lunes, 31 de mayo de 2010

Urbi et Orbi (I)




Sigo con los textos joyceanos para ir abriendo boca ante el próximo 16 de junio, Bloomsday. Aquí comienza, despiezado en varias entregas, el artículo que dediqué en Cien años y un día. Ulises y el Bloomsday a la novela del irlandés:

URBI ET ORBI

Cuenta Stanislaus Joyce en un artículo publicado en 1954 cómo “Día de la patria en la oficina del partido” (uso la traducción de Eduardo Chamorro) era el relato que su hermano prefería de entre todos los de Dublineses. Y que cuando el manuscrito fue rechazado por séptima u octava vez, y Stanislaus trató de animarlo para que no perdiera la esperanza de verlo impreso, Joyce le preguntó irónicamente: “¿De verdad crees que toda Europa espera oír la historia de unas elecciones municipales en un barrio de Dublín?” Ya publicado el libro, sigue contándonos Stanislaus, Joyce residía en Zurich, donde se ganaba la vida dando clases, y cierto día prestó un ejemplar de Dublineses a uno de sus alumnos, un señor mayor de Viena. Cuando éste se lo devolvió, Joyce le preguntó qué relato le había gustado más, y sin dudarlo el vienés contestó que “Día de la patria en la oficina del partido”. A Joyce le pareció increíble: “¿Qué diablos ha encontrado digno de admiración en esa historia?” El vienés sonrió y repuso: “Me divirtió porque es tan parecido a Viena…”

De alguna manera, ese es uno de los méritos de Ulises, que hablando de una ciudad concreta habla de todas, que tratando de unos personajes afronta la más corpórea realidad de los mitos y los arquetipos que se superponen a toda geografía. Eso hace que Ítaca sea una casa de Eccles Street, y que el modelo de Homero pueda seguir siendo válido dos mil setecientos años más tarde y en otra isla.

Patrick Kavanagh también nació en ese año mágico de 1904, y participó con Flann O’Brien, Anthony Cronin y otros en el primer Bloomsday celebrado en Irlanda en 1954, con motivo del cincuenta aniversario de la acción de la novela. Tres años antes había escrito un poema, “Épica”, que también bajo la sombra tutelar de Homero trasladada a suelo irlandés muestra el íntimo maridaje entre lo local y lo universal. En él nos habla de unos campos, de rencillas de agricultores, pero ahí está la lección de Joyce (y de Homero): un lugar es todos los lugares. Por ello el putsch de Munich no tiene más importancia que una acalorada discusión en el condado de Monaghan. Cito por mi propia traducción:

ÉPICA

He vivido en lugares importantes,

en tiempos en que el hombre ventilaba

asuntos trascendentes: de quién era

un pedregal, una tierra de nadie

de dos varas, reclamada con bieldas.

Oí a los Duffys gritar: “¡Te den por saco!,

y vi al viejo MacCabe, descamisado,

desafiando el metal pisar un prado:

“¡Eh, las lindes son estas piedras de hierro!”

Fue el año del lío de Munich. ¿Qué

fue más importante? A punto estuve

de perder mi fe en Ballyrush y Gortin,

pero al fin el espíritu de Homero

me vino a confesar entre susurros:

“De disputas de aldea hice la Ilíada.”

Los dioses crean su propia importancia.


Este poema, uno de los mejores de Kavanagh, ha sido comentado por dos poetas de la talla de Paul Muldoon y Seamus Heaney: el primero, en su extravagante libro To Ireland, I dedica toda una sección (“Such a Local Row”, las “disputas de aldea” del penúltimo verso) al asunto; el segundo hizo lo propio en su ensayo “A Sense of Place”. Otro Nobel y amigo de Heaney, Derek Walcott, mezcló las aguas del Egeo con las del Caribe en un poemario, Omeros, que recoge la misma lección universal.

Pero volvamos a Joyce. España siempre ha tenido una relación especial con él y, aun más, con todo lo irlandés, y eso se puede ver en varias regiones o ciudades, aunque al final intentaré llevar el agua a un determinado molino, con cuyas ruedas no sé si haré comulgar a alguien. Colm Tóibín, autor irlandés que pasó un año en Barcelona a finales de los años ochenta del pasado siglo, asistió a una eclosión del nacionalismo catalanista que no pudo sino recordarle a la de su patria. “Period of nation inventing” son palabras que emplea para referirse al contexto de muchas de estas similitudes: los catalanes fundaron un partido a principios de los años veinte llamado Nosaltres Sols, que como señala Tóibín es traducción directa de Sinn Féin (en realidad, apostillaría uno, más que estrictamente de Sinn Féin, el nombre del partido fundado en 1905, de la expresión Sinn féin amháin, empleada por Douglas Hyde y que le dio nombre); hubo poemas en catalán a la muerte en huelga de hambre de Terence MacSwiney en 1921; y antes, en 1848, el mismo año que Thomas Moore compuso la canción “De nuevo una Nación” se compuso en Cataluña un poema que inspiraría a multitud de nacionalistas.

Pero es más, en el ambiente político y cultural catalán entre 1890 y 1910 Tóibín vio importantes paralelismos con el irlandés. Por ejemplo, la fundación del Barça, y su papel en la creación de un sentimiento catalán, es pareja, como nos hace ver, a la de la GAA, la Gaelic Athletic Association (véase el capítulo XII de Ulises, donde se habla de la recuperación de los antiguos deportes gaélicos y donde se pone en solfa toda una ideología cimentada en mixtificaciones de raza). Es muy interesante además el apunte de que la “fetichización” de algunos lugares (el Montseny o el Canigó) tendría su correlato en la santificación en Irlanda de sitios como las islas Aran o las Blasket. Hay otras consideraciones igualmente sugestivas, pero destaca entre ellas la de que “hubo ecos, también, entre las carreras de Joyce y Picasso, quienes hallaron toda esta retórica e invención excesiva para ellos, quienes vieron Dublín y Barcelona respectivamente como centros de parálisis y se largaron tan pronto como pudieron”. Y por Joaquín Mallafré, traductor de Ulises al catalán en 1981, sabemos que Joseph Pla leyó repetidamente la obra en inglés, llegando a traducir fragmentos de los capítulos XV y XVII. Mallafré ha rastreado también la huella de Joyce en obras de, entre otros, Quim Monzó o Terenci Moix.

