miércoles, 31 de diciembre de 2008

Suplementos menguantes


La crisis comienza a hacer mella en los suplementos literarios. Cualquiera que se haya acercado en las últimas fechas a El Cultural habrá visto cómo éste ha menguado en número de páginas. Babelia hace ya meses que viene, digamos, delgadito, y el ABCD, el más generoso en papel, de momento se mantiene, pero tampoco va muy allá. Baja la publicidad en todas partes, y se está notando.
Pero la cosa está algo peor en el extranjero (palabra que va cayendo también, como los mismos periódicos en papel, poco a poco en desuso). En el Daily Telegraph ha habido redundancies, y ha salido su responsable literario, Sam Leith. Curioso y no sé si agorero es que en el despido lo acompañe el responsable de la sección de necrológicas. Y en los Estados Unidos, el Los Angeles Times, como el resto de cabeceras de la cadena a la que pertenece, directamente ha optado por eliminar el suplemento de libros.

Lo hablaba hace pocos días con Martín López-Vega: los suplementos publican cada vez menos reseñas, en particular de poesía. Por eso, para cubrir ese hueco, muchos blogs dan cabida a escritos críticos. Martín nos ha regalado en el suyo algunos muy enjundiosos durante los últimos días. Se pueden leer aquí.

martes, 30 de diciembre de 2008

Traductores sevillanos

Alejandro Luque se ocupaba este domingo de los traductores sevillanos en El Correo de Andalucía. Aquí la versión digital del reportaje.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Tres tocayos

Publiqué aquí hace algunas semanas una prosa que, luego, como un fruto que el tiempo ha macerado, ha querido ser poema. Aquí está:

TRES TOCAYOS


Antonio Luján Núñez, el maestro

de Fuente del Maestre asesinado

en los primeros días de la guerra,

era marido de mi tía Guada.

Lo fusilaron los fascistas,

y mi tía dio a luz a su hija póstuma.

La niña murió al año, pero el luto

duró cuarenta más, con su amargura.

Otro Antonio (Rivero Sanz), el tío

de mi padre, también fue asesinado

en los primeros días de la guerra.

Lo mataron los rojos.

Era de derechas y gordo,

como el otro bizco y de izquierdas.

Rivero no murió por Dios y España,

ni Luján por la Rusia comunista.

Censores compatriotas los borraron,

mas hoy trae sus nombres a la página

otro tercer Antonio, que no cree

en trincheras ni en esas retaguardias

en que ambos murieron. Bajo tierra,

en la fosa común o en nicho propio,

sus cuerpos distan leguas pero firman

aquí la paz que nunca quebrantaron.


jueves, 25 de diciembre de 2008

Pesadilla

Anunciaba hace días una muestra de la poesía de María José Rico, autora del recientemente publicado Mi vida que no entiendo (Renacimiento). Aquí va lo prometido:

PESADILLA

Tuve una pesadilla.
Unos seres pequeños
llegaron a mi casa.
Se adueñaron de todo.
Destrozaron mis cosas,
usurparon mi tiempo.
Me privaron del sueño, del descanso.
Lloraban por el día, por la noche.
Me fueron anulando poco a poco,
hasta que me olvidé de cómo era
antes de que llegasen.
Era una pesadilla,
esos seres salían de mi vientre
y me llamaban madre.

martes, 23 de diciembre de 2008

Dos apellidos


En mí, Antonio Rivero Taravillo,

la boda articulada de dos nombres

que, juntos, en las venas se confunden,

los ecos de familias que se ensanchan

hasta ser este erial en que terminan.

¿Un nombre largo? Largo es el olvido.

Yo los conservo en cuanto escribo

como una alianza perdurable,

porque en el fondo sé que significan,

–jornadas de cortejo y de paseos,

el dolor, la emoción, lo compartido–

sinónimos que esconden los más íntimos

Fernando y Manolita.

Nunca

dos nombres se fundieron con más fuerza,

pues no firmo con tinta: firmo sangre

transparente en sus sendos apellidos,

como esos pegamentos que, al soldarse,

se hacen aleación indivisible.


domingo, 21 de diciembre de 2008

Defensa de la tilde

Espero que nadie me tilde de fanático, pero se hace necesario que los programadores informáticos de toda clase y condición, incluido los de los servicios de correo electrónico, normalicen el uso de la tilde en todos los soportes y para todos los países. ¿O es que los hablantes de español, o de francés, o de tantas lenguas que usan el acento, tenemos que soportar la deformación de nuestras palabras y, aún más, de nuestros nombres?
Me responde ayer un gran poeta hispanomexicano, y su mensaje lleva como firma este garabato:

Desiertos frecuentados


Con fórmula tan afortunada califica José Ángel Cilleruelo a los blogs desde el suyo, El visir de Abisinia. Sobre los desiertos frecuentados hemos leído algunos comentarios sensibles e inteligentes en el blog de Jesús Beades. Enrique Baltanás se hacía también una pregunta que se las trae...
Reflexiones para una tarde de domingo...

viernes, 19 de diciembre de 2008

"Aquella noche en Belén"


Ahora que se acerca la Navidad, os dejo aquí este villancico irlandés, interpretado no por tres, sino por cuatro reinas magas. Feliz Navidad a todos, Nollaig shona dhaoibh.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Recordando a Octavio Paz



Hace diez años que murió Octavio Paz. No alzaré aquí un erudito juicio de su obra; más bien traigo una íntima emoción retrospectiva. A veces, los detalles menores -así abajo como arriba, dice Hermes Trimesgisto- son lo que a la postre importa. En la foto (de Opale), no se percibe el punto al que me refiero en esta nota que publiqué, junto con otras, en la revista Clarín:

Octavio Paz es para mí un agujero negro. No, no me refiero a uno de esos centros energéticos que estudia la física del cosmos. Paz es para mí la memoria de una tarde en Sevilla, un breve diálogo durante el cual me cautivó poderosamente un minúsculo orificio sobre su labio superior, apenas nada.
Esa oquedad sobre su voz, como parte del prodigio de su palabra poética, no dejaba de mirarme como un tercer ojo humilde, insospechado y clarividente.
Todo cuanto hablamos estuvo presidido por esa parte que estando en él no era él, ese estigma que seguramente será la huella de una extirpación pero que yo quiero creer joya negra engastada en la corona del Verbo.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Un artículo sobre José Antonio


Pasó noviembre, mes en que suele ser recordado, y hoy, serenamente, distinguiendo el grano de la paja, me apetece reproducir aquí un artículo que hace cinco años, con motivo del centenario de su nacimiento, publiqué en la revista Mercurio, perteneciente a la Fundación Lara y que más tarde llegué a dirigir. Un par de años después, un miserable difundió algunas insidias sobre mí, mezclando verdades con mentiras, y aducía este pobre artículo, del que por supuesto no me arrepiento. ¿O es que se puede hablar de unas cosas sí y de otras no? Acabáramos.

Lo copiaría de mis ficheros, pero últimamente los lectores de este blog habrán observado que tengo problemas con el formato a la hora de volcar texto en html. No pasa nada, aquí el enlace.

Que José Antonio fue una figura sugestiva no lo vamos a descubrir ahora, pero nos lo ha vuelto a recordar Carlos Morla Lynch, que tanto trató a buena parte de la Generación del 27, en sus diarios
En España con Federico García Lorca y España sufre, no hace mucho editados por Renacimiento. En cuanto a las Obras completas del joven Primo de Rivera, éstas han sido finalmente publicadas por Plataforma 2003.

