sábado, 31 de enero de 2009

Poemas de LLywarch Hen (y II)




Dábamos aquí hace veinte días una serie de englynion atribuidos al poeta y rey galés Llywarch Hen (siglo IX). Aquí, los que propiamente prefiguran el tema del cuerno y el héroe de La Chanson de Roland:

–No te armes tras un banquete; no estés triste.
Penetrante es el viento, amargo el veneno.
Mi madre afirma que soy tu hijo.

–Me dice mi inspiración
que somos de un noble linaje;
mucho ha perdurado, Gwen.

–Penetrante mi lanza, fulgente en la batalla;
no dudes: guardaré el vado,
si ya no volviera, queda con Dios.

–Si sobrevives, te veré;
si te dan muerte te lloraré.
No pierdas en la lid el honor del guerrero.

–No te avergonzaré, batallador,
cuando se armen los brazos en la margen:
por mas que me acosen, resistiré.

–Cae una ola sobre la orilla;
una resolución luego se quiebra.
Huyen los fanfarrones en la lucha.

–Esto es lo que te digo:
donde yo esté se romperán las lanzas,
no gritaré ni me daré a la fuga.

–Blando el cenagal, dura la loma.
Unos cascos de caballo rompen el borde del río.
Una promesa incumplida no es nada.

–Hay arroyos junto al foso del fuerte;
y es mi propósito tener
antes de huir destrozado el escudo.

–El cuerno que te dio Urien,
con su cinta de oro en el cuello,
tócalo si es necesario.

–A pesar del horror de la batalla con taimados ingleses,
no me rebajaré en mi orgullo;
no despertaré a las doncellas.

LLYWARCH HEN

jueves, 29 de enero de 2009

Edimburgo




(Unas viejas páginas de mi libro Las ciudades del hombre (Llibros del Pexe, 1999). En esta aparición van dedicadas a la poeta Olga Bernad, que conoce bien la ciudad.)



El avión de la British Caledonian se acerca al aeropuerto como el ave que merodea a su presa en busca de la mejor coyuntura, para clavar su hambre en la cerviz. Pero es Edimburgo quien al aterrizar se hunde como un aguijón de hermosura en la conciencia de quien venía en el pasaje del gran pájaro. El agua del Atlántico Norte y de la ría del Forth, durante la evolución del aeroplano, van adueñándose y apartándose, sucesivamente, de las ventanillas de un cristal que impide la comunión absoluta que el viajero desea con esta tierra que ya casi toca.
Hay en inglés dos palabras para los vuelos nacionales -domestic flights les llaman- que bien describen por lo de doméstico este aeropuerto, una gran sala de estar a cuya puerta, como del domicilio de uno, lleva el autobús al corazón de la ciudad. Y uno se siente en casa cuando se apea junto a la estación de Waverley, de scottianos ecos, en este tajo formidable que parte la ciudad, como a una fruta en sazón, para los ojos ávidos.
El farallón del castillo reina -no preside: engendrado, no creado- sobre las calles y plazas, escoltado a mediana distancia por la colina de Calton, con sus monumentos grecorromanos del XVIII, y el áspero cerro conocido como el Asiento de Arturo, el rey de la Tabla Redonda que dice la leyenda se batió no lejos de esta villa. Por la aorta de Princes Street circula la sangre de la ciudad nueva hasta la ciudad vieja, y en dirección opuesta retorna la sabia vida de Edimburgo. Incluso la llamada New Town tiene ya la solera de sus doscientos años. Aquí el granito escocés, que alcanza su paroxismo en Aberdeen, levanta casas armoniosas en armónicas calles. De otras similares, de la inglesa Bath, escribe Andrés Trapiello -al que ya hay que citar como a Baroja o a Pla-: “Cuando el clasicismo son grandes palacios o edificios públicos, suele resultar inhabitable. Cuando vemos en una ventana neoclásica, como aquí, un gato de opulentas curvas y a su dueña, una de esas viejas transparentes e inofensivas como el té, no podemos pensar en otra cosa que en la vida.”
Edimburgo es una ciudad más culta que celta, más clásica que medieval y más neoclásica que barroca. Pero es sobre todo, y en cada una de estas facetas, una ciudad romántica siempre. ¿Quién que es no toma partido por la infortunada María Estuardo o ese mito perdurable del caudillo alzado y vencido, el Bonnie Prince Charlie de las baladas? Esas baladas que a un hombretón de cien kilos lo pueden llevar hasta las lágrimas cuando entre los camaradas suyos una noche canturrea en el musical dialecto "It was a’ for our rightfu’ King" en versos que confiesan la derrota: “Now a’ is done that men can do, / And a’ is done in vain”.
Edimburgo, Dùn Eideann, “El fortín de Edwin” (un rey de Northumbria amigo de Borges) es capital literaria de Escocia, madre del Dr. Johnson y David Hume, y también de Burns, Stevenson y Walter Scott, esas lomas amenas de las letras inglesas, si no cumbres, a las que ya casi nadie sube a aspirar su aire y su ventura. Un primo céltico suyo, nuestro Álvaro Cunqueiro, ha dedicado páginas emocionadas a alguno de ellos. “Que agora non se lea a Sir Walter Scott, a min entristéceme un pouco.” Pero todavía hay otros escritores aún menos leídos y de talla pareja: clandestinamente junto aquí las letras del nombre de Hugh MacDiarmid, el coloso desconocido de la poesía escocesa de nuestro siglo, nacionalista y bolchevique y autor de este verso descorazonador: “Nunca se permite la autenticidad”. Dejemos que Edimburgo sea ella misma y no la alabemos demasiado: como un lugar predilecto y difícilmente secreto que no quisiéramos ver que se divulga.

