sábado, 30 de julio de 2011

Las mejores bitácoras literarias




El suplemento El Cultural que acompaña los viernes al diario El Mundo hizo esta semana una encuesta sobre los más leídos blogs sobre letras, y éste es el resultado. Se pedía a cada uno cinco menciones, y mis respuestas (nadie se enfade) fueron las siguientes:

-La nave de los locos, de Fernando Valls. Un panorama representativo de los diferentes géneros, con criterio y no pocas muestras inéditas, además de buen conocimiento del mundo editorial.

-El (innominado) blog de Antón Castro. Por lo mismo y por las muchas fotografías sugerentes que incorpora.

-Columna de humo, de José Manuel Benítez Ariza. Reflexiones y páginas diarísticas de un excelente narrador y poeta.

-Al margen de los días, de Enrique Baltanás. Porque no rehuye lo políticamente incorrecto y me hace pensar (casi siempre para asentir).

-Hemeroflexia, de Andrés Trapiello. Los lectores de su Salón de pasos perdidos nos preguntábamos cuándo llevaría un blog, evolución natural de sus diarios.

(De todos hay enlace permanente desde este blog)


El congreso de las arpas




Se clausura hoy en Vancouver el Undécimo Congreso Internacional del Arpa. Naturalmente, no podía falta algún representante del país que tiene el arpa como escudo nacional, y una de las participantes es la irlandesa Máire Ní Chathasaigh, que aparece aquí tocando en directo en un concierto de hace tres años.

viernes, 29 de julio de 2011

Al gato de la señora Reynolds






Oh, gato que has pasado el climaterio,
¿cuántos ratones y ratas destruiste?
¿Cuántas golosinas robaste? Mírame
con esas rayas lánguidas, y eleva

tus orejas de seda, mas no claves
tus ocultas zarpas en mí: maúlla
suavemente, contándome tus luchas
con pescados, ratones y polluelos.

No lamas tus codillos deliciosos
ni bajes la cabeza, pese al asma
y las mellas del rabo: aunque los puños

de cien criadas te dieron buenas tandas,
aún tu piel es suave, cual, de joven,
lidiabas contra tapias de cristales.



Este es uno de los poemas que el inmortal John Keats dejó inéditos cuando a su cuerpo lo venció la tuberculosis, en Roma y en el año de 1821, pronto hará dos siglos. Y es el soneto al que Andrés Trapiello se refiere en una reciente y espléndida entrada de su blog, Hemeroflexia. Mi traducción forma parte de la antología Poemas de Keats, que, publicada en La Veleta (colección dirigida y diseñada precisamente por Trapiello), obtuvo en 2005 el I Premio Andaluz a la Traducción (posteriormente llamado Premio Rafael Cansinos Assens).

jueves, 28 de julio de 2011

Otra imagen de Oslo





Hoy todo el mundo habla y escribe de Oslo por razones tan conocidas como luctuosas. Estuvimos allí en 1991, hace justo ahora veinte años, y al poco escribimos esta estampa que se publicó en La mirada, suplemento literario de El Correo de Andalucía y que posteriormente abrió Las ciudades del hombre, recopilación de esas siluetas viajeras que editó Llibros del Pexe, junto a otras que dieron las revistas Clarín y Reloj de arena:


