miércoles, 18 de octubre de 2017

Una grabación de Cernuda





Conocíamos otras, mexicanas, que son las que se han reproducido en diferentes lugares. Pero no esta, de la que tenía noticias aunque nunca había la podido escuchar: cuando viajé a California en busca de datos de las estancias de Cernuda en Los Ángeles y San Francisco se conservaba en una cinta magnetofónica que solo recientemente ha sido digitalizada y puesta a disposición de cualquier interesado (mas veo que pocos la han escuchado hasta la fecha), dentro de los archivos sonoros del Centro de Poesía de la San Francisco State University (en aquel tiempo, College). Es un documento excepcional por dos motivos: por la calidad de la grabación (salvo un momento en que se interrumpe, y ya es mala pata, justo cuando Cernuda va a terminar la lectura del que era el poema favorito entre los suyos, "Los espinos") y por los comentarios que él mismo hace de sus versos. Llama la atención su voz plana, su forma de recitar y una pronunciación inglesa que no es la que uno esperaría en alguien que había vivido tantos años en países anglosajones (bien que llevaba diez años viviendo en México). También, la elección de los poemas, agrupados en bloques por afinidad. Al término de esta lectura (o en la celebrada la misma tarde en otro lugar) es donde se le acercó un ex miembro de las Brigadas Internacionales, propiciando su emocionante poema "1936". 
     Aunque no se diga en el comentario a la grabación, la actriz que lee las traducciones inglesas es Beatrice Manley. Pero dejemos que sea el propio poeta quien hable de esto. Copio de una carta a Derek Harris de 14 de diciembre de 1961 recogida en el Epistolario que recopiló James Valender: "La doble lectura del día 6 no resultó mal. Leí yo el texto español y Miss Manley, actriz norteamericana (actriz excelente, por cierto: el 7 la vi as Reagan, en King Lear) leyó la traducción. Los poemas gustaron, y algunos estudiantes me han dicho, al cruzarse conmigo afuera del college, cuánto les gustó la lectura."
     No sé si algún día aparecerá alguna cinta, si es que exisitó grabación, con la lectura que hizo al día siguiente en Berkeley. Pero aquí está Cernuda en su madurez, veintitrés meses antes de morir, con una cercanía emocionante propiciada por la nitidez del sonido. Se trata de un único archivo de audio de poco más de 41 minutos de duración y se puede acceder a la grabación aquí.

lunes, 16 de octubre de 2017

Leña


Sigo podando un futuro libro de poemas. Si alguien la necesita para el futuro invierno, que no parece que vaya a llegar nunca, vendo leña a buen precio.

domingo, 15 de octubre de 2017

Mundo y palabra






Lo dice muy bien Antonio Colinas en esta antología de Alejandro López Andrada que ha seleccionado y prologado para la editorial Hiperión: "Estamos, pues, ante un poeta que, por una parte, tiene un mundo y unas raíces en las que sustentar su canto, y por otro con un poeta que sabe iluminar su palabra". Efectivamente, El horizonte hundido manifiesta un ámbito propio que queda realzado, recuperado, reescrito mediante una magnífica capacidad lírica, con un lenguaje primoroso y con una de las dicciones más melodiosas de las que se pueden encontrar hoy en España.
     Se recogen aquí composiciones de El valle de los tristes (1985), Novilunio en Allozo (1988), Códice de la melancolía ((1989), La floresta de amianto (1992), Álbum de apátrida (1994), El rumor de los chopos (1996), El cazador de luciérnagas (1996), El humo de las viñas (1998), Los pájaros del frío (2000), Los árboles dormidos (2002), El vuelo de la bruma (2005), La tierra en sombra (2008), Las voces derrotadas (2011), La esquina del mundo (2012), La tumba del arco iris (2013) o Los ángulos del cielo (2014). Como se ve, una obra constante y ya dilatada. Además se ofrecen diecisiete poemas inéditos. Salvo estos, todos los textos se presentan sin solución de continuidad (solo con la apostilla menuda de su prodecencia), como afirmando la evolución concordada, sin saltos, de una poesía que crece sobre sí misma, en circunferencia cada vez más honda, sin alejarse de su centro.
     Poeta rural de la provincia de Córdoba, López Andrada me recuerda a otros poetas campesinos en los que la tierra y la naturaleza del campo son las protagonistas. Me hace pensar en cierto Miguel Hernández, entre huertas levantinas, y en el inglés John Clare y su entorno, que es a la vez su núcleo, agrícola. También en el Robert Frost granjero al norte de Boston. Es una delicia leer este léxico de López Andrada, con sus emociones y su ritmo:

Vienen los labradores del olvido:
la voz de surco,
el alma que envejece
(en las cañadas grises, 
bajo el vuelo 
del avefría, muere la simiente).

Sabe a la perfección el poeta construir el correlato entre el paisaje y su alma, como en "Indolencia", de tan hermoso arranque que tiene también prendido en el pico, como si de un ruiseñor se tratara, un dejo de Keats, de dos de sus mejores odas (si es que tal cosa hay en la uniforme belleza, si caídas, de las mismas): 

Hora pálida: en mi derredor
hay pájaros de mimbre, lluvia, lirios
ya deshojados, libélulas,
y el fin
del otoño fermenta ya en mi pecho.

Ya me referí arriba a la destreza de López Andrada con la música de los versos, polimétrica y elástica. Se ve en las líneas anteriores. Valga para demostrarlo igualmente el final de "DNI", donde los versos se contraen para tomar impulso:

Abro la mano
y brota de ella el tiempo,
el vértigo inocente de la luz,
la voz de un hombre muerto que se aleja
y se hace luna roja
en la colina,
adobe en las paredes del ayer.

Pero también es un maestro de la imagen, como cuando en "Nadie" brinda esta:

o el río
que, amaneciendo, pasa frente a mí
como un sereno y líquido pastor guiando la inocencia de dos nubes.

Hay muchos poemas que son absolutos logros, como "La tumba del arco iris" o "De otras primaveras", que acaba también con una imagen acuática que remonta el curso del tiempo:

Digo a mis hijas, también,
que fui en las ovas
del breve arroyo una trucha mansa,
y ellas quieren cogerme,
y mi niñez
se escurre azul, entre sus dedos de agua.

Ya anuncia el poeta la aparición próxima de un nuevo libro, Los cielos del Báltico. Será cosa de no perdérselo.




sábado, 14 de octubre de 2017

"Poema" de Rafael Argullol



Este martes tendré el gusto de acompañar a Rafael Argullol en la presentación de su libro Poema. Adelanto ya que es un libro pleno de interés que dará, espero, para una jugosa conversación.




viernes, 13 de octubre de 2017

Ellas, aforistas






Sucede con el título de este libro lo que ya experimentamos con una reciente "antología de poetas", en la que no se aclaraba que se trataba en realidad de una selección compuesta solo de mujeres. Lo permiten las ambiguas voces "aforistas" y "poetas", y uno -este lector- lo disculpa como una tomadura de pelo venial, pues entiende que debería venir especificado el criterio de forma más clara. Pero pelillos a la mar, que no tiene importancia comparado con lo que de verdad es sustantivo: la calidad de lo que se ofrece. Y en esto, Bajo el signo de Atenea. Diez aforistas de hoy, publicado en la colección A la Mínima de Renacimiento (2017), es un libro que no defrauda. Es responsable de la edición Manuel Neila.
     Las incluidas son, en un arco de tiempo que abraza treinta y conco años, Carmen Canet (Almería, 1955), Isabel Bono (Málaga, 1960), Ana Pérez Camañares (Santa Cruz de Tenerife, 1968), Gemma Pellicer (1972), Carmen Camacho (Alcaudete, Jaén, 1976), Erika Martínez (Jaén, 1979), Victoria León (Sevilla, 1981), Eliana Dukelsky (Buenos Aires, 1982), Azahara Alonso (1988) y Raquel Vázquez (Lugo, 1990). Como escribe Neila en el prólogo: "Todas las autoras seleccionadas, excepto dos, tienen en común haber publicado un libro de aforismos al menos entre los años 2000 y 2016. " Y aunque añade, con razón, que Victoria León y Raquel Vázquez conservan los suyos inéditos, hoy se puede precisar que la primera acaba de publicar su primera colección en una editorial que presta gran atención, también, al género: Insomnios en La Isla de Siltolá.
     Hay de todo en Bajo el signo de Atenea: sentencias, chispazos, juegos de palabras, astillas, rasguños líricos, reflexiones. No es posible establecer una tendencia o entrever características que las diferencien en esto de sus colegas varones; si acaso, que proporcionalmente son ellas mucho menos que ellos, y es bueno que con esta obra se intente subsanar en algo el desequilibrio. Cada una de ellas escribe sus ideas sobre lo que sea el aforismo, incluso a través de uno. Transcribo aquí algunos de los que más me han llamado la atención, invitando a la lectura completa del libro:

