jueves, 30 de abril de 2009

Anotaciones de viaje


Otros iban  a Melilla a realizar el servicio militar, a cumplir el rito de iniciación en la edad adulta: despertar a la hombría, a la virilidad, a la grifa, a algún episodio de sexo mercenario con alguna morita o con una manceba pasada de años y liendres o ladillas.

            Aquí voy yo, que no hice la mili, de regreso a mi ciudad natal, antaño plaza de soberanía y hoy ciudad autónoma, donde nací hace –todavía hoy, que pronto será uno más- cuarenta y cinco años.

            Regreso con un traje de buen paño confeccionado por mi sastre de ascendencia irlandesa, O’Kean, oyendo un puñado de discos descargados en el I-Pod, en los que predomina, claro, la música irlandesa, esa pasión mía; y escribo en el nuevo ordenador de la marca de la manzana, a cuya tentación he sucumbido, mientras desde la rejilla del asiento de delante me mira un libro de Benjamín Prado, precisamente Siete maneras de decir manzana, que estoy leyendo para hallar inspiración para mis clases de poesía.

            Parte el tren: salimos hacia Córdoba, de donde bajaremos a Málaga, y de allí, por vía aérea, a Melilla. No sé si la ciudad habrá cambiado tanto como yo en estas cuatro décadas y media de mi ausencia, sólo interrumpidas, como una mancha negra en mi expediente de hijo pródigo, por unas breves y casi olvidadas vacaciones de mi infancia.

Heráclito habló de un río, pero ¿se vuelve a bañar uno en el mismo mar? Hace mucho que me siento más atlántico que mediterráneo, y con todo estas aguas son de algún modo mi placenta, y si me baño en sus olas lo hago en una corriente interior, y su sal es las sales, el sodio, los nutrientes de mi primer baño en el mundo.

Ya estoy sentado en una sala de espera del aeropuerto de Málaga, entre turistas holandeses, irlandeses, británicos, que regresan a su lluvia y su laboriosidad. La mañana es aquí espléndida, y dentro de poco la veré orear, turquesa, el mar bajo las alas del avión, las olas bajo las alas aliterativas, como versos de una gran ora marítima. Llaman por la megafonía a los pasajeros de Aer Lingus que han de embarcar a Cork. Lo oigo y empiezo a salivar, listo ya para una pinta (me he levantado muy temprano esta mañana).

Hay un vértigo, no de altura, sino de hondura y tiempo, en esta acción de presentar un libro propio, firmado con mis dos apellidos, en el colegio donde mis padres fueron profesores, el Buen Consejo, en su edificio neogótico y algo venecianante que hoy es la UNED. En el aula que sirve de salón de actos, leo un poema y apenas puedo seguir hablando. Se me entrecorta la voz (sin duda porque no han puesto una botellita de agua…).

A la mañana siguiente, recorro Melilla la Vieja, subo por las murallas, acaricio los cañones, que no llegan a calentarse porque el aire es fresco, de poniente; oteo el mar y la costa a derecha e izquierda. Paseo por el Parque Hernández y busco el que fuera hospital de la Cruz Roja, en cuya maternidad comenzaron originalmente estas líneas. Pocas veces una metáfora, alegoría casi, le sale a uno al encuentro tan meridiana y desoladamente.

Pandemia y falacia patética


Las preocupantes noticias  que llegan de México y de la propagación de la epidemia de gripe porcina -mutatis mutandis nueva- viene acompañada de la propagación, más leve por supuesto, de palabras y acepciones incorrectas que infectan el idioma. Hace años ya que el lector de noticias o la audiencia de los telediarios está acostumbrado al ascenso general de los agentes de policía norteamericanos, que resulta que todos, hasta los más bisoños, son oficiales. Officer en inglés no es siempre oficial; de hecho, la estadística muestra que más veces es meramente agente. 
En cuanto a la pandemia, no es "severa" (como si tuviera voluntad de ser rigurosa o dura en el castigo), por favor, sino grave. Con gran ligereza se maltraduce severe. Algunos deberían ponerse las mascarillas en la boca, y no para evitar el virus, sino para no propagar sandeces.

martes, 28 de abril de 2009

Este poema tiene horas


Aún no tiene título, pero recoge una experiencia de esta mañana:

Nací en este hospital.

En éste no: en aquél.

La fachada es lo único que queda;

detrás, vigas de hierro, y un cielo abierto

que sin más transición habita sus paredes.

 

Un grupo de albañiles recupera

este viejo hospital para otros usos.

Manos encallecidas, recios músculos,

contrastan con mi piel y la dureza

distinta y clandestina

que en este instante ocupa mi garganta.

 

Apuntalada imagen

no de los ladrillos: de mis años.

Por esa ventana que da al cielo,

aunque fuera, estoy dentro, y regreso

a una sala muy blanca, ya borrada

de todo menos de mi imaginación.