OSLO

Cae del lado del norte. Para entender a los antiguos vikingos y meterse en su pellejo aunque sea en la fugacidad de unos instantes, nada hay como en la mañana temprano -aurora de pies ligeros, no en el decir de un escalda del siglo VIII de nuestra era, sino de un escopa griego de dieciséis centurias antes- surcar las aguas gélidas del fiordo de Oslo. Al viajero lo traen las olas desde la comparativamente meridional Copenhague en uno de esos grandes transbordadores que singlan -con cerveza rubia en las cubiertas y bares, con hermosas cabezas rubias en las bodegas de un sueño leve- este para nosotros Mare Alienum, un Mar del Norte que evoca misterio y leyenda, ya no muerte, fuego, violaciones, pillaje.
El navío rompe el fiordo como un viril miembro tocado de priapismo, desmesurado hermano mayor de los frágiles drakkars de antaño. Penetra la tierra y la fecunda de ese germen de vida que es siempre el comercio, el intercambio, los anchos viajes. También en los Siglos Oscuros los buques de estos noruegos iban, como abejas libando las flores de la Europa marina y fluvial, polinizando el continente. O como esas aves que llevando en el buche su ración de semillas van trasladando una vida -tesoros, joyas, retorcidos utensilios- que germinará de sus excrementos -rapiñas, diezmos, carnicería sin crueldad: espontáneamente salvajes-.
Los dos prismas rojizos del nuevo ayuntamiento, la marinería de los muelles, los barbados nietos de aquellos guerreros, hoy funcionarios de aduanas casi desocupados, las calles de la moderna estación central y los viejos y ronroneantes tranvías: Oslo al cabo, villa y corte que ardió por el gran incendio de 1624 y fue mandada reconstruir, y que aún muchas tardes se quema en el arrebol del crepúsculo moroso de su septentrión.
Ahorrando al impresor la tarea de buscar en sus cajas la letra o escindida del alfabeto noruego, se omite aquí el nombre de la isla que mira a la capital y es una introspección en su pasado. Llegado a ella -quince minutos de travesía y varias coronas de pasaje-, está uno de esos barrios residenciales que nos tientan a empadronarnos ya para siempre en ellos, con sus casas individuales y armonía compartida. Casas de cuento de una Escandinavia ideal que guardamos en la memoria de nuestra infancia de hermanos Grimm y relatos de hadas. También la funcionalidad y el diseño que caracterizan al saber vivir de la gente de estos pagos pese a las inclemencias del clima y lo inhóspito de su invierno.
Aquí, el Folkemuseum, con sus casas rústicas e iglesias altomedievales como venidas en volandas de otras partes del país, de otros siglos. Aquí la exhibición de las embarcaciones famosas de Thor Heyerdahl: los dos Ra y la Kon-Tiki (va por usted, maestro Miguel d'Ors). Pero aquí, sobre todo, el Museo de los Barcos Vikingos, un crucero de imponentes naves encaladas donde se guardan las negras naves de reyes que ha destronado el tiempo son atronador silencio. Troncos del potro del agua, potros del viento, caballo del pirata, jacos de Atal: Hípica hiperbórea de la mar en estos kenningar o epítetos con los que los poetas designaban a los barcos.
Al atardecer, el viajero regresa al centro, bajo la sombra tutelar del Hotel Plaza y las luces que, desperdigadas, comienzan a esta hora a encenderse en las colinas. Vuelta a la modernidad y al desasosiego. La mueca de un borracho lleva la firma de Munch.



miércoles, 27 de julio de 2011

Lector de "Lejos"


Es curiosa la coincidencia. Leyendo Las moradas del verbo, la antología que Ángel L. Prieto de Paula dedica a las últimas décadas de poesía española, anoche llegué a José Luis Piquero, de quien releí poemas tan espléndidos como "Romeo en el internado". Y resulta que hoy me encuentro con que Piquero acaba de dejar una entrada en su blog sobre este lejano libro mío que ahora ve la luz. Dejo aquí el enlace, donde se puede leer uno de los poemas del libro. Y mi gratitud, de lector a lector.

martes, 26 de julio de 2011

La poesía de Carlos Germán Belli


La Biblioteca Sibila de Poesía en Español, dirigida por Juan Carlos Marset, publicó no hace mucho Los versos juntos. 1946-2008, poesía completa del peruano Carlos Germán Belli. Se dice Belli, a secas, y lo más normal es que se piense en la nicaragüense Gioconda Belli. Pero este poeta que hoy viene aquí bien que merece el reconocimiento libre de confusiones. Mario Vargas Llosa sanciona en un prólogo tan conciso como revelador su individualidad, su carácter único.
Poeta del 27 (quiero decir, nacido en 1927), cultiva Belli lo muy culto y lo popular limeño, y no tiene empacho en escribir al modo de nuestros barrocos, con metros clásicos en los que de vez en cuando se posa, sorpresivamente, una palabra absolutamente ajena a ese contexto. Aparecen la Bética y Filis, el Austro, el Aura, Cupido y el Leteo; y al lado, el plexiglás, lo supersónico. Las formas combinan, con dicción arcaizante, canciones, villanelas, sextinas. Una canónica que recogiera varias de sus recurrentes obsesiones podría terminar sus versos con "bofe", "bolo alimenticio", "vitaminas", "sublunar", "el Fisco" y "el Hada Cibernética". Y si quisiéramos ofrecer el título de un poema que recoja esta extraña mixtura podría ser "Robot rocín" de Por el monte abajo (1966).
Parece no haber evolución en esta poesía que se extiende, fidelísima a sí misma, por un volumen de 650 páginas. Pero no el menor de sus extravagantes aciertos es el de la insistencia, el de la repetición, como sucede en, y con, esa forma de la sextina, de la que no faltan muestras.
Es Carlos Germán Belli un poeta sorprendente, que no duda de que la poesía es un artificio, un objeto lingüístico por el que desde los resquicios de su exigente arquitectura se asoma, hecha palabras, la emoción.



lunes, 25 de julio de 2011

Yeats en Sligo


La Thoor Ballylee vista y dibujada por Lady Gregory
(según un blog del que he tomado la imagen, pero tiene todo el aspecto de ser de Jack B. Yeats, hermano del poeta)


Ayer comenzó en Sligo (en el oeste de Irlanda) la quincuagésimo segunda Annual Yeats International Summer School. Durante dos semanas habrá excursiones a lugares yeatsinaos como la Thoor Ballylee, Coole Park, Drumcliffe, Knocknarea y a un festival de música tradicional irlandesa que se celebra en Riverstown. Entre las figuras más destacadas que este año pasarán por allí se cuentan los poetas Michael Longley, Paul Muldoon y Nuala Ní Dhomhnaill, y participarán en charlas y seminarios, por ejemplo, Fintan O'Toole o Neil Corcoran. Habrá también teatro y un taller de poesía.