El amor comienza y termina un poco antes de que nos demos cuenta.

CARMEN CANET


Me aterran las fiestas de disfraces. En especial las bodas.

ISABEL BONO


El pájaro sobrevive a lo más frío del invierno porque le calienta la intuición de la primavera.

ANA PÁREZ CAÑAMARES


Los pensamientos breves son proyectiles de largo alcance.

GEMMA PELLICER


Soy la piedra en la que tropiezo.

CARMEN CAMACHO


El victimismo es una forma de sumisión.

ERIKA MARTÍNEZ


Hasta el mayor desalmado puede sentir rabia, miedo, angustia o frustración. Tristeza, en cambio, no. La tristeza no está al alcance de cualquiera.

VICTORIA LEÓN


Me dejaste sola, contigo dentro.

ELIANA DUKELSKY


Un aforismo sujeta los pensamientos con chinchetas de tinta.

AZAHARA ALONSO


Intentar no morir demasiadas veces antes de la última. Intentar que sólo haya una noche cada día.

RAQUEL VÁZQUEZ

jueves, 12 de octubre de 2017

Dos mexicanos y la Hispanidad





Y otra vez doce de octubre, Fiesta Nacional de España y Día de la Hispanidad. Este año viene marcado por los hechos que están en mente de todos. También, por la tendencia a reprobar siglos después a figuras del pasado, como ha venido sucediendo estas semanas pasadas con Cristóbal Colón, atacado en esta ocasión no por descendientes de los indios sino por quienes han llegado allí porque él descubrió América, o se la encontró en el camino errado a las Indias. Me apetece traer hoy aquí dos citas de grandes escritores mexicanos, que por ser precisamente del Nuevo Mundo y no españoles tienen alguna autoridad en lo que dicen. Ambos por otra parte tienen sangre española y constituyen dos perfectos ejemplos de lo que fue la mezcla y la simbiosis. El primero es un párrafo leído en Vislumbres de la India (1995), de Octavio Paz, que leí hace un par de meses antes de viajar a aquel subcontinente y a Nepal. Escribe el Nobel: "La literatura sobre la dominación de españoles y portugueses abunda en rasgos sombríos y en juicios severos; sin negar la verdad de muchas de esas descripciones y condenas, hay que decir que se trata de una versión unilateral. Muchas de esas denuncias fueron inspiradas por la envidia y las rivalidades imperialistas de franceses, ingleses y holandeses. No todo fue horror: sobre las ruinas del mundo precolombino los españoles y portugueses levantaron una construcción histórica grandiosa que, en sus grandos trazos, todavía sigue en pie. Unieron a muchos pueblos que hablaban lenguas diferentes, adoraban a dioses distintos, guerreaban entre ellos o se desconocían. Los unieron a través de leyes e instituciones jurídicas y políticas pero, sobre todo, por la lengua, la cultura y la religión. Si las pérdidas fueron enormes, las ganancias han sido inmensas."
     La otra cita es de Jorge Ibargüengotia y pertenece a un artículo titulado "Si no fuéramos quienes somos" publicado en el periódico Excélsior en 1969. Está recogido en Instrucciones para vivir en México, compilación de artículos de 1990. Escribe el autor de Las muertas, con más ironía que su compatriota: "Aquí en México hay quien dice que los españoles vinieron con los brazos abiertos, se mezclaron con el pueblo, rieron y cantaron con él, produjeron gran mestizaje, le dieron al pueblo conquistado un idioma, una religión y leyes justas y, por último, España se desangró con tanto talento que se vino a las colonias. Por otra parte hay quienes dicen que los españoles destruyeron nuestra cultura, nos explotaron durante trescientos años y se fueron cuando no les quedó más remedio. Ahora bien, los proponentes de estas dos teorías contradictorias están, por lo general, de acuerdo en que si ser colonia española fue malo, haberlo sido inglesa hubiera sido peor, porque los ingleses tenían por sistemas acabar con los indios y después importar negros para hacer los trabajos pesados."
     Se mire donde se mire hacia atrás, hay sangre e injusticia. Como hoy, por otra parte. Los españoles de la Conquista de América no fueron ángeles ni demonios, sino hombres, que hablaban nuestro idioma, y de efectos menos perversos para los nativos que los ingleses. Uno está con Paz, a pesar de tantas cosas: "Si las pérdidas fueron enormes, las ganancias han sido inmensas." Cuando se pisan las excavaciones de la antigua Tenochtitlan y su Templo Mayor, con las hileras de calaveras que puntean tantos sacrificios humanos, uno se da cuenta de que Mesoamérica no fue ningún jardín; en todo caso, aquellos restos fascinan no menos que horrorizan. Y uno se alegra de poder hablar, al salir del recinto, su propio idioma con los descendientes de los indios y de los españoles, ya fundidos como en una palabra se unen vocales y consonantes.


