lunes, 31 de diciembre de 2012

Los berberechos

Recolectoras de berberechos en una playa irlandesa, hacia 1900. 
Fotografía de John J. Clarke conservada en la Biblioteca Nacional de Irlanda

Ya había dado por finalizado un libro de poemas con la cosecha del 2012, y a punto de acabar el año se me ha impuesto este otro, último compañero de los anteriores:


LOS BERBERECHOS

Como un cangrejo marchan hacia atrás las papilas
por el retrovisor del gusto,
por su estela, ese horizonte
tendido entre el ayer y el hoy;

estos berberechos son tan frescos
que recuerdan a aquellos antiguos
tomados en un puerto de Cornualles,
salobres bajo lluvia que caía
como un agua dispuesta a rescatarlos.

Su pequeño maremoto en la boca
trae olas de un lejano finisterre,
y con la punta de la lengua
beso a la que fuiste hace años
-diez, cien, mil-, contrabandista
            en aquellas costas
del tiempo.

No los mastico yo: ellos me engullen
como una marea que absorbe,
un remolino,
igual que a una sílaba el eco
en los dientes del aire.

Cabezas sin sus yelmos,
canos y rubios, blandos,
se aferran como lapas sin sus conchas
a la memoria,

como la amarra al muelle
o el reflejo acuático a las luces
sobre el puente,
y emocionadas,
líquidas titilan mientras las otras guardan,
altivas, la compostura.

Monedas de plata y oro,
dormían en el lecho.
Las recupero,
un tesoro en el cofre de la boca.

Delicadas boyas a flote en el sabor
de días más plenos, salvavidas
cuando todo se va a pique, como hoy.

Vía de agua contraria que detiene zozobras.

En el flujo y reflujo de los años,
esta pleamar, la de entonces.

domingo, 30 de diciembre de 2012

La leyenda de Joyce



Joyce temía al trueno,
pero durante su sepelio rugieron los leones
del zoológico de Zúrich.
¿Fue el de Zúrich o el de Trieste?
Qué más da, son leyendas, así como
es leyenda la muerte de Joyce,

escribe Derek Walcott en su poema "Volcán", recogido en Pleno verano. Poesía selecta, libro que Vaso Roto acaba de presentar en excelente traducción del poeta mexicano José Luis Rivas. 
"Leyenda" es, además de otras acepciones, y etimológicamente, el participio pasivo de futuro del verbo leer ("lo que ha de ser leído"), como bien supo Juan Ramón Jiménez y respetó Sánchez Romeralo en una edición de la obra de de Moguer. James Joyce sigue siendo leído y con provecho. Ayer mismo abrían los suplementos ABC Cultural y Babelia con sendos artículos sobre él, firmados por Fernando. R Lafuente y Antonio Muñoz Molina. El primero se centraba en Dublineses (especialmente el cuento "Los muertos"), y el segundo en Ulises (aunque afirma del citado cuento que "se extiende ya con maestría suprema hacia las dimensiones de la novela corta"). Se admira Lafuente: "es difícil entender cómo Joyce, apenas un tipo de poco más de treinta años cuando termina el manuscrito en Trieste, logra sumergirse en lo más dramático de la existencia, la presencia de los muertos en la vida de los vivos, y alcanzar una cota literaria hoy apenas rozada."
El legendario (escojo bien la palabra) Abbey Theatre dublinés está estos días representando una adaptación de "Los muertos". Larga vida al cantor Michael Furey, en su cementerio de Galway, adonde fue a parar tras aquella serenata que agravó su pulmonía. Larga vida, acreditada, a su creador: James Joyce.