Dejo aquí las dos primeras estrofas de uno de los poemas que Yeats dedicó a aquellos parajes, tomadas de su Poesía reunida en mi edición de Pre-Textos:

COOLE PARK Y BALLYLEE, 1931


Debajo del alféizar las aguas se apresuran,

abajo está la nutria y el urogallo arriba,

corren toda una milla límpidas cara al Cielo

y luego caen, oscuras en la “tasca” de Raftery,

avanzan subterráneas, se elevan entre rocas

en la heredad de Coole, y allí para acabar

se extienden por un lago y caen por una poza.

¿Y qué es el agua, pues, sino el alma engendrada?


Justo al borde del lago se extiende una arboleda,

hoy toda ramas secas bajo un sol invernal,

y en un pequeño hayedo detuve yo mis pasos

pues el coturno trágico calzó Naturaleza

y todo su discurso reflejo es de mi ánimo:

al tronar repentino del cisne que se alzaba

me di la vuelta y vi donde las ramas quiebran

la refulgente cuenca del lago desbordado.



domingo, 24 de julio de 2011

Una nueva revista


Acaba de ver la luz el primer número de La Revista Áurea, publicación de poesía que edita y dirige Miguel Losada con un comité de redacción compuesto por Beatriz Hernanz, Javier Lostalé, Balbina Prior y Ángel Rodríguez Abad. Sin ilustraciones, sin reseñas, sin parafernalia, sólo entrega poesía, escrita originalmente en español o traducida en edición bilingüe. Son muchos los poetas que agavilla en este número con el que se estrena, y a este lector le han interesado especialmente "A un cigarrillo" de Gloria Fuertes o, por su temática pero también por su ejecución, "Ensueño céltico" de Luis Alberto de Cuenca (que se abre con este vocativo, "Celtas, pienso en vosotros esta tarde, / cegado por un sol mediterráneo / que no es mi sol") o "Grial" de José Ramón Trujillo, con su espléndido dístico final: "Como halcón en la lluvia cuyo pecho / buscara una saeta entre las nubes."



sábado, 23 de julio de 2011

Chisporrotea

Fotografía de Bob King



Chisporrotea

la luna entre las ramas.

Viento de otoño.


(Escribí este haiku hace varias noches. Luego he encontrado esta foto que refleja en parte la magia del momento, auténtica epifanía, del disco lunar crepitando por el movimiento de las ramas mecidas por el viento)



viernes, 22 de julio de 2011

Paridad



La otra tarde me preguntaron de un periódico qué me parecía lo de la disolución del jurado del Premio Nacional de Cinematografía porque no había paridad hombres/mujeres en el mismo (ojo, esa en concreto, no la de miopes/astigmáticos o la de mayores/menores de cincuenta años y un día). Respondí a vuelapluma lo que sigue:

Me parece muy bien. Las normas hay que respetarlas. Sólo lamento que, aparte de la de las mujeres, no tengan aún suficiente representación otras mayorías presentes o futuras: la de los comerciantes chinos (que corregirían el pernicioso desdén medio burgués hacia las películas de artes marciales), la de los parados a los que se les acaba la prestación de desempleo, la de seguidoras de Belén Esteban, la de los universitarios que se comerán su título con salsa rosa o de tabasco, la de los jubilados extranjeros que compren deuda "soberana" española para obtener un pingüe beneficio, la de políticos tan prescindibles como paritarios o, con su así, parasitarios. Es irreprochable. Dicho de otro modo: se trata del resultado lógico de una política absurda.

jueves, 21 de julio de 2011

Versos para el verano


Como decía el griego, una golondrina no hace verano. Pero creo que hay mucho del verano en este poema que he escrito recientemente:

EL SALTAMONTES, LA LIBÉLULA


El saltamontes, la libélula,

el canto de aspersor de las chicharras

(su pequeña Provenza),

los limones lunares que maduran

como senos de doncellas, aún verdes;


las ramas en que mezclan el olivo y la higuera

sus hojas diminutas y sus hojas enormes

en esta encrucijada del estío

en que brevas y aceitunas se sientan

todavía en los mismos pupitres

bajo la escolanía de los pájaros;


todas estas señales y prodigios,

¿se irán un día por el sumidero?