martes, 27 de enero de 2009

César y Bruno


Buscaros en la guía telefónica

y planear el golpe,

vecinos del segundo y de mis once abriles,

testigos de otro crimen: aquel tiempo

que nos fue arrebatado, como un reloj de oro

que marcaba otras horas y fechas,

a punta de navaja y cumpleaños.


De noche penetrar en vuestras casas

y tomar el botín, mientras dormidos

abrazáis a la esposa, o divorciados,

roncáis soñando

con vuestra propia infancia. Entonces

sacar de entre el serrín de vuestro hoy

los recuerdos de tardes en el parque

y aquellos balonazos que paraban mis gafas;

coger de la memoria los cristales

y juntos recuperar la pelota

embarcada en el balcón del olvido.

En alguna neurona vuestra, tengo

once años aún. Devolvédmelos.


Pero no por nostalgia: deseando

que todo hubiese sido diferente.

lunes, 26 de enero de 2009

Imágenes para unos versos



La Fundación Blas de Otero ha convocado un concurso para jóvenes entre los 14 y los 20 años, consistente en la unión de imágenes a versos seleccionados del poeta. En la página web de la Fundación pueden verse las bases.
"La poesía tiene deberes / igual que un colegial", son dos de los versos propuestos. Los que tenéis alumnos tal vez podáis transmitir esta convocatoria a los vuestros. Y no como deber, sino como ese derecho, la poesía, del que son titulares, aunque no lo sepan.

sábado, 24 de enero de 2009

Lo dijo Wordsworth

William Wordsworth


"The child is father of the man", el niño es padre del hombre. Medito sobre ello tras la publicación del anterior poema y a tenor de los amables comentario recibidos.

MY heart leaps up when I behold
A rainbow in the sky:
So was it when my life began,

So is it now I am a man,

So be it when I shall grow old
Or let me die!
The child is father of the man:
And I could wish my days to be

Bound each to each by natural piety



Así lo tradujo José María Valverde:

Mi corazón da un brinco cuando observo
el iris en el cielo:
así fue, igual, al empezar mi vida,
así es ahora cuando soy un hombre,
así será cuando me vuelva un viejo,
¡o dejadme morir!
El Niño es padre del Hombre: ojalá
mis días estuvieran vinculados
por natural piedad unos con otros.

jueves, 22 de enero de 2009

A MI HIJO, UNA TARDE DE LLUVIA

El parque está sombrío, y la alameda
desierta de los niños que se fueron.
La lluvia, la borrasca han dispersado
a todos a sus casas.
                                   En mi estudio
tu ausencia juega, triste, con los libros
que te han ido supliendo; tus pupilas
leen, inexistentes, los volúmenes.
Porque tú no venías, las lecturas
llenaron mis jornadas, por tu falta
traduje mil poemas.
                                     Hijo mío,
su tinta es ya tu pelo, sus cubiertas
los rostros de tu ánimo mudable.
Discúlpame, debiera haber buscado
tu risa con más celo; con ahínco,
tu mirada de asombro ante las cosas.
Vicariamente vives en las páginas
de hombres que he reescrito en esta lengua
que tú nunca hablarás.
                                         Callado quedas,
mudo entre las vidas que no han sido.
Los versos, las angustias, las metáforas
también los hijos son de tu silencio.