En Barcelona se celebró de mayo a octubre de 1995 la exposición “El Dublín de James Joyce”. Los organizadores, con Juan Insúa a la cabeza, vieron muy bien este carácter que trasciende de lo local a lo universal: “El mito nos dice que si alguna vez Dublín desapareciera, podría ser reconstruida a partir de los libros de James Joyce (1882-1941). Pero el aporte ‘topográfico’ de la obra joyceana no es lo más relevante. Desde la consumación literaria de la ciudad concreta, desde cada uno de los personajes de la ciudad amada y odiada, Joyce construye una poderosa comedia sobre la condición urbana, bendiciendo socarronamente este ancho y proceloso mundo, los confines de un espacio que es el nuestro y que inevitablemente concebimos bajo la forma de una ciudad”. La recreación que Joyce hace de Dublín no es por tanto sólo para dublineses, sino más bien, una creación urbi et orbi. Efectivamente, en el empedrado de una calle de Dublín están todas las ciudades del mundo, como “en un día del hombre están los días / del tiempo” y “entre el alba y la noche está la historia / universal” (Borges en su poema “James Joyce”).


(Continuará)

"Premonición" en El Síndrome Chéjov



domingo, 30 de mayo de 2010

LAS NAVES ANTES DEL NAUFRAGIO


Publicaba ayer la prensa unas declaraciones de John Richardson, biógrafo de Pablo Picasso, acerca de un intento frustrado por parte de las autoridades de Franco de que el pintor expusiera en España en 1956. Y se repite lo que Richardson ya había resaltado en sus interesantes declaraciones a ABC hace un año: que invitado por José Antonio Primo de Rivera, Picasso almorzó con éste en San Sebastián en 1934.

Richardson lo cuenta, efectivamente, en el tercer tomo en su biografía del malagueño, pero ya antes lo había narrado Ernesto Giménez Caballero en Memorias de un dictador:

"Otro bello recuerdo de José Antonio fue cuando en San Sebastián le presenté a Pablo Picasso. José Antonio cuando iba a la capital donostiarra se alojaba en el Continental, ahora desaparecido. Picasso se nos lamentó de que la República no pudiera organizar una Exposición de sus cuadros en Madrid, porque según el Comisario de Arte no tenían dinero para el seguro de las telas, pero que si le parecía suficiente hubieran puesto unas parejas de la Guardia Civil por la vía del tren. Echándose a reír Picasso con toda su alma. A lo que José Antonio le brindó esta promesa: “Algún día pondremos para recibirle una guardia nuestra, pero como honor, y tras haber asegurado su pintura.” Estábamos en el Náutico, construido por nuestro camarada Aizpurúa, uno de los primeros fusilados cuando la Revolución. Picasso nos invitó a unas copas y dijo así: “El único político español que habló de mí elogiosamente como gloria nacional en su artículo publicado en Norteamérica fue su padre el General Primo de Rivera.”

José Manuel Aizpurúa, frecuentador de la Residencia de Estudiantes y amigo de García Lorca y de Picasso, fue uno de los más importantes arquitectos españoles del primer tercio del siglo XX, y si no digo de la primera mitad, o aún más, incluso, fue porque, sin juicio previo, y sacado de la cárcel de Ondarreta, lo asesinaron por su militancia falangista en septiembre de 1936. No fue el arquitecto nacionalista vasco, pese a su apellido, Aixpurúa, sino, cosa bien distinta, “arquitecto racionalista vasco”; es decir, un gran exponente del racionalismo arquitectónico y no del nacionalismo demoledor y de derribos.

Fue Aizpurúa quien diseñó con aspecto de yate el Club Náutico de San Sebastián junto con su socio Joaquín Labayen. También fundó, en la calle del Ángel del casco viejo donostiarra, el club GU (“Nosotros” en vascuence), cuyo interior imitaba también el interior de un barco. El arquitecto Olsagasti dijo de este lugar de reuniones que “era mitad cultural y gastronómico, donde un poco al modo de los “Maestros Cantores” he visto polemizar sin violencia, a pesar de la tensión de los años treinta, a Picasso con José Antonio Primo de Rivera, a Pío Baroja y su hermano Ricardo con Rafael Sánchez Mazas y a otros muchos en tertulias y cenas inolvidables.

Fue precisamente Sánchez Mazas, el protagonista de Soldados de Salamina, quien inauguró el púlpito para los oradores, que en GU, de vocación tan marinera, tenía la apariencia de una torre de vigía de un buque. Aunque había no pocos falangistas y gentes cercanas entre los socios (uno de ellos, el maestro Tellería, compositor de la música del “Cara al sol”), el lugar era un recinto de intercambio de ideas, y genuinamente plural. Por allí pasaron también Max Aub y Picasso, y Federico García Lorca, que recitó el Romancero gitano. La música no faltó tampoco, y dieron recitales el propio Tellería o Regino Sainz de la Maza. Parece ser que José Antonio cenó allí una o dos veces.

Según Gecé (ya se sabe, Giménez Caballero) en Arte y Estado, él mismo “y otros artistas, todos fascistas” descubrieron en el verano de 1934 a Picasso, que estaba recorriendo España, y lo llevaron a la inauguración de GU. Existe una fotografía de Jesús Olasagasti con Picasso en el Club Náutico de San Sebastián fechada en 1935. Se ha escrito además que Picasso invitó al vasco a exponer con él en París, aunque no hay prueba de ello. Lo que sí está demostrado es que al estallar la Guerra Civil Olasagasti, se afilió a Falange y marchó voluntario al frente, lo que no le impidió participar en el pabellón republicano de la Exposición de París de 1937: sí, donde se pudo ver por primera vez el “Guernica”. Olasagasti ilustró, entre otros libros, El almendro y la espada, de Agustín de Foxá.

Aizpurúa, Delegado Nacional de Prensa y propaganda de Falange Española de las J.O.N.S., diseñó por encargo de José Antonio el periódico Arriba. Aunque muchos no quisieran saber de su existencia, hay una célebre mención de Gabriel Celaya a la amistad entre Federico Garía Lorca y José Antonio:

-Es como José Antonio Primo de Rivera. Otro buen chico. ¿Sabes que todos los viernes ceno con él? Pues te lo digo. Solemos ir juntos en un taxi con las cortinillas bajadas, porque ni a él le conviene que le vean conmigo ni a mí me convine que me vean con él.

Federico se reía. Creía que aquello no era más que una travesura de niños. No veía nada detrás."