El afecto inglés

Ultimo estos días la recopilación de artículos y estampas que formarán un nuevo libro de viajes. Mientras se publica y no, recupero esta reseña de mi anterior título, Viaje sentimental por Inglaterra, aparecida en la Revista de Arte Logopress.

lunes, 15 de diciembre de 2008

¿Dónde está la errata?

Hojeando una Antología de poetas españoles en los Estados Unidos publicada por la colección Adonais, me topo con la nota biográfica de Ernesto Guerra da Cal, gallego del exilio. En la página 40 se dice que ha colaborado en el Diccionario das Literaturas Portuguesa, Galesa y Brasileira...
Parece que el cajista se contagió de mi celtismo, y que si no todo lo vio verde (véase la entrada anterior de este blog, "Una Irlanda de la mente"), sí se vio contagiado de ese color la mitad, pues la bandera de Gales es blanquiverde.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Una Irlanda de la mente

Uno de esos autores que gozaron de fama y fortuna —es decir, lectores— en cierto tiempo, fue Somerset Maugham; su obra se nos antoja como una moqueta inglesa ya gastada por el uso y que sin embargo conserva un algo de mejores días. Maugham es sobre todo conocido por una novela muy de época, El filo de la navaja, que está en sintonía con el bullir espiritualista de los años veinte y la recepción en Europa de conceptos y creencias, bien que adulteradas, de la India. Nuestro autor fue viajero —cruzó mares y continentes que el Imperio Británico consideraba suyos— y conoció bien, todo lo bien que puede conocer un extranjero, aquellas tierras que son si no antípodas del mapa sí del alma nuestra occidental.

De Somerset Maugham —y lo he leído bastante— prefiero, por ser trasunto de mi propia circunstancia, uno de los cuentos perdidos entre los cuatro tomos de su narrativa breve y que no hubiera descubierto si no me hubiera obligado a ello un profesor de prácticas, cierta noción del deber que yo aún tenía, y la engañifa que fueron mis estudios universitarios. En pocas palabras, su asunto es éste: el protagonista del relato siente tanto fervor por determinado lugar que prefiere, aun acariciando la idea de un posible regreso, demorar el instante de ese reencuentro porque nunca la realidad puede equipararse a las ensoñaciones. Y siempre éstas van a la zaga de una idea o arquetipo —añadiría yo— que sólo alguna vez se nos revela. Cuando esto sucede, cómo nos sorbe el seso, cómo somos de la idea, del arquetipo, y cómo despreciamos a Aristóteles.

Irlanda es ese lugar particular mío, lo que en el relato de Maugham era China, Birmania, o la “happy England” del verso. En ella reconozco mi alma, lo cual no es sino una forma de locura menor, psicopatía aún leve (sólo de momento), sublimación de no sé qué trauma ocasionado por ignoro qué cosa.

En España, un caso más grave se dio en Juan Eduardo Cirlot (hace diez años yo hubiera afirmado que sin duda; hoy sugiero que, probablemente, el poeta más insólito del período abierto tras la guerra civil y hasta hoy). De él me he ocupado en otras páginas y no es cosa de soltar la brida del pensamiento que ahora me lleva: su obsesión por una doncella del siglo IX causa pasmo, vértigo, admiración; también terror por lo que tiene de inexplicable.

Pero yo no soy tan extremoso —ni tan sobrecogedor poeta, es evidente—. Sí albergo, no obstante, un amor desmedido por un país que sólo dos veces he pisado y cuya literatura , su arte, su música —¡su música!— son míos. No se me escapa que es tierra con magia que ejerce un poderoso encanto sobre muchos, pero yo hace tiempo ya que crucé el Rubicón —César contra los celtas— de lo razonable, y el sortilegio aumenta con los días como un amor no consumado en el pecho de un joven.

Regresando a Somerset Maugham y su rueda de reencarnaciones de El filo de la navaja, sería tentador figurarme que soy la reencarnación de algún bardo de la Isla Esmeralda, la tierra de santos y poetas (feliz armonía; raramente coinciden ambos estados en una misma persona). ¿Por qué no? Amergin, el primer poeta de los miles de Irlanda, dejó dicho —y alguien lo llevaría después a la letra—:

Soy el viento en el mar,

soy una ola destructora,

soy el rugido del océano,

soy un buey de siete combates,

soy un halcón en el acantilado (...)

Y aunque la idea de la metempsicosis o transmigración de las almas tuvo algo que ver —sólo algo, no seamos reduccionistas— con la religión celta, no me parece ésa sino una de las explicaciones en liza: otra, pero ya dije que no soy dado al racionalismo, es la mera patología que quedó esbozada arriba. La realidad insoslayable es esta devoción cuasi religiosa —pues se trata más de fe que de comprensión del intelecto—, esta incondicional entrega, este celo del converso.

¿Cuántas veces frente a un irlandés, ante su cara de asombro e incredulidad escrutándome como a un bicho raro de la exótica fauna de charlatanes e iluminados, no he despachado con tres gruesos brochazos el asunto de mi interés por su patria, repitiendo la más que ensayada y extraña cantilena? Aunque verosímil tal vez para otros, esta argumentación es para mí bien poco convincente porque elude —me provocaría rubor declararlo— la intensidad de este amor fou que me arrastra, esta pasión enfermiza.

Pero no, no puede haber nada morboso en esta afección o afecto tan hondo por una tierra y un pueblo que aúnan inseparablemente, como en un filtro de amor de las leyendas medievales, un pasado precristiano, en tantos aspectos vivo, y un catolicismo último y crepuscular en contraste con esta Europa agnóstica; que reina entre los paisajes hermosos por su belleza aún casi impoluta apenas se pone el pie fuera de sus pocas ciudades, fresca novia rural entre las solteronas y grises metrópolis de Europa; aromada de espliego y bañada —esquivando a los salmones y a las truchas bajo la llovizna fugitiva de la tarde— para su cita conmigo, a hurtadillas; que tiene a los suyos esparcidos por el globo —estrellas fugaces de un cielo cambiante y en el que querríamos ver otros signos—, vagabundos o establecidos en la añoranza, en la saudade nuestra, en Nueva York o en Nueva Gales del Sur, lejos.

Cuando he querido acercarme a su alma, he aprendido su lengua: el gaélico, no el inglés. Y lo he leído, y aún más, lo he escrito: desde 1992 llevo un diario intermitente en ese idioma. En el jardín de mi casa tengo una pradera de césped y trébol, su terruño mío o gran alfombra mágica aterrizada desde el condado de Clare. Y cuando me quedo a solas pongo ciertas tonadas que me hacen llorar, lo confieso.

El autor de Crónicas marcianas y Las doradas manzanas del sol (el eco de un verso de Yeats) lo es también de Cementerio para lunáticos (donde yo tal vez tenga un nicho). Ray Bradbury hubo de habérselas con el insoportable y genial John Huston durante la gestación del guión de Moby Dick, en Dublín; y en los meses de su estancia en el país tuvo tiempo de comprender algo del imaginario del lugar, de la capacidad del irlandés para pasarse horas hablando de sucesos menores que la cabeza de una aguja. Después, él seguiría viajando y le he perdido la pista. Su compatriota de ese reino de fronteras estelares que es la ciencia ficción, Arthur C. Clarke, se instalaría en otra isla muy de Maugham: Ceilán. Huston, por su parte, cerró la carrera de su vida en Irlanda, rodando ese hermoso canto del cine que es Los muertos.