martes, 10 de octubre de 2017

Ant


"Ant" es hormiga en inglés, y también el comienzo de mi nombre. Qué ganas de pisarla cada vez que voy a firmar un correo electrónico en el móvil y el texto predictivo me saca el dibujito de una. No se ha enterado de que yo, en todo caso, soy cigarra.

lunes, 9 de octubre de 2017

Todo abocaba a este libro



Conversé con Pilar Vera sobre mi diccionario sentimental de la cultura irlandesa: En busca de la Isla Esmeralda. El resultado se pudo leer en varios periódicos el pasado domingo. Dejo aquí el enlace.

domingo, 8 de octubre de 2017

En Castropol





Luis Cernuda, con Castropol al fondo, en 1935.

Ya de regreso de Castropol (Asturias) , dejo aquí el prólogo que he escrito para la edición especial que el Ayuntamiento de Castropol y el Foro Comunicación y Escuela han publicado del relato de Luis Cernuda "En las costa de Santiniebla". Han sido días intensos, fruto del esfuerzo de Luis Felipe Fernández y de todos los que han hecho posible que se recuerde al poeta sevillano en aquella tierra. ¿Le hubiera gustado al autor del poema "Birds in the Night" este homenaje, el descubrimiento de una placa en su memoria, la edición del libro? Creo que sinceramente que sí. Lo importante es que se lo lea, y entre los habitantes de la comarca y de quienes la visiten, el nombre de Cernuda va a ser gracias a esto recordado, recordado más aún; es decir, se va a seguir invitando a su lectura, que es, que debe ser sobre todo, la de su poesía.