¿Y vendrá, vendimia amarga, septiembre

a cosechar el mosto de nuestra resina

más negra y venenosa, la nostalgia

de este atardecer en el jardín de junio?


miércoles, 20 de julio de 2011

Cunqueiro en su centenario


Álvaro Cunqueiro (dcha.) con Josep Pla


Nos vamos acercando a la feliz fecha, y la prensa da fe de la grandeza de Cunqueiro, de su obra inmensa en todos los sentidos. En Diario de Sevilla y otros periódicos andaluces se ofrecen hoy artículos y reseñas sobre el escritor mindoniense. Manuel Gregorio González, uno de sus mejores conocedores, brinda esta página sobre la pasión gastronómica de nuestro autor. También puede leerse esta otra sobre su faceta de articulista. O esta a propósito de la recopilación de su narrativa en el Biblioteca Castro.
La vigencia de uno de los autores españoles del siglo XX que no hay que dejar de leer, so pena de renunciar a una forma de dicha.

lunes, 18 de julio de 2011

El poeta medita sobre un máster


Dos veces me divorcié de ella, y una me abandonó. Comencé estudios de Derecho, pero nos separamos de mutuo acuerdo; luego, llegué a cuarto de Filología Inglesa, pero como el gaélico no estaba en el plan de estudios ni nadie sabía darme razón de dónde se hallaba la poesía, repartimos nuestros enseres y ella, la Universidad, se quedó con la antigua Fábrica de Tabacos y sus bibliotecas, y yo con permiso a visitarlas como extraño, así como con tiempo y libertad para frecuentar a las musas, propias o como traductor literario.
Como Juan Ramón Jiménez, como Rimbaud, como Shakespeare -perdonadme-, nunca me licencié. A diferencia del hijo de zapatero Marlowe, que estudió en Cambridge, el hijo de mercader de guantes Shakespeare no tuvo nunca institución a la que llamar alma mater. Y, por lo que se ve, hoy (al menos en España), huérfano de ella no le dejarían dar clases de estudios sobre Shakespeare o sobre dramaturgia isabelina. Este país tan desordenado y ordenancista no permite, me dicen algunos profesores, que en los másteres, esa prolongación ya casi necesaria de los estudios de grado, enseñen personas ajenas a la Universidad, donde tengo tan buenos amigos. Lo cual es tan aleccionador sobre la miopía de ésta (o de quienes la dotan de normas) como sencillamente ridículo: un poeta, un novelista, un dramaturgo (Shakespeare que atravesara el umbral mismamente) no puede ahora transmitir su conocimiento, su experiencia, su oficio. Si tan exigible es que un curso de cardiología lo imparta un cardiólogo, ¿ya es menos que un creador se dirija a personas interesadas en la creación? Un Máster no es un taller, lo sé. Y, si literario, debe conjugar mester y ciencia. Por eso, si uno mira los programas de universidades británicas y norteamericanas, ve a escritores no necesariamente académicos compartiendo su bagaje en los másteres de literatura creativa.
Pero aquí no y, así, este curso pasado me he visto dispensado de dar clases de poesía en el Máster (ahora oficial, es decir, inane) de Escritura Creativa de la Universidad de Sevilla. No ha sido por un ajuste de cuentas, ni por una añagaza o traición de quienes fueran mis compañeros o directores, sino por pura y llana tontería, lo que es bastante más deprimente. Me da pena, porque varios alumnos me hicieron ver su satisfacción con mis clases y me hizo feliz pensar que mi difunto padre, que fue catedrático de la hispalense, vería con benevolencia y orgullo teñido de estupefacción el que su hijo pudiera enseñar en la institución que abandonó dos veces. Pero no hay peligro de que se le altere, allá donde esté, el pulso que tan delicado tuvo sus últimos años de vida: sólo podrán enseñar poesía los que tengan un conocimiento teórico de ella.
Aunque, bien mirado, y con honrosas excepciones, quizá el hecho tenga correspondencia en la pasmosa ausencia de profesores universitarios de cualquier acto relacionado con la literatura (la viva, no objeto de disección, quiero decir).
Y no pasa nada. Si hubiera querido dedicarme a la enseñanza al uso hubiera terminado la carrera, cosa muy recomendable por lo demás. Pero la poesía es otra cosa, ¿o no?


(La imagen que ilustra esta entrada es la cubierta de mi traducción de la Poesía completa de Shakespeare, que con sus varios miles de endecasílabos blancos y extensa introducción, notas y bibliografía, ha sido publicada por la Biblioteca de Literatura Universal dirigida por Luis Alberto de Cuenca)



La mirada efímera


No se deberían leer, ni escribir, haikus de corrido. Cada uno ha de ser la plasmación de un momento único, la fijación de un instante. Y sin embargo, como disfrutamos con las series de haikus (o jaikús, como prefiere escribir Herme G. Donis), esas antologías del tiempo en sus iluminaciones. Acabo de leer una recopilación de la autora asturiana, y he disfrutado con ellos, los haikus, y con la excelente traducción al italiano de Emilio Coco, con quien desde hace ya mucho tiempo los españoles estamos en deuda.
Donis (y Coco) se ciñen al modelo tradicional métrico en esta hermosa edición bilingüe. He apuntado en mi cuaderno varios ejemplos de belleza y sugerencia, como éstos:

Cuenco de agua.
Las manos adormecen
brillos de luna.