 

Un pájaro que sale trae al pico

una rama amarilla.

 

No tiene nido.

                            Como yo.

En Melilla


Acabo de regresar de Melilla, donde he participado en la fabulosa Semana del Libro, que como los 8 Días de Oro o la Quincena Fantástica de El Corte Inglés dura bastante más del tiempo declarado. Reencuentro con mi ciudad natal. Emociones. He presentado mi libro Las líneas de otras manos: esbozos de crítica literaria (Servicio de Publicaciones de la Comunidad Autonómica de Melilla y el Centro Asociado de la UNED en Melilla). En él hablo de Felipe Benítez Reyes y de Oscar Wilde, de Yeats y Li Po, de Blanco White y Chesterton... Como se ve, estoy bien acompañado.

sábado, 25 de abril de 2009

Algunas fotos de Islandia







Tratando de poner algún orden efímero en la biblioteca, se me ha caído al suelo el ejemplar del viaje islandés de Auden y MacNeice. Coincide esto con el traslado de los álbumes de fotos al nuevo ordenador (del que hablaré otro día).  Y como doy con fotos de Islandia que hacía tiempo que no veía, aquí dejo un puñado, no sé cuáles hechas por Teresa y cuáles por mí (en algún caso, la autoría es obvia).


jueves, 23 de abril de 2009

Antes de que Internet se hubiera extendido, a la información bibliográfica se accedía mediante libracos en papel o con microfichas que se consultaban con unos aparatosos visores. Cuando trabajaba en The English Bookshop de Sevilla, hará diecisiete años, compuse este soneto que deseo compartir con los letraheridos el Día del Libro:

WHITAKER’S BOOKS IN PRINT

Te asomas al lector de microfichas

en una quête de títulos exóticos.

Los libros son tus únicos narcóticos;

tu única droga, las palabras dichas.

 

Pero buscas agujas en pajares:

libros en galés, el mundo que te asedia,

los reinos celtas en la Alta Edad Media,

su voz pagana y sus santos lugares.

 

Te corroe la vista la pantalla,

bajo mística bruma se te nubla.

Entonces, la aparición: como “Kubla

Khan”, que un sueño reveló. Quien busca halla:

 

cifra de la hermosura, un ISBN,

título, editorial... La luz adviene.



martes, 21 de abril de 2009

Vacaciones de invierno

Si, como ya tengo dicho, este cuaderno de bitácora se rige, alocadamente, por la hora local de Irkutsk, adonde dirigió sus pasos aquel famoso correo del Zar, he de reconocer que, aunque la fecha con que signo esta entrada sea miércoles 22 de abril, aún es día 21 en España, y a punto estoy de coger la autopista para participar en la presentación de Vacaciones de invierno, la novela de José Manuel Benítez Ariza que hemos editado en Paréntesis.
Lo diré de viva voz y con micrófono, pero no está de más dejarlo aquí por escrito: Vacaciones de invierno es una joya literaria, y presentarla en forma de libro, haberse ocupado de su edición, ha sido para mí un privilegio. Además de los enlaces anteriores, aquí un comentario del poeta José Luis Piquero sobre la obra que se presenta esta tarde en la Asociación de la Prensa de Cádiz (c/ Ancha, 6), a las ocho de la tarde.

lunes, 20 de abril de 2009

Regreso de Cosmopoética

Estupendo fin de semana en Córdoba, abducido por Cosmopoética. Me traigo en la retina y el oído la cara de estupor de Eduardo García, que no acababa de creer que había obtenido el Premio Nacional de la Crítica; los varios acentos de la lengua: uruguayo en Rafael Courtoisie, chileno en Teresa Calderón, argentino en Arturo Carrera, andaluz en María Victoria Atencia, cubano en Lorenzo García Vega...; la copa de vino blanco de Álvaro Mutis y las gesticulaciones de aprobación de éste mientras leían otros, en contraste con su distante circunspección al llegarle el turno; la excelente sextina sobre el Japón que leyó Ruth Fainlight; los mosaicos, los patios, la luz sobre la piedra; el chino, el árabe, el sueco polifónicos; la gabardina de Allan Sillitoe, que crece mientras él mengua, como la luna en algún verso recitado...

En casa, garabateo estas líneas, algo keatsianas y platónicas:



MIRLO EN SEVILLA


¿Nos ha seguido?