Llueve como en mi infancia, y te recuerdo
en charcos que pisaba con tus botas.

lunes, 19 de enero de 2009

Nos vemos en el Círculo



Como ya adelantaba hace unos días, el jueves 5 de febrero Seamus Heaney leerá sus poemas en Madrid. Allí nos vemos. Hasta entonces, os dejo aquí un poema suyo que he traducido para la ocasión.

COMO TODOS


Como todos, bajaba la cabeza

cuando eran consagrados pan y vino,

y alzaba los ojos a la hostia

y el cáliz levantados, y creía

(no importa lo que esto signifique)

que una transformación se realizaba.


Iba al comulgatorio y recibía

el misterio en la lengua; regresaba

luego al banco, y con ojos entornados

daba las gracias,

y reabriendo los ojos percibía

que el tiempo comenzaba nuevamente.

No hubo escena

en que ajustar cuentas conmigo ni con nadie.

La pérdida ocurrió entre bastidores.

Mas no sé renegar de esas palabras:

“acción de gracias”, “hostia”, “eucaristía”.

Eternamente atraen, temblorosas,

igual que agua de pozo en lo más hondo.




domingo, 18 de enero de 2009

Mendigo


Mendigo

JESÚS AGUADO • RENACIMIENTO 248 PÁGS • 10 €

Si hay un poeta español actual abierto al mundo, ése es Jesús Aguado, que no sólo es gran conocedor de la generación Beat o la poesía cubana, sino que -y en esto ocupa una posición única-, ha demostrado ser nuestro mejor intérprete y recreador de la vastísima tradición de la India, que le ha servido para realizar, asimilándola, versiones de su poesía devocional (no sólo hindú) así como para idear un heterónimo heterodoxo y sorprendente (Vikram Babu). Dos naderías, con ser mucho, comparadas con la constante enseñanza que, buen discípulo de todos y de nadie, le ha dado, y con la que ha adquirido una sabiduría trascendente pero vestida con levedad, profunda pero que no desdeña la piel para la caricia y arrancar estremecimientos (¡qué grandes poemas de amor guarda este libro!).

Aguado ha aprendido la lección del desposeimiento, y éste llega en esta antología de su obra poética a prescindir de los límites de libros anteriores, mezclando de forma nueva las monedas antiguas, como un divino pordiosero que reordena su hambre. Pues si los poemas han sido muy bien seleccionados y prologados por Juan Bonilla, la disposición de los mismos, saltándose fronteras, la ha realizado el propio Aguado, consiguiendo con ellos una nueva sintaxis (en poesía, el orden de los factores sí altera el producto) y rescribiendo incluso muchos de los poemas antiguos. Creo que, con símil que no disgustaría al autor, ha repartido los versos en nuevos equipos de niños para que jueguen por las riberas de Benarés o las calles del mundo.

Como un collar que cambia según se ensarten sus cuentas, aquí tenemos más de dos décadas de una voz proteica en constante evolución y que expresa este afán: “Alcanzar una intemperie donde echar raíces –ser raíz-, donde hundirse en la tierra mientras se alzan, pedigüeños, los brazos-ramas al cielo.”

Con mucho de bestiario y misticismo, sapiencial y riéndose de sí mismo, este libro no es sólo una aventura poética, sino también una honda lección espiritual. Sin los mejores poemas de Mendigo, que son muchos, cualquier antología de la poesía española contemporánea será, ella sí, más pobre.


sábado, 17 de enero de 2009

Qué es un poema, según Charles Simic


"Para mí, un poema es un lugar en el que uno invita a entrar a alguien. Uno construye una casita, lo pone todo mono. Dentro, tiene... un cuadro en la pared, un sofá nuevo, cacharros de adorno y souvenirs, una suculenta comida puesta en la mesa , y uno abre la puerta y espera que alguien entre..."