sábado, 29 de diciembre de 2012

La muralla de Adriano


En la muralla de Adriano, a la altura de Birdoswald, 1998

Mi amigo Daniel López-Cañete, catedrático de latín de la Hispalense, no ha podido tomarse una cerveza conmigo estas Navidades porque se hallaba muy ocupado preparando una traducción de Agrícola, el libro de Tácito cuyo título completo encierra una trampa perversa para los malos estudiantes que algunos fuimos, pues De vita et moribus Iulii Agricolae no significa De la vida y la muerte de Julio Agrícola, sino De la vida y carácter de aquel prócer. En esa obra pionera del género biográfico el escritor romano hablaba de su suegro, conquistador de Britania, un país entonces céltico. Poco después de morir Tácito, nuestro paisano italicense Adriano hizo construir al norte de la isla la muralla que lleva su nombre para librar aquella parte del Imperio, como si de una China occidental se tratara, de las incursiones de los bárbaros. Ahora, en la esquina de la sevillana y romana calle Adriano con el universal paseo de Colón, que siguiendo el río desemboca en las Américas, ha abierto un bar céltico; para más señas, irlandés.
            A pesar de la fama de los naturales de los países celtas, muy civilizado es el ambiente del pub. Es, por contra, el barrio del Arenal, que hay que recorrer hasta llegar a aquel, un territorio bárbaro y hostil, con su muralla de bebedores en la calle como apostadas tribus de pictos borrachos que hay que sortear hasta llegar a las pintas bebidas con moderación. Y es que nuestro Ayuntamiento ha ideado una forma genial de hacer desaparecer la botellona: mimetizarla, confundirla con los que con copas de los bares copan tan anchos las estrechas aceras. Habrá, entonces, que descreer del tópico. Como en Agrícola, los ajenos, los extranjeros, quedan bien parados si se les compara con los nativos (en el caso de Tácito los romanos, aquí los sevillanos).
            La mitología y la religión de los antiguos irlandeses era amiga de la reencarnación. Aquí en Sevilla justo un año después del cierre de Flaherty, el mítico pub de la calle Alemanes, tenemos ahora, en metempsicosis hibérnica, el O'Neills de la calle de nuestro emperador Adriano.
            Tenía ya ganas de conocer un pub irlandés, pues es sabido que en los diecisiete años que estuvo abierto aquel no pisé el local ni llegué a comprender qué arcano misterio hallaban muchos en ese brebaje negro que tiene un nombre parecido a Güines, una de las calles de la Casa de la Moneda. Y no me ha defraudado O'Neills, con su madera, su acogedor personal, sus vasos con el arpa y su vidriera de San Patricio. A ver si Daniel ahora se anima.

(El Mundo, edición de Sevilla, 28-12-12) 

jueves, 27 de diciembre de 2012

En la muerte de Dennis O'Driscoll

Dennis O'Driscoll, (c) Poetry Ireland

Se fue anteayer, durante la Nochebuena, a una edad relativamente joven: 58 años. Era uno de los poetas más destacados de Irlanda; también uno de los que más se ha preocupado por el oficio. Durante mucho tiempo fue reuniendo una selección de citas y pensamientos sobre la poesía, que vio la luz en Estados Unidos con el título Quote Poet Unquote y en Gran Bretaña como The Bloodaxe Book of Poetry Quotations, la cual he utilizado a menudo en el taller de poesía. También publicó un celebrado libro de entrevistas con Seamus Heaney, una suerte de biografía conversada y poética del Nobel. A punto está de salir un volumen que dedicó a Michael Hamburguer.
Lo conocí aquí en Sevilla, en compañía de su mujer la también poeta Julie Callaghan, en el Festival Sibila que organizó Juan Carlos Marset en 1996. Intercambiamos algunas palabras junto a la muralla del Alcázar. Dejo aquí un poema suyo, "Life", que cobra un sentido especial ahora que la ha perdido, la vida.

lunes, 24 de diciembre de 2012

La Madre de Dios, por W. B. Yeats



La Virgen con el Niño, en el Libro de Kells


El triple horror del amor; un destello
que cae en la cavidad de un oído;
alas que baten por la habitación;
el terror de todos los terrores,
que llevaba el Cielo en mi vientre.

¿No me conformaba con las cosas
que una mujer corriente conoce,
rincón junto a la lumbre, paseos por el jardín
o cisterna de roca, en que hacemos la colada
y nos contamos los chismes?

¿Qué es esta carne que pagué con dolores,
esta estrella caída que sostiene mi leche,
este amor que hace que se me pare la sangre
o me hiela de repente los huesos
y me eriza el cabello?

