martes, 27 de diciembre de 2011

Reválida de Praga






Justo ahora hace un año, el frío de Sevilla quedaba en tibieza comparado con el de Praga, a la que por fin rendíamos viaje. De allí me traje unos cuantos poemas, que aparecieron en la revista Clarín. Estos versos ilustran una imagen de la que da fe la fotografía de un toldo rojo nevado bajo los colmillos de un templo.

PLAZA DEL MERCADO


Cae la nieve.

Plato de leche fresca

en el tejado.


Sigue nevando.

Denso charco de sangre

sobre la sábana.


domingo, 25 de diciembre de 2011

Máquinas de reír




Así titula Vicente Molina Foix su estupenda reseña el otro día en Babelia de La gente corriente de Irlanda, la antología de columnas de Flann O'Brien que he seleccionado, prologado y traducido para Nórdica. Un buen regalo de Navidad (la reseña para mí, pero también el libro para cualquiera).
La fotografía es de la puerta de la casa de Eccles Street en que James Joyce (de quien se habla en el libro) hace vivir a Leopold Bloom. Flann O'Brien, con Patrick Kavanagh y John Ryan, la rescató de las ruinas en las que estaba el inmueble, y la llevó el 16 de junio de 1967 a The Bailey, el céntrico pub dublinés de Duke Street, que tanto ha cambiado. Hoy se conserva en el James Joyce Centre de Great North George's Street, en la capital de Irlanda, donde nuestra cámara la captó este verano.

viernes, 23 de diciembre de 2011

"Los bueyes"



Thomas Hardy


Es uno de los poemas de Navidad más hermosos que conozco. Lo escribió a los setenta y cinco años Thomas Hardy, evocando una creencia popular de cuando era niño. Hay buenas traducciones de Miguel d'Ors y de Joan Margarit, pero yo he querido intentar la mía, y compartirla como humilde regalo de Navidad. Con mis mejores deseos, como un hogar encendido, para quienes por aquí pasen.

THE OXEN

Christmas Eve, and twelve of the clock.
“Now they are all on their knees,”
An elder said as we sat in a flock
By the embers in hearthside ease.


We pictured the meek mild creatures where
They dwelt in their strawy pen.
Nor did it occur to one of us there
To doubt they were kneeling then.

So fair a fancy few believe
In these years! Yet, I feel,
If someone said on Christmas Eve
“Come; see the oxen kneel

“In the lonely barton by yonder comb
Our childhood used to know,”
I should go with him in the gloom,
Hoping it might be so.



LOS BUEYES

Es Nochebuena, y dan las doce.
“Ahora se ponen todos de rodillas”,
decían los mayores cuando estábamos
al amor de la lumbre apretujados.

Imaginábamos a las bestias mansamente
de hinojos en su pesebre de paja.
Y a nadie se le ocurría dudar
que entonces estuvieran de rodillas.

¡Pocos creen tan bella fantasía
en estos años! Y con todo, 
sé que si alguien dijera en Nochebuena
“Vamos a ver los bueyes de rodillas

en aquella majada solitaria
que nuestra infancia conoció”,
con él me marcharía entre las sombras,
esperando que fuese de verdad.


jueves, 22 de diciembre de 2011

Centenario de Álvaro Cunqueiro




Esto de que a Cunqueiro hoy casi sólo se le celebre en el antiguo reino de Galicia, y casi ni ahí siquiera, es, sobre triste, una maldad. Porque Cunqueiro es uno de los mayores gozos de la literatura española del pasado siglo. Tal vez la edición en papel de El Faro de Vigo, periódico que dirigió y en el que publicó páginas inolvidables, dé algo de él hoy. En la digital, el silencio es atronador.
Y lo mismo sucede con cabeceras del resto de España, que lo escamotean, supongo que con alguna excepción honrosa como la que escribe en asturiano Xuan Bello en El Comercio.
Con los blogs sucede lo mismo: en los que desde aquí se enlazan y a la hora en que compongo esta nota no aparece mención alguna a don Álvaro, como si se lo hubiera tragado un tonel de albariño, con la salvedad de "El juego de la taba", el regalo diario de Elías Moro, laborador desde ese otro finis terrae que es Extremadura. Se puede leer aquí su hermoso homenaje.