El mirlo en la azotea

es el mismo de Córdoba.





domingo, 19 de abril de 2009

Eco de Wells


Regreso de Cosmopoética (hablaré de ella mañana) y de Córdoba, en cuya Feria del Libro he visto y palpado la autobiografía de H. G. Wells que he terminado de traducir recientemente para la cordobesa editorial Berenice. Ha quedado muy bien el volumen, y ya estoy deseando recibir mis ejemplares. Al llegar a casa y abrir el ordenador, veo que se publican unas declaraciones que sobre el libro me pidió Alfredo Valenzuela para EFE hace unos días. Curioso: ayer mencionaba a Valenzuela acerca de la entrevista que le hizo al extraño Pepe Cala, y aquí está de nuevo ahora, consignando mis impresiones sobre Wells.

sábado, 18 de abril de 2009

El último maldito: Pepe Cala

Javier Sánchez Menéndez dedicó hace unos días una líneas a uno de los pocos bohemios de la literatura que van quedando. Espoleado por su anotación, dejo aquí un artículo inédito que escribí hace más de una década sobre el impar personaje. Algo he tratado a Pepe, y aparte de lo que digo en el artículo es mucho lo que callo sobre él, por respeto. Otras páginas dedicadas a él aparecen en el libro de Alfredo Valenzuela Leones y camaleones y en el primer volumen de las memorias de Javier Salvago.

Dentro de las actividades programadas por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía en el marco de la próxima Feria del Libro de Sevilla, tendrá lugar el ciclo ‘Bohemia y Literatura. Centenario de la muerte de Alejandro Sawa’, cuya coordinación correrá a cargo del propio Valenzuela. Además de la figura de Sawa, este ciclo se ocupará de otros insignes “bohemios” como Rafael Lasso de la Vega y Rafael Cansinos Assens. Cala es un superviviente de aquellos modos. Aquí el anunciado artículo inédito:



EL ÚLTIMO MALDITO: PEPE CALA

Juan Manuel de Prada, que tantas páginas memorables ha ido dejando sobre autores “desgarrados y excéntricos”, como él los llama, debería ocuparse de este último especimen contemporáneo de aquella caterva literaria, tan lucida. Así, a las estampas de Pedro Luis de Gálvez o Buscarini, u otros no sólo fijados en su novela Las máscaras del héroe, sino también en las puntuales (ay, hasta que cesaron) entregas en la revista Clarín, luego recogidas en libro, debería sumar la de este extraño vate y peculiar pellejo.

José Cala Fontquernie es el nombre completo del poeta más pertinazmente inédito del parnaso sevillano. Ha de tener una edad que ya supera con creces la cincuentena, pero él, tan frágil y de cristal, con sus ojos vivísimos tras de sus gafas, tan frecuentador de actos literarios en los que se codea con despistados escritores en ciernes, parece más joven sin duda. El rasgo más sobresaliente de su cabeza era la raya que, en medio, peinaba esa planchada cabellera que se iba haciendo rala. Ahora su cabello va cortado al cepillo, y una barba hirsuta le da algún espesor al flaco rostro.

Id a cualquier convocatoria poética y allí estará Pepe Cala, siempre con su máquina de fotografiar con la que inmortaliza las lecturas, las poses y comparecencias públicas de los otros, ya que no las suyas. Dije que los resultados de su trato con la musa permanecen sin publicar, y los organizadores de una u otra velada, jornadas, lecturas, se han acostumbrado tanto a su figura omnipresente que no se detienen a cruzar con él más que las palabras estrictamente necesarias, saludos que saben se repetirán en el próximo acto al que Pepe Cala, sin duda, asistirá también. ¿Ignoran que escribe, o prefieren ignorarlo para que no les recite sus versos?

El álbum fotográfico de Cala debe de contar con centenares —¿millares?— de retratos de poetas célebres y oscuros, de imágenes de todos los salones de Sevilla susceptibles de ser utilizados para una lectura, de momentos que ya los protagonistas han olvidado. Tal archivo documental bien valdría no sólo para una historia de la poesía sevillana en el último cuarto, o más, del siglo XX. También sería de provecho para el más amplio horizonte de la lírica nacional, pues es un hecho objetivo —el de su omnipresente cámara— que no hay bardo o vate, poeta o poetastro, que habiendo bajado al Sur y la capital del Betis no haya sido inmortalizado por Pepe Cala.

Pero esta vasta obra gráfica suya no nos debería hacer olvidar su poesía, de la que se tienen noticias pero no ejemplos. ¿Quién ha leído los versos de este hombre? Muy pocos, sin duda; y quienes lo han hecho no creo que tengan inconveniente en reconocer que los pocos frutos conocidos del poeta son, en caprichosa mezcolanza, buenos y malos. Éstos no deberían hacer sombra a aquéllos, y me atrevo a pronosticar que una antología exigente de los versos de Cala redundaría en un hermoso libro, perfectamente publicable. Lo que al protagonista de esta estampa le pierde no es lo que de más ganga pueda haber en su poesía, sino más bien él mismo, el personaje: un tipo torvo y gris, y como tantos muy dignos poetas, con menos magnetismo personal que una brújula descacharrada.