(De La escalera de caracol y otros poemas, 1933, recogido en mi edición de la Poesía reunida de William Butler Yeats, Pre-Textos, 2010)

sábado, 22 de diciembre de 2012

El Banco de Alimentos




Y acabó la campaña de clasificación de productos recogidos por el Banco de Alimentos de Sevilla. La buena noticia (dentro de la terrible de la crisis económica que hace cada vez más necesarias iniciativas como la suya) es que se reunieron muchas más toneladas de comida de las previstas; que muchas más personas de las inicialmente necesarias dieron un paso al frente, y a qué ritmo; y que, como consecuencia de lo anterior, se agotaron las cajas de cartón, a las que hubo que reforzar con un nuevo pedido.
            El Banco de Alimentos presta un gran servicio, no solo a los beneficiarios directos de los víveres acopiados; hay asimismo algo inmaterial y pese a ello comprobable: reparte algo parecido a la felicidad entre quienes participan en la tarea de ayudar a los demás. Si a cualquier persona que haya salido de esa nave de la avenida de la Raza se le hubieran colocado los electrodos medidores del bienestar, este habría sido el resultado: paz, armonía, una conciencia de la que se han replegado los humores turbulentos y brilla trasparente como un vaso de agua.
            Solo faltaron los cantos de trabajo que en diferentes culturas acompañan a la faena colectiva, sea el cosechar o el enfurtido de la lana. Pero imperó el buen humor entre manos que reciben el impacto de paquetes de garbanzos o, como en el Oeste también había espaguetis, ante el fingimiento de una herida al romperse un bote de tomate frito.           
            El trabajo en común, el objetivo compartido del beneficio colectivo por encima del individualismo, el pensar en los demás y actuar desprendidamente tiene su resultado. Es algo que enseñaban las sesiones de coaching cuando la economía parecía que iba bien: que trabajar en equipo, que remar todos juntos en una misma dirección rinde sus frutos.
            Lo peor del trabajo de estas personas es que con buena voluntad y un pequeño sacrificio solo han conseguido poner un parche al desaguisado de un modelo de economía desaprensiva, del capitalismo especulativo, de la gran pamema que nos ha traído hasta aquí y que nos quiere mansos, incluso lamiendo la bota que nos pisa.            
            Lo mejor, su lección: podemos aprender del Banco de Alimentos, como de Cáritas y otras entidades, a trasladar este esfuerzo comunitario al conjunto de España, que tanto exige el deponer los egoísmos. Más o menos a la altura del ombligo (no es, pues, posible mirárselo) discurre la cinta transportadora de la solidaridad, en que, al margen de políticos, cada cual tiene su puesto, su afán, que es y debe ser el de todos. 

(El Mundo, edición de Sevilla, 21-12-12)

viernes, 21 de diciembre de 2012

Al doblar la esquina

Cuaderno en que Shelley copió su poema, que se conserva en la Bodleian Library de Oxford

Aún queda un largo trecho, una línea recta blanca, nevada, hasta que aparezca abigarrada esa otra estación, con sus ondulaciones. Hoy comienza el invierno. Es decir, ya se presiente la primavera. Lo decía Shelley en los dos últimos versos de su "Oda al viento del oeste": "O Wind, / If Winter comes, can Spring be far behind?": Oh, viento, / si es llegado el invierno, no lejos queda ya la primavera.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

"Hermosa Señora"




Midir había estado cortejando a Étaín un año antes de que fuera a Echaid para jugar al fidchell, pero no lo consiguió. Y el nombre por el que Midir la llamaba era Hermosa Señora; y una vez le dijo:




“Hermosa Señora, ¿vendrás conmigo

a una tierra maravillosa en la que hay estrellas?
En lo alto de la prímula hay cabello;

Todo el cuerpo es del color de la nieve.

Allí no hay nada “mío” ni “tuyo”;

blancos son los dientes, negras las cejas;

son un placer para la vista tantas huestes;

es color de digital cada mejilla.

Púrpura es la superficie de cada llano;

son un placer para la vista los huevos de mirlo;

aunque es hermoso el Llano de Fál,

desolado es al lado del Gran Llano.

Aunque creas embriagante la cerveza de la Isla de Fál,

más embriagante es la cerveza de la Gran Tierra;

prodigiosa tierra es la tierra de la que hablo;

los jóvenes no mueren antes que los viejos.

Arroyos dulces y tranquilos riegan la tierra;

se beben los mejores hidromiel y vino;

nobles y elegantes son allí todos;
la concepción es sin pecado, sin culpa.

Vemos a todo el mundo en todas partes,

y nadie nos ve a nosotros;

las tinieblas que trajo el pecado de Adán
nos esconden
de quien pudiese contarnos.