Libros que nacen de blogs




Este domingo 25, día de Navidad, el programa El Público Lee de Canal Sur 2 emitirá a partir de las 19:30 h. un reportaje sobre las selecciones de entradas de blogs que pasan al formato libro. Curioso poliformismo éste del paso de la pantalla de ordenador a la página impresa y de ésta, casi como un bumerán, a la otra pantalla televisiva. Hablaremos Javier Sánchez Menéndez, editor de la Isla de Siltolá y su colección Álogos, que nos aloja, y como autores de la misma Enrique Baltanás y yo mismo.


miércoles, 21 de diciembre de 2011

Delirante, genial



Así titula Adolfo Torrecilla la reseña de La gente corriente de Irlanda de Flann O'Brien (Nórdica) que publica en la revista Historia de Iberia Vieja. Se puede leer pulsando en la imagen.

martes, 20 de diciembre de 2011

Retorno de José Moreno Villa


Aquí, confundido con la imagen de mi padre cuando era joven, y químico como él, viene José Moreno Villa a recordar el ayer, con su Vida en claro y otros escritos que reedita y da nuevos la Residencia de Estudiantes. Lo cuenta Javier Rodríguez Marcos y se puede leer aquí en El País.
Ahora que vamos conociendo nuevos textos, como los escritos de Morla Lynch y Chaves Nogales sobre el conflicto, las páginas de Moreno Villa sobre la guerra civil se adivinan como otro hito en el conocimiento de lo que pasó cotidianamente, eso que pomposamente hemos dado en llamar la intrahistoria. Lo de intra es especialmente adecuado para aquella lucha intestina.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Elogio de la derrota



En el último trimestre, tres han sido los libros de poemas que ha tenido uno concursando en premios. Hoy, naufragados los dos primeros, ya sé que la trirreme se ha hundido definitivamente frente a la costa de lo inapelable: se acaba de fallar el tercero.
En todos los casos conocía a miembros del jurado, y en ninguno de ellos he recurrido a los amigos, a la llamada inoportuna, al mensaje electrónico. Lo cual tiene ahora su ventaja: dispongo de un buen número de poemas que podrán ser revisados mejor, decantados, en lo que ya adivino una publicación conjunta. Y todo esto me pone de muy buen humor. Y lo traigo aquí para celebrarlo.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Otro poema inédito


Charles Paul Landon, Dédalo e Ícaro (1799)



UN SUELO DE CRISTAL

Como Ícaro,

vuelo unos instantes

sobre un suelo de cristal

en este restaurante sobre ruinas griegas.

Y las huellas no son huellas, sino nubes.


Sólo es cuestión de tiempo que en las nuestras

se alce otro cristal o una pantalla

y que, por una técnica que no se me alcanza ahora,

alguien contemple

una sombra caída,

Ícaro incauto,

sobre esos mármoles, espejo

no de formas sino de instantes.


sábado, 17 de diciembre de 2011

viernes, 16 de diciembre de 2011

Cesa la "Música de guerra"


No veo que nadie en España se haya hecho eco de su muerte, pero seguramente será falta de atención por mi parte. El caso es que se ha ido hace unos días en Londres el poeta Christopher Logue, uno de los más grandes recreadores de la Iíada en la poesía contemporánea.
Alistado en el ejército y destinado a Palestina, robó unos impresos militares y fue condenado a dieciséis meses de cárcel en Acre. Luego ha estado "robando" papeles toda su vida, adaptando materiales de otros, ya fuera de Neruda o de Homero. Como él mismo dijo una vez, eso es precisamente lo que hizo Shakespeare.
En sucesivas entregas nos fue trayendo su versión de la guerra de Troya para espanto de filólogos, no de poetas. Su Música de guerra es ya un clásico. Louis MacNeice dijo que la sangre nunca ha sido más sangrienta que en sus versos, ni más fatal el hado. Henry Miller escribió a Lawrence Durrell que estaba leyendo, sin poder soltarla, su adaptación del libro XVI, y añadió: "Ojalá Homero fuera tan bueno."
Se puede leer aquí un artículo que escribí sobre las adaptaciones homéricas (suyas y de otros) hace unos años. Y aquí, el obituario que le dedicó el sábado pasado el New York Times.