Publicado en Poetry Review

Hasta aquí la cita, pero cuidado: no pongamos demasiada azúcar en el café del lector que nos visita. Y, además, ¿no es también cierto que la poesía de uno puede ser una cueva, muy lóbrega a veces, y no siempre hospitalaria, ni bonita? Siempre se quiere que entre alguien, es cierto. ¿Para invitarlo a comer o para devorarlo?

viernes, 16 de enero de 2009

Segundos centenarios



No sólo celebramos en 2009 el segundo centenario de Edgar Allan Poe. También el de Sir Alfred Tennyson: el gran recreador de la literatura artúrica en Los idilios del Rey, el poeta de "La Dama de Shalott", el cantor épico de "La carga de la Brigada Ligera".
Recuerdo que compré sus obras completas en una librería de segunda mano de Edimburgo, en 1986, y enseguida me puse a traducirlo en versión que al cabo de los años publicó Pre-Textos. En esa antología (La Dama de Shalott y otros poemas) se incluye un nostálgico "La margarita", testimonio de un viaje por Italia. Lo escribió Tennyson precisamente en Edimburgo, con frío y niebla. Con esta belleza cierra sus estrofas:

(...)
aunque esta noche, en la ciudad oscura,
enfermo y fatigado, solo y frío,

encontré, si aplastado y ya reseco,
este vástago frágil de otro cielo
aún en el librito que me diste
y donde tiernamente lo dejaste:

y me olvidé del Forth anubarrado,
las sombras que entristecen cielo y tierra,
el glacial levante, el brumoso estío
y el gris de la metrópoli del norte.

Acaso por calmar mis aflicciones,
acaso por llenar este vacío,
acaso por soñarte junto a mí,
de nuevo al sur voló mi fantasía.

jueves, 15 de enero de 2009

Por dónde va el libro



Acaba de publicarse un número más, y van siete, de la revista Trama y Texturas, que se ha convertido en imprescindible para entender los rumbos que va adoptando el mundo del libro (edición, comercialización, nuevos soportes, bibliotecas...). Se hace difícil destacar un solo artículo. De obligada lectura para los que quieren estar en el ajo.

miércoles, 14 de enero de 2009

Quién estuviera en Irlanda



Hace cuatro años escuché una canción BE-LLÍ-SI-MA en una emisora de radio irlandesa y, no sé cómo, di con la dirección de correo electrónico de su autora e intérprete, Maranna McCloskey. Le escribí simplemente para agradecerle esa joya, "Fraser Island". En aquel momento, Maranna no había grabado un solo álbum.
Y ahora, meses y meses después, me llega un mensaje cuyo tema es "RE: Delightful". Maranna responde a mi mensaje y mi entusiasmo y me anuncia que por fin ha grabado su disco (justamente titulado At Last) y que ha abierto su web y un espacio en myspace (donde se pueden oír tres de sus canciones). Me entero de que en los próximos días dará conciertos en varios sitios del Uslter: Armagh, Downpatrick, Dungiven, Coleraine...
Tiene la moza la belleza natural de las morenazas irlandesas, y su piel, tan blanca. Sin embargo, su verdaera belleza es de otra índole: su voz es feérica y yo diría, al escuchar sus canciones, que el poeta Spenser pensaba en ella, en el arpa de sus cuerdas vocales, cuando escribió su The Fairy Queene (que a su vez inspiró a otro que no componía mal, Henry Purcell...)
Si a alguien no le gusta esta música, que vaya al otorrino o se cure el alma.

lunes, 12 de enero de 2009

Antes que marche Amadís



Quedan pocos días para que finalice la exposición sobre el Amadís y los libros de caballería en la Bilioteca Nacional. La vi hace unas semanas y, naturalmente, la recomiendo. Carlos García Gual se ocupaba de ella este sábado en este artículo de Babelia. Incluso si no se está en Madrid para verla, se puede visitar virtualmente.