Mujer, si vienes con mi fuerte pueblo,

una corona de oro tendrás en la cabeza;

cerdo fresco, cerveza, leche y bebidas

tendrás allí conmigo, Hermosa Señora.


Poema irlandés de finales del s. IX, en manuscritos posteriores, que forma parte de Tochmarc Étaíne (El cortejo de Étaín), publicado por primera vez en la revista Ériu, vol. XII (arriba) y recogido en mi antología Antiguos poemas irlandeses, Gredos, 2001. El fidchell era un juego de mesa parecido al de las damas.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Tabletas



Las palabras, como las personas según las religiones, alcanzan a menudo una segunda vida, una acepción distinta (se ve que no han sido buenas, y a menudo mudan a peor). Ha pasado con "móvil" en las últimas décadas. Sucede ahora con "tableta", que desde hará un par de años designa una cosa bien diferente.
A mí que me dejen de iPads o de los artilugios que patenta la competencia. Para mí, tableta no hay más que la de chocolate, del que me gusta tanto el ruido al partirse como su sabor. Ahora, en punto a chocolate, ninguno tan rico en mi recuerdo como el de la infancia de mi padre, quien nos refería cómo lo pedía en el colmado cuando era chico, con su media lengua: -Te me té usté una jícara de tocolate de Matías López.
Comparado con eso, las tabletas de hogaño carecen de memoria, nada se ve en sus pantallas táctiles, que no rozan el milagro. Mi padre, niño, diría que son cativates, catarros inútiles.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Sombrero de copa



Aunque no somos parientes, nada me importaría tener un tío tan culto y predispuesto al humor inteligente como él, Manuel Rodríguez Rivero, el avizorador de novedades y tendencias librescas, quien mejor toma el pulso al mundo editorial en los suplementos literarios de España. Sábado tras sábado, su página en Babelia es lo primero que busco al abrir el periódico, y rara vez me defrauda (a decir verdad, nunca).  Me acordé mucho de él (y no era sábado) cuando halle unos versos de Zbigniew Herbert en su poesía completa (Lumen, traducción de Xaverio Ballester) que tocan una presencia recurrente en sus artículos, una de sus devociones, en la que no coincido (uno es más de single malts, que me salen muy baratos porque soy prácticamente abstemio en lo que a bebidas espirituosas se refiere). En "Abandonado", de Herbert, este trago con el que brindo por él, en agradecimiento por tantas buenas horas de lectura (sumadas a lo largo de los años):

botellas con un líquido amarillento
y una etiqueta simbólica

            -Johnnie
            levantando su sombrero de copa
            se aleja raudo hacia Occidente.

¡Salud!

sábado, 15 de diciembre de 2012

Fats Food




No, no es una errata. Este artículo trata sobre los locales de comida rápida, sí, pero también sobre lo que allí se expende, que por sus características habría que denominar grasas, fats: comida grasienta y no solo por su contenido demostrable en laboratorio, sino por su exterior demostrado en las calles; la pringue, la mugre que de los restaurantes de este tipo sale a nuestras ciudades como si estas fueran un amplio e indiscriminado cubo de basura.
            En muchos países ya se gravan las bebidas carbónicas y ciertos tipos de alimentos perniciosos con una tasa, si no del todo disuasoria, sí que pueda contribuir a paliar los gastos que ocasionan al sistema de salud la atención a obesos y otros enfermos.
            Tal vez en poblaciones más civilizadas las hamburgueserías y similares, los locales de fats food como vengo en llamarlos, no sean nocivos más que para los que se infligen el castigo de someterse a esa dieta. En Sevilla, sin embargo, la cochambre de esas grasas se extiende de manera tal que no sería ocioso arbitrar medidas que impidan que los alrededores de tales centros patógenos sigan siendo también una patología para la vista, con su suciedad, con su pocilga ambulante.
            Basta pasear cerca de esos lugares para comprender a qué me refiero: a esos vasos de sospechosos materiales, a esa bolsas aceitosas, a esas servilletas de celulosa hechas gurruños, a esos desechos. Sevilla, a tenor de parte de su paisanaje, debería cobrar un impuesto especial a estos negocios de forma que, al revés de lo que suele ser costumbre en otros lares, aquí cueste más el take-away que el menú para tomar sentado a la mesa del establecimiento. Una cifra que debería ser lo bastante alta como para que el niñato y la niñata, o el niñat@ con su arroba porcina, se lleven la basura puesta solo en su anatomía y no como inminentes restos arrojadizos al suelo o para dejar sobre un banco que, a sus ojos, suele ser sinónimo de estercolero.
            Pero para que este sobreprecio no lo burlasen los espabilados tal vez habría que obligar a los hosteleros del ramo a no serlo, por una vez, de comida fats sino fast… fastuosa en el servicio: poniendo vasos de cristal de Bohemia y vajillas de Sèvres. Esto impediría que los sacaran a la calle. Un vigilante del establecimiento lo impediría, sin duda.
            Nuestra ciudad estaría así mucho más limpia y vendrían turistas de todo el ancho mundo a conocer los más lujosos burgers de aquí (que por cierto, burger en puridad significa ciudadano, algo que debiera ser inseparable del civismo).