jueves, 15 de diciembre de 2011

Casi un cuento de Navidad



Está donde siempre, o casi siempre, que últimamente por cargar con los tácitos reproches del viandante se coloca más cerca de casa, a sólo una manzana. Y toca también la melodía acostumbrada, la única que sabe, no por dotes musicales sino por mera repetición mecánica, como los que no saben tocar un instrumento aciertan a respirar a fuerza de encomendarse a una rutina cuya mecánica no entienden del todo.
Pizpiretilla y algo bailarina, la perrita es el mejor reclamo de su patética ama. El transeúnte que vuelve a su hogar se acuerda de un chucho, Cartucho cree recordar que se llamaba, que llenaba de tristeza un cuento de Ignacio Aldecoa, como ahora Chichi esta estampa.
La acordeonista sobrevenida que siempre, siempre, toca el himno universal de la melancolía rumana, esta noche no tiene a la perrita a sus pies junto a su plato de pienso o haciendo gracias al viandante. Un helor de los Cárpatos ha venido a recordarle la casa a quien seguramente no la tiene, o sólo sumarísima y precaria, y la mujer le ha puesto a Chichi una bufanda donde otras veces está un lacito azul a juego con el jersey canino, encima de las orejas. Semeja esta noche Chichi haber perdido el donaire juvenil de una agraciada si menuda bailarina en la pista de baile que es la calle y, con los años encima, como también bajo el frío, haberse tornado vieja como su venerada ama, que en romance familiar y exótico le regala palabras cariñosas.
Hoy el viandante camina solo, sin su mujer, ésa que se deja arrancar por la perrita una sonrisa. Y deja en el olvido, aunque sea por esta noche, la comparación de esta musical mendiga procedente de lo que fue la Dacia, y de los paisanos suyos que acarrean el a veces justo motejo de pícaros, con ilustres nombres como Eliade, o Cioran o Ionesco. Pero las lecturas quedan en su caldeada biblioteca, no aquí a ras de suelo y bajo el raso, a unos pasos de donde el clan de la acordeonista aparca malamente el coche sobre la acera cosechando sus maldiciones.
Hoy el transeúnte no tiene que sacar una moneda para quedar bien con su mujer y, en el fondo, con su conciencia. Lo hace simplemente porque le apetece, porque de los ojos de Chichi le llega su fondo animal que nada entiende, pero que muestra, y lanza, ondas de simpatía que también irradian, parejas, de su dueña.
Y deposita una moneda en el platillo; no por la música, si a eso puede llamarse música; no por caridad; por las orejas plegadas de Chichi, esos estandartes plegados que se rinden al frío. La rumana le hace fiestas, la perra observa y oye una frase seguramente muy oída estos días aunque sea a través de la lana. Feliz Navidad, dice su ama, y sonríe quien no tiene grandes motivos para hacerlo.
El caminante saca una foto y le sale, por alguna razón, algo movida.





miércoles, 14 de diciembre de 2011

Sevilla, un retrato literario


Acompañaremos esta tarde a Eva, a quien ya tuvimos el placer de saludar anoche en el cóctel del 15 Aniversario de la edición andaluza de El Mundo. Copio aquí la convocatoria de prensa:


La periodista Eva Díaz Pérez presenta su libro Sevilla, un retrato literario (Paréntesis Editorial).