viernes, 9 de enero de 2009

Perenne noticia

Como decía Cunqueiro, "ay de quien no sepa contarse en una noche de invierno un cuento". O recitarse unos versos, tanto da. Y es una noche fría, muy fría. Lo oigo en la radio, lo veo en la televisión y hasta algunos lectores madrileños me lo anuncian: nieve, helor. Lo corroboran algunos versos de poemas irlandeses altomedievales que traduje en otros inviernos: "no encuentran refugio las bandadas / y blanca nieve llega a la cadera." Pero pocos poemas tan hermosos como éste, atribuido al mismísimo Fionn Mac Cumhaill, el famoso Finn de los fianna:

EL INVIERNO

Os traigo una noticia:
brama el ciervo;
trae nieve el invierno;
se ha ido el verano;

viento alto y frío;
bajo el sol;
breve su curso;
veloz corre el mar;

granate el helecho;
oculta su forma;
el grito del ánsar
se hace frecuente.

El frío ha apresado
las alas de las aves;
tiempo de hielo;
ésta es mi noticia.

(Este poema, con muchos otros, aparece en mi Antiguos poemas irlandeses, Gredos, 2001)

miércoles, 7 de enero de 2009

Poemas de Llywarch Hen (I)


Aunque el rey Llywarch "El Viejo" perteneció al siglo VI y tuvo por contemporáneos a Urien de Rheged y al bardo Taliesin, estos poemas son en realidad del siglo IX. Las estrofas son englynion. Más sobre todo esto en Los siglos de la luz (editorial Berenice), donde sugiero que este ciclo de poemas está en el origen del tema del cuerno y el héroe del Cantar de Roldán (o como quiere Luis Alberto de Cuenca desde que tuvimos aquel infausto Director General de la Guardia Civil, Cantar de Rolando).
La versión es directa del galés (no es mérito mío, sino del joven que fui), y resultado además del cotejo de las ediciones y traducciones al inglés de Sir Ifor Williams, Patrick K. Ford y Jenny Rowlands.



POEMAS DE LLYWARCH HEN


–Antes de que encorvara, era un gran orador:
eran admiradas mis hazañas;
los hombres de Argoed siempre me apoyaban.

Antes de que encorvara, era osado.
Era bienvenido en las salas de libaciones
            de Powys, paraíso de galeses.

Antes de que encorvara, era brillante;
mi lanza era la primera en el combate.
Estoy gacho, estoy torpe, estoy enfermo.

Bastón de madera, es otoño.
Está rojo el helecho, amarillo el rastrojo;
he renunciado a lo que amo.

Bastón de madera, es invierno.
Parlotean los hombres mientras beben;
nadie visita mi cabecera.

Bastón de madera, es primavera.
Están pardos los cucos, es claro su canto.
No me ama una doncella.

Bastón de madera, es verano.
Está rojo el surco, crespos los brotes.
Me apena mirar tu pico.

Bastón de madera, firme rama,
sostén a un viejo anhelante:
Llywarch, el tenaz charlatán.

Bastón de madera, dura rama,
Dios, que ampara, me acogerá.
Fiel acompañas mis pasos.

Bastón de madera, sé amable;
sostenme mejor aún.
Yo soy Llywarch el locuaz.

La vejez se burla de mí
desde mi pelo a mis dientes
y el bulto que ama la juventud.

La vejez se burla de mí
desde mi pelo a mis dientes
y el bulto que aman las mujeres.

Viento borrascoso; blancura
en los tocones; ciervo bravío, loma pelada;
un viejo débil, lentos sus pasos.

Esta hoja, el viento la lleva.
¡Ay de su suerte!
Es vieja, y nació este año.

Lo que amé desde joven ahora odio:
doncella ligera y fogoso caballo
ya no encajan conmigo.

Las cuatro cosas que odié más
me han sobrevenido a un tiempo:
tos y vejez, enfermedad y tristeza.

Estoy viejo y solo, enfermo y frío;
mi techo era muy noble,
estoy abatido, totalmente encorvado.

Soy un viejo encorvado, un necio cascarrabias,
soy un estúpido, soy un huraño.
Los que me amaron no me aman ya.

No me aman las doncellas, nadie me visita,
no puedo salir a pasear.
¡Ah, muerte no tengo!

No tengo descanso ni alegrías,
muertos ya Llawr y Gwen;
estoy viejo e irritable, estoy viejo.