¿Pero a quién se refiere Celaya cuando habla de ese otro que es como el joven Primo de Rivera? Leamos las líneas anteriores de Poesía y verdad, libro que Celaya publicó en 1979 y lo descubriremos:

"Aquel 8 de marzo de 1936 a que me vengo refiriendo, último día en que disfruté de Federico…, él me citó por teléfono en el Hotel Biarritz de San Sebastián, donde paraba. Mi sorpresa, cuando llegué allí, fue que Federico había citado también a José Manuel Aizpúrua. Faltó poco para que rasgara mis vestiduras porque siempre he pecado de violento y entonces, además, era joven. Compréndanlo. José Manuel Aizpúrua era un arquitecto muy avanzado e inteligente. A su iniciativa se debió que una ciudad tan obtusa como mi San Sebastián se montaran exposiciones con Picassos, Mirós, Picabias, Max Ernst, etc. Era, además, todo hay que decirlo, un gran propulsor de la nueva poesía, y, en general, como se decía en aquellos tiempos "un vanguardista". Pero también era el fundador de la Falange de San Sebastián, y yo le había negado el saludo, aunque nos conocíamos desde niños.

Federico le hablaba a José Manuel, me hablaba a mí, y los dos le contestábamos, pero no conseguía que José Manuel y yo nos habláramos. ¿Por qué? Porque la guerra civil estaba ya latente. Pero Federico no lo entendía: "Los dos sois amigos míos". Era inútil. Había algo que no marchaba (…) Aquel día cuando se marchó Aizpúrua, Federico me dijo algo terrible que nunca me he atrevido a contar. Terrible pero a la vez hermoso porque demuestra con que inocencia caminó hacia su muerte… Me preguntaba Federico por qué yo no había querido saludar a José Manuel Aizpúrua, y por qué, entre los dos, le habíamos creado una situación absurdamente tensa. Yo trataba de explicárselo con frenesí, quizá con sectarismo, y él, incidiendo en lo humano, trataba de explicarme que Aizpúrua era un buen chico, que tenía una gran sensibilidad, que era muy inteligente, que admiraba mis poemas, etc. Hasta que al fin, ante mi cada vez más violenta cerrazón, reaccionó, o quizá quiso que abriera los ojos de sorpresa, con la confesión de lo terrible:”

Y aquí viene lo de la mencionada amistad entre Lorca y José Antonio, que a pesar de la frase del primero, quizá exagerada, más hay que entender como una corriente de simpatía mutua. Pero esta entrada ya es muy larga y eso lo dejaré para otro día. Baste aquí confirmar que, antes del general naufragio, Picasso y José Antonio comieron juntos en el yate de hormigón que proyectó en San Sebastián José Manuel Aizpurúa. La mar aún estaba en relativa calma.

viernes, 28 de mayo de 2010

El reino blanco



Camino del taller de poesía, y porque he preferido salir con tiempo, pues va haciendo calor y no es cosa de apretar el paso, me he detenido en una librería y ojeando las novedades de poesía lo he descubierto: El reino blanco, de Luis Alberto de Cuenca.
Naturalmente he comprado este volumen de la colección Palabra de Honor, de Visor, y he llegado ufano al taller, sabedor de que si me flaqueaba la inspiración para urdir la clase siempre podía tirar del libro del amigo e ilustrar con alguno de sus poemas una idea, una muestra de estupenda poesía.
No pocos de los poemas han ido apareciendo en revistas, y la sensación de novedad se aminora entonces, pero no desfallece el entusiasmo ante versos que van de la encendida celebración erótica a reelaboraciones de otros poemas y temas literarios, tocadas por lo onírico, por lo festivo, por lo culto que no es pedantería nunca sino dicha.
"Paisaje con figura desperezándose" recrea un soneto de Shakespeare (confesa devoción del poeta, como acredita en varias páginas), "El cuervo" es un ejercicio muy libre sobre el homónimo poema de Poe. Hay incluso un haiku asonantado ("Reloj de arena. / Me subo a tu cintura / y el tiempo cesa") que siendo magnífico y bastándose solo recuerda a otro de Aquilino Duque. Pero citar nombres propios es tarea ímproba al referirse a la poesía de Luis Alberto: nombre de los que se apropia, digo, y nos devuelve generosamente en sus impecables versos juguetones.
Leemos también un magnífico "Tríptico de Foxá", a quien de Cuenca ha antologado y prologado (en Paréntesis firmaba recientemente una presentación a Misión en Bucarest y otras narraciones).
Las 160 páginas se leen en un suspiro. Un suspiro gozoso.

jueves, 27 de mayo de 2010

Avaratar


Esta foto circula por Internet. Tiene gracia, aunque en vez de la oreja larga deberían haberle puesto así la nariz. Y conste que no soy funcionario. Ni -todavía- pensionista.


miércoles, 26 de mayo de 2010

Aún da tiempo



Dentro de tres semanas, tras el paréntesis de los pasados años, retomaremos en Sevilla la sana celebración del Bloomsday o Día de Bloom, el protagonista del Ulises de Joyce. De la mano de Juan Antonio Maesso, la Diputación ha organizado el 16 de junio una mesa redonda con posterior lectura en la Casa de la Provincia, y luego marcharemos como está mandado al cercano pub. En la foto, los celebrantes del primer Bloomsday, en 1954: en el centro, y de izquierda a derecha, Anthony Cronin, Flann O'Brien y Patrick Kavanagh.
A quienes aún no hayan leído la novela, creo que aún les dará tiempo de hacerlo. Por si les anima, dejo aquí la presentación que escribí para el volumen Cien años y un día. Ulises y el Bloomsday, que coordiné para la Fundación Lara hace seis años:

Hoy ya nos hemos acostumbrado a que año tras año, llegado junio, desde los periódicos, la televisión, Internet, se dé noticia de la celebración en Dublín, y no sólo en ella, del Bloomsday. Sólo en los Estados Unidos de América, las celebraciones abarcan ciudades como Anchorage, en Alaska, o Phoenix, Arizona, pasando por Sacramento, Syracuse, Nueva York, Cincinati o Baltimore. Los que han levantado censos de estas fiestas literarias nos aseguran que también éstas han tenido lugar en Sydney, Toronto, París, Tokio, Ciudad de Méjico, Río de Janeiro, Groningen o Zurich. Ya nos parece una tradición inmemorial, un mito del eterno retorno que vuelve como una fiel ave migratoria, algo que no tuvo principio, como se le antojaba a Borges Buenos Aires. Pero sí que lo tuvo. Su prehistoria se hunde en celebraciones más o menos balbucientes habidas aún en vida del autor, aunque su verdadera partida de nacimiento tenga fecha de 1954, como enseguida veremos.