Sevilla, 13 de diciembre 2011.
Paréntesis Editorial presenta este miércoles 14 de diciembre a las 19:30 horas en Casa del Libro, Sevilla, un retrato literario (Paréntesis Editorial), de Eva Díaz Pérez. El acto culminará con un paseo por las calles de Sevilla que han servido de escenario para la creación del libro.
Sevilla, un retrato literario constituye un paseo por los diferentes barrios de Sevilla con el hilo conductor de la literatura y los autores que han vivido en ellos y escrito sobre la ciudad. Pocas ciudades han forjado un imaginario tan rico como Sevilla. Sin embargo, su destino no ha sido el de ser una ciudad literaria sino un catálogo de tópicos y folklorismos superficiales. Este libro se propone acabar con esa idea injusta e inexacta. Uniendo literatura y topografía -el feliz binomio de la topoliteratura- descubriremos dónde vivían y se reunían Fernando de Herrera el Divino, Baltasar del Alcázar, Francisco de Rioja, Mateo Alemán, Blanco White, Alberto Lista, Bécquer, Rafael Cansinos Assens, los hermanos Machado, Cernuda, Vicente Aleixandre y un largo cortejo de escritores sevillanos.
Eva Díaz Pérez nació en Sevilla en 1971 donde se licenció en Ciencias de la Información. Su novela El Club de la Memoria, donde aborda la tragedia del exilio español, ha sido Finalista del Premio Nadal 2008. En 2003 fue finalista del Premio de Novela Fernando Lara con Memoria de cenizas, publicada en 2005 y Premio Miguel de Unamuno 2008. En 2006 publica la novela Hijos del Mediodía, con la que obtiene el Premio de Narrativa El Público de Canal Sur a la mejor novela andaluza publicada en ese año. Es columnista de opinión en el periódico El Mundo, redactora especializada en temas de cultura en el mismo diario. Colabora asimismo en diversas revistas especializadas como Mercurio. Panorama de Libros en Andalucía o Andalucía en la Historia. Es Premio de Periodismo Universidad de Sevilla 2008 y Premio de Periodismo Ciudad de Huelva 1998.


martes, 13 de diciembre de 2011

Adiós a la Revista de Libros




El último número será éste de diciembre. La Revista de Libros, que publicaba la Fundación Caja Madrid, no verá el año próximo. Lo anuncia en un mensaje Amalia Iglesias, su jefa de redacción. Copio el primer párrafo, tan triste:

De forma imprevista para nosotros, y por fuerza mayor, la Fundación ha decidido suspender su apoyo económico a Revista de Libros. Esto significa que la revista, tal como hemos venido editándola, aparece por última vez este mes de diciembre. Han sido quince años de los que estamos profundamente satisfechos, y estimamos que la revista no concluye tras un periodo de decadencia, sino en un momento de plena vitalidad, tanto por su difusión como por sus contenidos. La crisis profunda está produciendo víctimas, entre quienes estamos nosotros.

Me gustaba la Revista de Libros por sus reseñas extensas, muchas veces en gavilla explorando la actualidad de un tema, y por sus muy cualificados críticos. Era, más modesta y en español, el equivalente lejano del Times Literary Supplement o de la London Review of Books. Da pensar que con sólo el precio del salón y un par de dormitorios de uno de los adosados cuyas vigas han pinchado la burbuja inmobiliaria y, por ende hipotecaria, del crédito, podrían salir no pocos números de la revista. Confieso que estuve hojeando el último número en un quiosco y no llegué a comprarlo. No siempre se puede. Ahora lo haré como homenaje y recuerdo.
Y una pregunta acecha al melancólico: si las cajas de ahorro no cumplen con su labor social y cultural, ¿en qué quedan? ¿En deslucidos remedos de los bancos?




Hemerotecas




Me sorprende que la Fundación Pablo Iglesias mantenga abierta en su página web, aunque con complicado y casi clandestino acceso, la hemeroteca del diario El Socialista, con todas las pruebas que guarda del pistolerismo suyo anterior a la Guerra Civil, tan contrario a la imagen almibarada que hoy se dispensa del comportamiento de las izquierdas por aquel entonces. También que lo que queda del falangismo se asuste cuando se mienta la gran admiración que sus fundadores sentían por el fascismo italiano, cuando el semanario F.E., por cuya venta se derramó tanta sangre, dedicaba su página octava, cuando no estaba suspendido gubernativamente, a la sección fija "Vida fascista".
En el detalle menudo de los periódicos se halla muchas veces el matiz que ilustra toda una realidad, y su letra pequeña son las migas de pan que hacen que, como Pulgarcito, sigamos el camino de nuestro propio pensar independiente.
Ahora, indagar en hemerotecas depara, sobre todo, hallazgos como éste, proveniente de casi, casi, un 15-M; párrafo que, setenta y seis años después, parece escrito esta misma mañana. Se lo dedico al señor Cameron, de Albión, que quiere preservar los enjuagues y tejemanejes de la City:

"Mientras las grandes entidades bancarias cierran sus ejercicios con crecidos beneficios, la modesta industria, el modesto comerciante se arruinan entre otras razones por carecer de crédito ¡Hay que acabar con el monstruo del gran capitalismo financiero! La economía nacional no puede estar a merced de especuladores y gentes sin entrañas. Urge, llegando a la raíz, poner el crédito al servicio de las necesidades nacionales, rescatándolo de las oligarquías internacionalistas"

“Tarea urgente”, Arriba, 1, 25-3-35, pág. 5.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Un poeta universal





Bajo el nombre de Ezra Pound late una de las más tenaces y prolongadas aventuras poéticas de la literatura norteamericana, o, mejor, de la literatura a secas, porque fue también poeta europeo y universal, y llevó a su obra los caudales de la poesía provenzal y la de los primeros poetas italianos, la épica del Cid, la mejor lírica amorosa latina, el aroma de cantos chinos milenarios, el pathos de las elegías anglosajonas... Y esto casi al tiempo que creaba movimientos como el imaginismo y el vorticismo, siguiendo esa divisa que todo aprendiz de poeta debería grabar en su cerebro: Make it new, que es “hazlo nuevo” pero también “renueva lo antiguo”. Fue además de desigual poeta con abundantes momentos geniales, un perspicacísimo crítico en una línea opuesta a la más conservadora de Eliot, y su ABC de la lectura, obsoleto y discutible en algunas páginas, aún encierra unas cuantas frases lapidarias, muy llenas de sentido, que ponen boca abajo muchas de las ideas preconcebidas que tuviéramos sobre lo que es la poesía.

Pound publicó su primer libro en 1908, y al año siguiente publicó la primera edición de Personae, que más tarde acrecentaría con sucesivos títulos: Ripostes, Lustra, Cathay, Quia Pauper Amavi (que incluye su “Homenaje a Sexto Propercio”) y Hugh Selwyn Mauberley. Cada uno de esos libros que constituyen los afluentes citados, publicados completos en español hoy según su edición definitiva, merecería una reseña por separado, tales son sus variedades temáticas y estilísticas. Aquí sólo cabe recordar que encierran joyas como “En una estación de Metro”, “El árbol”, “Papiro” o “Despidiendo a un amigo”, todas ellas lecciones de intensidad y elipsis. También en los poemas largos, aprendido el monólogo dramático de su paisano en la muerte, Browning, brilla el proteico talento de Pound. Así, en “Cerca de Perigord”.

La traducción de Munárriz y Talens tiene el mérito de presentar la poesía de Pound de forma impecable, con hallazgos, pero sobre todo en el difícil Mauberley, donde el original tiene una rima que es instrumento de distanciamiento y causticidad, peca de falta de riesgo: no siempre se reconoce en ella la voz del poeta. Es respetable la decisión de no incluir introducción ni notas, pero lo cierto es que una y otras se echan en falta; al menos, un sucinto prólogo que colocara a esta obra en su contexto.

Con definición que dice mucho de su idea de que todas las edades son contemporáneas (noción que fue acogida por el culturalismo español, rendido ante el viejo poeta), Pound dijo una vez que la literatura es aquella noticia que permanece siendo noticia. Él mismo es hoy ambas cosas, pues Personae ha coincidido en las librerías con la tercera entrega de los Cantares completos, penúltima parte de la magna edición que Javier Coy, rescatando la fiel traducción de José Vázquez Amaral, viene publicando de la que durante décadas fue la gran obra en marcha de Pound, aquella en la que éste trató de escribir un gran poema épico sobre “la tribu humana”. El volumen abarca los cantares LXXII-LXXXIV, los conocidos como los “Cantares italianos” (sólo dos) y los “Cantares pisanos” (once), todos como es ya habitual profusamente anotados por Coy.