Miserable es la suerte de Llywarch
desde la noche que nació:
largas fatigas sin respiro.

martes, 6 de enero de 2009

Que viene Heaney


Seamus Heaney visitará Madrid justo dentro de un mes para dar una lectura en el Círculo de Bellas Artes. Para ir abriendo boca, aquí la reseña de Stepping Stones, libro de entrevistas con el Nobel editado por Dennis O'Driscoll.

lunes, 5 de enero de 2009

Un poema de Glyn Maxwell

Uno de los más importantes poetas ingleses actuales, Maxwell visitó Sevilla hace algunos años, junto con un buen puñado de poetas británicos e irlandeses, para participar en unas jornadas organizadas por la revista Sibila. En aquella ocasión leímos este poema suyo, él en inglés y yo su traducción española:

LA ISLA DE MARGIT



El chico había muerto. Lo supimos

en el acto, yo dije “Es gibt kein Luft.”

Con tanto frío hubiéramos tenido

que ver la chimenea de su aliento.

Me alegré de hablar alemán. La escena,

un parque en Budapest.

Los paseantes

hacían eso, y mirarnos. El gordo

alemán asomó y se encogió de hombros.

Se fue y llegó una prostituta rica

y hortera. Fue la primera y única

en tocarlo.

Las dos de la mañana.

Nada ocurrió. “Vendrá la policía,

y estamos sin papeles,” me inquieté.

“No preguntarán nada,” dijo Patrick.

Entonces frenó una ambulancia, sin

que nadie más lo hiciera.

Mas lo izaron,

y cayó su capucha. Nuestro grupo

vio que ahora era una chica. Podía

haber muerto por las drogas o el frío,

apuñalada, ahorcada, violada;

mejor era el suicidio.

Se marcharon.

Nunca sabremos nada. Nos pasamos

el día en la tensa conspiración

de las víctimas, y un oficinista

en comisaría anotaría algo

que iría a una caja.

Un año y medio

y yo habría hecho igual casi seguro.

Puede que en Hungría arrojaran luz

sobre por qué murió, pero la luz

que se arroja sobre una muerte no es

lo que yo llamo luz.

Yo deseaba

aportar lo que un escritor medita

a la escritura. Eso que significa

hallar por casualidad un cadáver

en público, a la luz del día, en medio

de donde estamos. Pero acaba

seca como una piedra de la suerte,

algo que llevar y sentir. Despejen.


sábado, 3 de enero de 2009

Letras de Belfast

Gabriel Sánchez Espinosa, uno de los lectores que este blog tiene en Irlanda a un lado u otro de la frontera, me manda una estupenda guía literaria de Belfast. A ella se asoman Louis MacNeice, Seamus Heaney y tantos otros, en lugares y rutas y librerías. Afortundamanete, Belfast ya no es lo que era, y aunque aún la pateen algunos matarifes entre los que se encuentra, advenedizo, el tan malencarado como desalmado Iñaki de Juana Chaos, la capital del Ulster conoce hoy la paz. Para corresponder a Gabriel, dejo aquí unas páginas dedicadas a Belfast correspondientes a mi libro Las ciudades del hombre (Llibros del Pexe, 1999). Como se verá, está escrito cuando aún laceraban a la ciudad los Troubles.


BELFAST



Por la mañana habíamos estado viendo ese capricho que la naturaleza condescendió a dar a su hija la geología cuando ésta era una mocosa, hace ya tantos miles de años. La Calzada de los Gigantes, en el litoral de Antrim y frente a unas playas no muy lejanas del sur de Escocia, es en la rigidez de sus formaciones basálticas algo más que un paisaje. Se me ocurre que puede ser metáfora de lo que se vive en estos condados extremos de Irlanda: mar y tierra enfrentados pero juntos, y a veces calmos; o bien, el ver en esas columnas hexagonales fantasmagorías mitológicas unos, y otros la solidez e inamovibilidad de una sociedad que no debe -para ellos- cambiar, Dios salve a la Reina.