En junio de 1924 Joyce se estaba recuperando de la que era ya su quinta operación de la vista, y un grupo de amigos le envió un ramo de hortensias para celebrar el Bloomsday o día de Bloom, el protagonista de Ulises. Al parecer fue Sylvia Beach, la primera editora del libro, quien acuñó el término, y quien en años sucesivos organizó reuniones conmemorativas. En el veinticinco aniversario, es decir, en 1929, la celebración tuvo lugar el 27 de junio en un hotel en Les-Vaux-de-Cernay, a las afueras de París, muy apropiadamente llamado Hôtel Léopold, y al almuerzo (Déjeuner “Ulysse”) promovido por la librera Adrienne Monnier asistieron, entre la más de una veintena de asistentes, Nora, Lucia y James Joyce, Sylvia Beach, Samuel Beckett y Paul Valéry. Aquel almuerzo y su coda de paradas en diversos establecimientos para tomar copas al regreso también celebró otro acontecimiento: la publicación de la versión francesa de Ulises, que editada por Monnier había aparecido en febrero de aquel año traducida por M. August Morel y revisada por Valery Larbaud y el propio Joyce.

Pero la primera vez que se celebró en el país natal de Joyce fue hace cincuenta y un años, y no fue organizado por universidad alguna ni por la siempre ávida de divisas Bord Fáilte o, en román paladino, Oficina de Turismo de Irlanda.

Aquel Bloomsday inaugural de 1954, para celebrar el cincuentenario de la famosa jornada, fue organizado por Flann O’Brien y John Ryan, director de la revista Envoy. Se reunieron Anthony Cronin, joven poeta, como trasunto de Stephen Dedalus; O’Brien, mitad Simon Dedalus, mitad Martin Cunningham; Ryan en el papel de Myles Crawford; Patrick Kavanagh, no se sabe muy bien como qué; y, finalmente, Tom Joyce, un dentista primo de James que por supuesto no había leído Ulises, en representación de la familia. Además, convencieron para que los acompañara al secretario de Trinity College, un judío que había de representar al hebreo Bloom.

Era, por supuesto, antes de que se abriera el pequeño museo de la torre Martello, hoy rebautizada como Joyce Tower, y antes de que se restaurara la casa familiar del 35 de North Georges Street para albergar el James Joyce Centre. Antes de que se colocara la estatua del escritor casi enfrente de la emblemática Oficina Central de Correos, y antes, mucho antes, de que su reputación quedara limpia para futuras generaciones de irlandeses. Si bien hoy hasta el carterista y la prostituta lo conocen de sobra aunque sólo sea porque su efigie haya estado un tiempo en los billetes del Banco de Irlanda, en 1954, décadas después de su publicación, no muchos fuera de los círculos literarios conocían al autor de Ulises.



En No Laughing Matter: The Life and Times of Flann O’Brien, Anthony Cronin nos cuenta que tres años antes, Ryan había pedido a O’Brien que coordinara un número especial de Envoy, la revista que editaba, dedicado a Joyce. Curioso reto. Porque es cierto que O’Brien admiraba a Joyce y conocía su obra, pero también que estaba ya harto de que constantemente se hablara de su influencia en él, y siempre que tenía ocasión dejaba caer algún comentario displicente sobre el autor de Ulises (Beckett fue testigo de una de estas salidas de tono, en la que lo calificó como “Joyce, ese autor de refritos de cuentos de criadas”) y en su columna “Cruiskeen Lawn” que firmaba con el seudónimo de Myles na Gopaleen (Flann O’Brien también era seudónimo, siendo su nombre real Brian O’Nolan o las diferentes formas, más o menos gaelizantes del mismo) no era infrecuente ver menciones desdeñosas al “pobre Joyce” o, lo que es peor aún, al “pobre Jimmy Joyce”. En aquel número especial de Envoy apareció publicado el célebre poema satírico de Kavanagh titulado “¿Quién mató a James Joyce?”, del que no salen bien paradas las tesis presentadas en Harvard ni los profesores de Yale u otros individuos y poses del mundo académico. La aportación de O’Brien fue un paródico, mordaz y envenenado artículo titulado “Una juerga en el túnel”, en el que, junto a la reivindicación del Joyce humorista, hallamos el germen del desvarío que más tarde publicaría en El archivo de Dalkey.

Aquella mañana O’Brien publicó su habitual columna en el Irish Times, esta vez dedicada al Bloomsday, y en ella no ahorraba pullas a Joyce. Lo cual no le impidió estar junto al resto de sus compañeros de celebración temprano junto a la torre Martello de Sandycove, donde pronto empezaron a entonarse con unas bebidas proporcionadas por el arquitecto Michael Scott, vecino del lugar. Enseguida empezaron a hacer tonterías: Kavanagh y O’Brien treparon por un terraplén, a ver quien alcanzaba antes la torre; hubo agarrones y Kavanagh casi se parte la crisma ante los tirones de su acalorado, y ya achispado, contrincante en el ascenso.

Luego vino una parte más supuestamente seria, la recreación del capítulo “Hades”. A bordo de dos coches de punto como los que podrían haberse usado en 1904, el grupo se dispuso a remedar el funeral de Paddy Dignam. Ataviada como para un entierro y ebria como recién salida de un velatorio, la estrafalaria comitiva se detuvo en un pub de Blackrock; cuando el dueño supo que todo aquello era por James Joyce, “el escritor”, el buen hombre sólo pudo pensar en un tal Jimmy Joyce (the sign-writer from Newton Park Avenue) que, efectivamente, se ganaba la vida escribiendo, pero ¡rótulos y carteles! Mucho ha llovido desde entonces, y quizás algún pariente de Jimmy, escritor de brocha gorda, se ufane hoy, confundiendo realidad y deseo, de tener a un literato en la familia.