Quien concibió el relato, Joyce, veía en su tierra nativa un mal endémico: la parálisis. Y tenía razón, y me diagnosticaba: ya no salgo de mi Irlanda de la mente y sus temas. No puedo dar un paso fuera de ella, y mis ojos padecen una forma irlandesa y aguda de daltonismo: todo lo veo verde.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Agua y mitos: Islandia y Mozambique

Este es el texto que escribí para la exposición Agua y mitos, de Juan Carlos Sánchez de Lamadrid, que se podrá visitar en la Fundación Tres Culturas de Sevilla hasta avanzado enero:


Estuve en Islandia hace pocos años. Miento. En realidad, siempre he estado en Islandia, porque Borges y los mitos, la fantasmagoría de las auroras boreales, la Thule de la Sigrid del Capitán Trueno, ya hibernaban en mis venas, dormidos en un bloque blanquísimo. Sólo aguardaban la llegada del deshielo, de ese verano en que medí la isla de los mapas con la de la imaginación. Traje algunas fotografías; otras muchas, casi todas, quedaron veladas -para mí, al menos- al perder la cámara con la que las hice en algún campo de lava o junto a alguna laguna (en aliteración que gustaría a los escaldas, los antiguos poetas nórdicos). Quien encontrara aquella caja de imágenes plateada, como la arqueta obtenida en una rapiña que acarreara un drakkar, y antes de llenarla con mementos de su propia vida, vería cascadas y meandros de los fiordos, cráteres inundados y géiseres. Agua líquida, sólida, gaseosa. Cierta fatalidad escandinava ha querido que esas instantáneas que arrebató un descuido vuelvan, mucho mejor, más nítidas, en estas otras fotografías, papel de agua en el que reconozco, y ante el que me rindo, la filigrana de todo lo que a miles, como a Auden, fascina y fascinará siempre de Islandia.

En Mozambique no he estado: a mí, que me cautivan las espadas, me dan pánico las agujas, y está fuera de toda cuestión el vacunarme para ir a países exóticos, donde esas agujas otras, las trompas de los infecciosos mosquitos, acechan para dar su merecido al intruso en un país que recorren el Zambeze y el Limpopo, cuya esperanza de vida es sólo de cuarenta años y que aún se recupera de terribles inundaciones. Allí en Chupanga entregó el alma la mujer de Livingstone, y allí está, a la sombra de un baobab, enterrado su cuerpo que devoró la malaria, a un paso de cocodrilos e hipopótamos.

En Mozambique no hay canalizaciones para el riego, de modo que todos los cultivos se apiñan junto a los ríos, y esto hace que la población sea muy vulnerable a las crecidas, al tiempo que las sequías agostan otras partes del territorio. En su costa naufragó Camoens, y allí se quedó un tiempo, enfermo y pobre, antes de volver con Los Lusiadas a Lisboa, esa ciudad a la que el “camino de la ballena”, como los escandinavos llamaban al mar, llevó también en 840 a los vikingos, en expedición efímera, dos generaciones antes de que colonizaran Islandia.

Asistimos estos días al derrumbe de ese otro mito, el de la libre economía de nuevos mercaderes de humo, tan diferentes de los navegantes de antaño tras los que pujaba el viento. La sólida economía de Islandia (etimológicamente “tierra de hielo”) se ha licuado de repente, ha estallado como una burbuja del Strokkur que escupe su hervor al cielo. Se han evaporado ahorros propios y ajenos. Más que el calentamiento global y en vez del agua termal de su subsuelo, los altos intereses y la especulación han derretido ese glaciar que era Islandia, firme como una roca, ahora un charco fangoso y lastimero. Hace semanas ocupaba uno de los primeros puestos entre las naciones más ricas del mundo. Mozambique, con veinticinco veces más población, era, y sigue siendo, una de los más pobres.

En la Última Thule aún perviven entre muchas personas las antiguas creencias paganas. Habrá más de alguno que vea que este jarro de agua fría de dimensiones cósmicas es el anunciado Ragnarok de su mitología. ¿Ha tocado ya Heimdall, junto al puente del arco iris, su cuerno? Entretanto, en Mozambique, casi en las antípodas, el mito permanece frente al timo, esa alucinación de la que los islandeses –también se producen espejismos en el hielo- no han sido tanto culpables como víctimas.

martes, 9 de diciembre de 2008

La generosidad de Iwasaki

Algunas exageraciones cariñosas de Fernando Iwasaki en el periódico mexicano Milenio acerca de mi biografía de Cernuda. Os recuerdo que este sábado a las 12 h. charlaré sobre el poeta en la Feria del Libro del Aljarafe, en Tomares.

lunes, 8 de diciembre de 2008

HUELLAS


Encuentro tus huellas en mis gafas,

ese laberinto inmarcesible

que aunque luego borre la gamuza

vive en mis pupilas, en mis ojos.

Las yemas de tus dedos imprimen

el mapa de un tesoro enterrado:

este amor que no se desdibuja.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Recuerdo de Edimburgo

Rescato hoy un artículo publicado en Letras libres en el que hago memoria de mi vínculo con la capital de Escocia, hoy que he hablado con una chica que conoció la ciudad este verano.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Del no mundo

Anda uno acatarrado estos días en los que se anuncia ya el invierno, y hace algún tiempo que no frecuenta librerías. Por eso es por otro blog, el muy recomendable del poeta Álvaro Valverde, por donde recibo la noticia de que se acaba de publicar el tercer y último tomo de la poesía reunida de ese prodigio inclasificable que fue Juan Eduardo Cirlot. ABC y otros periódicos se hacen eco de la noticia.
Mis visitantes saben que aquí el poeta barcelonés ha sido siempre una sombra tutelar.
Os copio enlaces a otras entradas de
Fuego con nieve en las que se trata de Cirlot. Creo que hay más, pero no dispongo ahora de mucho tiempo para buscarlas. Me disculparéis si el rato que invertiría en ello lo dedico a preparar nuevas entradas.

Lo céltico en Cirlot

Un poeta singular

Las runas circulares

jueves, 4 de diciembre de 2008

EL TIMBRE


El timbre está sonando: alguien que llama

a la puerta de casa de mis padres

(la hija de los nuevos propietarios,

la vecina de arriba, el panadero...).


El timbre está sonando, pero dentro

los muebles son distintos, y las lámparas.

Mis hermanos y yo no lo oímos,

jugando en el balcón hoy más remoto.


El timbre está sonando. A la mirilla

no acuden nuestros ojos. Un extraño

corre por el pasillo hasta la puerta

a abrir al otro extraño que ha llamado.


El timbre está sonando. Reverbera

en esta habitación a tres kilómetros

treinta años después. Alguien que llama

e ignora las mudanzas, las arrugas y grietas.


El timbre está sonando en esa puerta

que lleva a la salita de mi infancia.

