres.

Su pulpa se hace trino,
dulzura de lo ácido.

Oxidada la fruta,
sobre las pomas quedan
moratones de amante.



sábado, 14 de julio de 2012

De un libro de versos en preparación


PAPELERÍA AMPARO

Cruzábamos dos calles
-Tenéis que mirar siempre a los dos lados-,
y allí estábamos, niños,
ante el mostrador de madera
demasiado alto
y la vieja oidora que atendía
como una virgen gótica
nuestras necesidades de milagros:

el exotismo de la goma arábiga
con el harén de sus ensoñaciones,
o bien la cola blanca, más plebeya,
como una escayola líquida
contra la fractura del mundo;

con la escuadra, el cartabón, el compás,
láminas de dibujo, el sacapuntas
y papel cebolla o de seda
acariciando el tacto,
tijeras romas y cajas de lápices
verdes como el recuerdo
perenne de sus copas.

Aquella tienda ofrecía su género,
su hermoso humo,
no de mera papelería
como rezaba el rótulo,
sino de posibilidades mágicas,
de trazos rectos y de estampas bellas,
de cosas unidas, de sumas que cuadraban
cuando aún no existían las calculadoras.

Entonces eran más largos los centímetros
y más seguro el trazo,
las reglas no melladas
ni borradas sus líneas.

Luego, el tiempo se ocupó en desmentir
todo cuanto, silente, pregonaba
la tienda que cerró, como un álbum
nacarado de primera comunión
al que nunca se vuelve.
Y hoy la papelería
es el forro del libro de una edad
de tachones y errores primerizos,
la carpeta que sobre la mesa abre
como un tesoro antiguo
el no querer mirar hacia adelante
sino al pasado.

Sí, cerró la papelería
con toda la heredad de sus renglones,
pero ahora los versos son palanca
-poderosa palanca si, más corta,
envía mayor fuerza-
que levanta su persiana metálica
y silueteando el mapa mudo
de aquellos tiempos,
robando su memoria,
vuelca la elocuencia de quien no sabe
hoy más cosas que entonces
aunque puede que las diga mejor,
o las escriba,
en el cuaderno roto de los años.


                                                (A.R.T., junio de 2012)

jueves, 12 de julio de 2012

El robo organizado



¿Y no tendrían derecho los funcionarios (los que soportan a los adolescentes maleducados por unos padres de pena, los que retiran el cadáver, los que asisten a los enfermos o apagan los incendios... y tantas otras cosas gratas y envidiables), si hay que buscar financiación, tener al menos el derecho a suscribir esa deuda por la que se abonan tan elevados intereses a no se sabe quién en vez de que, por las bravas y sin contrapartida, se les birle una paga? Paga que, por otra parte, no es un aguinaldo ni una gracia, sino parte del sueldo que simplemente no se ha prorrateado. Al menos, aunque solo fuera un gesto, se les podría haber ofrecido participar del esfuerzo como accionistas de la penosa "marca España". No haberlo hecho es una grosería que además muy probablemente se juzgue inconstitucional, como en Portugal ya ha pasado. Y, sobre una grosería, un robo.

Hablando de Gulliver en la radio uruguaya




El otro día hablábamos de Los viajes de Gulliver en el programa Efecto Mariposa de Radio Uruguay. Se puede oír a través de este enlace.

martes, 10 de julio de 2012

Como la hormiga




Como la hormiga que arrastra una hoja inútilmente
empleando en ello minutos —días— de su vida efímera,
como la hormiga, pequeña, oscura y en todo igual
a otros tantos ejemplares de su especie,
como ella, sin importancia, también yo
acarreando la materia del poema
con altos y caídas, con traspiés,
yendo al otro más vasto hormiguero:
la fosa que —no importan los trazos de la lápida—
siempre es fosa común,
la muerte —hormiga reina—de la que todos,
todos sin excepción somos los hijos.