Nuestros amigos bebieron en un buen número de pubs, y aligeraron sus vejigas, como Stephen Dedalus en Ulises, sobre la arena de la playa de Sandymount, no lejos de donde hoy reside el Premio Nobel de Literatura Seamus Heaney. Luego se detuvieron en una casa de apuestas para escuchar la retransmisión por la radio de una carrera de caballos, y recalaron en el Bailey, un bar que dos años después compraría Ryan, ese adinerado mecenas que llegó a viajar en su yate a la Ítaca griega y compró a las monjas a las que fue a parar la casa de Eccles Street la puerta del número 7. Ya en el Bailey, no continuaron el periplo: prefirieron quedarse al abrigo de unas copas, en tertulia, antes que seguir y adentrarse en los inhóspitos burdeles de la ciudad nocturna.

A partir de entonces las celebraciones del Bloomsday fueron consolidándose año tras año, y como ya vio Kavanagh en su poema, legiones de profesores americanos aterrizaron junio tras junio en Irlanda con objeto de repetir los pasos de los personajes de la novela de Joyce. Tierra de santos y poetas es epíteto común de Irlanda. Parece que el mercadeo de reliquias no terminó en época de Santa Brígida o San Brendan, San Ciarán o San Enda. Se cuenta que O’Brien y algunos de sus compiches vendieron a americanos incautos unos cuantos sombreros que supuestamente habrían pertenecido al autor de Ulises.

Una de las celebraciones con más solera es la que desde hace veinticinco años tiene lugar en el teatro Symphony Space de Broadway, Nueva York, en el que se dan cita para leer partes de la novela legiones de actores y escritores entre los que se incluye una amplia representación de la diáspora irlandesa. Una curiosidad es que entre tantos nombres irlandeses, como Fionnuala Flanagan, Frank McCourt, Mia Dillon, Frank Delaney, Caraid O’Brien, Charlotte Moore o Michael O’Neal, el ideador de este homenaje anual sea un judío, como Bloom, llamado Isaiah Sheffer.

Dublín, que hace ya tiempo que ve todos los dieciséis de junio estrafalarios disfrazados que dan buena cuenta de platos de riñones, como no podía ser de otro modo se volcó muy especialmente en la celebración del Bloomsday del centenario. Hubo conferencias, paseos guiados, salchichas, emisión de sellos conmemorativos, cerveza, exposiciones de fotografías de la ciudad al principiar el siglo XX... También se presentaron al público los cuadernos de notas que habían pertenecido a Joyce y que adquirió en 2002 la Biblioteca Nacional de Irlanda (donde se desarrolla el capítulo 9 de Ulises), se convocó un premio literario “Davy Byrnes”, se celebró el Décimo Noveno Simposio Internacional James Joyce, y se pudo asistir a un concierto especial en el National Concert Hall en el que se interpretaron las canciones que gustaba cantar o escuchar Joyce.

Por lo que respecta a Sevilla, en los actos que se vienen celebrando desde el año 2000 han participado de un modo u otro centenares de personas, entre las que se cuentan el catedrático y traductor García Tortosa, Ian Gibson, Robert Freeman (el fotógrafo de las portadas de discos de los Beatles), Alfonso Guerra, Julio Manuel de la Rosa, Eduardo Jordá, Juan José Téllez o Mariano Antolín Rato... Todo por una feliz ocurrencia del director del Festival de Danza de Itálica y novelista Juan Antonio Maesso. Y en 2004 los actos tuvieron una particular relevancia, como se reseñará más abajo.

* * * * *

La bibliografía sobre Joyce en España es abundante. La Universidad de Jaén publicó en 1988 James Joyce: Límites de lo diáfano. La de La Coruña publicó en 1994 y 1997 los volúmenes colectivos Joyce en España, I y Joyce en España, II. Más recientemente ha visto la luz Silverpowdered Olivetrees: Reading Joyce in Spain, donde también numerosos estudiosos se han acercado desde diferentes perspectivas a Joyce y su obra. Hay además libros sobre la recepción de Joyce en la prensa española, sobre las adaptaciones de su obra al cine, sobre los paralelismos con Luis Martín Santos...

Este libro, Cien años y un día, se publica con motivo del centenario, acaecido en 2004, de ese día único que Joyce escogió para inmortalizar la ocasión de su primera cita con la que sería su esposa, Nora Barnacle. Y no tiene más pretensión que la de ofrecer “a la afición en general” (expresión de Jaime Gil de Biedma) una silva de varia lección, un conjunto de textos variados sobre Ulises y Joyce, unos entremeses que querrían estar lejos de la pesadez que suele adueñarse de más sesudas recopilaciones de ensayos o de los tantas veces plúmbeos volúmenes de la crítica académica. Como los mismos capítulos del Ulises, el lector encontrará aquí estilos y aproximaciones variopintos, que van desde el ensayo literario a la memoria personal, el disparate de buscar unos paralelismos más imaginarios que reales, o la narrativa de diversa índole con la que se clausura el libro.

Se abre con un artículo de un prosista de excepción, Manuel Gregorio González, que aúna la indagación en el monólogo interior de Ulises con otros referentes europeos que lo ponen en contexto y resaltan su novedad y genio. Proust y Freud, y unos cuantos pintores y literatos, son convocados aquí para actuar de secundarios en este ensayo sobre Leopold y Molly Bloom y el padre de ambos, don James Joyce.

A continuación, Francisco García Tortosa, que tantas páginas esclarecedoras ha escrito en revistas especializadas, y responsable de la más reciente edición de Ulises en español, nos narra, con un puñado de anécdotas, su iniciación en la “industria joyceana”, esa protagonista del poema de Kavanagh “Quién mató a James Joyce”. Su colaboración aporta además datos poco o nada conocidos sobre el secuestro que sufrió la traducción que él mismo y María Luisa Venegas prepararon para Ediciones Cátedra y que, ay, recuerda a problemas parecidos que ya sufrió la novela cuando se publicó en 1922. En el caso más reciente, la tozudez esquinada del nieto de Joyce ha sustituido a la pacatería e incomprensión de hace décadas. Muestras de ese carácter ya legendariamente quisquilloso del nieto son, aparte de las vicisitudes de la mencionada edición de Cátedra, por ejemplo, la prohibición de la inclusión de varios textos de Joyce en el monumental Irish Writing in the Twentieth Century: A Reader, editado por David Pierce para la Cork University Press cuando ya el libro estaba a punto de publicarse. En el grueso volumen faltan, como por un extraño encantamiento, las páginas 323-346, que recogían extractos de varios capítulos de Ulises. Otra consecuencia del encantador carácter de Stephen Joyce fue que, ante las trabas con las que amenazaba a los organizadores del Bloomsday del centenario, el festival Rejoyce 2004 de Dublín, el gobierno irlandés tuvo que hacer aprobar en tiempo récord una legislación especial que defendiera a los amantes de Joyce de los celos de su amantísimo nieto.