Cala está poblado de fantasmas y tribus enteras de contradicciones que campan a sus anchas por su menudo cuerpo. Franquista y creyente en el tarot, escurialense y pitonísico, mantiene con Sevilla la misma relación de amor y odio que Cernuda, y su Arcadia es un Jerez de la Frontera que ha encarnado como nadie Francisco Bejarano. Cenceño como pocos, inteligente, afilado, la suya es una estampa digna de la bohemia de principios de siglo. No podría uno ridiculizarlo aunque quisiera. Cierta imagen romántica quiere que un poeta sea más el personaje que su obra. Esto es lo que ha mitificado a muchos. Si un poeta es alguien que no vive en paz consigo mismo, Cala lo es, y de los grandes.

viernes, 17 de abril de 2009

Puertas para entrar en Dublín




Una lectora amiga me escribe para decirme que echa de menos, en la lista de artículos de viaje que publiqué aquí hace un par de días, alguno sobre Irlanda. En realidad, lo que hace es alertar sobre mi desmemoria: éste que enlazo aquí lo publiqué también en El Viajero hace poco más de dos años. Donde dice "carteles" en la primera línea, léase pósters: quería yo buscar una triple aliteración, tan céltica, con postales y postigos, pero en El País prefirieron anteponer su libro de estilo al estilo literario.

Puertas para entrar en Dublín

miércoles, 15 de abril de 2009

martes, 14 de abril de 2009

Fósil

Este poema tiene escasas horas. No sé cuántos miles de años la realidad rota que guarda.


FÓSIL


Sobre esta planta fósil han vencido

el mármol del salón y los estantes,

Newton y su ley, la busca a ciegas

−con dos copas de más− del sortilegio

cifrado en un unos libros que me huían.

Millares o millones de años hoy

la escoba arrastra al cubo de basura.


Pero no todo cae y se destruye:

la tarde en que encontramos su belleza,

el breve instante inmenso en que convergen

épocas olvidadas y la nuestra,

guardará la memoria. No es posible

romper lo que se imprime en nuestra alma.


Como gota de ámbar aún conservo

de las mínimas hojas la verdura.


lunes, 13 de abril de 2009

Un ramillete de libros


La primavera me ha traído un ramillete de libros (no nacidos por germinación espontánea, sino por duro trabajo) que llegarán en los próximos días y semanas a las librerías. Al volumen de ensayos de crítica literaria Las líneas de otras manos (Servicio de Publicaciones de Melilla/UNED) se unirán sendas traducciones en prosa: Experimento en autobiografía de H. G. Wells (Berenice) y Los viajes de Gulliver (Pre-Textos). Por no olvidar la versión en endecasílabo blanco de Hero y Leandro de Christopher Marlowe que en mayo publicaré en La Palma, al cuidado editorial de Paul Viejo y Javier Vela. El cuadro que ilustra esta entrada es precisamente "Hero y Leandro", de William Turner.
Se me olvidaba: también antes del verano o a principios de otoño Renacimiento publicará Pero sucede, la antología que he preparado de la poesía de Eduardo Jordá.

domingo, 12 de abril de 2009

On the Road

No me refiero al periplo de Jack Kerouac, por más que este pasado verano nos asomáramos al callejón que recibe su nombre en la nublada San Francisco, junto a la librería City Lights. Me refiero a lo ajetreado de la agenda de las próximas semanas. Me he quedado en Semana Santa en Sevilla, pero luego no me van a faltar los viajes (los más de ellos, modestos y breves, es cierto).
Estaremos el fin de semana que viene, días 18 y 19 de abril, en Córdoba, empapándonos de verso en Cosmopoética (de mero oyente). Luego pasaremos por Cádiz el 21 para la presentación de la novela Vacaciones de invierno, de José Manuel Benítez Ariza, que hemos editado en Paréntesis. El 23 por la mañana iremos a Castilblanco de los Arroyos a hablar de Antonio Machado, en un acto organizado por la Diputación de Sevilla con motivo del Día del Libro. Luego, los días 27 y 28 de abril volveremos a Melilla, tras casi cuarenta años de ausencia, para presentar mi libro Las líneas de otras manos, que ha sido editado por el Servicio de Publicaciones de la ciudad autónoma en colaboración con el centro de la UNED en Melilla. Al día siguiente, el baúl de la Piquer se trasladará en otra visita relámpago a Jerez para presentar de nuevo el libro de Benítez Ariza en la Feria del Libro. En fin, que va a ser un mesecito agitado...

sábado, 11 de abril de 2009

Billares y versos



El joven Álvaro Mutis se escapaba a jugar a los billares. Y ha contado esto a Javier Rodríguez Marcos en una entrevista publicada en El País: "¿Qué aprende un poeta en unos billares? Pues una especie de ritmo. Hay que golpear la bola de forma que golpee a otra y a otra más. Como las imágenes de la poesía. Uno menciona una cosa, pero al mismo tiempo está mencionando una o dos más. Todo un mundo, pues. Siempre que jugaba al billar me sentía como escribiendo un poema."
Mutis estará en Cosmopoética, en cuya lectura de clausura participará el próximo domingo 19 de abril en el Alcázar de los Reyes Cristianos (Córdoba).