Y mi padre no sabe, en su despacho,

que hoy tampoco he hecho los deberes.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Conferencia en Tomares


El próximo sábado 13 de diciembre, a las 12 h., participaremos en la Feria del Libro del Aljarafe, en Tomares (Sevilla) con una conferencia sobre "La lección de Cernuda". Me acompañará como presentador Eduardo Jordá. Aquí enlace sobre la Feria publicada en El Correo de Andalucía.

domingo, 30 de noviembre de 2008

La vocación secreta del bloguero

Muy interesante entrada (aunque algo prolija) del blog de Martín López-Vega, que periódicamente deja en silencio su bitácora. Yo creo que, en el fondo, a todos nos gustaría hacer lo mismo.

sábado, 29 de noviembre de 2008

La Sevilla de Cernuda



El Viajero, suplemento de El País, trae en su último número una ruta que hago por la Sevilla cernudiana. Copio aquí el enlace por si hay algún interesado, a quien aprovecho para advertir de que, al maquetarlo, el periódico se ha hecho un lío con entrecomillados y cursivas de títulos, respectivamente, de poemas y libros. También se añaden, ay, unos postizos "de" a los nombres de las calles: nadie en Sevilla reconocería la "calle de la Vida", como se me hace escribir. Y hablando de escribir: algún día habrá que escribir un opúsculo contra los libros de estilo de los periódicos. Pero no seamos tan quisquillosos como el propio Cernuda... En la foto, el autor de La realidad y el deseo tocado con sombrero y acompañado de Adriano del Valle y Fernando Villalón en la hispalense Plaza del Museo, en 1928.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Mi vida que no entiendo


Una mujer escribe para sí misma unos poemas. El poeta José Mateos los lee y, entusiasta de ellos, encarece su publicación a Renacimiento, una de las mejores colecciones de poesía. Ésta es resumidamente la historia de este volumen, Mi vida que no entiendo, de María José Rico. Su autora se estrena, pasada la maternidad y rondando el mezzo del camin, con una serenidad y con un saber hacer poético admirables. A veces parece que vemos a una funambulista que hace verdaderos equilibrios para no caer en lo patético y lo sensiblero, y por eso asombra con qué destreza sale indemne de la prueba, ella que ha aceptado tantos riesgos. Porque para un poeta lo arriesgado no es hablar de bares de madrugada, navajas o agujas hipodérmicas. La familia, los hijos, la nevera, eso sí que es difícil. Versos muy bien construidos con algún traspiés que se resuelve felizmente los de este libro que guarda joyas como “Pesadilla”, uno de esos textos antológicos que aseguran la pervivencia de un escritor.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Ruiseñores de Inglaterra


Leo en el Times Literary Supplement que se acaba de publicar en Inglaterra una antología de haikus cuyo hilo conductor es el canto de las aves. Y el articulista que se hace eco de ello señala que, curiosamente, entre todos los pájaros que aparecen en el libro no está el ruiseñor, el mayor abanderado de los trinos. José María Álvarez publicó hace años otra antología, Ruiseñores de Inglaterra, en que presentaba una generosa gavilla de versos sobre esta ave tan lírica. ¿Qué lector de Borges no recuerda su ensayo "El ruiseñor de Keats"? Por éste, por el infausto romántico inglés, el ruiseñor merece, si no en la susodicha antología de haikus, sí un lugar en nuestra memoria, en nuestra sensibilidad. Aquí los primeros versos de la célebre "Oda a un ruiseñor" recogida en Poemas, selección de John Keats que publiqué en la colección La Veleta, de Comares, en 2005.


ODA A UN RUISEÑOR

I

Me duele el corazón, y mi sentido,
tal de beber cicuta, se me nubla,
o cual si hubiese drogas apurado
hace un minuto, hundido en el Leteo.
No es porque yo envidie tu gran dicha,
sino dichoso porque tú lo estás,
pues tú, alada dríada de los árboles
en melodioso suelo
de hayedos y vastísimas umbrías
a pleno pulmón cantas del verano.

[...]

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Entrevista a García Montero

Alejandro Luque, uno de los mejores perodistas culturales que enriquecen Andalucía, publicaba este domingo una larga entrevista con Luis García Montero acerca del desagradable asunto del pleito con otro profesor y su anunciada excedencia de la Universidad de Granada.

Si la opinión de uno vale algo, García Montero, con quien suelo discrepar en lo político, tiene toda la razón en este asunto. Sólo leyendo un artículo del profesor que lo ha llevado a los tribunales se comprende que lo llamara "perturbado", y es que la bibliografía del tal querellante tiene mucho más que ver con el marxismo periclitado que con la literatura, y sus juicios sobre el "aideologismo" (y otros palabros) de García Lorca son un prodigio de memez. No incurriremos aquí en descalificaciones ad hominem, pero sus ideas, éstas sí deleznables, traen un helor a Gulag, un aire cerrado de checa. Este es el artículo que hizo colmar el vaso, pero parece ser que juicios similares, peores, se han derramado oralmente en las aulas de la Universidad de Granada.

Yo a García Montero le estoy agradecido como lector -me gusta su poesía, sí-. Y por la bonhomía que demostró cuando presentó sin una queja ni un reproche el primer tomo de mi biografía de Cernuda, aun cuando sé que no podía compartir -vinculado él a Izquierda Unida- alguna de las observaciones que en el libro hacía yo sobre el comunismo, del que el poeta de La realidad y el deseo se alejó con más horror del que muchos querrían reconocer.


martes, 25 de noviembre de 2008

Ha muerto Ángel Campos Pampano

De Lisboa, donde era compañero suyo en el Instituto Español, mi hermano Fernando me anuncia, con la velocidad fulminante del rayo o del correo electrónico, la inesperada muerte del poeta y traductor de Pessoa y otros escritores portugueses Ángel Campos Pampano. Desde su llegada al centro, Fernando me hablaba de Ángel, cuya mediación me traía desde años atrás muchos versos lusitanos en libros o revistas como Espacio/Espaço escrito. Nunca llegamos a conocernos. Descanse en paz. Aquí la noticia publicada en el periódico Hoy.

SEBASTIÁN ELCANO, 11

A mis hermanos

Niebla en los ojos al evocar la niebla
del UHF en la pantalla turbia,
o al recordar la bruma que abrazaba
las grúas gigantescas junto al río.

Billetes de un papel como de biblia
camino del colegio, en autobús;
algunas pocas tardes señaladas,
en coche al Cine Apolo. Impermeables

con triste cinturón y gorra horrenda,
arrugados y azules (las trincheras
chulas se quedaban para las páginas
de un relato de los Siete Secretos).

Niebla en los ojos al recordar la niebla,
nuestros pasos de niebla junto al río.

lunes, 24 de noviembre de 2008

La traducción de la A a la Z


En los últimos meses se han publicado excelentes libros sobre la traducción. Al de Jordi Doce Poesía en traducción se ha unido Decir casi lo mismo, de Umberto Eco, y ahora lo hace en la editorial Berenice esta selección de textos realizada por Vicente Fernández, dos veces Premio Nacional de Traducción y director del Máster de Traducción de la Universidad de Málaga. Siguiendo de forma un tanto libre el orden alfabético, y notándose la formación helenística del compilador, hallamos en La traducción de la A a la Z reflexiones sobre el oficio, propias y ajenas, que van de las pertenecientes a reputados traductólogos como el Steiner de Después de Babel a obras de ficción firmadas por Fernando del Paso o Julio Cortázar. No sólo para traductores es este manual asistemático, por supuesto. He aquí un libro que interesará a cualquier amante de la literatura, que habrá de reconocer, con Borges, que la traducción es “la menos vanidosa y más abnegada de las tareas literarias”.

domingo, 23 de noviembre de 2008

La hora secreta


Todavía reciente la publicación en Renacimiento de El fin de la magia, se publica ahora en la misma editorial este poemario, que obtuvo el Premio Villa de Rota en su convocatoria del pasado año. Son poemas, correspondientes a 2000-2001, que habían quedado rezagados en la bibliografía de Juan Lamillar y, si no aportan sorpresas, vienen a confirmar una vez más una de las voces más limpias de nuestro panorama poético. Sus ritmos concuerdan con el de la lluvia que humedece los versos, con la memoria teñida de melancolía. “Pasos leves” es título de una de las composiciones, y bien podría ser lema de este libro sin estridencias, en los que hay no poco de acordanza que viene a ser fijada en la página, como muy bien queda expresado en “Dibujo aquellos días”. Ciudades, postales, nieblas, paisajes, notas musicales de un poeta culto y meditativo que no desdeña hablar de un cuadro porque no es timbre de erudición el lienzo sino emoción sentida.

sábado, 22 de noviembre de 2008

¿Qué nombre?