Sevilla es una ciudad que, se dice, tiene mucho de dublinesa: un río que la parte en dos, las mil tabernas, la poderosa Iglesia, la parálisis, una vocación americana... Y en Sevilla desde hace más de un lustro un grupo sorprendentemente numeroso de admiradores de Joyce se reúne –nos reunimos– para celebrar esa fiesta de la ficción que es Ulises y ese Bloomsday que no conmemora nacimiento o muerte de su autor, ni la fecha de su publicación ni nada que sea ajeno a la propia literatura: tan sólo un deambular de unos personajes por una ciudad y su conciencia. “Urbi et orbe” repasa de modo desenfadado esas concomitancias entre la metrópoli hibérnica y la ibérica.

Viene seguidamente un relato de Eduardo Jordá. No es el primer texto de este autor sobre Joyce o el Ulises. En Glorieta de los lotos, su más reciente libro, hay un artículo sobre ellos, más alguna que otra alusión. Y en su magnífico libro de viajes, Lugares que no cambian, hay bastantes páginas más a las que debería acudir el lector interesado: aparte de algunas magníficas estampas de Dublín, sendos textos titulados “La ciudad de la lluvia” y “Bloomsday”. En “Whiskey en la jarra” enrola a personajes de Dublineses como Gabriel Conroy, uno de los personajes más tristes de cualquier literatura en “Los muertos” o el insignificante Thomas Chandler, de “Una nubecilla”, y los hace vivir una escena ucrónica que podría haber acaecido muchos años después.

El libro se cierra con unos párrafos desopilantes. Es fama que James Joyce, ya medio ciego y cerca de su muerte, leyó en 1939 At Swim-Two-Birds, de Flann O’Brien, y halló realmente divertida esta su primera novela. Buena parte del humor de la última, The Dalkey Archive (1964), se asienta en el hecho de que Joyce no pudo ya leerla (no hay lupas que valgan en el Purgatorio) y tal vez por ello, no pudiendo protestar, quedó impunemente incorporado como personaje de la misma. Los extractos que cierran el volumen pertenecen a esta obra disparatada e impagable, que en los pasajes dedicados a Joyce constituye una especie de malicioso, si se me permite el título apócrifo, Portrait of the Artist as an Old Man. Creo que la traducción y la publicación aquí de estas páginas desmitificadoras (que no agotan el filón joyceano del libro, inédito en español, y del que son sólo un ligero aperitivo) puede constituir un homenaje travieso, cariñoso, oblicuo, al autor de Ulises en el primer centenario del Bloomsday.

martes, 25 de mayo de 2010

De viajes y espirales



Así titula Rafael Suárez Placido su reseña de Percusión, la magnífica novela de José Balza publicada en Paréntesis.

Horizonte de sucesos



Se inaugura esta tarde la exposición Horizonte de sucesos, que aúna imágenes de Antonio Acedo, Premio Andalucía de Periodismo en Fotografía, y relatos de una decena de escritores, entre los que me encuentro muy a gusto. Mejor de lo que pudiera hacer yo, lo contaba Luis Manuel Ruiz el otro día en este artículo. Más información aquí, con una de las fotos.

domingo, 23 de mayo de 2010

Macedonia de rutas



Ya es una realidad. Los pasos dados en los últimos años (como los de Grantchester, junto a Cambridge, en la fotografía que se enseñorea del blog) han quedado recogidos en Macedonia de rutas, el libro que acabo de publicar en Paréntesis. Un poco de Bretaña y otro de Roma, los pubs de Londres o las secuoyas californianas, con navegaciones islandesas o mercadillos provenzales, se dan cita en las páginas de mi tercer libro de viajes. Esta semana entrante comenzará a distribuirse en librerías, pero ya está disponible en Internet, tanto en papel como en formato ebook.

En la foto, la estela del transbordador regresando de Martha's Vineyard a Cape Cod (Massachusetts) hace dos años.

Borges y la ceguera



Aquí, el primero de los seis vídeos que recogen una conferencia de Borges sobre su "modesta" ceguera. Los cinco siguientes se pueden hallar también en Youtube.

viernes, 21 de mayo de 2010

Contra el ERE en El Correo de Andalucía




Paradojas del destino, la sección de Cultura de El Correo de Andalucía, que hace unos días recogía el premio de la Feria del Libro de Sevilla, afronta junto con el resto de compañeros del periódico decano de la prensa andaluza un Expediente de Regulación de Empleo que se propone dejar sin trabajo a 22 trabajadores. Desde aquí mando un fuerte abrazo a los amigos de El Correo, de cuyo desaparecido suplemento La mirada fui colaborador asiduo hace tiempo. Se ha creado un grupo de apoyo en Facebook. ¡Ánimo!

jueves, 20 de mayo de 2010

Laberinto de traductores



Juan Manuel Macías ha levantado un laberinto en la página de Internet de la editorial DVD y nos ha arrebujado a unos cuantos traductores de poesía con nuestros traducidos: Rilke, Eliot, Hardy, Taliesin... Se trata de ir recorriendo los vericuetos con el cursor, y allá donde aparece la mano, zas, se encontrará oculto a alguno de nosotros. ¡Feliz salida!

martes, 18 de mayo de 2010

Hasta luego, Feria del Libro (I)




Acabó la Feria del Libro de Sevilla. ¿Quién dice que los libros no sirven para nada? Dejo aquí algunas utilidades de su Feria:

- La amena charla de Julio Manuel de la Rosa tras la mesa redonda de Paréntesis, desgranando anécdotas de Ignacio Aldecoa y Alfonso Grosso.

- Un viaje al Oeste en San Francisco (me refiero a la plaza de ese nombre), gracias a un encuentro con Javier Lucini y su recién premiado Apacherías (Mono Azul). Como un Custer que mudara de afectos, Javier tiene el físico del general famoso pero pasión por los indios. Da gusto hablar con él entre los tipis (quiero decir casetas) de la Feria.

- Las fotografías y los relatos (con mis ovejas negras incluidas) de Horizonte de sueños, el lujazo multimedia de Antonio Acedo, Premio Andalucía de Fotografía.