Sobre las hojas,
rocío derramado:
polvo de estrellas.



Vaivén de hojas:
borrachera de lluvia
tras la tormenta.



Bullir de hojas:
amarillos doseles
cubriendo hormigas.


Hacía días que tenía el libro sobre la mesilla de noche, entre ese pequeño Manhattan de letra impresa que se alza junto al mar de la cama. Y si lo leí anoche fue porque la luna en el jardín invitaba a ello. Se puede decir que estaba in the mood. O in the moon. También yo robé a la noche otro haiku.



domingo, 17 de julio de 2011

Cuatro fracasos al cubo



Merodeando por las bodegas del ordenador, en una carpeta que ostenta el solemne título de Poesía, doy con los libros del tal género que tengo recopilados. Ahí están las cuatro entregas que he publicado hasta la fecha (incluido un cuaderno que me edité), más las otras que esperan su turno o simplemente he preferido no publicar. Son en total dieciséis: testimonio de un fracaso reincidente. Cuatro al cubo (de basura y aritmético).
Aquí dejo, uno de entre mil, un poema de Farewell to Poesy (Pre-Textos), ese mi primer libro publicado que, como se ve, era ya una despedida que he ido irresponsablemente aplazando.

DERRUMBES


Baraja el mar sus olas, y el poeta

reparte palabras entre alcohol,

blasfemias, humo. Partida nocturna,

envite de tahúr que apostó la vida

en un farol que a nadie ya convence.

Juega un solitario. O mejor:

sus palabras, un castillo de naipes,

se alzan y luego se derrumban.


viernes, 15 de julio de 2011

"Primavera y otoño"




Ahora que no estamos en ninguna de esas dos estaciones, sino en invierno en el hemisferio austral y en verano por estos lares, bien está recordar el hermoso poema de Gerard Manley Hopkins, incluido en mi antología El mar y la alondra. Poesía selecta (Vaso Roto), ya distribuida en librerías. Aquí aparece cantado con gran sensibilidad por Natalie Merchant.


jueves, 14 de julio de 2011

Los comentarios en la picota


No cree Ignacio F. Garmendia que la posibilidad de dejar comentarios en los blogs sea una de las más enriquecedoras posibilidades de éstos. Y argumenta que si es cierto que a veces propician debates interesantes, muchas veces se quedan en el intercambio de formalidades y parabienes acríticos, cuando no se convierten en el foro de biliosos y descacharrados así de alma como de inteligencia o de ambas cosas. A veces he pensado en suprimir los comentarios, pero pienso en los buenos lectores, en lo que me han aportado, y creo que ha valido la pena. Aquí se puede leer su artículo en que se hace eco de Afán de permanencia y otras recopilaciones de entradas recientes.

En el Aula de Cultura de ABC



Se puede leer aquí.

martes, 12 de julio de 2011

Criaturas abisales


Hay, cuando menos, dos tipos de libros entre aquellos que uno recibe.
De un lado, los que como plantas tan bienintencionadas como parasitarias aspiran a hallar un lugar entre la madera de mis estanterías; naturalmente -algo he leído de budismo- los devuelvo a la cadena de las reencarnaciones, y van, si no a alguna biblioteca ajena, al contenedor azul de papel, ante cuya boca les deseo mejor suerte en otra existencia.
De otro, los que llegan como una grata sorpresa y por méritos propios, al leerlos, compruebo que también estoy leyendo el salvoconducto que les permitirá quedarse.
Marina Perezagua acaba de publicar uno de estos últimos.
Me ha recordado a Angela Carter o al primer Ian McEwan, y por hablar de jóvenes escritoras españolas, como ella, a dos pilares del género: Pilar Adón y Pilar Vera.
Constituyen estos cuentos una colección de brocados en los que Perezagua gusta de mostrarnos el reverso, los hilos insospechados, las tramas distintas, la tupida trabazón de inquietudes, sueños, otras realidades. Los hay que dan fe de un mundo en ruinas y mutante, como "La loba", otros en que la normalidad cotidiana se agrieta o donde una situación de fácil desenlace se prolonga durante décadas sin resolverse. Se retratan miedos, fantasías, el desdibujo de la identidad y la construcción de la otredad, se deletrea el erotismo y se acaricia el lenguaje, rico y exuberante incluso, como suele ser el aspecto de las plantas carnívoras.
Criaturas abisales (buen y apropiado título) se presenta en la librería Relatoras de Sevilla (c/ Relator, 44, sí, como el calibre del legendario revólver Magnum) este jueves 14 de julio. La autora, que ha sido profesora del Instituto Cervantes de Lyon, sabe que es el día de la fiesta nacional francesa. Seguro que la efemérides a ella no le despierta fervores patrióticos sobrevenidos, sino inspiración para algún futuro relato en el que intervenga, roja como un carmín de perdición, la guillotina.