Los primeros fueron escritos por Pound en italiano tras la muerte de Marinetti, y constituyen la gran novedad de este volumen, pues hasta hace quince años no se incorporaron a las ediciones inglesas o norteamericanas, y faltaban por consiguiente de la legendaria de Vázquez Amaral impresa en Méjico. Ahora los vierten al español Laura Rovizzi y Juan José Coy Girón, y de uno, el LXXII, se ofrece además la traducción al inglés del propio Pound. Su temperatura profascista, que es alta, se convierte ya en hervor en el LXXIII, en el que se narra, y alaba, la venganza de una muchacha violada por soldados aliados.

Los segundos fueron comenzados en las más precarias de las condiciones por un Pound literalmente enjaulado a la intemperie. Para muchos están entre los mejores de todo el ciclo, y el destino, o esa forma suya a la que con ironía damos el nombre de justicia poética, quiso que mientras el poder judicial norteamericano condenaba a Pound a pasar años internado en un psiquiátrico “para criminales locos”, el poder legislativo, o un cuerpo nominalmente dependiente de él, la Biblioteca del Congreso, le concediera el Premio Bollingen de Poesía en su primera edición. Los “Cantares pisanos” mezclan a partes iguales los recuerdos de sus amigos (Ford Madox Ford, Yeats, Joyce, Hemingway, William Carlos Williams) con sus obsesiones acerca de la usura; sus alusiones laudatorias a los presidentes Jefferson y Adams, libres de este pecado, con sus imprecaciones contra Churchill, quien volvió al patrón oro en 1925.

La tragedia de la obra de Pound es que difícilmente ésta halla su sitio. Los escasos fascistas que quedan ven con simpatía su gesto a favor de Mussolini, pero no lo leen, porque no leen poesía, y menos la suya de los Cantos, donde las ideas que podrían aplaudir vienen expresadas en un lenguaje mestizo de idiomas, estilos, trasfondos culturales. Ni el propio Duce lo entendió nunca, y cuando una vez echó un vistazo a una página suya, ante los ideogramas chinos exclamó: Ma questo é divertente! Como si se hallara ante un prestidigitador de la palabra que sacara ocurrencias —chistes— de su chistera. Los izquierdistas militantes, más abiertos en lo literario, no le perdonan sus alocuciones de radio a favor del Eje y sus escritos por la paz (que para él era la no entrada de EE.UU. en la II Guerra Mundial). Y la inmensa mayoría, que está en medio, y tan lejos de las Musas siempre, ni ve con buenos ojos sus posiciones políticas ni las poéticas, pues ambas les parecen igualmente extravagantes, como haciendo bueno el refrán que vincula al poeta y al loco.

Una sentencia, tras doce años de reclusión, falló que Pound no era lo segundo. Personae y este tercer tomo de los Cantares (que conviene leer en voz alta en inglés para apreciar su música) refrendan que fue, si extraño a veces, un gran poeta.


(Reseña doble de las traducciones que se mencionan aparecida en el suplemento Culturas de Diario de Sevilla hace unos años y recogida, posteriormente, en mi libro Las líneas de otras manos, UNED y Consejería de Cultura de Melilla, 2009)




domingo, 11 de diciembre de 2011

Sísifo




Va acabando el año y el autor del blog contempla, tan sorprendido como consternado, que ha escrito un centenar de poemas durante el tiempo de esta evolución celeste en torno al sol. Demasiadas formas de eludir la felicidad. Y deja aquí, tan inútil como las otras decenas, este último (el más reciente pero intuye que no el postrero):

SÍSIFO


Todo es inútil, y lo sabes.

Como ese gato que para enterrar sus heces

araña el suelo de mármol.

Como la bomba de Hiroshima,

tras cuya víspera

los supervivientes, ese cáncer en sacos,

vagaban atónitos entre la destrucción

y sin un solo cráter

lo sentían, en fantasma,

igual que un amputado siente el miembro

que sí está, pero sólo en su mente,

en su tumor.

Nada está donde se supone.