- La simpatía de Lucía, Nuria, María y Elena, las chicas de Edere, encargadas de prensa de la festividad, porque festividad es, sin duda, la Feria del Libro para los que amamos la lectura.

- El estorbo, aunque sólo sea veinte días (incluido el montaje y el desmantelamiento), a los tontos del monopatín a los que sólo les quedan, ay, otros 345 para destrozar el mármol de la Plaza Nueva y hostigar paseantes.

domingo, 16 de mayo de 2010

El mismo mirlo




EL MISMO MIRLO


Como una piedra más, blanda y oscura,

entre matas del patio descuidado,

antesala del canto tiemblas breve,

preámbulo del vuelo, mirlo niño.

Es el mayo perenne en que regresas

como el año pasado regresaste

del anterior, y así, mayo tras mayo,

te encuentro en un idéntico milagro.

Con los mismos chillidos me asaetean,

parda y negro, tus padres, las imágenes

de ti crecidas, único y eterno

polluelo mirlo del eterno mayo.

Sevilla-upon-Avon




Se publica en Granada Hoy una amplia reseña firmada por José Abad de la edición de la Poesía Completa de Shakespeare que, muy cerca de donde su contemporáneo Cervantes sufrió cárcel, he preparado y entregado dando lo mejor de mí mismo.

viernes, 14 de mayo de 2010

José Caballero redivivo




Una buena biografía devuelve a la vida al biografiado. Marian Madrigal acaba de ganar el Premio Antonio Domínguez Ortiz de Biografía por la suya sobre el pintor José Caballero, que tanta relación tuvo con La Barraca de Federico García Lorca. Precisamente, el cartel que ilustra esta entrada es obra de Caballero, quien fue además ilustrador de las revistas Caballo verde para la poesía o Cruz y raya. Tuve ocasión de conocer la biografía antes de que ésta alcanzara la versión definitiva que ha optado al concurso, y ya me pareció estupenda. Más información sobre el galardón, aquí.

Gatos




Va llegando a su final la Feria del Libro de Sevilla. En una de las casetas frente a la Pérgola, un ejemplar de la estupenda versión que Juan Bonilla hizo del libro de los gatos de Eliot, el Old Possum's Book of Practical Cats, hermosamente publicada por El Gaviero.

Se dice que siete vidas tiene un gato. Yo debo de tener sin duda algo de gato, pues sigo indemne a pesar de que el libro que allí al lado presentamos el martes es la labor de toda una vida. Desde luego, la Poesía completa de Shakespeare puede coronar la vida y la obra de un poeta traductor. Pero sucede que en las próximas semanas se publicará también otra obra con la que podría darme por satisfecho como fruto de toda una vida –otra vida-: la Poesía Reunida de un segundo William, William Butler Yeats. Es decir, que sólo me quedarían cinco vidas. Pero siguiendo con los números y con los felinos, se afirma que la poesía sólo la leen cuatro gatos. Bien, pues para esos cuatro gatos (que en realidad son muchos más) es la traducción de la poesía de Shakespeare. Y la de Yeats por venir. Me siento felino; digo, feliz.

martes, 11 de mayo de 2010

Stratford-upon-Guadalquivir



Esta tarde presentaremos el Shakespeare en la Feria del Libro de Sevilla. Para acompañar, ha amanecido un día inglés, fresco y empapado de llovizna. Will se sentirá como en casa, espero. Aquí, una entrevista que Charo Ramos me hizo ayer en el mismo recinto, en un receso de las mesas redondas sobre "Los futuros del libro".

Ilustra esta entrada "La violación de Lucrecia", de Ticiano.

domingo, 9 de mayo de 2010

El Bardo canta



Antonio Garrido publica una reseña de la Poesía completa de William Shakespeare en el último número de la revista Mercurio. Pinchando aquí se puede acceder a la revista, en cuya página 43 está la mencionada crítica.

sábado, 8 de mayo de 2010

Mesa redonda sobre Cernuda



El Ayuntaminto de Lebrija ha organizado para los próximos días unas Jornadas Literarias que se desarrollarán en la Casa de la Cultura de esa localidad. La primera de las sesiones, la del 12 de mayo, versará sobre Luis Cernuda. Moderados por Jacobo Cortines intervendremos Luis Antonio de Villena, Luis Muñoz y yo mismo. Yo hablaré de datos desconocidos e inéditos, adelanto del segundo tomo de la biografía del poeta que publicaré próximamente la editorial Tusquets.

jueves, 6 de mayo de 2010

Los autores recomiendan


Acaba de empezar la Feria del Libro en la ciudad de los Machado y de Cernuda, de Herrera y Bécquer. Algunos autores recomendamos libros en un reportaje de Diario de Sevilla. He aquí las sugerencias.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Derek Walcott y Andalucía



La otra tarde en Madrid, en la parada obligatoria que siempre hago en la Central del Reina Sofía tras bajarme del AVE, tuve en mis manos el último poemario de Derek Walcott. En él, una "Spanish Series", con poemas sobre nuestro país, y versos sobre Andalucía:

No name except Andalusia would make sense
From the train window of horses and galloping horses.

Walcott leerá el póximo 12 de mayo en el Festival de Poesía de Granada.

lunes, 3 de mayo de 2010

Shakespeare en la Plaza Nueva



Como en el Globe Theatre, en donde el público asistía (y asiste, en el recinto reconstruido) a las representaciones al aire libre, el próximo martes a las ocho de la tarde, y en la Pérgola de la Feria del Libro instalada en la Plaza Nueva de Sevilla, Enrique Baltanás y yo mismo presentaremos (o representaremos, dado que seremos dos sobre las tablas) mi edición bilingüe de la Poesía Completa de William Shakespeare publicada por la Biblioteca de Literatura Universal (BLU), esa suerte de Bibliothèque de la Pleiáde hispana dirigida por Luis Alberto de Cuenca.

Por primera vez se vierte en un solo volumen, y en verso español a cargo de un único traductor, toda la obra no dramática de Shakespeare, desde los Sonetos a Lamento de una amante, pasando por Venus y Adonis o La violación de Lucrecia, más El fénix y la tórtola o El peregrino apasionado.