jueves, 9 de abril de 2009

El mundo de H. G. Wells



Por fin, y me ha costado sudor que ahora me parece sangre, está a punto de salir mi traducción de Experimento en autobiografía de H. G. Wells, que publica Berenice. Con una obra de más de siete centenares de páginas, con cartas e ilustraciones y un Wells muy vívido en el testimonio de anécdotas pero espeso en la exposición de ideas (él mismo confiesa que su estilo y claridad dejan a veces que desear), es un trabajo que ha sufrido mil vicisitudes: momentos de ansiedad, de difícil compaginación con otras obligaciones, de spleen o melancolía, de "pájara" en el argot ciclista.
Cuando ya creía que había puesto el punto final, resultó que había perdido archivos y varias secciones de capítulos, evaporados en el trasiego de un ordenador de sobremesa al portátil con el concurso de un correveidile (el lápiz de memoria) que ha demostrado ser más traicionero que socorro. Otra vez a recomponer, a traducir, a zurcir los párrafos. Menos mal que David González Romero es un editor de raza y con profesionalidad y delicadeza a partes iguales ha ido capeando el temporal, hasta llegar a buen puerto. Siento que Javier Fernández y Ana Ramos ya no estén en Berenice para disfrutar de esta gran obra.
Experimento en autobiografía (nuestro idioma y yo mismo hubiéramos preferido la preposición "de") enmienda ligeramente el título de una traducción anterior, pésima donde las haya, de alguien que firmó como L. F. Aquella edición vio la luz en la Espasa Calpe argentina en 1943. Si a León Felipe (ay, ese era el nombre del tradittore) se le permitió tal montaña de yerros, confío en que se pueda disculpar algún error menor en el que tal vez yo haya incurrido en mi traslación.
Wells está de actualidad por la reciente novela de Félix Palma El mapa del tiempo, que va a ser editada en los Estados Unidos con un anticipo de derechos de los que aquí no se estilan. Escarmentado de lo sufrido en mis propias carnes y lo hecho sufrir a otros al traducir la autobiografía del autor de La máquina del tiempo, me he comprado con parte de mi minuta un nuevo ordenador de la tentadora marca de la manzana: me quedo tranquilo al ver que, en homenaje a Wells, el cacharro posee una "Time Machine" además de una "Time Capsule" que hace copias de seguridad automáticas.

miércoles, 8 de abril de 2009

Setenta años de Heaney


El poeta irlandés Seamus Heaney, Premio Nobel de Literatura, cumple el próximo 13 de abril setenta años. Para celebrarlo, en su patria se prepararan diversas celebraciones, y en el doble consulado virtual de Irlanda y la poesía que es este blog nos haremos eco de ellas, no en vano Heaney es hoy uno de los mayores poetas vivos. La Radiotelevisión Irlandesa (RTÉ) ha preparado diferentes programas, que incluyen la emisión de música original dedicada al poeta, así como la edición de un estuche que contiene, grabados por el mismo autor (¡y cómo lee Heaney!), sus once poemarios hasta la fecha (quedan excluidas sus versiones de otros, como su aliterativo Beowulf).

Para unirnos a esa gran fiesta, dejo aquí el enlace a un poema que escribí inspirado por su lectura en Córdoba la pasada primavera.

martes, 7 de abril de 2009

Cartografía cernudiana



Luis Alberto de Cuenca se ocupó de Luis Cernuda. Años españoles (1902-1938) en una amplia y generosa reseña de Cuadernos Hispanoamericanos que reproduzco aquí, como acicate y estímulo en tanto termino el segundo tomo de la biografía, que habrá de aparecer en Tusquets en el otoño de 2010. Otras reseñas recientes son las de Vicente Araguas en Revista de Libros, Fernando Iwasaki en El Mercurio de Chile y la de Toni Montesinos en Letra Internacional. A todos ellos gracias.

domingo, 5 de abril de 2009

La tierra estéril


Escritor, profesor y crítico colombiano, Jaime Tello (1918-1996) dirigió el suplemento literario de El Liberal y la emisora Nuevo Mundo en Bogotá; también colaboró en la BBC de Londres y en el departamento de radio de las Naciones Unidas en Nueva York. Vivió buena parte de su vida en Caracas.

Vertió poetas venezolanos al inglés, y brasileños, norteamericanos y japoneses al español. Además tradujo a Eliot y a Stephen Spender. Su propia obra poética incluye Geometría del espacio (1951), Homenaje a Juan Ramón (1965) y Geometría del espacio y otros poemas (1971).