                            A.R.T., Farewell to Poesy, Pre-Textos, 2002




                        

jueves, 5 de julio de 2012

Otro ritmo

No es que vaya a mandar callar al blog, ni mucho menos. Pero el verano exige un ritmo diferente, más pausado. No necesariamente por el descanso, merecido y justo, sino porque me es preciso finalizar varios proyectos narrativos y de traducción que me ocupan desde hace algún tiempo.
En vez de invernar, tengo que veranear para acabarlos. Vendrán al blog, sí, escritos variados, que incluirán algún poema y los artículos que semanalmente vaya dando -será en agosto- la edición sevillana de El Mundo, más algún otro que quiera precederlos o seguirlos.
Parecerá, con los silencios, que me he vuelto ociosa cigarra. Pero será al contrario; que canto, aunque para mis adentros. Me habré vuelto laboriosa hormiga.


De una edición de 'The Fables of Esope: translated out of Frensshe in to Englysshe by William Caxton', 1932

miércoles, 4 de julio de 2012

Viejas alcobas



Parador de Úbeda, a la mañana siguiente de haber sido escrito este poema




VIEJAS ALCOBAS

Sus muebles son memoria de unos bosques
que el sol ha conquistado
sin dejar sombra:
la sombra habita toda en estos muros,
viejas alcobas en que duerme a veces,
no sabe ya si niño o como anciano.

Sus cortinas no son lo que parecen,
sino telones que reviven dramas
y le dan un papel en sus tragedias.

Ama los techos altos de las casas antiguas.
Inalcanzables,
bajo ellos caben más sueños.

martes, 3 de julio de 2012

De Emilio Quintana





Editada con todo el esmero que acostumbra a desplegar Abel Feu en Los Papeles del Sitio, recientemente el poeta granadino afincado en Estocolmo ha publicado esta plaquette, que se nos brinda a ser leída entera digitalmente. Sobre Emilio Quintana publiqué este artículo hace unos años:



EL MAL POETA: EMILIO QUINTANA


Nunca fui a Granada, no al menos desde que empecé a frecuentar la poesía (es decir, sólo estuve en una vida anterior). Y en Granada, ese lugar que no he pisado, vive un poeta con el que no he tenido más trato que el de una lectura atenta de sus escritos y la escrutación de su fotografía. Comenzaré por esta última: se trata del retrato que ilustra y sirve de pórtico a la espiga de sus poemas recogidos en la antología Selección Nacional (Última poesía española), editada por José Luis García Martín para Llibros del Pexe. Bajo el nombre de Emilio Quintana, y sobrevolando lo que es noticia bio-bibliográfica, breve no tanto por la falta de espacio cuanto por la aún juventud del poeta, la fotografía no se compadece con la supuesta edad suya, aunque más bien habría que hablar de época o de era.
¿Cómo puede un escritor nacido en 1964 ostentar tan grave y desasistido rostro, que es absolutamente el de un seminarista o joven párroco de 1941? Un cabello corto y trasquilado, oscuro sobre la sombra de la mal rasurada barba y el bigote de dos días pasados en ensoñaciones místico-amorosas, constituye, con estas otras umbrías capilares, la periferia de un negro más intenso: el de las gafas de enlutada pasta; no desde luego las de Buddy Holly o Elvis Costello, sino las de, pongamos por caso, un cantor de latines de la catedral de Astorga. El busto de nuestro personaje es una mancha bruna cuyo contorno se confunde con el de las tinieblas de la habitación, y que hace, cuadrándole a su dueño, pensar en una capa pluvial o hábito, también en una camisa azul que explicaría, puestos a imaginar, por qué nos hallábamos ante un colaborador de Escorial o Garcilaso, de Vértice o de La Estafeta Literaria.
Pero Emilio Quintana donde ha publicado es en Nada Nuevo (un curioso cuaderno dirigido por él mismo), en estas páginas de La mirada y en algunas otras revistas y suplementos literarios del presente. Tiene además la plaquette Las leyes de la herencia, título homónimo de un magnífico poema allí incluido, y un libro en “La Veleta”, la colección más codiciada por el poeta y el bibliófilo —valga la redundancia: ¿acaso no es el primero casi siempre lo segundo?—. Este que puede ser considerado su primer libro lleva el título manuelmachadiano de El mal poeta. Hace unos meses leíamos composiciones de un libro inédito.
La poesía granadina joven ha dado desde los años ochenta a hoy una enjundiosa lista de figuras, sobre las que tal vez haya pesado demasiado el marbete de “la otra sentimentalidad”, integrada en principio por Álvaro Salvador, Javier Egea y el hoy encumbrado Luis García Montero. Miguel d’Ors pertenece a otra generación anterior, y Quintana a la siguiente. En medio quedan José Carlos Rosales, Vicente Sabido, José Gutiérrez, y también Antonio Jiménez Millán, Rafael Juárez, Antonio Enrique, José Lupiáñez, y un poeta hermosa y voluntariamente anacrónico como es Fernando de Villena, que no es que reciba influencias de Villamediana, Carrillo de Sotomayor o Góngora, sino que les presta su voz con una radical y original falta de originalidad.
Emilio Quintana tampoco pretende ser original: cuando evoca el dadá o la vanguardia lo hace con comedimiento y buenas maneras, no en vano le es cara la paradoja y ama a Chesterton. También, y esto es lo que me lo hace más cercano, ama desesperadamente a Polonia, con una fijación enfermiza para la que sólo hallo parangón en la mía con Irlanda. Al fin y al cabo, y no deja de ser curiosa la coincidencia, ambos son países católicos que han sufrido la codicia y opresión de sus vecinos, y semilleros los dos de excelentes poetas.
Joseph Brodsky, esa encrucijada donde dialogan Pasternak y Donne, el oriente y el occidente de nuestra tradición poética, ha escrito que la mejor poesía del siglo XX hay que buscarla en una pléyade de oscuros nombres polacos prácticamente inéditos y desconocidos entre nosotros. Nos suenan Milosz, Lemm o Gombrowicz, ¿pero qué sabemos de Leopold Staff, Zbigniew Herbert o Wieslawa Szymborska? Quintana parece moverse con soltura entre estas ásperas consonantes y el secreto de sus versos (por su carácter de rara avis también merece ser mencionada, es justicia hacerlo, la versión de los Sonetos de Crimea de Adam Mickiewiz que realizó Vicente Tortajada y publicó “El Mágico Intimo” en Sevilla  hace una década).
Lo doy en primicia mundial: he descubierto que hay algunos poemas de Quintana en los que no aparece Cracovia o el Vístula; el dato parece sorprendente pero puede ser corroborado por el lector tras una paciente búsqueda. Y es que a nuestro poeta le sucede lo que a su admirado Thomas Hardy, que siempre escribe de una región que hace propia y en la que sitúa, como el ámbito más natural para ella, su poesía. Wessex y Zamosc deben compartir un mismo cielo.
Efectivamente, como decía, en alguna ocasión he sorprendido a Emilio Quintana saliendo a hurtadillas de su internado polaco para visitar otros lugares; pero siempre regresa a su cuarto desde el que se ve la calle Florianska o se atisba Przegorzaly. En esas fugas, Quintana recoge un aforismo, viaja a principios de siglo o traduce a un escritor anglonorteamericano tan oscuro como él mismo. En un endecasílabo camuflado entre la prosa de una poética, ha declarado: “Ser un poeta menor, a eso aspiro”.
Ése es el tamaño de su esperanza, y no seré yo quien lo contradiga sosteniendo que es gran poeta. Pero sí un poeta cuyos defectos y excesos me causan una mezcla de exasperación y simpatía, será que veo en ellos y en él —tan gris como uno, tan blanco a veces, tan negro— un cierto aire de familia, el que se vislumbra en un pariente lejano. Al fin y al cabo, sólo tres mil quilómetros separan Dublín y Varsovia.

Postdata: Plutarco sigue escribiendo, o tal vez sea que su alma vagante se entretiene en el Purgatorio (Dante lo omite) urdiendo nuevos paralelismos. Signado ya el artículo anterior, y en un tris de ser despachado al correo, el Premio Nobel de 1996 le ha sido concedido a Wislawa Szymborska. Es un premio para Emilio Quintana. El de 1995 se me otorgó a Seamus Heaney... Qué cerca quedan, en verdad, Cracovia y Derry.


ANTONIO RIVERO TARAVILLO


La mirada, 114 (El Correo de Andalucía, 14.3.97)