La piedra que arrastramos a su meta

somos nosotros.

El peso de la ausencia es el más grave.


Acodado en la barra que no existe,

el camarero despedido hace años

brinda con una copa rota

delante del cliente que murió.


sábado, 10 de diciembre de 2011

Anotación de la mañana



Los pasos de un oficinista a su oficina, el rodar de una bicicleta por los adoquines y, en sordina, el respirar de quien la monta hacia el trabajo. El paso del tranvía, el fardo de periódicos al caer al suelo junto al quiosco aún no abierto. Ruidos todos, sonidos, como el llanto del día que echa sus primeros dientes.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Gaviotas en los parques





El verde turbio de la hierba y los árboles
Interrumpe con parques los edificios uniformes,
Y en la naturaleza sin encanto, entre la lluvia,
Mira de pronto, penacho de locura, las gaviotas.

(Luis Cernuda, "Gaviotas en los parques", Las nubes)

No diría yo que carecen de encanto los jardines de Princes Street en Edimburgo, capital de la Escocia en que Cernuda escribió su poema. Allí tomé esta foto hace unas semanas. Como homenaje al paisano, al poeta. Y así la dejo aquí con sus versos.


En la cama con la muerte





La poesía de Luis Alberto de Cuenca goza, como afirmó José María Jurado, su presentador la otra tarde en Sevilla, del mejor de los laureles: los lectores. A tenor de las muchas antologías de su poesía, de muestras que aquí y allá escogen lo mucho apetecible y hermoso de sus versos, eso es innegable; y esta de la Isla de Siltolá que comparecía rondando el mes de los difuntos, sin duda una de las más hermosas.
Estremece el tino en la elección de las fotografías de Miguel Fernández-Pacheco y Marcela Lieblich, una iconografía fantasmal espigada en cementerios que escolta como cortejo fúnebre a los poemas. Entre ellos, varios dedicados a Rita, la primera novia de Luis Alberto, fallecida muy joven y por eso mismo ya siempre conservada con un halo de inmortalidad, de eterna frescura, aunque de mármol, que no mella el tiempo.
Escoja cada cual el que prefiera, pero por razón de afinidades me quedo, si de quedarse con un solo se trata, con el primer poema del libro, "La tristeza". Y no sólo porque ahí salgan a la palestra mis queridos Shakespeare y Marlowe, sino porque es un homenaje que Luis Alberto rinde a un poema que él ama, como uno mismo, y que es de los más conmovedores de Juan Eduardo Cirlot, alguien que también sabía mucho de poemas fúnebres y resurrecciones y encuentros fuera del tiempo y del espacio. "Momento", de Cirlot, sacude a quien lo lea. "La tristeza" no alcanza su temperatura visionaria ni lo pretende, pero no le va a la zaga en melancolía, en la que parecen resonar, al fondo, unas notas de Dowland. Alguien que ha vivido mucho, escribe:


LA TRISTEZA

Cuando Shakespeare murió, ya estaba triste.
Cuando la Armada naufragó, mis ojos
habían naufragado ya en su daño.
A Marlowe lo enviaron al infierno
y ya mi corazón estaba roto.


miércoles, 7 de diciembre de 2011

martes, 6 de diciembre de 2011

Cumbre en Marsella





El tiempo interior, de lecturas y vastas peripecias íntimas, se acuerda ahora con el externo, como dos automóviles que por la Corniche se encuentran en direcciones contrarias y cuyos espejos se hacen una breve, fugaz carantoña. Estoy leyendo Mi medio siglo se confiesa a medias, de César González-Ruano, y justo cuando el escritor madrileño viaja a Marsella se filtra como polizón por la radio la noticia de que no sé qué políticos se reunirán este viernes en la ciudad mediterránea, a tiempo para que los jugadores de bolsa y prestamistas se desayunen al día siguiente con la crónica mientras degustan un bágel junto a su ejemplar de The Wall Street Journal.
No he estado nunca en Marsella, más allá del dilatado viario que la rodea, camino de Saint Tropez y Niza. La que pinta Ruano es exactamente como la imaginaba, como la grosería de visitarla (visitar cualquier sitio) no ha desmentido.
"Marsella: tifus desafiado con gusto ante los mariscos seductores", escribe el memorialista.
Cuando vengan el viernes los índices de los bonos y los vanos intentos de aplacar a la usura, yo seguiré leyendo a Ruano, cada vez más escéptico, más desengañado, más viejo.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Trapiello en plena forma