Al parecer, sus traducciones son muy valoradas en Venezuela y Méjico, y se afirma que Eliot pudo revisar la versión que de él hizo Tello. En España, el lector de Cernuda tal vez lo recuerde porque es el autor de una de las entrevistas que se incluyen en el segundo tomo de la Prosa completa del sevillano. Apareció, “Hablando con Luis Cernuda” el 7 de octubre de 1945 en El Tiempo, pero no fue en absoluto del gusto de Cernuda, que se sintió obligado a replicar al director del periódico bogotano, despachándose con esa “conversación imaginaria”, pues no vio sus respuestas (que dio por escrito) fielmente reproducidas. Curiosamente, sale el nombre de Eliot en la entrevista, aunque no sabemos si la respuesta transcrita por Tello -casi un anagrama de Eliot, error de escaneado mediante-, sería del todo fidedigna. Preguntado por los poetas ingleses del momento, Cernuda parece que contestó: “Creo que Eliot es sin duda el más grande de todos y uno de los grandes poetas del mundo. Especialmente, su última obra, Cuatro Cuartetos (Four Quartets) es de una trascendencia extraordinaria y es en ella donde Eliot se ha logrado mejor desde el punto de vista del lenguaje. ¡Qué lenguaje más rico! ¡Qué exactitud y precisión en el concepto!”

Ahora la editorial Visor publica la edición bilingüe de The Waste Land que Jaime Tello firmó bajo el título La tierra estéril. Disquisiciones sobre la oportunidad del título aparte, el libro de Tello presenta algunas características chocantes. En primer lugar como es norma en inglés (y uso de Cernuda), los versos de la traducción comienzan todos con mayúscula. Por contra, como si ese derroche de tinta hubiera de ser compensado, no hay signos de admiración al comienzo de frase, postergándolos, como en inglés, a su final. Luego están las notas. Eliot no tenía previsto incluirlas inicialmente, pero fue tal la poda a la que Ezra Pound sometió al poema que sin ellas el volumen sería extraordinariamente delgado; son por eso, además de nota aclaratoria sobre nota, nata para espesar el guiso. Aquí, las de Eliot se barajan con las de Tello (como haciendo buena la wicked pack of cards del verso 46), sin una jerarquía que hubiera sido necesaria. Está además el estilo, con formas verbales arcaizantes que como “nubláronse” dejan cierta sensación de estupor en un lector del siglo XXI (¿anagrama a su vez del XIX?).

Sin embargo, hay elementos valiosos: la introducción es ilustrativa, muchas de las notas también, y no pocas de las traducciones que se dan de poemas que se citan en ellas son notables, como en los casos de Shakespeare o Pope. En cuanto a la traducción del propio Eliot, no es la mejor, al menos para lectores a este lado del Atlántico.


sábado, 4 de abril de 2009

Cernuda y Keats (I)


Luis Cernuda en la azotea de la librería de Sánchez Cuesta, h. 1930.



Comienzo aquí la publicación serializada de un ensayo que apareció, entre varios más, en Con otro acento. Divagaciones sobre el Cernuda Inglés, libro con el que gané el Premio Archivo Hispalense que convoca, y publica, la Diputación de Sevilla. Uno no ha ganado muchos premios, pero suelo contar que aquel día obtuve con cuarenta y cinco minutos de diferencia este que digo y el Premio Andaluz a la Traducción Literaria en su primera convocatoria, que más recientemente ha pasado a llevar el nombre de Rafael Cansinos Assens. Un día con suerte, pues sólo al azar puedo atribuir el error por partida doble.
Como Con otro acento no ha circulado mucho, por no haber sido publicado en editorial comercial, y aun recomendando su lectura en papel, dejo aquí la primera parte de "Cernuda y Keats":


CERNUDA Y KEATS


Aunque Keats era muy joven cuando murió, y en parte estuviese todavía bajo los encantos de la cámara del pensamiento virginal, su conocimiento de la vida alcanzaba más allá de ella, bastante más allá de lo que cualquier otro poeta excepcional haya podido alcanzar a la misma edad.

(Luis Cernuda, Pensamiento poético en la lírica inglesa).



En un poema de Testamento del náufrago, Juan Luis Panero repasa sus memorias de Luis Cernuda en diferentes ciudades —Madrid, Sevilla, Londres, Nueva York, Méjico—, y en Roma —de todos ellos, el único lugar donde Cernuda no estuvo—, vuelve a acordarse significativamente del autor de La realidad y el deseo (“en la casa en que muriera Keats, / bajo la luz transparente de principios de otoño, / he vuelto a sentir, casi un temblor, tu presencia”). ¿Por qué precisamente Keats despierta la evocación de Cernuda? ¿Qué resorte liga, inconscientemente o no, en el pensamiento de Juan Luis Panero a dos poetas de países y siglos distintos? ¿Qué une, en suma, a John Keats y Luis Cernuda, más allá de la anécdota del viajero en Roma que, siendo un niño, conoció y trató al poeta sevillano cuando éste vivía en la Gran Bretaña?