Spleen de Castropol

Luis Cernuda (1902-1963) fue uno de los principales poetas de la Generación del 27 y acaso el más influyente de todos ellos, visto el interés con el que las sucesivas hornadas de poetas han acogido su magisterio desde hace ya varias décadas. Además de su obra en verso recogida en el volumen de La realidad y el deseo, Cernuda escribió dos libros de prosa poética, ensayos y una obra de teatro. También algunas narraciones, seis en total, entre las que destaca por su carácter sombrío, alegórico, “En la costa de Santiniebla”, escrita entre el 26 de agosto y el 4 de septiembre de 1937 y publicada en el número X (octubre de ese mismo año) de la revista valenciana Hora de España. La datación no es baladí, porque refleja una vez más una tendencia marcada en Cernuda que hemos observado cuando cotejado las anotaciones de sus originales: la de revisar sus textos (generalmente sus poemas) por las mismas fechas en que se escribieron, pero al año siguiente o en los posteriores, como si un calendario interior avisara de que, cumplidas una o más vueltas del tiovivo de la vida, era el momento de sentir como en el instante de la concepción del poema, pero ahora ya con el reposo y la frialdad de quien corrige. Emotion recalled in tranquility, “Emoción recordada en el sosiego” es una fórmula que Wordsworth empleó para referirse a la poesía lírica, y Cernuda fue un buen lector de Wordsworth. La aplicó a la escritura así como a la revisión de esta para su publicación.
            Hora de España fue la mejor de las revistas republicanas durante la Guerra Civil, y aunque tenía indudablemente colaboraciones de contenido político y referentes a la contienda, también hay que decir que mantuvo un alto nivel intelectual y, si se puede decir así, independiente (al menos de la presión más inmediata de los partidos que conformaban el Frente Popular). Así hay que entender la inclusión en sus páginas de “En la costa de Santiniebla”, que solo tiene relación indirecta con lo bélico. Los muertos de esa “última guerra civil” a la que se refiere el segundo narrador cuyas palabras recoge el primero son, sí, los de aquella que se está librando entonces, pero vista desde el trampantojo de una fecha futura. Es más, pueden ser en algún modo los de la aún reciente Revolución de octubre y su represión, que tanto impacto tuvo en Asturias. Incluso, si de desaparecidos velados por el misterio se trata, aunque en el cuento se habla de “sublevados”, ahí están los militantes del POUM que semanas antes habían sido laminados en Barcelona y otros lugares por la ortodoxia estalinista y que se cebaría en Andreu Nin y, entre otros, en un amigo de juventud de Octavio Paz según testimonios de este y de quien era su esposa a la sazón, Elena Garro (de familia asturiana trasplantada a México, como la de Paz era andaluza).
La ambientación del relato de Cernuda corresponde a su estancia de dos años antes, en agosto de 1935, en la localidad asturiana de Castropol, adonde había llegado desde tierras leonesas a principios de ese mes al frente  de una de las beneméritas Misiones Pedagógicas que recorrían el país acercando la cultura (era la segunda misión que recibía la localidad, tras una primera de 1933 en que el Museo del Pueblo recaló allí de la mano de Ramón Gaya y Antonio Sánchez Barbudo). Lo acompañaban Miguel Prieto y Rafael Dieste, responsable del Guiñol del Patronato, un espectáculo de títeres. Además de explicar al público en qué consistían las Misiones, Cernuda, que había trabajado unos años antes en la librería madrileña de León Sánchez Cuesta y había desarrollado labores bibliotecarias para el Patronato de Misiones Pedagógicas, realizó tareas de apoyo y supervisión en la modélica Biblioteca Popular Circulante de Castropol, que en los meses anteriores había sido castigada con singular inquina por el Gobierno de derechas.