Naturalmente, me encantaría veros por allí si podéis acercaros.



domingo, 2 de mayo de 2010

Gratis et amore



Hace unas semanas recibí en el blog un comentario de la directora de un colegio en que me invitaba amablemente a dar una charla con motivo del Día del Libro. Hoy, con perspectiva, puedo afirmar que la profesora me ha dado a su modo una lección de cómo entienden hoy muchos la cultura: como algo en lo que entrar a saco, con derecho de pernada y, como se suele decir castizamente, recibiéndola "gratis total".
Uno ha dado charlas, escrito prólogos, incluso traducido, gratuitamente en no pocas ocasiones, pero se reserva el derecho -iluso que es uno- a vivir de su trabajo. Preferible esto a que otros se ganen el pan con el sudor de su frente. Por ello, si ha de dedicar unas horas a preparar una intervención y pronunciarla a un auditorio, piensa que a lo mejor no es descabellado que, como el electricista que es requerido para arreglar unos plomos o el pintor para blanquear unos muros, se le retribuya aunque sólo sea para cubrir el coste de algunos de los libros que ha tenido que ir comprando, y leyendo, y anotando, hasta llegar a esta envidiable posición en la que se le pide que hable para el prójimo (gratis, ya digo).
Esto fue lo que ingenuamente preguntaba yo a la maestra:

Estimada ***:

Gracias por contactar conmigo. Tengo algún viaje por esas fechas, pero podría arreglarse. Varias preguntas a bocajarro:

-¿pagáis por la charla?
-¿en qué horario sería?
-¿dónde estáis?
-¿sobre qué os apetece que hable?
-¿de qué edad son los alumnos?

Un cordial saludo,

Yo no sé cuántos libros o discos tendrá pirateados la buena mujer, pero el caso es que como nunca me respondió le dejo aquí algún argumento de por qué, en principio, uno aspira a no regalar su trabajo, como un músico o un actor piensa en cobrar por su interpretación, ya sea ante un grupo de niños, de socios de un Ateneo o de alumnos de un Máster. En el caso que nos ocupa, me pregunto por qué un escritor está menos autorizado a cobrar que el estudiante al que se le ingresa una bonita cantidad sólo por cumplir con su misión y no caer en el abandono escolar; por qué hay que suponer que su ordenador personal le ha llovido del cielo, cuando a los chavales se les regalan portátiles de más que dudosa utilidad; por qué él no saca tajada al tiempo que se quiere sobornar a los profesores (frente a la oposición de la mayoría de ellos) con unos incentivos asociados a un Plan de Calidad de la Enseñanza que en el fondo significa "Que-Bruselas-no-se-entere-de-nuestro-desastre".

Si la directora de marras me hubiera dicho que no disponían de presupuesto y me hubiera llorado un poco, allí que hubiera ido yo a hablar a los niños sin cobrar un euro y a lo mejor haciendo incluso una donación a su biblioteca. Lo que me solivianta es la idea, cada vez más extendida, de que la cultura ha de ser gratis, lo que es confundir, como escribió Machado, valor y precio. No sé por qué una canción ha de ser gratis contra la voluntad y el bolsillo de su creador. No sé por qué el hecho de que a unos estudiantes se les ahorre tener que pagar por una charla tiene que implicar necesariamente que el que la dé salga de ella tan pobre como entró, sobre todo cuando la Administración a la que sirve ese centro de enseñanza ha dilapidado, dilapida y dilapidará fortunas en sandeces y majaderías mucho mayores que las que uno puede enhebrar en su charla.

Y aquí lo dejo, consciente de que lo escribo en un blog que publico gratis et amore. Porque me da la gana y no por voluntad ajena, como al parecer era la de esa señora que aún no me ha contestado.

sábado, 1 de mayo de 2010

El Nueva York de Toni Montesinos


Existen numerosos volúmenes sobre Nueva York y en la práctica totalidad de idiomas de la Tierra, que en esa ciudad éstos convergen y conviven, con fracciones de los pueblos que los hablan, como quizá en ningún otro lugar del mundo. Se me vienen a la cabeza títulos de Brendan Behan o Edith Wharton, en inglés. Por ceñirnos a nuestro idioma, la gran manzana ha pasado en letras de molde (o tinta líquida en las pantallas hoy) a páginas –prosa y verso– de José Martí, Federico García Lorca, Julio Camba, Antonio Muñoz Molina o Eduardo Lago.

Y aquí –en verso y prosa– nos llegan ahora estas Escenas de la catástrofe de Toni Montesinos. Ya sea en Solos en los bares de noche o La ciudad gris, libros ambos donde acoge hospitalariamente a Dublín, ya en Hildur, donde Reykiavik late, musical, Montesinos es un gran traductor a ciudades: traslada al lector a ellas con esas líneas low-cost (pero de impagable calidad) que dan alas a la buena literatura. Con don de leguas (o millas, o kilómetros). Y así, de repente y por el sortilegio de lo escrito nos hallamos con él en el Aeropuerto JFK, huyendo de los clichés pero sin poder sustraernos (¡quién puede!) a los recurrentes símbolos y emblemas de la megalópolis.

Haciéndose eco de Le Corbusier, indaga “en toda esta magnífica catástrofe”, el asombro neoyorquino, y entreverando su pasión por el baloncesto con el cine o la poesía, el autor nos lleva a finales de la NBA o a la ciudad de Baltimore y la sombra de Poe o la estancia de Pedro Salinas. Me reconozco en Toni cuando en sus pesquisas da con el legado de Eleonor Turnbull (yo también di en la Johns Hopkins University con un testimonio del 27 a la estudiosa norteamericana: una carta inédita de Luis Cernuda). Apoyándose en Whitman y en otras voces, más la experiencia propia, no ahorra críticas al sistema capitalista (que no es el de libre mercado, sino el de tráfico y especulación de capitales que en esta capital hace que Wall Street sea sinónimo de Muro de la Vergüenza). Nos habla de la incomunicación en la multitud, de la soledad entre muchos, y lo hace con imágenes poderosas.

El género de viajes en nuestro país ha cobrado brío en la última década. Toni Montesinos, en estos periplos a lo largo del tiempo a un mismo espacio, demuestra ser un valioso y valeroso cultivador del género. Valioso, a la vista está, por su calidad. Valeroso, también por haber escogido Nueva York, ese póster mudable que varias veces al día ocupa la pantalla de nuestro televisor, de una fotografía, de un cartel publicitario.


(Prólogo a Escenas de la catástrofe, de Toni Montesinos, Editorial Polibea, Madrid, 2010)