* * * * *

Sabido es el interés por la poesía inglesa que guió a Cernuda desde ese momento decisivo de su vida, el destierro, hasta su muerte en Méjico en 1963. No poco se ha escrito sobre su lectura o lección de Eliot, por ejemplo, o de su devoción por Shakespeare. También los grandes románticos ingleses —tras el ahondamiento en la propia tradición hispánica, en la francesa, en la alemana de Hölderlin— le aportarán un caudal poético de primera magnitud. Efectivamente, Browning, Wordsworth, Keats, abrieron a Cernuda una ventana que no daba sino sobre sí mismo, descubriéndole al tiempo que una serie de recursos o artes relativas al oficio sobre todo la confirmación de su propio ser poético, de su vocación, de su sola posibilidad en la poesía.

Con fundamento, Philip Silver nos habla de Cernuda como el único, solitario poeta romántico español, bien que a deshora. Pero ya antes, Dámaso Alonso y Pedro Salinas habían señalado ese romanticismo peculiar de la obra cernudiana, llegando a decir Salinas, en 1936, que el título mismo de La realidad y el deseo “corresponde a la entraña del alma del hombre, tal y como se la plantearon los románticos”. También Juan Ramón Jiménez hablaría de ese romanticismo incipiente, de raíz alemana e inglesa, en palabras que más tarde le parecerían a Cernuda un ataque soterrado a su persona. Y en fecha muy posterior, estudiosos como Rafael Argullol y Gabriel Insausti han abundado en la idea: el primero, en sus textos “Cernuda romántico” (incluido en Territorio del nómada) y “Héroes románticos: el enamorado” (de El héroe y el único), donde habla de la pasión como “el gran acto en el que la imaginación romántica se trasforma en pathos”, haciéndose eco de que Cernuda la llama “un instante desmesurado”, y Keats “un momento de vida”; el segundo, en su libro La presencia del romanticismo inglés en el pensamiento poético de Luis Cernuda, que no es, ya desde su mismo título, sino el reverso temático de un libro capital del propio Cernuda, Pensamiento poético en la lírica inglesa del siglo XIX. Y aunque Insausti refleja parte de la presencia de Keats en el autor de Las nubes lo hace de una manera general y en un contexto compartido con otros poetas como Shelley, Coleridge o Wordsworth.

Cernuda nos cuenta un episodio en el que, un día, a caballo, cumpliendo el servicio militar en su ciudad natal, tuvo —de manera semejante a San Pablo— la revelación de la poesía. Creamos su testimonio epifánico. Y digamos aún más, que ya a caballo de la poesía, el sevillano, como el de Tarso, volvió a caer en Inglaterra —puede que sin saberlo hasta más tarde— para hacerse el gran poeta que hoy es admirado. Porque no es el autor de Primeras poesías o de Égloga, elegía, oda, ni siquiera el de Los placeres prohibidos o Donde habite el olvido, el que raya a la altura de los poetas verdaderamente grandes. Y esto no es simplemente por razones de juventud o inmadurez. A Cernuda le estaba destinado otro dominio en el que sólo se adentraría, sin retorno, con el exilio: ser el poeta hondo, moral, rebelde, que en España —cosa insólita— ha sido sucesivamente faro de tres generaciones de jóvenes poetas, desde la llamada generación del cincuenta para acá; un gran poeta europeo en nuestra propia lengua.

I

CAMINO AL ROMANTICISMO

Luis Cernuda, atraído ya por la poesía pero aún no autor publicado él mismo, tuvo la privilegiada ocasión de ser alumno de Pedro Salinas, catedrático de literatura en Sevilla. Era 1920, y Salinas, que acababa de regresar de La Sorbona, introdujo a Cernuda en la poesía francesa: Valéry, Mallarmé, Lautréamont... También le prestó varias obras de Gide, que le sirvieron para reconciliarse con su homosexualidad. Éste era el primer contacto de Cernuda con una tradición poética foránea, y no sería el último; también la primera influencia exterior, perceptible en el que fuera su primer libro, Perfil del aire, hoy convertido en Primeras poesías.

Más tarde, Cernuda pasará por el surrealismo, o superrealismo, como él prefiere llamarlo. Vendrán lecturas de Aragon, Breton, Eluard, Claudel..., y la cristalización de estas obras ajenas en la suya propia, que alcanza su momento más deslumbrante con Un río, un amor y Los placeres prohibidos, libros a los que sucederán en un proceso gradual hacia un cierto romanticismo Donde habite el olvido e Invocaciones. Efectivamente, Cernuda —al día de las novedades editoriales francesas en la librería de Sánchez Cuesta y posteriormente en Toulouse, durante su lectorado— conoce el surrealismo, que, como ya han señalado tantos, no es sino una forma del romanticismo llevado hasta sus últimas consecuencias, su final lógico, si es ésta palabra que se pueda emplear referida a surrealismo. Poco sospecha entonces el poeta que, tomando ese furgón de cola, llegará, pasando de un vagón a otro, al descubrimiento del que es su motor a partir de esa fecha emblemática de 1936; un tren que por su valiosísima carga no importa que llegue tarde, muy tarde a la estación.