            Son varios los autores asturianos que han aportado información pormenorizada de la estancia de dos semanas del poeta en Castropol: su aspecto atildado y distante, su alojamiento en el hotel Guerra, sus contactos con algunas personas del pueblo… Ellos sabrán mejor que yo identificar los lugares que constituyen la escenografía del relato. Por lo evocado en su propia narración, y no adelantaré párrafos, porque para eso está aquí disponible el texto completo, Cernuda se vería sumido en uno de esos períodos suyos de acedía, de spleen como él mismo dice, sin duda acordándose de Baudelaire. Así, en el texto hallamos dos partes muy diferenciadas: la narración sobre los cadáveres arrojados a la ría y los prolegómenos en los que el narrador da cuenta de sus días en Santiniebla y Peñapol. Son creación suya estos nombres, como solía hacer en otras narraciones y poemas, a veces utilizando precedentes clásicos como el personaje Albanio (trasunto suyo en Ocnos, y en esta narración hay un Albano) o Sansueña (España). En este relato, además, aparece un digamos que compañero antagonista, Demetrio V…, que ha sido identificado por algunos con Dámaso Alonso. Puede ser. Probablemente Cernuda se basó en él para construir su personaje, aunque como suele suceder en literatura este no es la trasposición exacta del modelo. La antipatía mutua entre los dos poetas es conocida. Resumamos: Alonso fue miembro del jurado que otorgó el Premio Nacional de Poesía de 1933 a Vicente Aleixandre en detrimento de Cernuda, y fue lector en Oxford en puesto que el sevillano ambicionara; y con posteridad a la escritura de “En la costa de Santiniebla” tuvo un desencuentro con Cernuda en Londres en 1946, cuando visitó el Instituto de España que dirigía Leopoldo Panero, y algo después emitiría un juicio que sentó muy mal a nuestro autor, quien le escupiría su “Carta abierta a Dámaso Alonso” (1948).
            El padre de Alonso era de Ribadeo, y este pasó allí temporadas en su infancia. Estudioso de las variantes dialectales, se interesó por la “jerigonza vernácula” de los nativos (son palabras de Cernuda), y los testimonios que nos han llegado lo sitúan en Castropol en aquel verano de 1935, lo que da verosimilitud a la identificación con este Demetrio. En cierto pasaje, el narrador habla de otros amigos literatos: entre ellos cabe imaginar al matrimonio formado por Manuel Altolaguirre y Concha Méndez, aquí Arcadio y Olvido, a punto de marchar becados por la Junta de Ampliación de Estudios a Londres (donde nacería su hija Paloma Altolaguirre, quien aquella mañana de noviembre de 1963 encontraría muerto a Cernuda en la casa que compartiría con ella y con su madre en Coyoacán). De ellos dice: “sospecho que no han dejado Madrid; se van a Londres en el otoño y deben estar terminando trabajos pendientes.” También es posible identificar, dentro de que no esta un acta notarial sino una pieza narrativa, a la pareja compuesta por Cecilia y Héctor con Rafael por María Teresa León Rafael y Alberti, quienes habían viajado a la URSS (Cernuda estuvo en el almuerzo-homenaje que el 9 de febrero de 1936 se les dio con motivo de su regreso). No sabemos quiénes pueden ser los otros mencionados de entre “aquella gente tan loca”, pero es probable que Hermógenes, “que ha leído en algún teatro un drama muy interesante, que le representarán este invierno”, sea Lorca, quien había visitado Castropol pocos años antes cuando recorría el norte de España con La Barraca.
            A Cernuda le gustaban el mar, las playas, pero el mal tiempo de aquel verano, acaso tan malo como este último, dejó huella en su narración, y el protagonista, ese desdoble de sí mismo, se deprime. La ría le despierta emociones hondas, una ría que (aunque no se la nombre) delata ahora sin duda alguna la ubicación: “frente a Santiniebla, a través de la ría, aparece Galicia, como tierra vecina y extraña.”
Se cumplen estos días los ochenta de la aparición del relato en otro lugar, Valencia, en donde Cernuda frecuentaba también la playa, pero allí tomando el sol, como lo recuerda Garro en sus memorias de España. No cabe duda de que el contraste le haría cargar a Cernuda las tintas. Tampoco, que allá donde fuera, y así toda la vida, siempre llevó consigo, íntimamente y sin remedio, su propio spleen, su conflicto, que no es otro que el de la divisa bajo la que fue integrando todos sus libros de poesía: La realidad y el deseo.



jueves, 5 de octubre de 2017

Vuelo



He aprovechado un vuelo para revisar un libro de poemas y aligerarlo, soltando lastre. Cuando era hora de aterrizar, el libro volaba más alto.

martes, 3 de octubre de 2017

Consuelo en tiempos oscuros



Caramba, está gustando mucho el diccionario. En días tristes como los actuales, entretener y compartir una sonrisa ya es bastante. Aquí el enlace a la reseña publicada en The Cult.