¿Quién no ha soñado alguna vez con hacer libros, diseñarlos, imprimirlos, distribuirlos y adornar con racimos de ellos los escaparates y las mesas de novedades? ¿A quién no le ha rondado, mordiéndole, el gusanillo de la edición? ¿Cómo serían vuestros títulos? ¿Por qué líneas editoriales apostaríais? Y lo que más me interesa saber en este momento, ¿qué nombre le pondríais a la editorial?

viernes, 21 de noviembre de 2008

De un viejo poemario inédito

ERA en la alegre mocedad de nuestras bocas,
en los días de gracia perenne en la memoria.
Recuerdo aquellas tardes, el parque solitario,
cómo sobre la prohibida hierba anochecida
jugaron al coger tus labios y los míos.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Premiado Contexto




"Contexto", la alianza de siete magníficas editoriales jóvenes e independientes, ha recibido el Premio a la mejor labor editorial cultural 2008. Aquí la noticia en ABC. En dos de las integrantes (Nórdica y Libros del Asteroide) uno ha colaborado como prologuista o traductor. Por eso, entre muchas otras razones, y levemente modificando el nombre del proyecto, yo también me siento hoy "Contento" y premiado. Aquí, de nuevo, la cubierta de El delator, que tuve el privilegio de prologar recientemente para Libros del Asteroide. Enhorabuena a Luis, a Daniel, a Diego, a Carola, a Juan Diego y al resto de amigos de tan estupendo club editorial.


Madreselva


Anoche, tras la excelente conferencia de Luis Alberto de Cuenca en el Aula de Cultura de ABC de Sevilla, que dirige Fernando Iwasaki, cenamos en mesa rectangular unos amigos en velada que evocó, claro está, a esa otra mesa redonda del buen Rey Arturo. Salió el nombre de María de Francia, y su recuerdo perfumó la sala con melancolías y suspiros del siglo XII. Luis Alberto publicó hace muchos años una selección de los lais de María en uno de los referentes de mi educación sentimental caballeresca, la Editora Nacional. Traigo aquí, en homenaje a él, una versión romanceada y bastante libre que hice hace la tira de años de "Madreselva", uno de aquellos lais que también, como aquí se presentan ahora, nacieron en octosílabos.


MADRESELVA

(Sobre un lai de María de Francia)

El rey Marco de Cornualles
muy triste está y pesaroso
porque le falta el mejor
caballero de entre todos.

A Tristán lo ha desterrado
como si fuera un leproso.
En la umbría de los bosques
vive Tristán triste y solo.

La reina, la bella Isolda,
de un dolor sufre tan hondo,
que desde que él se marchó
todo lo encuentra enojoso.

Nada le place a la reina,
ya no hay color en su rostro,
que ella amaba a Tristán
más que al rey Marco, su esposo.

A Tintagel, en la costa,
el rey ha llevado su trono.
Marcos tendrá allí su corte.
Allí encamínanse todos.

Cuando Tristán esto supo,
por que pudieran sus ojos
ver una vez más a Isolda
acecha oculto en un soto.

Después Tristán arrancó
una ramita del tronco
de un avellano que estaba
junto al camino boscoso.

Sobre la vara grabó
este mensaje: en el fondo
con ellos dos sucedía
lo que era más doloroso.

Su gran amor semejaba
la madreselva que en torno
del avellano se enlaza
bien abrazada a su tronco.

Así los dos viven juntos,
mas si su unión ya se ha roto,
avellano y madreselva
ambos perecen al poco.

“Amiga, así nos ocurre
de igual manera a nosotros:
separados no podemos
uno vivir sin el otro”.

La reina cuando pasó
hacia allí volvió su rostro.
reconoce la escritura,
a Tristán buscan sus ojos.

A los del séquito dice
que es hora ya de reposo,
que desmonten sus caballos
y que descansen un poco.

En la floresta se interna,
y allí, con muy grande gozo,
los dos amantes se encuentran,
uno a sabor halla al otro.

Ella le pide que vuelva,
que le perdona su esposo,
que por echar a un ladrón
el rey ha perdido un tesoro.

Cuando los dos se despiden,
el llanto riega sus ojos.
Ella se vuelve al camino.
Él, al bosque tenebroso.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Agua y mitos

El miércoles 19 de noviembre se inaugura en la Fundación Tres Culturas, en Sevilla, la exposición "Agua y mitos", una visión de dos países tan distintos como Islandia y Mozambique a través de las fotografías de Juan Carlos Sánchez de Lamadrid. El texto que acompaña a la exposición es mío. Lo publicaré aquí, aunque esperaré, como es lógico, a que se abra la exposición.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Nuevo Verlaine

Nórdica, una de las editoriales más interesantes de las aparecidas durante los últimos años, acaba de publicar una nueva antología ilustrada de Paul Verlaine, el liróforo celeste, como lo llamó Darío. En este vídeo presenta la obra.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Tristán García

Es éste mi cuento favorito de Álvaro Cunqueiro. No es difícil entender por qué. Lo tiene todo: humor, melancolía, costumbrismo de lo irreal... Bellísimo. Para acabarse uno solo dos botellas de whiskey.

jueves, 13 de noviembre de 2008

"Liberal y humanista"









Hace días se estrenó una adaptación cinematográfica de Retorno a Brideshead. Aún no la he visto y no sé si lo haré, entre otras cosas porque las versiones de obras literarias me gusta verlas en versión original, y en Sevilla no se ha estrenado copia V.O.


El siguiente artículo lo publiqué en una, más que revista, hoja volandera en 2004. Ya entonces se amenazaba con un despropósito, y aunque no sé si aquel proyecto era el mismo que ahora llega a las pantallas, el resultado parece haber sido similar. Lo han denunciado, por citar sólo dos artículos que he leído, Geoffrey Wheatcroft en el TLS y Enrique García-Máiquez en el Diario de Sevilla y los otros periódicos del Grupo Joly. Ahí va el mío difundido en más modesto soporte, ya dije, hace cuatro años:






Si algún día, desolación de la quimera, pudiese uno dedicar por completo su tiempo a pergeñar páginas de creación, pagando el peaje al que están obligados tantos escritores —el artículo periodístico—, nada como las páginas de un periódico extranjero para disponer de un manantial siempre fresco de noticias curiosas, raras, reseñables, con las que ir aguzando el ingenio y hallar día a día tema que llevar a la página.
Esta mañana, hojeando The Times, una de mis principales minas de anécdotas y sucesos, he leído acerca de una de esas barbaridades que ya no nos azoran por ser demasiado frecuentes, anestesia que nos entra en vena por la muy frecuenta aguja de la mediocridad, lo zafio, lo memo, que, no se sabe quién, alguien nos ha recetado contra la inteligencia. Resulta que en los Estados Unidos no han tenido idea más brillante que la de hacer una versión cinematográfica de Retorno a Brideshead, la más célebre entre las novelas de Evelyn Waugh. Católico inglés, es decir, proclive a las tormentas interiores y a la bebida, Waugh fue un tipo duro de pelar, y desde luego, aunque preocupado por la religión (atinaríamos más precisando que lo que le obsesionaba era la redención), muy poco santo. Su vida privada no fue modélica, tal vez por ello hizo que, casi un sacramento por persona interpuesta para purgar su propio infierno, el protagonista de Retorno a Brideshead se convirtiera al final al catolicismo.
Ahora, la productora norteamericana acaricia la idea de cerrar la trama con un final a lo Hollywood (es decir, mediocre, zafio y memo, ya lo dije). Y un tal Davis, en nombre del engendro que se avecina, ha dicho que en lugar de la conversión teológica añadirán, postizo, un final “liberal y humanista”.
Uno fue criado en el catolicismo, rama de la desazón humana que hace muchos años dejó de practicar, y de cuya fe está ya muy distante, pero le acongoja que en nombre de lo políticamente correcto se borre de un grosero brochazo una religión que vinculó a los suyos en torno a unos misterios que le son ya ajenos. Cada vez más cercano al paganismo, no puede honrar a sus manes despreciando lo cristiano o lo católico, que está en la raíz de sus antepasados. Además, le solivianta le estupidez, incurra en ella Agamenón o su porquero. Destrozar una obra literaria para adherirle como unas orejas de burro un final y un tratamiento ad usum populi, es una obscenidad y, no me cabe la menor duda, un caso de violación necrófila, repugnante.
Ya puestos, me pregunto qué tratamiento le darían, rodeados de masas “afroamericanas”, las lumbreras hollywoodienses a esa otra novela de Waugh que en inglés se titula Black Mischief y que en español, con exactitud que bordea la brutalidad, se tradujo como Merienda de negros. La lección es triste: mejor escribir libros inasimilables, que ofendan incluso, para que nadie venga luego a edulcorarlos o castrarlos (lo que viene a ser, a la postre, tristemente lo mismo).