La entrada que hoy va a Hemeroflexia, el blog de Andrés Trapiello, es más extensa de lo habitual pero, con el encanto de cualquiera de las páginas del Salón de pasos perdidos, se lee en un santiamén, y amén no tiene más remedio que decir a ella quien ya anda un poco estragado de tanto espectáculo, literario o no.
No es la primera vez que Trapiello interpreta a Hamlet, como él dice (recuerdo en el homenaje a Cernuda celebrado en la casa consistorial sevillana en 2002 su to be or not to be ante una puerta de cristal que también oscilaba, como el monólogo shakespeareano, entre estar cerrada o no, dando portazos desde el dubitativo gozne hasta el magullado marco). Laurence Olivier de la calle Conde de Xiquena, Trapiello esto siempre lo hace muy bien. En el fondo -recuerdo ahora a JRJ y esa cita suya que él suele repetir-, lo que hace es una apología de la educación, que es, o debería ser, anterior a lo "literario" y a todos sus "festivales", se celebren entre monísimas Bellas Hartas que levantan de la butaca sus posaderas o en algarabías convertidas en Bullas Artes a la toma de los asientos.



domingo, 4 de diciembre de 2011

De la vida literaria




Hace unos días asistíamos en Sevilla a la presentación de Las noches de verano, de José Luis García Martín, publicado por la Isla de Siltolá. En la foto, de izquierda a derecha, el autor del libro, José Luna Borge, Juan Lamillar, mi espectro y, un paso retrasado y hablando por telefonía celeste y sin hilos, José Luis Piquero, el presentador.
En el jugoso relato de JLGM se enredan historias diversas bajo la advocación más o menos espuria del misterioso Aleister Crowley. Sabido es el contacto que tuvo el mago con poetas de la talla de Pessoa o W. B. Yeats.
"El hombre más malvado del mundo" publicó los rituales de la orden de la Golden Dawn en la revista Equinox, ante la oposición de MacGregor Mathers y Yeats. JLGM, traductor de Pessoa, también ha revelado en su blog, equivocándose, algo del conciliábulo que yo, traductor de Yeats, velé en una entrada del mío. Todo queda, pues, en familia. Y no mal avenida, por lo que a mí respecta.




sábado, 3 de diciembre de 2011

LAS BUGANVILLAS



Tristeza de las bunganvillas en la estación de paso,

por siempre destinadas a quien cruza

dejándolas, atrás, malvas y rosas.


Breves galas bajo el alero

que priva de la lluvia a los andenes

donde no nos bajamos.


Pintadas de carmín para los besos

que nunca se producirán,

belleza de las buganvillas en la estación.


viernes, 2 de diciembre de 2011

Para "El Público Lee"



La poesía opera, escrita, sobre la página impresa, pero trabaja para el oído. Y desde aquí, el sentido, para la inteligencia.


(Esta mañana hemos grabado unas preguntas sobre los blogs y su traslación al libro para el programa de televisión El Público Lee, y he tecleado esta frase, que se resiste a quedar sólo en un fotograma)

jueves, 1 de diciembre de 2011

INTERCAMBIO DE CASAS





INTERCAMBIO DE CASAS


En este ático de Venecia

no puedo conciliar el sueño,

los ojos como platos

sonámbulos como la luna


o como uno de esos quesos sin cortar

cerca del mercado de Rialto,

parmesano o más bien un gruyer,

una pompa de aire, un hueco.


Este vino de aquí

emborracha como el de allí,

pero no pone plumas en las alas

de la imaginación.


Extraño mi casa, mi cama

tan lejos de este ático y su claraboya;

aquel colchón en que dormía

y soñaba, remoto, con Venecia.


(De Veintiún poemas últimos, inédito, 2011)