(El Mundo, edición de Sevilla, 14-12-12)

martes, 11 de diciembre de 2012

Cuento de hadas de Navidad

Hoy, hace exactamente 25 años, esta joya considerada por muchos la mejor canción navideña de todos los tiempos (a pesar de su singularidad o gracias a ella) alcanzó el primer puesto en la lista de éxitos de Irlanda.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Otra clepsidra




1

Agarro el puño del paraguas
igual que el picaporte de las nubes.
Aprieto con fuerza,
        y se abren
muy pesadamente,
                  de plomo.

Como un gato la manta con sus zarpas,
el chubasco mulle la tierra,
y ronronea
igual que si otra mano acariciase,
lana o pelo suavísimo,
su lomo.

No se ve un solo charco en la avenida
porque toda ella es un solo charco.
Juntas también,
nuestras gabardinas componen
su sinfonía de frufrú al rozarse,
un sisear que es reclamar silencio.

En el tambor de las abiertas telas,
para los cuatro oídos
la actuación de la lluvia,
su conjunto de viento y percusión
arrebatado.

2

Medias naranjas,
una de noche, otra de arco iris,
inclinadas licuan el mármol
bajo los soportales.

Después, arriba, al desnudarnos,
empapadas las pieles, regresamos,
criaturas acuáticas,
a nuestros primeros peces,

y más allá,
somos dos amebas amándose
porque sí y por amor
antes de separarse en otras nuevas
–tal vez esos paraguas en el suelo,
uno un arco iris, otro noche–

con la violencia
salvaje de saber que nos aguarda
toda la evolución ante nosotros,
todo el largo camino
hasta los labios.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Una traductora ante una tradición




Blas Fernández dialoga con la poeta y traductora Jeannette L. Clariond, que ha puesto a disposición de los lectores de nuestra lengua la gran antología, y mucho más que eso, La escuela de Wallace Stevens, una panorámica de la poesía estadounidense de las últimas décadas presentada por Harold Bloom. Se puede leer aquí. Precisamente uno está terminando la traducción para la misma editorial, Vaso Roto, de uno de los poetas representados en ese volumen.
Un vídeo con la presentación del libro en México, a cargo de Clariond (y, si no me equivoco, Juan María Espinasa), está disponible a través de este otro enlace