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Luis Alberto de Cuenca en Sevilla




¡Albricias! Luis Alberto de Cuenca estará por partida doble en Sevilla el martes 18 y el miércoles 19 de noviembre. El primero de estos días leerá sus versos a las 19:30 h. en la Casa de la Provincia (Plaza del Triunfo s/n), en un acto organizado por la Fundación ECOEM. Posteriormente, el miércoles participará a las 20:30 horas en el Aula de Cultura de ABC con la conferencia "El ciclo del héroe: de la Ilíada a los cómics". Será en el Hotel Alfonso XIII, C/ San Fernando, 2 Sevilla.
No sé, no sé qué haré yo esas tardes...



martes, 11 de noviembre de 2008

El gran libro de la poesía gaélica




W. B. Yeats, siempre amante de las tradiciones nativas de su país, aunque a salvo de un nacionalismo miope, recordó una vez que no hay que abusar de la etiqueta “céltico”, pues lo que este epíteto ampara bajo su pluvial paraguas telúrico y nebuloso es más bien algo común a todas las razas primitivas del planeta. En otro ensayo dialogado manifestó que mucha literatura europea, especialmente la de países como España e Italia que tienen un campesinado de siglos, queda mejor traducida al gaélico que al inglés. Y añadió: “A fin de cuentas, Sancho Panza es casi, casi un granjero de Munster” (una de las provincias de Irlanda).
Eso, diría un gallego, es cierto y no lo es. España tiene mucho en común con Irlanda, pero la antigua literatura gaélica, tan rica y llena de mitología, y la medieval y de principios de la Edad Moderna, con su pervivencia de una clase bárdica para la que no hallamos parangón en Europa, no se presta a muchas equivalencias. Y es que lo gaélico, en Irlanda y Escocia, hasta el siglo XX, ya sea por su aislamiento o por su fidelidad a unos modos desaparecidos en el Continente, es una de las más peculiares riquezas de la literatura europea. En el mismo texto de Yeats, uno de sus personajes profiere esta amenaza, que ya en parte hoy vemos irremediablemente cumplida: “Si Irlanda abandona el gaélico, pronto será un barrio de Nueva York”.
Durante varios siglos fecundos, Escocia fue, en el sentido yeatsiano del término, un barrio de Irlanda. Su mismo nombre procede de los scotti, una tribu gaélica procedente de la isla, y monjes irlandeses, en monasterios fundados por toda su geografía, trasladaron una fe y unos modos que actuaron como elemento cohesionador de dos sociedades que llegaron a ser casi idénticas. Esa comunión de tradiciones pervive en las Hébridas hoy día, al margen de coyunturas políticas o religiosas.
Y de todos los libros publicados en Escocia el pasado año, ninguno como éste An leabhar mòr, The Great Book of Gaelic; ninguno tan monumental, tan imprescindible, tan hermosamente insólito. En sus 324 páginas (podrían haber sido el doble de no haber escogido los editores el formato apaisado y una fuente de letra menor que mediana) se condensan quince siglos de una tradición poética ininterrumpida, que va de San Columba a jóvenes que avanzan con paso firme en el siglo XXI.
Permítaseme un brevísimo excurso bufo sobre gentilicios. Si a los naturales de Burgos decimos burgaleses, a los de Edimburgo habríamos de llamarlos, ya que no edimburgaleses (el galés se habla en Cardiff, en el País de Gales), sí edimburgaélicos, aunque la lengua celta sea, confesémoslo, muy minoritaria en la ciudad. Allí, a metros de donde el gran incendio de hace pocas fechas, la editorial Canongate, especializada en poesía, y una entidad llamada Pròiseact nan Eilean (subtitulada en inglés The Gaelic Arts Agency, por más que su traducción exacta sea El Proyecto de las Islas), queriendo mantener encendida la llama de la lengua han publicado una antología magna de poesía gaélica al cuidado de Malcolm Maclean y Theo Dorgan. Todos estos detalles bibliográficos nos hacen ver mejor la envergadura de este empeño, en el que han colaborado una editorial de poesía y un organismo dedicado a la promoción de las artes plásticas, un coordinador escocés y otro irlandés, un galerista y un poeta.
Y nada de ello es gratuito. Como en el Libro de Kells, que se escribiría en la escocesa isla de Iona y hoy se conserva en el Trinity College de Dublín, este Leabhar Mòr agavilla en sus páginas poemas de todo el mundo gaélico, irlandés y escocés, y los textos aparecen acompañados de ilustraciones creadas ad hoc por artistas de ambos países, junto con selecciones caligrafiadas de los mismos. De alguna forma, con esto se consigue emular la tradición de los manuscritos iluminados que constituyen uno de los elementos distintivos y más apreciados del arte céltico.
Así, cada doble página incluye siempre lo siguiente: un poema en edición bilingüe (gaélico escocés o irlandés y su versión inglesa), el nombre del autor más las fechas de su nacimiento y muerte (cuando se conocen), el nombre del artista, el del calígrafo, el traductor, y el de la persona que propuso su inclusión en la antología. En la pagina impar se reproduce la obra gráfica original, siempre en una hoja de papel hecho a mano, aquí fotografiada. Y aunque a un lector español en su mayoría le resulten desconocidos, por estas páginas desfilan nombres de eruditos, poetas, traductores indiscutibles, como Frank O’Connor, Gerard Murphy, Seamus Heaney, Kuno Meyer, Thomas Kinsella, Nuala Ní Dhomhnaill, Alasdair Gray, James Clarence Mangan , Alasdair Mac Mhaighistir Alasdair, Hugh MacDiarmaid, Eibhlín Dhubh Ní Chonaill, John Montague, Antoin Ó Raifteirí, Máirtín Ó Direáin, Seán Ó Ríordáin, Somhairle Mac Gill-Eain... Sin duda estamos, con tan buena compañía, en el mejor cèilidh o fiesta céltica que han visto los siglos.
Tiene este proyecto un indudable sesgo escocés (mòr, grande, se emplea en el título con la ortografía escocesa, en lugar de la forma irlandesa mór), pero los compiladores han tenido el acierto de reunir poemas y autores de todo el mundo gaélico, amplio como su diáspora, incluida la comunidad de Cabo Bretón, en Nueva Escocia, o versos procedentes de aventureros irlandeses en el Nuevo Mundo o de colonos asentados en Sudáfrica. Amor, exilio, desarraigo, la constante presencia de una naturaleza más áspera que idílica, son ingredientes de esta poesía en la que sorprende lo numeroso de las voces femeninas, como la de la mentada Eibhlín Dhubh Ní Chonaill, autora del que se ha convertido en planto canónico de la tradición gaélica, la Caoineadh Airt Uí Laoghaire, o la de la anónima enamorada perteneciente al Clan Mackenzie que hacia 1700 confiesa, con amor ciego y fatal y tan lorquiano: “Ailean, Ailean, me alegra que estés vivo, / me arrebataste el ganado de los páramos, / quemaste mis gavillas de avena y cebada, / mataste a mis tres jóvenes hermanos, / mataste a mi padre y a mi marido; / y aunque hiciste esto, me alegra que estés vivo”.
Las traducciones al inglés varían en intención y logros: junto a traslaciones literales o magros resúmenes, hallamos versiones libres y ajustados equivalentes sin rima o con ella, como es el caso de la muestra de El tribunal de la medianoche de Brian Merriman (siglo XVIII) pasada por la privilegiada voz de Frank O’Connor. Pero en general permiten una cabal apreciación de los originales
Estamos, en suma, ante dos lenguas que como un solo salmón contra corriente se niegan a morir y buscan en su común manantial, en su origen, la fuerza para sobrevivir. Dios no lo quiera (al menos el Espíritu Santo de las lenguas de fuego, personalizado en la figura de una paloma, como San Columba), pero si algún día desaparecieran como idiomas hablados y sus países se convirtieran en barrios de Nueva York, como auguraba Yeats, el gaélico escocés y el de Irlanda tendrían en esta antología un monumento que les haría justicia. Una justicia poética.
Publicado en Clarín, 43 (Oviedo, 2003)