De allí, y pasando el pueblo de Bushmills, donde está la destilería de whiskey más antigua del mundo (1608), nuestro objetivo era Dublín, donde había que entregar el coche a la mañana siguiente. En medio, Belfast, como una posibilidad única el verano del alto el fuego de ver sobre el terreno la cuestión del Ulster sin riesgo de saltar hecho pedazos. La carretera, a ratos autopista, pasaba junto a Ballymoney y Ballymena (donde nació el actor Liam Neeson), y algo familiar había en estos nombres -como Huévar y Huelva- que recordaba a esa otra autopista que recorro a menudo. Más adelante, en otro ramal de la M-2, Carrickfergus, donde más espléndida que el castillo sobre el azogue de las frías aguas reverbera la canción de ese nombre, oída a tantos y siempre sobrecogedora. Diciendo adiós a la patria chica de Louis MacNeice nos adentrábamos ya en el gran Belfast.

El Belfast anterior a los conflictos de los años 60 y décadas siguientes era un lugar tranquilo y, aún más, aburrido. “Si una percha caía en el guardarropa / eso era un notable suceso”, ironizó Derek Mahon. Pero sospechad de un campo pelado, lo que parece un yermo puede arder como yesca ante una chispa, o hacer germinar sus semillas enterradas, secretas, tras un aguacero. De aquella calma chicha salieron las turbulencias políticas que enlodaron por centenares los muertos, y también una revitalización de la vida literaria, sobre todo en la poesía. El reciente Premio Nobel Seamus Heaney no salió de la nada: pertenece a una notable generación de poetas de Irlanda del Norte, y más concretamente de Belfast, en la que están él mismo, que estudió y enseñó allí, Derek Mahon, Michael Longley, Medbh McGukian, Paul Muldoon...

Pero íbamos por la autopista -cinco carriles en cada dirección- que atraviesa Belfast. Queríamos ir a Falls Road, el baluarte católico republicano para ver in situ una realidad tantas veces leída, escuchada. Pero fue imposible. Y no es que falten señales (yo creo que están puestas como si dijeran “precipicio” o “yo que usted no iría”; no para mostrar el camino, sino para que el avisado viajero lo evite). No hallé la salida, y esto también es metáfora. Conducía un coche alquilado, que hay que llevar con mucha mano izquierda para que no cometa locuras, por rotondas enlazadas como una cota de anillas que siempre se interponía entre mi amoroso dardo y la ciudad esquiva, laberíntica.

Tal vez sea éste el problema del Ulster: un enclave católico que corre paralelo a uno protestante, una calle cortada por un muro y una alambrada, un atentado que lleva a un funeral donde se produce otro asesinato que guía a otro sepelio, el enmarañamiento y la confusión que hacen que cuanto más dulce sea una balada nacionalista más probable es que hable de la necesidad de pegar tiros, y -monólogo dramático que hacemos nuestro- nos dejemos arrastrar a la piel del francotirador de turno.

Al final dejamos Belfast, irreductible, perdidizo dédalo. Las más de las gentes quieren allí la paz, por más que los cerriles quieran, aún hoy, tantos muertos después, seguir interpretando al Minotauro.


jueves, 1 de enero de 2009

Segundo centenario de Poe




Se cumplen este año que comienza los doscientos del nacimiento de Edgar Allan Poe. Para celebrarlo, dejo aquí mi traducción de este poema (un mal etimólogo diría que el americano inventó la lírica), recogido en la antología Poe y otros cuervos (Mono Azul).


UN SUEÑO DENTRO DE OTRO SUEÑO


Ten un beso en la frente,

y, al alejarme de ti ahora,

déjame confesar sólo esto:

no estás equivocada si piensas

que mis días han sido un sueño;

mas si la esperanza ha volado

en una noche, o en un día,

en una visión, o en ninguna,

¿acaso se ha ido menos?

Cuanto parecemos y vemos

sólo es un sueño dentro de otro sueño.


Estoy de pie, en medio del rugido

de una orilla herida por las olas,

y mi mano contiene

granos de la adorada arena.

¡Qué pocos! ¡Cómo se deslizan

entre mis dedos a lo hondo,

mientras yo lloro, mientras lloro!

¡Oh, Dios! ¿No puedo salvar

uno tan sólo de la inclemente ola?

¿Es cuanto parecemos y vemos

tan sólo un sueño dentro de otro sueño?



EDGAR ALLAN POE