El cuerno y el héroe (III)



(continúa la entrada del 28-06-11)


LOS DOCE PARES Y LOS VEINTICUATRO HIJOS DE LLYWARCH


Según Anton Vantuch, los pares de Carlomagno fueron una invención de un clérigo, basada en los plerique aulicorum de Eginhardo y en los palatini del llamado Poeta Sajón.[1] No queremos llevar este estudio al campo de la simbología, pues adentrarnos mucho en ella sin duda haría duplicar el número de sus páginas y distraer la atención de su propósito, pero aunque sea someramente hay que declarar que, como ha señalado René Guénon en su obra El Rey del Mundo, no es casualidad que sea doce precisamente el número de pares, pues este número es un reflejo, es a imagen de, no importa si tras de este de van apóstoles, signos zodiacales, consejeros del Dalai Lama, tribus de Israel, caballeros de la Tabla Redonda, estados de los etruscos, lictores de Rómulo, etc. Estamos por tanto en el campo de las repeticiones arquetípicas, sobre las que el lector interesado puede hallar más información en el artículo “Dodecanario” del genial e inigualable Diccionario de símbolos de Juan-Eduardo Cirlot.[2]



En el campo de las literaturas célticas o de tema artúrico, también podemos señalar que doce fueron según Nennio las batallas que libró Arturo al lado de los bretones contra los sajones, siendo la última la del monte Badon.[3] Por otra parte, en el texto irlandés conocido como El festín de Bricriu se lee que éste preparó una gran fiesta para el rey Conchobar y sus hombres, y construyó un palacio nuevo para agasajarlos, y que alrededor de una estancia sobreelevada para el rey se dispusieron doce habitaciones para los doce guerreros del Ulster que luchaban en carros. Como señalan los Rees, “alrededor del cojín de Conchobar en la Sala de Bricriu estaban los cojines de los doce héroes del Ulster, una disposición que tiene su paralelo en los lechos de los Doce Pares de Francia en derredor del magnífico lecho central de Carlomagno.”[4] A continuación, anotan que ello recuerda a los doce caballeros de Arturo, a Odín sentado en un círculo con sus doce dioses consejeros, a Hrolf y sus doce berserks, a Ulises y sus doce compañeros y a las diferentes agrupaciones de doce que aparecen en la Biblia.[5] Como observan los Rees, Conchobar y sus doce héroes no son el único ejemplo de un rey en medio de doce en la tradición irlandesa. Según el texto conociso como Crí Gablach, doce eran los acompañantes de un rey de un tuath (una de las divisiones tribales de los irlandeses), y había doce cojines en una casa real. En Tochmarc Emire (El Galanteo de Emer) se habla de un rey de Munster y de doce virreyes. Cuando Conaire marchó a la fiesta taurina de Tara, tres reyes lo estaban esperando en cada una de las cuatro calzadas que conducían a Tara para cubrirlo con ropajes, lo que hace un total de doce “pares” de nuevo. Y antes de su muerte en la mansión de Da Derga, cuatro grupos de tres hombres se apostaron alrededor de su habitación.[6] En “Branwen, hija de Llyr”, la segunda rama de los Mabinogion, Matholwuch, rey de Irlanda, llega a Gales en un barco al que acompañan otros doce.[7] Por cerrar esta serie de combinaciones de uno más doce, podemos recoger el caso de Crom Cróich en Mag Slécht[8], que forma parte del acervo poético-topográfico irlandés conocido como Dindshenchas:


’Na srethaib

trí hídail hloch fo cheathair:

fri sáebad serb inna slóg

delb in Chruimm d’ór dodechaid.


En filas

tres veces cuatro ídolos de piedra:

para engañar lastimosamente a las gentes

la imagen de Cromm estaba hecha de oro.[9]


En la literatura galesa hay un texto conocido como Pedawr Marchog ar Hugain Llys Arthur que data de aproximadamente el siglo XV o antes, y que habla no de doce, sino de veinticuatro caballeros en la corte de Arturo[10]. Los caballeros mencionados son Gwalchmai (Gawain), Drudwas, Eliwlod, Bwrt (Bors), Peredur (Perceval), Galath (Galahad), Cadwr, Lanslod Lak (Lancelot), Ywain (Owain), Menw, Trystan (Tristán), Eiddilig, Nasiens, Medrod (Mordred), Howel, Blaes, Cadog, Pedrog (Petroc), Morfran, Sanddef, Glwelwyd, Cyon, Aron y Llywarch Hen. Éste, que es el último en aparecer en la lista, es junto con los dos que lo preceden, uno de los tres Caballeros Consejeros (Chynghoriad Varchog) de la Corte de Arturo. En cuanto a Ywain (el Owain del que ya hemos hablado), se dice que era hijo de Urien de Rheged (por tanto, primo segundo de Gwên).