lunes, 10 de noviembre de 2008

El devenir de la ciencia

Mi hermano Bernardo ha inaugurado hace pocas semanas un excelente blog sobre la historia de la ciencia, que ya cuenta con un buen puñado de entradas. El devenir de la ciencia se llama. Para quien aquí se canse de letras y quiera solazarse con electrones y otras rarezas...

domingo, 9 de noviembre de 2008

New Forest


I

Sobre un tocón musgoso, tu cabeza,
las mechas de tu pelo desatadas;
jamás imaginara el viejo roble
brotes más hermosos que los tuyos.
Dos gotas de sudor luce tu frente,
medallas que ganaste al perseguirnos
por medio de este bosque y sus leyendas.
Dos fardos caídos nuestros cuerpos,
dos fardos de amor que abren sus telas
y exponen sus tesoros sobre el verde.

II

Este bosque fue nuevo por nosotros,
nosotros renovamos su espesura,
aquí trajimos luz y primavera.

En el New Forest, Hampshire, Inglaterra.
En un bosque sagrado en la memoria.
En un lugar que nunca se marchita.



Este poema se ublicó en Bajo otra luz, un cuaderno que publiqué allá por el 1989.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Una ventana al mundo


En su sede de Alcalá de Henares, el Instituto Cervantes organiza una sugerente exposición sobre la traducción, complementada por el taller titulado "La aventura de traducir", dirigido por Mercedes Corral, directora de la Casa del Traductor de Tarazona. Más información en este enlace.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Suceso napolitano

Un viejo artículo. No he encontrado en internet la foto de la que hablo, pero quizá sea mejor así:

Es de esos periódicos que aún no han entrado en el mundo technicolor de las varias tintas, y su portada, y todo el interior luego, adolece de un lúgubre aire (aria en italiano, dulce y triste) que contagia a todas las noticias. Por eso, en blanco y negro, parece mayor el duelo de la mujer que llora bajo el titular brunísimo, como en una esquela llevada desde su sección postrera a primera plana. La mujer que ocupa la página inaugural del Corriere della Sera de hoy, un sábado de julio, se llama Patrizia Castellano.
Los fines de semana, los suplementos de los periódicos enganchan a una legión de escotadas bellezas, tatuadas o no, que desfilan —cabras locas y mascotas de los cortos de luces— a más que regular velocidad hacia el olvido. Las famosas se asoman al papel satinado tratando de provocar el deseo, y d conseguir que, mediante galas, exclusivas o películas, éste les ayude a rentabilizar esa operación que modifica su epidermis, las abultadas facturas de la peluquería, la ropa con la que les gusta quedar casi desnudas. De todas las mujeres coloreadas que se arraciman en una callada orgía en el revistero, ninguna de una hermosura que se parezca a la de Patrizia, que llora al natural, perfecta y madura, atractivísima en un dolor que le da un viraje trágico y romántico.
En sus manos, la fotografía del hijo perdido a los diecisiete años. Ésta es una edad que se repite en su vida: ella lo tuvo cuando también tenía diecisiete, y hoy, a los treinta y cuatro, cuerpo y rostro reúnen lo que aún es juventud con madurez frutal, llena de una sensualidad terrible. Un mechón le cae sobre la frente como arriada bandera que se rinde a la evidencia del hijo muerto. Por una tontería. Por un cúmulo de estupideces: se saltó un control de policía porque no llevaba casco. Dimisión de la lógica: con absurdo celo, un agente le disparó por no ir cubierto, dicen, y a uno le parece que lo de llevar casco es para salvar la vida en caso de accidente. Pregunta absurda, no menos absurda que lo sucedido: si el pobre patán se hubiera saltado el control porque no tenía la documentación de la moto, por ejemplo, pero llevando casco, ¿habría podido éste esquivar el disparo, desviar su trayectoria?
Crudelísimo amante de lo hermoso, el destino ha querido que la muerte se llevara al hijo de la joven señora Castellano, y con la pérdida del vástago adolescente ella se ha cubierto de unas sombras autumnales, como de pomas en sazón de las que se destila una sidra amarga y, por lo que a mí respecta, embriagadora. Demasiado rotunda y corpórea para ser prerrafaelista, como los ingleses entendieron el prerrafaelismo, es en cualquier caso una madonna que se sale del lienzo. Poe lo dejó dicho en su ensayo sobre la composición de “El cuervo”: el tema supremo es el de la muerte de una mujer hermosa. Casi acertó: esta mañana de sábado, el tema es la muerte y cómo el dolor traspasa a una mujer hermosa, y hasta ahora joven, un día que lo cambia todo. Ayer finalizaba su verano.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Pájaros clásicos

Un poema de mi remota época de estudiante de Filología, antes de que colgara los estudios:

PÁJAROS CLÁSICOS

Ni versos de Catulo para Lesbia
ni cursi ensoñación de amantes bobos,
pues eran aves vivas, aletazos
que en clase de latín, todos los días,
-abierta la ventana sobre el patio-,
cruzaban por el aula como dones
celestes contra tanto aburrimiento.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