sábado, 8 de diciembre de 2012

La Puerta de Tahrir


Detalle de los jardines del Cristina, en Sevilla


Antes, cuando uno quería ver El Cairo, no tenía más remedio que hacer las maletas y trasladarse al original, la capital de Egipto. Esa y muchas otras desventajas tenía la época atrasada en que vivíamos. Afortunadamente, hoy los tiempos adelantan que es una barbaridad y haciendo bueno esto último, lo bárbaro, lo extranjero, ya tenemos el Festival de las Naciones en plena Puerta de Jerez, en Sevilla. Ya contamos con una réplica de la cairota Plaza Tahrir a la entrada del centro de Sevilla, con sus jaimas, sus acampados, y sus moros, sin que le falte un perejil. La primavera árabe trasladada al otoño decadente europeo. ¿Cómo no vamos a felicitarnos por ello? ¡Lo que ahorramos en billetes de avión y en hoteles! Se puede llegar en metro y volver a dormir a casa. Esto sí que es progreso.
Y sin embargo, uno se pregunta si era necesario levantar esa maqueta a escala 1:1 del caos de allí justo donde aquí se ha hecho. A fin de cuentas, ¿no acaba de terminar hace unos días el mismo festival en ese otro emplazamiento más idóneo del Prado? ¿O es que ahora un festival es algo que dura el año entero, como la semana fantástica de esos grandes almacenes que se alarga, chicle con sabor a fresa, hasta llegar a un mes?
Ha sido muy bonito ver los días de montaje del tinglado una hilera de coches y furgonetas estacionados en el paseo principal de los jardines del Cristina, un apéndice natural de la feria de marras, con sus vehículos de marcas francesas, alemanas, italianas, checas, como si hubiera también un salón al aire libre de vehículos de ocasión. Lo insólito, sin embargo, no era verlos sobre el albero de los restaurados jardines, sino que no adornara sus parabrisas multa alguna de la Policía Local. ¿O es que por eso de las naciones y las banderas extranjeras los competentes son la Guardia Civil o el mismísimo CNI? Todo esto sucedía en la avenida rotulada con el nombre de Luis Cernuda, donde desde hace un par de años existe un hito de piedra con el poema “Donde habite el olvido”. Es decir, Sevilla.
            En muchos países hay por estas fechas mercados navideños. Una ciudad monumental como la nuestra debería, con todo, cuidar más la estética. Ni el emplazamiento ni las casetas y tiendas de campaña aportan nada; al contrario, quitan: espacio a las jardines, visibilidad al entorno, clientes a los establecimientos de hostelería que sobreabundan en los alrededores y que, por si fuera poco la crisis, ahora tienen que competir con los chiringuitos no de playa. De plaza. De la Plaza, o Puerta, de Tahrir.

(El Mundo, edición de Sevilla, 7-12-2012)

martes, 4 de diciembre de 2012

El diccionario de latín



Podría decir que la decadencia de la filología clásica, del conocimiento del griego y el latín en el bachillerato y las carreras de Letras en España es una lástima, pero la palabra lástima carga con las angarillas resignadas de la connotación de lo fatal, lo irreparable, lo que no está en nuestra mano corregir. La pena de la impotencia.
"Me acuerdo de la alegría que me entraba cuando, teniendo que hacer una traducción del latín, encontraba en el Gaffiot la traducción de una frase completa", escribió Georges Perec en Me acuerdo. También yo me acuerdo de lo mismo, lo cual siempre era muy de agradecer pues nunca fui buen estudiante, de latín ni de casi nada que me viniera impuesto (ahora, preguntadme por las cronologías de los reyes de Deira y Bernicia o por el irlandés antiguo, que soy capaz de mandar al paro, como si un español más fuera, al alemán Kuno Meyer). Pero, a lo que iba, sin esa lengua, el bendito latín, sin el conocimiento de su sintaxis, sé que escribiría mucho peor, de manera más plana. En una balda conservo el diccionario, que naturalmente no era el francés Gaffiot de Perec, ni el Spes que tenían casi todos mis compañeros. El mío era el Sopena, que tampoco estaba mal. 
El actual Gobierno español está más pendiente del inglés de las timbas de Wall Street que del añejo latín nuestro. Matar al padre, sí, por un mísero puñado de lentils.
No me resigno. No me da lástima. No mientras podamos alzar la voz contra ello en nuestra lengua -hija pródiga- romance, que para el caso se vuelve belicosa y, con pinturas de guerra, si hace falta comanche.

lunes, 3 de diciembre de 2012

domingo, 2 de diciembre de 2012

Los cuentos de José Balza




Paréntesis Editorial acaba de publicar la estupenda narrativa breve del venezolano José Balza. Ha tardado en ver la luz, pero la dicha es buena. Lo cuenta el responsable de la edición, el infatigable Toni Montesinos, en su blog