El número veinticuatro fue un número muy favorecido por los bardos.[11] Unos interesantes poemas galeses por lo que respecta a este número son los llamados “Poemas de las tumbas”, o más bien debería decirse “estrofas de las tumbas”, texto del siglo X donde se listan las sepulturas de veinticuatro guerreros (Cerwyd, Cywryd, Caw, Gwrien, Morien, Morial, Gwên, Gwrien, Gwriad, Tydai, Dylan, Ceri Cletifhir, Seithennin, Pryderi, Gwallawg, Gwalchmai, Cynon, Cynon mab Clydno Eiddin, Owain, Cynddylan, Meigen, March, Gwythyr y Gwgawn Cletyfrut), a continuación de cuyos nombres se dice: “es un misterio dónde esté la tumba de Arturo”.[12]

El número veinticuatro también aparece con prodigalidad en otros textos galeses, como por ejemplo en “El sueño de Rhonabwy”: veinticuatro emisarios enviados por Osla Cuchillo Grande para pedir una tregua a Arturo, o veinticuatro asnos con angarillas cargadas de oro y plata, a los que acompañaba igual número de hombres que traían a Arturo tributo de las islas griegas. Y veinticuatro son los asientos destinados a los caballeros del Rey Arturo que tiene la Tabla Redonda conservada en Winchester. Por lo que respecta a la literatura bretona, De la Villamarqué recoge un poema en el que tiene especial preponderancia el dodecanario, en una serie de interrogaciones cruzadas entre un druida y un niño, que él fija en el siglo V a cuenta de la coexistencia aún de elementos paganos y cristianos.[13] Si bien este autor no es muy fiable, pues, como Macpherson en Escocia, aliñó elementos antiguos con otros de su magín, dando por genuinos textos que sólo a él se deben, el caso es ilustrativo de una tradición de Bretaña, aunque la fecha o los detalles sean discutibles.



En los poemas de Llywarch Hen se nos dice, por boca del mismo protagonista, que eran veinticuatro sus hijos:


Pedwarmeib ar hugueint am bu

eurdorchawc tywyssawc llu.

oed gwen goreu onadu.


Yo tenía veinticuatro hijos,

caudillos de una tropa con torques de oro.

Gwên era el mejor de los hijos de su padre.


En la Chanson mueren los doce pares y, tras la muerte del arzobispo Turpín, Roldán es el último en caer. El héroe como último superviviente de una mesnada, familia o grupo (teulu en galés), antes de su propio y trágico fin, está también presente en los poemas de Llywarch Hen. En el lamento de Llywarch por Gwên, el padre exclama:


Gwen gwgyd gochawd vy myrt.

dy leas ys mawr

casnar. nyt car ath ladawr.


Gwên, guerrero, se me entristece el ánimo.

Tu pérdida es un gran revés.

Ningún pariente te vengará.


El último verso alude precisamente, como ha señalado Rowland,[14] a que ya han muerto todos los hijos de Llywarch y al hecho de que éste, como ya se ha dicho en otras estrofas, es un anciano sin vigor. No todos los textos acerca de la materia carolingia retratan por igual a los pares de Francia. A diferencia de la Chanson, donde Roldán era el único sobrino del emperador, según la Nota Emilianense los pares eran todos sobrinos de Carlomagno (in his diebus habuit duodecim neptis).[15]

Un caso relevante que merece ser consignado aquí es el de la literatura da corda de Brasil: a menudo en estas baladas de pliegos de cordel, debido a una mala interpretación de la palabra portuguesa homónima, a Carlomagno lo rodea un séquito de veinticuatro caballeros: los Doce Nobles Pares. ¿Es posible que los pares de Carlomagno, sobre los que hay tantos puntos oscuros, y de los que habla la literatura pero no la historia, no sean más que una mala interpretación a su vez de los veinticuatro hijos de Llywarch?


(continuará)


[1] “Les Douze Pairs de Charlemagne”, Philologica Pragensia, I (1958), pp. 6-10.

[2] Diccionario de símbolos, Barcelona, 1985 (6ª ed.), p. 174.

[3] Historia Brittonum, capítulo 56.

[4] Celtic Heritage, p. 150. Idéntica descripción leemos en El galanteo de Emer: “Había doce estancias con camas de doce guerreros de carro alrededor de este dormitorio” (La embriaguez de los ulates y otras andanzas de Cú Chulainn, edición y traducción de Juan Renales y Pilar Ortiz, Madrid, 1989, p. 76).

[5] Véase L. H. Loomis, “The Celtic Twelve”, Modern Philology, XXV, pp. 345 y siguientes.

[6] Celtic Heritage, p. 151.

[7] Mabinogion. Relatos galeses, ed. de Victoria Cirlot, Madrid, 1982, p. 104.

[8] Celtic Heritage, p. 75.