El buda del Támesis





En Heart of Darkness, la turbadora novela de Joseph Conrad y según Borges “acaso el más intenso de los relatos que la imaginación humana ha labrado”, el primer e innominado narrador nos describe al protagonista, Marlow, a su vez narrador de la mayor parte el libro, con la pose de un buda sentado en un barco en el Támesis. Esto sucede en dos ocasiones: al comienzo y al final de la narración, enmarcándola de una forma que sólo, ilusamente, puede ser vista como carente de significado. Hay que pensar, por el contrario, y para no equivocarnos, que se da mucho más que una coincidencia de poses reflexivas entre ambos —Marlow y Buda— según la iconografía tradicional que nos muestra a éste en posición sedente y extática y también la descripción que Conrad hace de aquél: “sentado con las piernas cruzadas en la popa del barco, apoyado en el palo de mesana. Tenía mejillas hundidas y la tez amarilla, la espalda erguida y un aspecto ascético, y con los brazos caídos, con las palmas de las manos hacia afuera, recordaba a un ídolo.” En realidad, y sin necesidad de aventurar mucho, cabe decir que Marlow no es otra cosa que un buda en minúscula.
Pues, efectivamente, no debemos olvidar que el término buda, que literalmente significa “el que ha despertado”, o “el iluminado”, no es en sí un nombre propio, sino un título. La figura que repiten las artes de la India y de Bután, de la isla de Ceilán y la vasta China de estepas y de mares —aquellos que surcó el navegante Conrad—, es en metal o piedra la figura del Siddhartha de carne y hueso, el hombre que en el siglo VI antes de la era cristiana alcanzó el satori y con él la condición de buda. Para los seguidores de la religión que fundara es esencial la creencia de que habrá innumerables budas en el futuro, como ya los ha habido en el pasado. Y así, usando términos budistas, El corazón de las tinieblas es, de alguna forma, la sutra (“discurso”) de Marlow, un hombre que se ha convertido en buda, alguien que ha llegado a la iluminación y nos cuenta el doloroso camino que ha recorrido hasta alcanzarla.
Ya en el título, y constantemente a lo largo de la obra, aparece la idea de oscuridad, que actúa en diferentes niveles de significado: la oscuridad de la tupida selva, de la noche, la negritud del Congo, pero, sobre todo, la cara más sombría del alma humana. Marlow se ha adentrado en esa oscuridad, pero al hablar de su búsqueda, dice: “Fue el punto extremo de mi navegación y el punto culminante de mi experiencia. Pareció como si arrojara una especie de luz sobre todo lo que me rodeaba y en mis pensamientos”. Lo mismo sucede con Buda, en quien también está presente la misma metáfora de luz/tinieblas: “Mi mente se emancipó... Se disipó la ignorancia, surgió el conocimiento; se disipó la oscuridad, surgió la luz.”
Pero Marlow, sentado en la cubierta de una embarcación amarrada a miles de kilómetros, también describe su experiencia como un sueño, difícil de referir cuando ha finalizado, una pesadilla de la que ha logrado despertar. De este modo, Marlow combina en sí mismo las dos traducciones posibles y ya mencionadas de la palabra Buda a lenguas occidentales: “Iluminado” y “Despertado”. Ambos significados llevaron a Borges, en una conferencia sobre el budismo, a comparar a Siddhartha y James Joyce, quien había pronunciado la célebre frase: “La Historia es una pesadilla de la que trato de despertar.” Por otra parte, avanzando por este jardín de los senderos que se bifurcan, cómo no pensar en el célebre comienzo fluvial de Finnegans Wake, para muchos eruditos académicos no menos sagrada obra que las palabras de Gautama el Buda, y nocturna y onírica hasta el delirio; “oscura” como Kurtz, como Marlow.
Unas palabras del estudioso del budismo Hajime Nakumara pueden contribuir a un mejor entendimiento de la conexión entre Marlow y Buda: “La doctrina de Buda no es un sistema filosófico en el sentido occidental, sino más bien un camino” (un río, sugeriríamos). Y prosigue: “Un buda es sencillamente alguien que ha recorrido ese camino y puede informar a otros sobre lo que ha hallado”. Esto es exactamente lo que hace Marlow: viaja buscando a Kurtz a lo largo de un río que lo transforma, y después informa de ello.
Señalar y detenerse en las coincidencias entre dos obras, en cualquier caso, es siempre allanar el camino, tal vez jalonado por algún espejismo, a ese gran arenal que es el desierto de las disparidades. Hay una diferencia, una gran diferencia, que hace que el iluminado Marlow de la novela sea lo contrario de ese otro iluminado que es el histórico Buda: aquél se convierte en un escéptico, sin fe alguna ni deseo de ayudar a los demás. Cuando habla de su regreso a Europa y de las gentes ignorantes que aquí habitan, confiesa: “No tenía ningún deseo de iluminarlos; más bien tuve dificultades para reprimir mi risa ante sus rostros, tan llenos como estaban de estúpida importancia.”
Escritor sutil, Conrad ha tenido mucho cuidado en hacer evidente esta diferencia mediante el uso de la descripción, produciendo un gran contraste cuando hace que el narrador diga de Marlow que “tenía la pose de un Buda predicando con ropas occidentales y sin una flor de loto.” La naturaleza europea de Marlow y su condición profana aún se acentúan más cuando éste interrumpe su narración para fumar su pipa, algo más apropiado de un lobo de mar que de un profeta. De otro lado, las flores en general, y en particular el loto, siempre han sido símbolos de realización espiritual, siendo así que la flor de loto representa la pureza, pues aunque crece en las aguas cenagosas eleva la abierta belleza de sus hojas hacia el cielo. Que se resalte que Marlow no tiene esta flor, ¿no ha de significar que su conocimiento es muy diferente del de Buda?
La dicotomía luz/tinieblas que opera en toda la novela aún admite otra interpretación: el rostro doble del que ha despertado. Uno de estos rostros es luminoso y ofrece un camino para la liberación; el otro es oscuro y pesimista. Uno, escapando del ser (Buda), y el otro zambulléndose en él y su horror (Marlow). Lo que el personaje de Conrad cuenta no nos hace mejores; al contrario, hace aflorar una extraña y dormida desazón.
A todos los que escribimos sobre Conrad siempre nos tienta citar la eslava letanía que es el verdadero nombre del autor de Lord Jim y La línea de sombra. Y el polaco Józef Teodor Konrad Nalecz Korzeniowski, nacido en el exilio de una Ucrania equidistante del río de Londres y el valle del Ganges, occidental de ojos achinados, cumple como pocos la tarea del escritor de genio: describe el horror y nos lo adentra hasta los huesos, pero sortea las trampas de las teorizaciones o las teologías, reacio siempre a dejar caer su prosa por la indigna pendiente de la literatura de tesis.
Juan Eduardo Cirlot, un poeta que como Marlow vio el horror —The Horror!— en su dimensión inabarcable, ha dejado escrita en su colección de aforismos Del no mundo la más terrible refutación de la doctrina de Siddhartha bajo ojos occidentales: “Buda se equivocó. La causa del dolor no es el deseo, sino la carencia que motiva el deseo. Por la renunciación y el ascetismo se anticipa la muerte, pero no se resuelve el problema —los problemas— de la vida (engendrados por la radical carencia del ente que siente, sabe y se sabe).” Sin embargo, tal vez porque —dándole la vuelta al adagio de Blake— el camino de la carencia conduce al palacio de la locura (esa forma de autonegación menos serena que la que lleva al nirvana), la moda del budismo es la última mancha creciente aunque benigna —cosas de la capa de ozono y de los tiempos de crisis— aparecida en la epidermis de nuestra cansada sociedad. Hasta los actores de fama la abrazan, seguramente confundidos por la similitud fonética entre Hollywood y Holy Buddha, el sagrado Buda. Volviendo a Gran Bretaña, Hanif Kureishi escribía hace pocos años la excelente y galardonada El buda de los suburbios; estas semanas atrás, un tal Michael Dobbs publicaba la prescindible El buda de Brewer Street. Más profunda y perdurable, parábola obstinada, la novela de Conrad bien podría llevar el subtítulo de El sutra de Marlow; o bien, precursora de estas narraciones mencionadas y sin salir de su ámbito geográfico, El buda —o antibuda— del Támesis.


(Publicado en la revista El Molino de la Pólvora, Sevilla, hará seis o siete años)