Los libros surrealistas ceden finalmente el testigo a Donde habite el olvido, un homenaje a Bécquer, un librito neorromántico que presagia nuevas miras, ya plenas, maduras, en Invocaciones. En Historial de un libro se lee:

Ya no tenía necesidad del superrealismo y comenzaba a ver, por otra parte, la trivialidad, el artificio en que degeneraba al convertirse en fórmula poética. La lectura de Bécquer o, mejor, la relectura del mismo [...] me orientó hacia una nueva visión y expresión poéticas, aunque todavía apareciesen en ellas, aquí o allá, algunos relámpagos o vislumbres de la manera superrealista.

Cernuda aún distaba de alcanzar la fuente originaria del romanticismo, pero ya había reparado en la obra de su paisano, el poeta “romántico” español por antonomasia. En realidad, ya lo había leído en fecha tan temprana como 1911, en la casa familiar, pero ahora es cuando busca su sombra y, trascendiéndola, enseguida pasa a la órbita de Hölderlin, a quien traduce en 1935 con la ayuda de Hans Gebser. No es nada nuevo decir que la huella del genial poeta alemán es palpable en “Himno a la tristeza” y en “A las estatuas de los héroes”, los dos poemas que cierran Invocaciones. Con él también coincide en el amor por lo helénico, que permeará hasta el final su visión del mundo.

Cernuda ya está preparado para su encuentro con los otros grandes románticos europeos: Leopardi, en 1936, durante los difíciles días del Madrid bélico, y, por fin, en Gran Bretaña, Wordsworth, Coleridge, Keats...




viernes, 3 de abril de 2009

Dos alas para Leda




Jordi Doce publica en su blog una traducción, muy buena por suya, del célebre soneto de W. B. Yeats "Leda y el cisne". Esto tienen los blogs: se la alabo y muestra curiosidad por la mía. A su ala sumo ésta, complementaria del vuelo del ave. Ahí va, ¡hala!:

LEDA Y EL CISNE

Un golpe repentino: las grandes alas baten
en la atónita joven, acarician sus muslos
las oscuras membranas, prende el pico su nuca,
su desvalido pecho pone el cisne en el suyo.

¿Cómo pueden sus dedos, leves, horrorizados,
apartar de sus muslos esa gloria emplumada?
¿Y qué puede su cuerpo, en esa blanca embestida,
sino oír el latido del corazón extraño?

Un temblor en el lomo allí entonces engendra
murallas destruidas, fuego en tejado y torre
y a Agamenón muerto.
Estando así cautiva,
a merced de la sangre aérea de la bestia,
¿recibió su poder y su sabiduría
antes que la soltara el insensible pico?


W. B. Yeats, trad. de A. R. T.



(Maldito blogger, o bloody blogger: no consigo el sangrado ante "Estando así cautiva", lógicamente segundo hemistiquio pero presentado en línea aparte de "y a Agamenón muerto")



José María Merino en Sevilla




Nos anuncia Fernando Iwasaki que el próximo 14 de abril José María Merino presentará en Sevilla su libro La sima (Seix-Barral) en el Aula de Cultura de ABC. Será a las 20 h. en el Hotel Alfonso XIII. Sólo he podido encontrar la cubierta del libro en blanco y negro, lo que, bien mirado, no desentona con su ilustración.

jueves, 2 de abril de 2009

En una estación de metro




Se inaugura hoy el metro de Sevilla, y traigo aquí un poema muy conocido de la etapa imaginista de Ezra Pound, "In a station of the metro", que cabría, impreso o garabateado, en un billete del mismo:

La aparición de estos rostros en la masa,
pétalos sobre el negro de una rama mojada.

Puede leerse, con muchos del autor, en mi Antología poética de Ezra Pound (Universidad de Sevilla, 1991)

miércoles, 1 de abril de 2009

Entreluces


Uno de los mejores prosistas españoles vivos, Aquilino Duque es también poeta, bien que lento, es decir, exigente consigo mismo. Hacía por ello una década que no publicaba libro en este género, el lírico, desde aquella Poesía incompleta en la que adelantaba parte (veintidós poemas) de este poemario, del que ya anunciaba entonces el título. Entreluces se suma, pues, a la trayectoria formada por títulos como La calle de la Luna (1958), El campo de la Verdad (1958), De palabra en palabra (1968), El invisible anillo (1971), Aire de Roma andaluza (1979), El engaño del zorzal (1986) y Las nieves del tiempo (1993). Hay mucho viaje y memento en estos versos del poeta sevillano. “Ya he escrito cuanto había de escribir / y vivido de sobra cuanto había de vivir”, escribe Duque en uno de los poemas que avanzaba en 1999, pero -a la vista está- el censo de poemas se ha ido incrementando, y la calidad, tan alta, no ha desfallecido.