[9] The Metrical Dindshenchas, parte IV, ed. de Edward Gwynn, Dublín, 1924, p. 22.

[10] Trioedd Ynys Prydein. The Welsh Triads, 2ª ed., editadas con introducción, traducción y comentario de Rachel Bromwich, pp. 250-253.

[11] G. J. Williams y E. J. Jones, Gramadegau’r Peincerddiaid, Cardiff, 1934, p. xxx.

[12] Se puede consultar en la edición bilingüe de la antología de Meirion Pennar, The Black Book of Carmarthen, Lampeter, 1989, pp. 100-104. No queda claro en el original si se trata de un solo Cynan o de dos, pues cambia la ortografía; en un caso, tendríamos a veintitrés guerreros más Arturo (veinticuatro); en el otro, a veinticuatro más Arturo, como en Pedawr Marchog ar Hugain Llys Arthur. Véase también “The Black Book of Carmarthen Stanzas of the Graves”, Proceedings of the British Academy, vol. 53 (1967), pp. 97-137.

[13] El misterio celta (Barzaz Breiz). Relatos populares de Bretaña, Palma de Mallorca, 1997, pp. 71-86.

[14] Early Welsh Saga Poetry, p. 520.

[15] Dámaso Alonso, Primavera temprana de la literatura europea, Madrid, 1961, p. 131.

domingo, 10 de julio de 2011

El misterio de Emily Dickinson



Huidiza, escondida, oculta, maestra en el "arte de la fuga", Emily Dickinson aún nos sigue cautivando con su misterio. Al término de su recoleta vida dejó muchos centenares de poemas inéditos que la sitúan, ahora que la gloria sólo alcanza a su espíritu, entre los más altos poetas de Norteamérica.
Prefería la relación epistolar al contacto humano, que rehuía, y desde que tuvo veintitantos años buscó el apartamiento y apenas salió de la casa familiar, en Amherst (Massachusetts). Una vez dejó de hacer una visita prometida a sus primas porque le daba miedo la oscuridad, como confesó en la nota autoexculpatoria que les envió después. Se escondía de las visitas y se recluía en su habitación, si no era que mantenía conversaciones desde otra estancia o desde lo alto de las escaleras, velando su imagen como un fantasma, y como un espectro asistió al funeral que por su padre se celebraba abajo en el salón (permaneció en su cuarto, con la puerta entornada, allá en la olímpica -que imaginamos nebulosa, como una cumbre- primera planta).
En un reciente libro, Lives like Loaded Guns: Emily Dickinson and her Family Feuds, Lyndall Gordon sugiere que esta vida retirada pudo haberla llevado a imitación de la joven Elizabeth Barrett Browning, antes de casar ésta con el autor de Sordello. También argumenta que pudo haber sido, más que algo voluntario, un intento por ocultar ataques epilépticos.
Siguen abiertas las especulaciones, pero tenemos, si no la clave, un raro privilegio al contemplar su daguerrotipo: podemos verla más, y mejor, que casi cualquiera de sus contemporáneos.
No deja de sorprenderme la coincidencia: Emily Dickinson entró en el Mount Holyoke Female Seminary, el colegio de señoritas de South Hadley que luego sería el Mount Holyoke College, exactamente un siglo antes de que lo hiciera en 1947, él no como estudiante sino para enseñar, a regañadientes, otro poeta huidizo y que también se escondía de las visitas. Me estoy refiriendo, naturalmente, a Luis Cernuda.




sábado, 9 de julio de 2011

En "La Jornada"






El domingo pasado, el suplemento cultural del diario mexicano La Jornada publicaba esta nota sobre el segundo tomo de la biografía de Cernuda, editado en aquel país por la filial de Tusquets:


Luis Cernuda. Años de exilio (1938-1963),
Antonio Rivero Taravillo,
Tusquets Editores,
México, 2011.

Con este volumen se complementa la biografía que comienza con Luis Cernuda. Años españoles (1902-1938), merecedora del vigésimo y español Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias. Como todo buen ensayo biográfico, éste que ha compuesto Rivero Taravillo trasciende con mucho el mero recuento cronológico-vital del personaje abordado, para erigirse en un fresco de horizontes bastante más amplios. En el caso que ocupa estas líneas, la mirada del autor se extiende a la situación cultural, política y económica de los muchos sitios en los que Cernuda vivió su muy prolongado exilio, entre los que se cuentan Inglaterra, Estados Unidos, Cuba y, por supuesto, México. Como en el volumen que antecede y complementa este robusto corpus biográfico, el autor ofrece un índice onomástico y una bibliografía ad hoc para todo aquel interesado en abundar, por su propia cuenta, en el estudio de Cernuda, su vida y su obra.


Tras la presentación en el Ateneo Español de México. Me acompañan, de izquierda a derecha,
Carmen Tagüeña, James Valender, Paloma Ulacia Altolaguirre y Paloma Altolaguirre.