sábado, 1 de diciembre de 2012

El Día de las Librerías



Coinciden –como el hambre con las ganas de comer– la crisis económica general con la particular del mundo de la letra impresa, ya sea la del libro, ya la de los periódicos. En este ámbito todos están afectados por la ordalía en mayor o menor medida, pero pocas decadencias tan funestas como la de las librerías, pues la desaparición de estas empobrece nuestras calles, y da en un país más bárbaro.
            Por eso aparece en el calendario una nueva jornada a señalar, el llamado Día de las Librerías. Mediante él, estas quieren llamar la atención, recordar su necesaria presencia, hacer ruido, ellas que expenden esos objetos, casi siempre hermosos, que piden, casi con un susurro, el silencio de la lectura. Hoy es ese día. Todas las afiliadas a la Federación de Gremios y Asociaciones de Libreros de España, la CEGAL, abrirán hasta las diez de la noche, y ofrecerán un pequeño descuento, el máximo que por ley, y por las circunstancias que atraviesan, pueden permitirse.
            En Sevilla (supongo que como en todas partes, pero es lo que mejor conozco), se da la paradoja de que precisamente las mejores sufren junto al descalabro general de la facturación otro insultante: el de que las ventas de mostrador tengan que financiar a las de clientes como la universidad. Su morosidad, que como fiel reflejo de la sociedad a la que sirve tanto ha derrochado hasta hace nada, más la vasta deuda de la Junta, hace que el estado del enfermo sea aún más grave. Meses de impagos a los establecimientos acreedores hacen atravesar a estos dificultades que exigen hacer con la mermada faltriquera toda suerte de malabarismos, aunque antípodas de los de la ingeniería financiera que ha sido, entre otras desgracias, una de las causas de la presente crisis.
            Hablé de paradojas, ese casi género tan del gusto de un escritor que asociamos a los libros como pocos y director de la Biblioteca Nacional argentina: Jorge Luis Borges. Una, y nada despreciable, es que el alma mater que no bien ayer iba a levantar una nueva biblioteca en los jardines del Prado ahora contribuya con su arrastrada “roncha” al erial, al boquete que pronto pueden ser las librerías que la proveen.
            No hay que lisonjear a las librerías; quien las visita se halaga a sí mismo al frecuentarlas, al ejercitar con ellas su inteligencia. Y si compra un libro, pagándolo religiosamente, hay que recordar que esto, tan de buena educación, no es algo que haga cualquiera, aunque tenga estudios, como la Hispalense. Pero hoy, celebremos. No hurguemos en la herida.

(El Mundo, edición de Sevilla, 30-11-12)


Acompañando al periódico, en El Cultural se publicaba ayer un reportaje en el que diferentes escritores y editores daban el nombre de su librería preferida en el extranjero. Manuel Borrás, de Pre-Textos, citaba Daunt Books, que es también mi favorita en Londres. Aquí una foto del pasado otoño, en la principal de la pequeña cadena en Marylebone High Street.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Mi primer Kindle




Al final, me he hecho con el Kindle, el dispositivo de lectura en pantalla de Amazon. Pero no me he dejado tentar por las nuevas versiones que lo asemejan a los cacharros más sofisticados de Apple y la competencia. Lo que tengo es el modelo más sencillo, aunque en puridad ni siquiera ese tengo: leo con él en aparatos de la marca de la manzana, pues, ya que se trata de lo digital, de lo virtual, he prescindido, como si fuera un libro en papel, al que sustituye, del mismo objeto físico, el Kindle como tal, y me he descargado el programa gratuito para su uso en la computadora y el celular (un saludo a los amigos del otro lado del Atlántico). No leo, pues, en textos que se componen y descomponen en la llamada tinta electrónica, pero la pantalla del MacBook Pro o la del iPhone tampoco son moco de pavo si no se abusa.
No me había decidido a usarlo hasta ahora porque los libros que a uno más le interesan suelen tener ya cierta edad y muchos no se hallan revestidos aún (quizá nunca lo estén) de su traje digital; otros, aun siendo actuales, no salen como libro electrónico porque son de ensayo o poesía y pertenecen a editoriales que todavía no han adoptado esta tecnología. Pero a los estantes de la biblioteca ya se le saltan las costuras, y hay libros extranjeros de más difícil obtención (en España prefiero comprar en librerías). Mi primera adquisición ha sido un libro del poeta británico Glyn Maxwell, On Poetry, del que había leído buenas críticas. Sobre mi experiencia lectora con el Kindle, lo mismo en el ordenador que en el móvil, hablaré aquí próximamente.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Presentación de José Manuel Velázquez




Del Languedoc, donde ahora vive, me llega el primer libro publicado de José Manuel Velázquez (Sevilla, 1973), Cara lírica. Aquí el hasta ahora desconocido despliega unas excelentes dotes, casi siempre en el formato del soneto y la versificación clásica, pero con un desenfado que lo acerca al lector de hoy.
Me ha hecho gracia, por ejemplo, el poema satírico que dedica a la librería en la que trabajó un tiempo, conocida localmente y en el mundillo editorial de España entera por la mezquindad de quien la dirigía (hoy, la cadena está en otras manos, tras hacer el matrimonio propietario toda clase de maniobras para endilgársela a algún incauto, a quien hay que desearle lo mejor). Pero donde más claramente brilla Velázquez es en poemas como este, donde el amor no está reñido con el humor:


REBAJAS EN LA SECCIÓN DE SOMBREROS
DE GALERÍAS LAFAYETTE

No has dejado sombrero en Lafayette
sin la horma de tu alta fantasía.
Yo miraba el reloj mientras el día
se eternizaba en ese saca y mete
la cabeza en la boina, en el birrete
o en la pamela ¡y cómo confundía
al pobre espejo que me seducía
tu talento adornado -tu copete-!

Árbol de la impaciencia alcé las ramas,
que tu vehemencia resumió en percheros,
y a buen recaudo de seiscientas damas
colgaste de mis manos seis sombreros.
Y ajena te arrojaste ¡y en qué estado!
sobre un bombín ruin y rebajado.

martes, 27 de noviembre de 2012

Sobre Zbigniew Herbert


Zbigniew Herbert. Foto: Rzeczpospolita

Hará tres años, Alejandro Luque me invitó a colaborar cuando quisiera en el blog Estado Crítico, una página colectiva en la que se publican de lunes a viernes reseñas de libros. Se lo agradecí, pero en aquel momento no me parecía bien hacerlo, dado que yo ejercía como director editorial de un sello, Paréntesis, algunos de cuyos títulos podrían ser reseñados (como fueron varios de ellos). Prefería salvaguardar -eso me parecía lo más sano- mi independencia y la del propio blog. Ahora la situación es distinta, y en el ínterin Estado Crítico me concedió su Premio de Ensayo 2011 al segundo tomo de mi biografía de Cernuda publicada por Tusquets: Luis Cernuda. Años de exilio (1938-1963). En la reciente cena que compartí con un buen puñado de estadistas pedí, ahora sí, de muy buen grado el ingreso. Ayer se publicaba el primero de mis comentarios, que se ocupa de la Poesía completa de Zbigniew Herbert.

lunes, 26 de noviembre de 2012

domingo, 25 de noviembre de 2012

Mise Éire



"Mise Éire" es un poema muy conocido de Patrick Pearse, uno de los dirigentes del Levantamiento de Pascua de 1916 en Dublín. También, a partir de él, un poema de Eavan Boland. Vayamos primero al de Pearse, tan en la tradición del aisling o de la mujer sobrenatural de la tradición gaélica, con la personificación de Irlanda (Éire) en una mujer.


Mise Éire:
Sine mé ná an Chailleach Bhéarra

Mór mo ghlóir:

Mé a rug Cú Chulainn cróga.

Mór mo náir:

Mo chlann féin a dhíol a máthair.

Mór mo phian:

Bithnaimhde do mo shíorchiapadh.

Mór mo bhrón:

D'éag an dream inar chuireas dóchas.



Mise Éire:

Uaigní mé ná an Chailleach Bhéarra.


Y aquí su traducción al español (mía y bastante literal):


Soy Irlanda:
soy más vieja que la anciana de Beare.

Grande es mi gloria:
parí a Cú Chulainn, el valiente.

Grande es mi vergüenza:
mis hijos vendieron a su madre.

Grande es mi dolor:
un constante enemigo me hostiga siempre.

Grande es mi tristeza:
murió la hueste en que puse mi esperanza.

Soy Irlanda:
más vieja que la anciana de Beare.


La vieja (o anciana, o vejestoria o bruja de Beare) era la protagonista de un milenaria composición gaélica que incluí en Antiguos poemas irlandeses (Gredos). Lo gracioso es que en la por otra parte estupenda edición de los poemas de Boland que he leído recientemente, con prólogo y traducción de Eva Cruz y publicadas en Ediciones El Tucán de Virginia, una exquisita editorial mexicana, se ha deslizado una pequeña errata de las que hacen época: en la página par, donde de presenta la versión española, aparece bien el título (el citado "Mise Éire"), pero en la impar, con el texto inglés, la vieja se hace joven y atractiva, y sube con ojazos que adivinamos verdes a la pasarela, a encandilarnos, no en vano el poema pasa a titularse, lo juro, "Miss Éire".

(Abajo, una interesante adaptación musical bilingüe)